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La Bondad de Dios

Introducción

Mo, un interno de una prisión de máxima seguridad, donde dirigí un seminario, era un tipo muy importante en aquel lugar. Aún cuando Mo no cumplía precisamente con los requerimientos de un luchador de sumo, estaba lo suficientemente cerca como para concertar mucho respeto a su alrededor. A pesar de su fuerza y tamaño, había perdido prácticamente todos sus dientes delanteros. Cuando voluntariamente, ofreció música especial para el seminario, a mi amigo Dick Plowman, quien había sido miembro de nuestra iglesia y ahora ministro de la prisión, presentó a Mo a la audiencia, diciendo lo siguiente: “Ahora bien, veamos. ¿Qué es lo que Mo nos va cantar? ¡Muy bien! ¡Lo que él quiera!”

Aquí tenemos a un hombre con una gran fuerza, un hombre a quien la mayoría de los internos no querrían ofender o desafiar. Debido a su fuerza, podía hacer cualquier cosa que quisiera, dentro de los límites del sistema penitenciario. El poder y la fuerza física bruta de un hombre ruin, es una realidad que atemoriza. El poder de un hombre bueno, es un consuelo. Pero el resto de los atributos que un hombre posee, determina cómo es considerado su poder.

En sí, el poder de Dios no consuela tanto como cuando es visto a la luz de varios de los demás atributos que Él posee. Dos de estos atributos son: la ‘bondad’ y la ‘sabiduría’ de Dios. El Dios todopoderoso es el mismo Dios que es bueno y sabio; el poder de Dios se convierte en una fuente de gran consuelo y ánimo para el cristiano. Esta lección considera el atributo de la bondad de Dios y la siguiente, la sabiduría de Dios. Para demostrar la importancia de estudiar la bondad de Dios, nos ayudará hacer una breve revisión de las verdades importantes acerca de la bondad de Dios.

La Bondad de Dios es Uno de Sus Atributos

“Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia” (Salmo 107:1)

“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!” Salmo 31:19).

“Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey ; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días” (Oseas 3:5).

La Importancia de la Bondad de Dios

La bondad no sólo es un atributo de Dios, sino una verdad fundamental que todo cristiano debería abrazar. Consideremos algunas de las razones de la importancia de la bondad de Dios para nosotros.

(1) La ‘bondad’ de Dios es prominente en los primeros capítulos de la Biblia. Reiteradamente, Dios dijo ‘es bueno’, cada vez que terminó de crear algo (ver Génesis 1:4, 10, 18; 1ª Timoteo 4:4). En el Capitulo 2, Dios vio que ‘no era bueno’ que Adán estuviera solo, por lo que creó una esposa para él (2:18-25). En el jardín del Edén, donde Dios ubicó a Adán y a Eva, existía ‘el árbol de la sabiduría del bien y del mal’. El hombre y la mujer tenían prohibición de comer de este árbol único. Regresaremos a este asunto de la ‘bondad’ en el jardín, pues es una verdad de vital importancia. Por el momento, sólo diremos que la ‘bondad’ y el ‘mal’, tienen preeminencia al comienzo de la Biblia.

(2) Aparentemente, la bondad de Dios es la suma total de Sus atributos. Es así que la bondad de Dios puede ser vista como una faceta de Su gloriosa naturaleza y también como la suma global de Su naturaleza y carácter.

“Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente con el que seré clemente” (Éxodo 33:19; ver también Éxodo 34:5-7).

(3) No podemos separar lo que es bueno de Dios. No podemos tener la bondad sin Dios, de la misma manera que no podemos tener a Dios sin la bondad Sólo Dios es bueno:

“Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti: (Salmo 16:2).

“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mateo 18:16-17).

Ningún hombre es bueno.

[Al músico principal, Salmo de David]. “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien” (Salmo 14:1; ver Salmo 53:1; Roanos 3:9-18).

Dios es la fuente de todo lo que es bueno:

“Toda buena dadiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).

Dios no le quita nada que sea verdadero, a Sus hijos:

“Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad” (Salmo 84:11).

Sencillamente, no podemos separar lo ‘bueno’ de ‘Dios’. Es aquí donde es mejor que nuestra sociedad y especialmente nuestro sistema educacional, tomen nota. No podemos enseñar valores, no podemos enseñar moral, sin enseñar sobre Dios. Él dijo: “Sed santos porque yo soy santo”. (Ver 1ª Pedro 1:16; Levítico 11:44s.).

