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6. La Persona de Cristo

Hay solo algunas cosas que hacen a la fe Cristiana verdaderamente distinta de las religiones del mundo. Las tres más prominentes son la naturaleza del Absoluto Dios Trino, la Persona y el Trabajo del fundador de la fe y el camino a la Salvación. Ya vimos la naturaleza de Dios; en el Capitulo 6 y 7, resumiremos la drástica diferencia entre la Fe y las religiones del mundo en cuanto a la doctrina que los Cristianos llamamos salvación, pero aquí hablaremos de su Fundador. Los fundadores de las religiones del mundo han hecho varias declaraciones. “Yo he encontrado el camino,” dice uno, “He visto el camino, dice otro,” quizás el mensaje fue, “Dios me ha enseñado el camino,” o “Yo te enseñaré el camino.”

Pero en Cristo, tenemos a Uno que dice, “Yo Soy el Camino.” De hecho, Cristo hizo la declaración más notable que ningún hombre haya hecho—viniendo de un hombre común, seria una presunción de proporciones fantásticas. Él declaró algo que lo convierte en la persona con la mentalidad más estrecha que haya vivido. Él dijo, “Yo Soy el Camino, La Verdad, y La Vida, nadie viene al Padre sino por Mi.” Fueron declaraciones como esta y muchas otras las que llevaron a C. S. Lewis a proponer el “trilema” acerca de Jesucristo. Él dijo que para aquellos que dicen que Jesús no es quien dice ser, pero que simplemente fue buen maestro, etc., declaraciones como Juan 14:6 crean un problema insuperable. De acuerdo a lo que dijo, entonces era o un mentiroso, un lunático, o Señor de Gloria. Las más grandes herejías en la historia de la iglesia fueron sobre la Persona de Cristo, y las herejías de hoy no son diferentes. De hecho, no son nuevas herejías, sino nuevas mentiras con disfraz.

Vimos la Divinidad de Cristo en el capitulo anterior, en este, veremos los otros aspectos de Su Persona como nuestro Señor y Redentor.

Parte 1:
La Pre-Existencia de Cristo

Al que los teólogos llaman “la divina Palabra,” el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, nuestro Salvador Jesucristo, no comenzó Su existencia cuando nació de la virgen Maria. Esa fue su encarnación (hecho carne). Él fue, como el profeta Miqueas dijo, “…el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad…” (Miqueas 5:2) Él era pre-existente.

La pre-existencia de Cristo es obvia desde Su Niñez. Como Dios, Él es Eterno e Inmutable (Isaías 9:6-7; Apocalipsis 1:8; Hebreos 13:8, Hebreos 1:12; Salmos 102:27), Él siempre existió. Jamás hubo un tiempo en el que no estuviera. “…En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” (Juan 1:1) La pre-existencia de Cristo es ampliamente testificada por la escritura—Juan 8:58; 17:24; Colosenses 1:17; Hebreos 7:3; Apocalipsis 22:13; Filipenses 2:5-11—la Biblia continuamente lo enfatiza. También vemos en el Antiguo Testamento, como Su pre-existencia es demostrada por la teofanía, o Croistofanía. Estas dos palabras, una aplicada generalmente a Dios, y la otra al Hijo en particular, se refieren a una apariencia visible de Dios en el Antiguo Testamento.

Como la enseñanza Bíblica de que nadie ha visto, o puede ver al Padre, (Éxodo 33; Juan 1:18; 1 Timoteo 1:17) la mayoría de los maestros evangélicos atribuyen todo tipo de apariencias visibles de Dios de forma humano o angelical al Hijo manifestándose antes de Su encarnación. Jueces 13:15-22, Zacarías 3:1-5; Éxodo 3:16; y Génesis 18:1-33, son entre muchos otros pasajes que los eruditos de la Biblia creen que son Cristofanias. ¿Cómo podemos saber si una manifestación en particular en las escrituras es un ángel, o si es la apariencia del Hijo pre-existente? El pasaje siguiente es un clásico que ilustra esto.

Josué 5:13-15 Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo

La porción subrayada del versículo es la clave para entender este pasaje como una aparición de Cristo antes de la Encarnación. El Príncipe del ejército de Jehová usa las mismas palabras que Jehová usa cuando Moisés vino ante el arbusto ardiente. Eso, y el hecho de que la Persona acepto ser adorada, lo cual es reservado solo para Dios, (Éxodo 20:1-3) comprueba que esto es una Cristofania. Hay muchas Cristofanias en el Antiguo Testamento. Cristo siempre ha sido—nuestro Salvador no comenzó a existir el día de Su nacimiento—fue encarnado ese día.

