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Prefacio a enseñanza cristiana basica

¿Qué es Verdad? Esta es una pregunta antigua, pero en la civilización occidental del siglo 20, ha sido aceptado por la mayoría de gente “Intelectual” el hecho de que podemos conocer la “verdad” (con “v” chica) – pero no podemos conocer la “Verdad” (con “V” grande). Podemos identificar trozos de información, eventos, condiciones, etc., como algo real y efectivo – pero la gran pregunta del universo, la gran Verdad, son imposibles de contestar. En los mundanos, trágicos, cómicos, o felices eventos del diario vivir, los conocimientos de nuestra era nos permiten percibir pizcas de realidad, sin admitir la posibilidad, o por lo menos la habilidad de conocer que es verdaderamente real. Esto ha cambiado de alguna manera, en la última década por la creciente popularidad del pensamiento de la Nueva Era, el cual toma varias formas de misticismo y superstición, y no es más nuevo que la antigua Babilonia o Egipto. Pero el concepto, pesado y amplio de la Verdad, que prevalece entre estos grupos de neo-paganos solo se acerca a la Verdad, tanto como la versión secular.

El Cristianismo que es – Bíblico, evangélico, ortodoxo, nacido de nuevo – tiene la única respuesta al dilema de los hombres y mujeres que hoy en día encaran un futuro incierto, ya sea sin cimientos, con falsos cimientos, o con cimientos de arena. El problema es que nuestras iglesias y nuestros creyentes (por lo menos en los Estados Unidos de América), han sido tan influenciados por el materialismo, la psicología quejumbrosa, y el existencialismo, que estamos en peligro de convertirnos en un cero a la izquierda mientras el mundo se desliza de cabeza hacia el abismo. Nos organizamos políticamente, elegimos a nuestros legisladores, protestamos, boicoteamos, votamos, pero ¿que estamos logrando?, ¿Dónde esta el efecto revolucionario que la iglesia tuvo en el mundo durante los primeros cuatro siglos de nuestra era? La iglesia primitiva revolucionó tres continentes sin el beneficio de las comunicaciones modernas, o derechos democráticos, y lo hizo enfrentando grandes peligros – ¿donde esta ese poder el día de hoy?, ¿Donde está el poder radical, retador de sociedades, ese poder de cambio que nuestros ancestros espirituales ejercitaron durante la Gran Reforma, El Avivamiento Puritano, y el Gran Despertar?, ¿Acaso nos ha abandonado el Espíritu Santo?, o, ¿Lo hemos abandonado nosotros? Porsupuesto, hay algunos que hablan del verdadero avivamiento – a menudo los escuchamos orar por el. Ha habido pequeñas manifestaciones del Espíritu en varios lugares. Y aparecen voces que nos impulsan a buscar la excelencia. Hay mucho humo – ¿Pero donde esta el Fuego? Algunas encuestas demuestran que 60 millones de norteamericanos se dicen cristianos nacidos de nuevo. Ojala fuera así. ¡Si hubiera 60 millones de verdaderos creyentes en los Estados Unidos, consistentemente siguiendo a Cristo, entonces el aborto, la cultura de las drogas, la creciente pobreza en la tierra de riquezas, el abuso físico y sexual, la pornografía, y muchos más de nuestros demonios, serían convertidos en polvo!

Solamente el Espíritu Santo de Dios puede traer el avivamiento del Verdadero Cristianismo necesario en estos tiempos de maldad. Estos no son tiempos para el débil, el desinteresado o el que no quiere compromiso. Estos son tiempos para que la gente de Dios se levante y le siga (Juan 10:27).

No existe una ecuación mágica que pueda enmendar las Iglesias norteamericanas del siglo 20 – no existe ningún programa de computo que podamos cargar, iniciar y dejar en el olvido mientras hace su trabajo. Lo que necesitamos hacer es exactamente lo que hizo la primera iglesia – y esto no tiene nada que ver con regalos controversiales, fenómenos extraordinarios, o alguna de las ideas organizacionales de la primera iglesia. Las cuatro cosas en las que la primera iglesia sobresalió, son listadas en Hechos 2:42 “Y perseveraban en la doctrina de los Apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” ¿Cuáles fueron los resultados? Miles (y eventualmente millones) fueron salvos, ¡Y la iglesia creció en gran proporción en el mundo!, ¿Sucedieron fenómenos extraordinarios? Si. El Espíritu Santo concedió tales cosas con alegría. ¿Fueron evidentes los regalos del Espíritu? Si. El Espíritu Santo también repartió sus regalos en las iglesias con alegría. Pero estas cosas fueron producto del avivamiento – ellos siguieron la obediente y firme devoción de la iglesia hacia lo básico de la doctrina. Nosotros, en la iglesia norteamericana del siglo 20, tristemente tenemos carencias en estas áreas, especialmente en las áreas de enseñanza y oración – y sin estas dos patas, la mesa se cae, sin importar cuan fuertes sean las otras dos.

Lamentablemente somos inadecuados a la hora de enseñar las verdades del Evangelio a nuestra gente, al equiparlos para el ministerio, para ser sal y luz en nuestro mundo. “Pero,” alguien dice, “hay tantos buenos maestros, tantos libros, videocasetes, y otros materiales a nuestra disponibilidad.” Eso es verdad, y lo único que hace es aumentar nuestra culpabilidad – puesto que hemos hecho muy poco con esas riquezas. Veámoslo de forma más simple, sabemos mucho de las profecías del fin de los tiempos, estamos bien informados sobre la posición de algunas denominaciones en cuanto al bautismo, los regalos del Espíritu, Seguridad Eterna, etc. La pregunta es, ¿están los miembros de mi iglesia bien preparados en los fundamentos de la fe?, quizá tengamos programas sociales de algún tipo para alcanzar distintos grupos de nuestra comunidad, ¿pero que estamos haciendo con los que alcanzamos?, ¿cuanto tiempo toma a un nuevo creyente en mi congregación para estar bien preparado en las doctrinas del Cristianismo? Si los nuevos creyentes conocen las doctrinas esenciales, ¿se han realmente “sumergido” en ellas – se reflejan dichas enseñanzas en su vida?

La meta de este libro es para despertar a las iglesias locales hacia la necesidad de enseñar y vivir las doctrinas básicas de “la fe dada una vez a los santos,” y proveer un texto suplemental con ese propósito. (Solo la Biblia puede ser el texto principal). Este libro no fue escrito para eruditos, si no para estudiantes. No fue escrito para evangelizar a los perdidos, sino para enaltecer a los santos. No fue escrito para convencer al escéptico o al cínico, sino para dar confirmación al que busca y confortar y edificar al creyente. Que el Santo Espíritu de Dios nos ayude en la tarea. Soli Deo Gloria (Solo a Dios sea la Gloria).

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