(4) El destino eterno del hombre, esta determinado por la decisión que tome con respecto a cómo puede ser verdaderamente bueno a los ojos de Dios. (Ver Juan 5:28-29; Romanos 3:1-26; Tito 3:3-7).

(5) Aparte de la divina revelación de las Escrituras, no podemos reconocer la verdadera bondad, pues ésta no se puede comprender sin conocer a Dios y sin ver la vida bajo Su perspectiva. Esto es precisamente el punto de vista del Salmo 73 que ahora consideraremos, pues nos da una definición radicalmente distinta de lo que es ‘bueno”.

Definición de Dios en el Salmo 73

Asaf, un levita que era jefe de los músicos en el tiempo de David (1 Crónicas 16:4-7, 37), compuso el Salmo 73. Estoy convencido que el tema central del Salmo 73, es la bondad de Dios. El primer y último versículos del salmo, contienen la palabra ‘bueno’. A través del curso del tiempo y del salmo, Asaf experimenta un cambio radical en la comprensión del significado del termino ‘bueno’. Por cuanto la incomprensión de Asaf del significado de la palabra ‘bueno’, es prácticamente la misma de los cristianos evangélicos en el día de hoy, debemos comprender el mensaje de este salmo y del significado del termino ‘bueno’.

Asaf describe un período en su vida, cuando sufrió serias luchas espirituales. Su premisa fue la bondad de Dios, especialmente Su bondad hacia Su pueblo: Israel. “Ciertamente es bueno Dios para con Israel, para con los limpios de corazón” (versículo 1).

Para Asaf, esta afirmación de la verdad, significó que debido a que Dios fue ‘bueno’ con Israel, Sus bendiciones serian constantemente vertidas sobre aquellos judíos que fueran rectos. Por otro lado, los que no eran rectos, podían esperar muchas dificultades. Pues bien, existe un elemento de verdad en esto, según lo podemos ver de las bendiciones y maldiciones de Deuteronomio 28-30. Pero no es completamente verdadero y esto es evidente en el libro de Deuteronomio:

“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:2-3).

Asaf admite ante sus lectores que se desvió bastante de su curso. Estaba tan lejos de la verdad, que llegó cerca de su destrucción. En sus palabras: “casi se deslizaron mis pies” (versículo 2). Parece que está confesando estar considerando abandonar su fe y olvidar el camino de la rectitud, suponiendo que ya no le brinda beneficio alguno.

El problema de Asaf se debía casi en su totalidad a su perspectiva distorsionada. Primero que todo, sentía envidia de los malvados. No odiaba el pecado de ellos; envidió su éxito (versículo 3). Segundo, se sentía recto. Se consideraba a sí mismo, mejor de lo que en realidad era. Creía que era merecedor de las bendiciones de Dios y concluyó que su forma recta de vivir, había sido en vano:

“Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia; pues he sido azotado todo el día y castigado todas las mañanas” (Salmo 73:13-14).

Estos versículos también sugieren que Asaf veía que sus sufrimientos venían de Dios. Él le estaba castigando, suponía, por ser piadoso. Tercero, al parecer Asaf estaba siendo consumido por la autocompasión. Es realmente difícil ver claramente la vida cuando la miramos con ojos llenos de lágrimas. Y estas lágrimas, eran lágrimas de autocompasión.

Creo que las palabras de Asaf en los versículos 4-9, que describen a los malvados, son una descripción de aquellos a quienes él veía en la congregación de israelitas que venían a adorar. Asaf está hablando más de malvados judíos que de paganos gentiles. También creo que el análisis de Asaf es muy distorsionado e inexacto.

Asaf hace algunas generalizaciones en la primera mitad del salmo, implicando que todos los malvados prosperan y que los rectos —que por cierto lo incluían a él— sufrían. Supone erróneamente que los malvados son siempre sanos y con riquezas y cree que ninguno de ellos experimentan las dificultades de la vida. Incluso en su muerte, no tienen incomodidades. De la misma forma cree que quienes prosperan son todos arrogantes, que blasfeman contra Dios, haciendo que Él se preocupe por lo que los impíos están haciendo.