Parte 2:
Dios Hecho Carne—El Hombre Cristo Jesús

La Encarnación (Cristo el Hijo de Dios hecho Carne) y el Nacimiento Virginal (la manera en que Él fue hecho carne) son doctrinas que no pueden ser entendidas lógica o científicamente. Involucran a Dios actuando fuera de la ley de la naturaleza e interviniendo en la historia humana de la manera más directa y personal posible, al hacerse parte de ella. La encarnación y el Nacimiento Virginal fueron parte de la antigua promesa dada al ser humano de ser liberados de la esclavitud de Satanás (la serpiente en Génesis 3:14-15). La promesa fue reiterada a Abraham que de su semilla “todas las familias de la tierra,” serían bendecidas (Génesis 12:3). Job revela en su fe “…Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre la tierra.” El Propósito de Su venida fue la redención de Su gente—todos aquellos que creyeran en Él.

Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Hebreos 2:14-18 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

Galatas 4:4-5 Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

Romanos 8:3-4 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

El Cumplimiento de las promesas y profecías vinieron cuando el ángel Gabriel anunció el nacimiento que vendría de la Virgen María. La doctrina del Nacimiento Virginal ha sido atacada por críticas dentro y fuera de la iglesia. Algunas veces las críticas astutamente tratan de sugerir que las palabras traducidas “virgen” en la Biblia pueden significar otra cosa diferente. Sin embargo, las palabras de la misma María “no conozco varón,” o en el lenguaje común del siglo 20, “nunca he tenido relaciones sexuales con un hombre,” claramente demuestran que era virgen, y que la encarnación y el nacimiento del Salvador fue un milagro de Dios.

Lucas 1:34-35 “Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

1 Timoteo 3:16 E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.

Juan 1:14-18 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Y, es muy misterioso-¿Como es que el Santo, Inmutable, Omnipotente, Omnisciente, Omnipresente Dios se hizo hombre? La respuesta a la pregunta “¿Cómo?” no es dada excepto en las palabras misteriosamente iguales de Gabriel a Maria mostradas arriba—pero es verdad. Nuestra inhabilidad de entender la Encarnación no cambia el hecho de que es real, de la misma forma que nuestra inhabilidad de entender completamente todas las fuerzas de la vida y el universo no las cambian. Finalmente, la doctrina de la Encarnación fue protegida por algunas de las más fuertes advertencias encontradas en el Nuevo Testamento—una persona puede estar muy equivocada en muchas cosas, y aún ser Cristiana, pero algún error en esta área es falsa profesión—si no crees que Jesús Cristo es Dios hecho Carne, no puedes ser Cristiano.

1 Juan 4:2-3 En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.

2 Juan 7-11 Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.

Judas 3-4 Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que fue entregada una vez a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.

La humanidad de Cristo, el encarnado Dios-Hombre, fue Humanidad Real—no era un fantasma; no era un nuevo tipo de ser viviente. Él era “Tan Dios como Dios,” como dicen las antiguas declaraciones de fe, pero era plena y completamente hombre también. Él pasó por las experiencias comunes de la hombría, sufrió las incomodidades comunes, dolores, y tristezas humanas, sufrió tentación, y sufrió la muerte de un criminal común. Él fue en todas formas un hombre. (Para ejemplos, ver Mateo 1:1; 12:23; 15:22; 21:9; 26:37; Marcos 10:48; 12:35; Lucas 2:40; 4:2; 8:23; 9:58; Juan 4:6; 7:42; Apocalipsis 5:5.)

Algunas personas creen que la humanidad de Cristo necesitaba que Él tuviera una naturaleza de pecado y ser Él mismo innatamente pecador. Sin embargo, ese no es el caso. La naturaleza de pecado es nuestra herencia si somos hijos de Adán, pero no era parte del plan original para el hombre—Dios no creo la naturaleza de pecado. Nuestra maldad fue una reacción, fue el resultado del pecado de nuestro representante a la cabeza, el primer hombre, Adán. Nacimos pecadores por que Adán se hizo pecador. Cristo fue el “segundo Adán,” (1 Corintios 15:45-49), no fue hijo de Adán. Por el Nacimiento Virginal, Él fue “la semilla de la mujer,” (ver Génesis 3:14-15), y no tuvo padre humano. Al no tener padre humano, el pecado de Adán y la naturaleza de pecado de Adán no pudo ser pasada a Él. Él vivió una vida sin pecado en todas formas. Como lo formularon los antiguos puritanos, “Él no tuvo pecado, no conoció el pecado, ni cometió pecado.” Pero, como el próximo capitulo nos dice en detalle, la belleza y el misterio de La Fe es que este Perfecto Dios-Hombre se hizo pecado y sufrió la pena por nosotros.


Hebreos 4:14-15 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

Ver el Apendice 8 para una respuesta Teológica Bíblica a las Falsas Doctrinas de Kenosis.

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