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¿Qué apuro hay? Quédate y hablemos

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Los empleados del Parque Nacional de los Estados Unidos reciben alrededor de 20 millones de personas en sus preciados parques, por año. La mayoría de los visitantes vienen a pasar el día, a conocer y a correr. En 1983, el promedio de tiempo que las personas pasaban en los cuarenta y ocho parques nacionales equivalía a cuatro horas y media. En el caso de Isle Royale eran cuatro días, tal vez debido a la distancia. Pero ¿a Yosemite, Sequoia, Yellowstone o el Parque Nacional de los Glaciars solo cuatro horas y media? Una carrera tan apresurada para entrar y salir de estos templos de granito, no deja tiempo siquiera para hacer una pausa; ni hablar de detenerse para contemplar, escuchar y oler las delicias de las montañas, los rios y los campos.

Lo que es aún peor es que nuestra conversación con Dios muchas veces no es mejor que eso. Entramos y salimos apuradísimos como si fuera el auto McN del Tde la epiritualidad, a menudo perdiendo en el apuro por llegar a ninguna parte, la majestuosidad de Dios.

Esto se debe, en parte a nuestra poca capacidad de comprender la belleza y la bondad de Dios. En una cultura determinada insaciablemente por esta infatuación mundana, nuestro conocimiento de Dios es escaso, cuestionable y amenaza de extinción a la oración. Por este motivo, cuando Jesús enseñaba acerca de la oración –puesto que debía luchar contra los mismos problemas que enfrentamos hoy- dedicaba una cantidad de energía considerable a explicar la naturaleza benevola de Dios.

Entonces, nuestras oraciones muchas veces se parecen más a una entrada en boxes en una carrera del circuito de Daytona que a un paseo plasentero a través de un parque hermoso una tarde de primavera. Sin embargo, esto no lo aprendimos de Cristo. ¡De ninguna manera! Nuestro modelo era diferente. Él oraba constantemente y durante largos períodos de tiempo. Su devoción a la oración y la relación con su padre eran tales que el escritor de Hebreos (probablemente inspirado en la tradición de la iglesia primitiva acerca del ministerio terreno de Cristo, Getsemani incluído) se vio inducido a decir: “Mientras Cristo estuvo viviendo aquí en el mundo, con voz fuerte y muchas lágrimas oró y suplicó a Dios, que tenía poder para librarlo de la muerte; y por su obediencia, Dios lo escuchó” (Hebreos 5:7).

Hechemosle un vistazo a Hebreos 5:7. Este maravilloso pasaje hace énfasis en la humanidad de Cristo, en el hecho de que era realmente humano (como nosotros pero, aún así, libre de pecado) y necesitaba estar en comunión con el Padre. Oraba constantemente en forma seria y muy concentrado; conocía a Dios y era sincero. El término “suplicar” es más intenso que “pedir” y algunos estudiosos lo asocian a la antigua práctica de sostener una rama de olivo como signo de petición.1 Por otra parte, la referencia a la “voz fuerte y muchas lágrimas”expresa angustia, lucha y un profunfo sentido de sumisión humilde a la voluntad de Dios. La tradición rabínica sugiere que “existen tres tipos de oración, cada una de ellas más digna que la anterior: oración, grito y lágrimas. La oración se realiza en silencio, el grito con voz fuerte, pero las lágrimas superan todas las cosas (‘no existe puerta que las lágrimas no traspasen’).”2 Finalmente, aunque Getsemani es un excelente ejemplo de Hebreos 5:7, el escritor dice que este tipo de oración caracterizó los días de la vida de Jesús. Nuestro Señor oraba seriamente y sin cesar; amaba profundamente a su padre.