Hay algo de verdad en esto. Algunos de estos impíos ricos, son tal cual Asaf los ha descrito. Pero Asaf ha generalizado en extremo, haciendo parecer que Dios bendice a todos los malvados y que castiga a todos los rectos. Los malvados ostentan de su maldad y además, son bendecidos. Los rectos practican su rectitud y son castigados por hacerlo. En lo que a Asaf se refiere, existe una buena razón para considerar unirse a los malvados más que luchar en contra de ellos (ver versículos 10-14).

Pero Asaf estaba equivocado y esto él lo confesa en varios puntos del salmo:

“En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos” (versículos 2-3).

“Si dijera yo: Hablaré como ellos, he aquí, a la generación de tus hijos engañaría” (versículo 15).

“Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti” (versículos 21-22).

El punto de regreso del salmo, es el versículo 15. Hasta este punto, Asaf tuvo una visión de la vida desde una perspectiva humana. Para él, la bondad de Dios significaba salud y riquezas, igual que la que tienen los ‘evangelistas de buena vida’ de nuestra época. Pero como él mismo lo admite, estaba equivocado. En los versículos 15-28, explica los motivos de su error, terminando con una definición completamente diferente de los que es ‘bueno’.

Cuando Asaf entró al ‘santuario de Dios’, fue capaz de ‘comprender el final de ellos’ (versículo 17). Ahora Asaf vio la prosperidad de los malvados a la luz de la eternidad, más que desde el punto de vista de la posición ventajosa del tiempo. Ahora vio el gran peligro en que estaban aquellos que aparentemente lo estaban haciendo tan bien en su maldad. Sus pies se apoyaban en tierra resbaladiza. En poco tiempo más, estarían enfrentando el juicio de Dios. Es posible que el día de pago por el pecado, no llegara en esta vida; pero con certeza llegaría en la eternidad.

“Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. Como sueño del que despierta, así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia” (versículos 18-20).

Qué necio, incluso detestable, fue Asaf al pensar que los malvados podían seguir adelante con su pecado y que no habría para ellos un día de arreglo de cuentas. Qué necio haber concluido que Dios le estaba castigando por haber estado evitando los caminos ruines de los malvados. Asaf ahora ve su relación con Dios, en la luz verdadera. La eternidad tiene para él la esperanza brillante de la gloriosa presencia de Dios. Pero además de esta futura bendición, Asaf tiene el placer de tener la presencia de Dios en su vida.

“Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (versículos 23-26).

Asaf ahora ve que la prosperidad de los malvados, ha endurecido sus corazones hacia Dios. Se han vuelto orgullosos, arrogantes e independientes de Él. Asaf también ve su ‘aflicción’, cualquiera que ésta sea, como fuente de gran bendición. Su sufrimiento y agonía le acercaron a Dios; la prosperidad de los impíos, le alejaron de Dios. Sus pruebas fueron en realidad, un don de Dios para su bien. Sus luchas le condujeron a tener una intimidad mas profunda con Él y es así que éstas fueron la agonía y la aflicción de su alma. Confiando en Dios y viviendo una vida santa, no sólo son los medios para recibir bendiciones eternas, sino que son también el camino para recibir bendiciones temporales.

Ahora, Asaf comprende la ‘bondad’ de Dios de un modo diferente. Tiene una nueva definición para el vocablo ‘bueno’. En el versículo 1, ‘bueno’ significa ausencia de dolor, dificultad, problema, pena, enfermedad o pobreza. En el versículo 28, ‘bueno’ significa algo mucho mejor que la prosperidad física:

“Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras” (versículo 28).

La cercanía con Dios —el tener una relación intima con Él— es nuestro gran bien. Entonces podemos decir que cualquier cosa que interfiera con nuestra proximidad con Dios, con nuestra comunión con Él, es esencialmente malo. Y cualquier cosa que nos conduzca a tener una comunión aún más profunda con Dios, es fundamentalmente ‘buena’. Cuando Dios nos da sufrimiento o adversidad, nuestra confianza en Su bondad, no debería debilitarse. Por el contrario, estas circunstancias deberían asegurarnos de Su bondad para con nosotros.

