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Mi Comprensión de La Doctrina Bíblica de la Elección

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Traducido por Juan Fernando Saa

“Estoy tan contento de que Dios me haya escogido antes de la fundación del mundo, porque nunca me hubiera escogido después de que nací! Charles Haddon Spurgeon.

La siguiente es una discusión breve de lo que yo comprendo que significa la doctrina bíblica de la elección.

(1) Elección no significa que Dios meramente supo quién habría de creer y sobre esa base los eligió. D. L. Moody enseño que la elección significa lo siguiente: Dios me escogió para él, pero el diablo me escogió para él. Mi elección es la que rompe la igualdad”.

Esto realmente no sería escoger o “elegir”. Dios no nos estaría escogiendo; en cambio, nosotros estaríamos escogiéndolo a El y El simplemente sabría esto. (Más aún, el diablo, una criatura, estaría ubicado en un plano igual al de Dios). El testimonio consistente de la Escritura es que Dios es quien escoge, no nosotros. Cf. Romanos 9:6-21; Efesios 1:4; 1 Tesalonicenses 1:4.

(2) La elección no extingue la responsabilidad humana. Cada persona es responsable ante Dios Todopoderoso respecto a lo que harán con Su Hijo. Hay gente salva aquí hoy, quienes, a pesar de ser elegidos, siguen perdidos y no serán salvos hasta que crean”. Cf Efesios 2:3.

(3) La elección es necesaria debido a que somos pecadores totalmente depravados1. En otras palabras, no escogeríamos a Dios a menos que El primero nos escoja a nosotros.

Los incrédulos son presentados como incapaces de hacer o pensar nada que los pueda mover aunque sea un paso más cerca de Dios. No hay nada que puedan hacer o decir que pudiera complacer a Dios. Cf. Romanos 3:10-23; Efesios 4:17-19. De hecho, los incrédulos están espiritualmente muertos hasta que el Espíritu de Dios los llama; es decir, no pueden responder a nada fuera del ámbito del pecado (Efesios 2:1-3). Tal como Lázaro estaba muerto hasta que Jesús lo llamó, también los incrédulos están muertos hasta que el Espíritu de Dios los llama. Y justo como Lázaro no podía gloriarse: “Jesús no podría haberlo hecho sin mí!”, tampoco nosotros podemos hacerlo. Los muertos no tienen mucho con qué regatear. Es importante notar que Efesios 2:8-9 está en el contexto de Dios levantándonos de entre los muertos espirituales.

(4) El proceso de elección, como se opera en nuestras propias vidas, no viola nuestra voluntad. Esto es, la doctrina de la “gracia irresistible” no significa “coerción divina”, como si Dios nos forzara a someternos a hacer Su voluntad. En cambio, es una persuasión convincente. El diablo ha cegado los ojos del mundo (2 Cor. 4:4) y una vez que nuestros ojos han sido iluminados por el Espíritu de Dios, vemos claramente lo que Dios ha hecho por nosotros. Más aún, si la gracia fuera resistible, significaría que la persona que puede resistir la voluntad de Dios es un individuo fuerte y poderoso, y aquellos que no pueden (y por tanto, aquellos que resultan salvos) son débiles. Esa no es la imagen bíblica.

(5) Los medios de la elección son siempre a través de la agencia humana. Esto es, Dios usa a otros creyentes para comunicar el Evangelio a los perdidos. Cf. Romanos 10:14-17. Por lo tanto, no podemos excusarnos a nosotros mismos de compartir el Evangelio diciendo: “Si él es escogido, Dios va a salvarlo de cualquier manera. El no me necesita para hacer el trabajo”. Es cierto que Dios no necesita a ninguno de nosotros para hacer Su voluntad, pero es igualmente cierto que Dios usa a aquellos que están dispuestos a obedecerlo. En consecuencia, la doctrina de la elección nos debe motivar a compartir el Evangelio—no por temor, sino porque queremos ser usados por Dios para hacer Su voluntad.

(6) La elección no contradice ninguno de los atributos de Dios y, de hecho, es una manifestación directa de Su amor (Ef. 1:4-5). (Vea el punto 10 donde se amplía este punto).

(7) La elección no es sólo para salvación, sino para santificación y glorificación. Cf. Ef. 1:4-5; Rom. 8:28-30. En otras palabras, aquellos a quienes Dios ha escogido, son escogidos no sólo para ser salvos, sino también para ser santificados.

(8) El asunto de si Dios es justo o no al elegir a unos y no a otros, minimiza qué tan grande es nuestra salvación—y qué tanto nos ha invadido el pecado. Si Dios obrara en justicia, todos iríamos al infierno. Si salva a una persona, es infinitamente misericordioso.

(9) En la práctica, se presentan tres preguntas básicas cuando se discute la elección:

  • Es Dios justo?
  • No nos convierte ésto en robots?
  • Por qué deberíamos evangelizar?