Entonces me pregunto ¿cuál es nuestra posición respecto a esto? ¿Oramos constantemente? ¿Seriamente? ¿Con todas nuestras fuerzas? ¿O lo hacemos de vez en cuando, con interés pasajero y sin una reale convicción? Si es así, no se encierre en sí mismo con una actitud autocomplaciente. Eso no lo llevará a ninguna parte. Al contrario, empieze a pedirle a Dios que le enseñe a orar y preparese a aprender mucho. Este es uno de los problemas que tiene la iglesia. No creemos realmente que la oración sea algo que se debe aprender por medio de la práctica, el ensayo y el error. Si no fuera así, (es decir, si no fuera necesario aprender a orar), entonces Jesús nunca hubiera tenido que enseñarles a sus discípulos ni hubiera criticado las oraciones mal hechas (Mateo 6:5-15). Aún cuando es cierto que hasta los niños pueden orar (y deben hacerlo), no es en absoluto cierto que los adultos deban mantener una actitud infantil respecto de sus oraciones, Existe una diferencia entre lo que es simple y lo que es simplista (e ingenuo). Lo segundo no implica virtud.

Les dejo un ejemplo que ilustra la continuidad de la vida de oración de Jesús. La historia en Juan 11. Marta y María informaron a Jesús que su hermano, Lázaro (una person a quien Jesúa amaba) estaba enfermo. En aquel momento, Lázaro estaba en Betania, en Judea, y Jesús, probablemente estaba del otro lado del Jordán hacia el este cuando recibió la noticia. Sin embargo, en lugar de partir inmediatamente para socorrer a su amigo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba (11: 1-6) y luego viajó para estar con su amigo.

Al acercarse a la ciudad de Betania, se encontró con Marta y con María. Las consoló a ambas ya que Lázaro había muerto y había sido enterrado cuatro días antes. Jesús mismo estaba profundamente conmovido y lloró (11:35). Luego se dirigió a la tumba donde yacía Lázaro y pidió que se removiera la piedra sepulcral. Cuando esta fue sacada de la puerta de la tumba, Jesús miró al cielo y pronunció la más maravillosa de las oraciones. La parte que más me interesa es la siguiente:

“Padre, te doy gracias porque me has escuchado” (Juan 11:41)

El punto que quiero destacar es que en ninguna parte del texto dice que Jesús había estado orando. Entonces, ¿cúando lo había escuchado Dios? Si fuera una referencia general a su vida de oración anterior, nos esperaríamos la palabra “siempre” insertada en la frase: “Padre, te doy gracias porque SIEMPRE me has escuchado”3 Pero no es así. Por otra parte, el contexto sugiere que desde el momento en que había escuchado la noticia hubiera estado orando por su amigo Lázaro y por todas las personas involucradas, principalmente, sus discípulos y amigos.4 Por lo tanto, podemos inferir lógicamente que sus oraciones respecto de este tema eran constantes y, tal vez, silenciosas, mientras viajaba a través del Jordán rumbo a Betania. El hecho de que estuviera al tanto de la muerte de Lázaro(11:11)5 sin recurrir a ningún medio humano, hace que esto sea más probable. Más aún, la confianza que tenía en que Dios quería resucitar a Lázaro de entre los muertos, seguramente fue desarrollada a través de la oración y la comunión con Dios (11:14-15, 23, 40). De todas formas, el punto es que Jesús oraba continuamente y por ello constituye un excelente modelo para nosotros. Jesús no sucumbió a la mentalidad de la espiritualidad rápida; no tenía apuro en su deslizarse por las montañas, los rios y los campos de Dios.


1 Donald Guthrie, Hebrews, Tyndale New Testament Commentaries, ed. Leon Morris, vol. 15 (Grand Rapids: Eerdmans, 1983), 129.

2 Leon Morris, “Hebrews,” in The Expositor’s Bible Commentary, ed. Frank E. Gaebelein, vol. 12 (Grand Rapids: Zondervan, 1981), 49.

3 The fact that it is in the next phrase does not change the thesis advanced here since there it is used with a pluperfect tense verb, i.e., “I knew,” whereas the first phrase is in the aorist tense.

4 The whole event is orchestrated to develop the faith of the disciples (11:14-15) as well as Mary and Martha (11:17-37).

5 All he knew up to that point in the text is the report of the illness. There was no mention that Lazarus was dead.

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