Al final, el sufrimiento de Job le llevó más cerca de Dios; por lo tanto esos sufrimientos fueron buenos y Dios fue bueno al afligirlo. El sufrimiento de Pablo le llevó más cerca de Dios y él lo consideró como una bendición (Filipenses 3:10). La medida disciplinaria que Dios impone a la vida de los cristianos, no sólo es una evidencia del hecho que somos Sus hijos, es la obra Suya actuando en nosotros para bien (Hebreos 12:1-3; ver Romanos 8:28),

La Importancia de la Bondad de Dios

La bondad de Dios es una verdad que transforma vidas. Concluyamos considerando las formas en que la bondad de Dios debería interceptar nuestras actitudes y nuestras acciones:

(1) La bondad de Dios es un rasgo de su carácter que se aplica al resto de Sus atributos. La ira de Dios es buena. La santidad de Dios es buena. Dios es bueno en Su integridad. No hay nada en Él que no sea bueno. No hay ningún propósito de Dios para con Sus hijos que no sea bueno. Dios le da a Sus hijos sólo aquello que es bueno. Y Él no obtiene nada bueno de nosotros. Dios es bueno y Él está obrando en nuestras vidas para bien. Nada de lo que Dios crea, nada de lo que Dios cumple, es malo.14

Debemos llevar esta verdad de la bondad de Dios un paso adelante. Dios no permite que nada le pase al cristiano que no es bueno. Todos conocemos muy bien este pasaje:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Podemos estar convencidos de la bondad de Dios y aún así dudar que todo lo que nos sucede es bueno. Con mucho cuidado evitamos culpar a Dios, porque sabemos que Él es bueno. Por lo tanto, culpamos a Satanás de nuestros problemas y tribulaciones. O, siempre podremos culpar a los demás. Permítanme recordarles el ‘aguijón en la carne’ de Pablo, que fue puesta por un ‘mensajero de Satanás’ (2ª Corintios 12:7); sin embargo, Dios lo permitió de manera que Su poder se manifestara en la debilidad de Pablo. (2ª Corintios 12:7-10). Y el ‘mal’ que los hermanos de José intentaron en contra suyo, Dios lo transformó en ‘bueno’ (Génesis 50:20). Cualquier cosa que le suceda en la vida a un cristiano, es parte del propósito de Dios para desarrollar en él su bien y Su gloria.

(2) Debemos concluir que aquellos maestros que nos dicen que Dios sólo quiere bendecirnos con sanidad y prosperidad en la vida, son en verdad, falsos maestros. Su enseñanza conduce a los cristianos a la misma conclusión que llegó equivocadamente Asaf; una conclusión que, después de haber reflexionado, confiesa estar errada y distorsionada. Ahora sabemos que Dios no es el camino a una ‘vida buena’, como lo enseñan los ‘evangelistas de buena vida’. De hecho, tal como lo indica Asaf, junto con muchos otros en la Biblia, a menudo el sufrimiento es el medio por el cual llegamos a conocer mas íntimamente a Dios.

“Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra” (Salmo 119:67). “Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” (Salmo 119:75).

“A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejantes a él en su muerte” (Filipenses 3:10),

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2ª Corintios 12:7-10).

Años atrás, cuando estaba en el seminario, uno de mis profesores, el Dr. J. Dwight Pentecost, le pidió a nuestra clase que oráramos por su esposa. Ella iría a consultar al médico debido a algunos síntomas que podrían indicar que tuviera cáncer. Mas tarde, el Dr. Pentecost nos contó que los análisis resultaron ser negativos y que la enfermedad de su esposa no era maligna. Todos respiramos aliviados.

Pero no era todo lo que el Dr. Pentecost nos dijo con relación al resultado de los análisis. Continuó desafiándonos con relación a nuestra definición de lo que es ‘bueno’. Nos señaló que varias personas, después de conocer el resultado, exclamaron: “Dios es bueno”. El profesor nos dijo: “Sí, es bueno; pero les digo que si el informe del médico hubiera expresado que mi esposa padecía de cáncer, Él sigue siendo bueno”. Él sabía lo que nosotros también debemos saber, si lo que pretendemos es tener pensamientos bíblicos acerca de la bondad de Dios —Dios es siempre bueno, ya sea que nos envíe prosperidad o dolor, salud o enfermedad.

(3) La bondad de Dios es evidente en el evangelio de Jesucristo. El evangelio es “buenas nuevas” (Isaías 40:9; 41:27; 61:6; Lucas 1:19; 2:10; Hechos 8:12; 13:32; Hebreos 4:2, 6) y, ¡es bueno! Dios es bueno con todos los hombres en Su gracia común, impartiendo bendiciones tanto sobre los débiles como sobre los rectos (Mateo 5:43-45; Hechos 14:16-17). Pero Dios es particularmente bueno con aquellos que creen en el evangelio.