Todas estas tres preguntas son respondidas en Romanos 9-11, el gran pasaje en le Biblia que trata el asunto de esta doctrina. Romanos 9 responde la pregunta de nuestra elección, Romanos 10 responde la pregunta de la necesidad de evangelizar, y Romanos 11 responde la pregunta acerca de la justicia de Dios. Debe notarse, igualmente, que la teología de Pablo aquí no es vacía; él comienza (vv 1-3) por casi desear poder ir al infierno si esto implicara que al menos uno de sus hermanos Judíos llegara a ser salvo!

(10) Muchas personas quieren encontrar un equilibrio entre la soberanía de Dios y el libre albedrío humano. Se debe buscar el equilibrio, pero éste no es el lugar. En ninguna parte leemos en la Biblia que Dios no sea soberano sobre nuestras voluntades. Además, tenemos testimonio explícito suficiente en Romanos 9 de lo contrario. Igualmente, existe un desequilibrio inherente entre la voluntad de una criatura y la voluntad del Creador. Qué derecho tenemos para proclamar que estas dos son iguales?

El equilibrio real viene entre dos grandes categorías de los atributos de Dios. Dios tiene atributos morales (bondad, amor, misericordia, justicia, etc.) y atributos amorales (es infinito, eterno, omnisciente, omnipresente, etc.). En resumen, el equilibrio es entre Su soberanía y Su bondad. Si Dios tuviera solamente atributos amorales, bien podría ser un tirano. Si solo tuviera atributos morales, sería incapaz de efectuar un cambio en el mundo; sería impotente.

Reuniendo todo esto, vemos la majestad y el misterio de Dios. Los atributos de Dios no pueden ser separados. Es decir, El es bueno en su soberanía, infinito en Su misericordia, amoroso en su omnipotencia. Sin embargo, nosotros, como simples criaturas finitas, no podemos comprender la grandeza de Su plan. Isaías 55:8-9 dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.  Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” No hay contradicción en Dios, pero hay comprensión finita en nosotros.

(11) La doctrina de la elección es análoga a la de la inspiración. Dios inspiró las palabras mismas de la Escritura (2 Tim 3:16); aún así, Su modus operandi no fue el de dictado verbal. Isaías fue el Shakespeare de su día; Amós fue el Mark Twain. Ambos tienen vocabularios y estilos de escritura ampliamente divergentes; sin embargo, lo que cada uno escribió fue inspirado por Dios. El estilo de escritura y sintaxis Griega de Lucas son bastante diferentes de los de Juan, pero ambos escribieron la Palabra de Dios. Leemos en 2 Pedro 1:20-21 que ningún profeta creó sus propias profecías, sino que fueron movidos por el Espíritu Santo: “1:20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,  1:21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.

Así, se nos presenta un misterio: Cada escritor bíblico escribió las palabras mismas de Dios; sin embargo, cada uno ejerció su propia personalidad y voluntad en el proceso. El mensaje tuvo su origen en Dios, y aún así, el proceso involucró la voluntad humana. El milagro de la inspiración, como Lewis Sperry Chafer anotó hace ya mucho tiempo, es que Dios no viola la personalidad de nadie, y sin embargo, lo que fue escrito fue exactamente lo que Dios quería decir.

Esto encuentra paralelos con la elección. El misterio de la elección es que Dios puede escoger incondicionalmente, y aún así nuestras voluntades no son coartadas. Somos persuadidos por el Espíritu Santo para creer. Además, tenemos la sensación de libre albedrío en el proceso, tal como los autores bíblicos la tuvieron. Es decir, los autores bíblicos no siempre supieron que estaban redactando Escritura, aún cuando Dios estaba dirigiendo sus pensamientos.

(12) Resumen: la doctrina bíblica de la elección es que es incondicional, irresistible, e irrevocable. Todo esto para la gloria de Dios—sin, en forma alguna, disminuir la dignidad o responsabilidad del hombre. Para ponerlo de otra forma: Una gran parte de la madurez en la fe es ésta: cada uno de nosotros necesita hacer el descubrimiento Copernicano progresivo encapsulado en las palabras: “No soy el centro del universo”. O, como Juan el Bautista dijo: “...que él crezca, pero que yo mengüe”.


1 Depravación total no significa que somos tan malos como podemos ser. Sino, significa que (1) el pecado ha manchado todo aspecto de nuestro ser—nuestros corazones, cuerpos, y mentes; (2) seríamos tan malos como podemos ser si no fuera por la gracia común de Dios (por la cual El protege a los humanos en general de convertirse en seres tan perversos como pueden ser); y (3) no hay chispa de lo divino en nosotros, nada bueno que mueva a Dios hacia una persona, como si él o ella mereciera ser salvado(a).