El evangelio es predicado sobre la verdad que el hombre es un pecador que merece la eterna ira de Dios (ver Romanos 1:18-3:23). Estas son las malas noticias de nuestra condición pecadora; que merece la eterna ira de Dios. Pero las ‘buenas noticias’ es que Dios en Su divinidad ha establecido una sola vía por medio de la cual los hombres pueden escapar al juicio, obtener el perdón de sus pecados y pasar a la eternidad en la bendita presencia de Dios. Esa vía es a través de la venida de Jesucristo a vivir una vida perfecta, morir en la cruz del Calvario en el lugar que le corresponde al pecador y levantarse de los muertos, ascendiendo al cielo.

En ninguna parte se hace más evidente la bondad de Dios, que en la persona de nuestro Señor. En Su bondad, Dios proveyó un camino de perdón para los pecadores y que éstos fueran declarados rectos. No logramos esta declaración de rectitud, haciendo buenas obras, sino en base a la bondad de nuestro Señor Jesucristo (ver Romanos 3:19-26; Tito 3:4-7). Si usted nunca ha confiado en Su obra redentora, tengo palabras para exhortarle:

“Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él” (Salmo 34:8).

Con esta oferta de salvación por fe en Jesucristo, también debo precisar palabras de advertencias. La bondad de Dios va dirigida a nuestro arrepentimiento (Romanos 2:4). Si rechazamos la bondad de Dios en Cristo, si rechazamos el evangelio, traeremos sobre nosotros la divina ira de Dios:

“Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan” (Esdras 8:22).

“Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado” (Romanos 11:22).

(4) La bondad de Dios es una verdad fundamental que le da forma a nuestra perspectiva de Dios y a Su obra en nosotros en esta vida. La bondad de Dios es un hecho del que la Biblia testifica con frecuencia. Es un hecho que todo cristiano debería creer y abrazar. Pero más que esto, es una perspectiva a través de la cual deberían considerarse todas las experiencias de la vida.

En la narración bíblica de la caída de Adán y Eva, es muy significativo que el ataque de Satanás estaba en esta dimensión del carácter de Dios. Es verdad que Satanás virtualmente llamó a Dios mentiroso; pero el primer ataque de Satanás, fue dirigido en contra del atributo de Su bondad. Fue un ataque sutil; pero uno que debería ser muy obvio para el cristiano que lea estas palabras:

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:1-5).

Dios es bueno y todo lo que Él creó, es bueno. Pero lo único que había en el jardín que no era ‘bueno’ para comer, era ‘el árbol del conocimiento del bien y del mal’. La pregunta aparentemente inocente de Satanás, tenía la intención de destruir la confianza que Eva tenía en la bondad de Dios. Al momento que Satanás terminó de formularla, Eva vio a Dios como el que ya no es bueno y el fruto prohibido como lo que era bueno. En el momento que Eva dudó de la bondad de Dios, fue mucho más fácil para ella desobedecerle. Si Dios no era bueno y no estaba obrando para su bien, ¿por qué debía obedecerle? En realidad, ¿por qué no actuar independientemente de Dios y buscar su propio bien —el fruto prohibido?

En primer lugar, Satanás cambió la visión que Eva tenía de Dios entonces para él fue posible persuadirla a que desobedeciera a Dios, comiendo el fruto prohibido. La bondad de Dios es una perspectiva desde la cual podemos y debemos ver todos Sus mandamientos, incluyendo Sus prohibiciones. Aparentemente, de lo que sucedió como resultado de haber comido el fruto prohibido, es que Dios excluyó aquel fruto para el bien del hombre. La prohibición fue una expresión de la bondad de Dios. Ella no comprendió la razón de tal prohibición; pero sabiendo que Dios era bueno, no era necesario comprender, sino obedecer. Lo que Dios prohíbe, es porque debe ser malo y lo que Él ordena, es bueno. Debemos conocer la verdad que se encuentra en la Palabra de Dios para evitar a Satanás, cuando intenta cambiar nuestra perspectiva de Dios. A menudo lo hace impulsándonos a dudar de Dios y de Su Palabra.

Mi querido amigo desde los días del seminario, Tony Emge, me telefoneó la semana pasada para contarme que su esposa había muerto de cáncer. Volé a California para asistir al funeral y estar con Tony y sus hijos. No pretendo comprender todo lo que Dios se propuso a través del trágico deceso de Cathie; pero Su bondad me entrega una perspectiva desde la cual puedo ver en fe, dándole gracias por todo lo que hace (ver 1ª Tesalonicenses 5:18).

En medio de la pena y de preguntas sin respuestas, existen ciertas verdades que sé que son verdaderas. Dios es bueno. Sé que para los cristianos este Dios bueno hace todas las cosas para bien, para todos aquellos que Él ha llamado y que han puesto su fe en Él (Romanos 8:28). Sé que la muerte de Cathie Emge vino de la mano de nuestro buen Dios y que Él está usando este hecho para bien. Incluso puedo reflexionar en algunas formas en que esta tragedia esta siendo usada para bien.

Primero, ya sé que la muerte de Cathie es para su bien. El apóstol Pablo miraba la posibilidad de su muerte, sabiendo que estar con Cristo es mucho mejor (Filipenses 1:23), porque estar ausente del cuerpo significa que el cristiano está con el Señor (2ª Corintios 5:6-8). Segundo, la muerte de Cathie tiene un buen propósito para quienes no son salvos. Es un recordatorio de la certeza de la muerte, algunas veces mucho antes de lo que esperamos. Ha provisto a los cristianos, la oportunidad de demostrar la realidad de su fe en las horas más oscuras de la experiencia humana. Da la oportunidad de comunicar el evangelio con toda claridad en el funeral. Y al parecer, al menos una persona ha llegado a la fe como resultado de la muerte de Cathie.

Mientras pensaba en la muerte de Cathie y en mi amigo Tony, se me ocurrió que su muerte también fue buena para ella. Nunca había pensado así con respecto a la muerte; pero creo que es legitimo aplicar este texto:

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19-21).

Mientras pensaba en su muerte, antes del funeral, se me ocurrió que estábamos enviando un tesoro en la ceremonia fúnebre. Cathie fue atesorada por sus amigos y por todos quienes la amaron, mucho más que el dinero. Si hubiera permanecido en la tierra, hubiera estado sujeta a corrupción (ver 2ª Corintios 4:16). Estar presente con el Señor significa estar libre de toda corrupción (ver 1ª Corintios 15:42-53). Y pensar que Cathie está ahora en el cielo, hace que quienes la aman y extrañan, estén deseosos de ir al cielo también. ¡Qué bueno es Dios, aún en la muerte de los amados!

Que Dios haga que Su bondad sea una verdad que no sólo aceptemos, sino que también la abracemos, de manera que sea la perspectiva desde la cual observemos todos los eventos de nuestras vidas.

“Hay una perfección tan absoluta en la naturaleza de Dios y en Su ser, que nada defectuoso podemos encontrar en Él y nada se le podría agregar para que fuera mejor. ‘Él es originalmente bueno, bueno en Sí mismo, como nadie lo es, pues todas las criaturas son buenas sólo en la medida que participen y tengan una comunión con Dios. Él es esencialmente bueno; no sólo bueno, sino que es la bondad misma; la bondad de una criatura, es un calidad agregada, en Dios es Su esencia. Él es infinitamente bueno; la bondad de una criatura no es sino una gota; pero en Dios hay un océano infinito de bondad. Él es bueno eterna e inmutablemente, pues no puede ser menos bueno de lo que es; por cuanto nada se le puede añadir y tampoco nada se le puede sacar’. (Thos. Manton). Dios es el ‘summum bonum’, la mayor de las bondades”.15_ftn2

Dios es ‘summum bonum’, la bondad más grande… “Todo lo que emana de Dios —Sus decretos, Su creación, Sus leyes, Sus providencias— no pueden ser sino buenas: como está escrito: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he que era bueno en gran manera(Génesis 1:31).16


14 Habrá algunos que señalaran textos tales como: “Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2:10). Hay ocasiones en la Biblia donde ‘bueno’ se refiere a éxito o prosperidad y ‘malo’ se usa como referencia para expresar fracaso, adversidad o sufrimiento. En forma soberana, Dios elige enviar prosperidad a algunos y adversidad y sufrimiento a otros. Pero nunca es Dios el autor de ese mal (ver Santiago 1:13-17).

15 A.W. Pink, The Attributes of God, p. 52

16 Ibid, pp. 52, 53.

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