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Excursus 3: Persistiendo Hasta la Meta

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Traducido al español por: Kerry-Ann Chambers

Las metas en la vida de Pablo habían cambiado a lo largo del curso de sus más de sesenta años de edad. Él declare enfáticamente que antes de llegar a ser un cristiano, su meta había sido ser el mejor judío—#1 hebreo, Jefe de los Fariseos. El curso que había seguido para alcanzar esta meta era estudiar duro, practicar la ley para llegar a la perfección, y eliminar a los cristianos. Él había sido altamente exitoso en ello y estuvo muy cercano de alcanzar sus metas iniciales HASTA que algo ocurrió. Él se encontró con Jesús en una luz enceguecedora en el camino a Damasco. Las metas de su vida cambiaron – no para ser más el fariseo superior, sino para ser como Cristo – conocerlo, entender el impacto real de Su resurrección, compartir en Sus sufrimientos, y enfrentar la muerte de la forma que lo hizo Jesús, para ser resucitado del estado de muerte y dársele un cuerpo nuevo, sin pecado. Todo esto era la nueva definición de perfección para Pablo.

Él sabe que aún no ha alcanzado esta meta aún, a pesar que para cada persona a su alrededor él es un gigante espiritual. Han pasado 30 años desde que él comenzó este viaje spiritual. Si estudia la vida de Pablo, tal como lo hicimos el año pasado al estudiar el libro de Hechos de los Apóstoles, usted ve que él tiene sus altos y sus bajos, y batallas que confrontar.

Pero, Pablo deseaba ser como Cristo con el entusiasmo y persistencia de un corredor en los juegos griegos. Y este es el contexto del pasaje del día de hoy. Correr el curso. La vida cristiana es como correr un maratón en un carril designado. ¿es alguna de ustedes una corredora, o lo ha sido en el pasado? Pablo utilizó esta analogía de una Carrera en varios de sus escritos. Vamos a verlos:

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Fil. 3:13-14)

Las palabras de Pablo en 1 Cor. 9:24-27 hace surgir las preguntas: “¿Cómo debemos correr?” y “¿Cuál es el premio?” El último se menciona en nuestro pasaje de Filipenses. En 2 de Timoteo 4:7-8, Pablo escribió sobre terminar la carrera—su Carrera. Pablo estaba advertido de muerte inminente. Él había mantenido la fe. Podemos tener una vision del premio que le espera a Pablo y a nosotras.

Entonces, ¿Qué preguntas podemos hacernos?

#1. ¿Cuál es el curso?

#2. ¿Cuál es la meta?

#3. ¿Cuál es el propósito de correrla?

#4. ¿Qué nos desvía del curso?

#5. ¿Cómo nos mantenemos en curso?

#6. ¿Cuál es el premio?

¿Cuál es el curso?

El curso es tu vida como creyente. Es el curso personal que Dios te ha dado como creyente. Es diferente para cada persona y contiene la idea de mayordomía—manejar las cosas de Dios bajo tu cuidado como usted misma, su matrimonio, sus hijos, su dinero o la falta del mismo, sus posesiones, sus talentos, sus habilidades, su habilidad vocal para comunicarse. La lista continua. Escribe su lista. Parte de esa lista puede ser aquello con lo que usted ha nacido por lo cual no toma crédito propio – su genética. Incluya sus dones espirituales. Su curso de carrera incluye todo esto.

¿Cuál es la meta?

A diferencia de un velocista, un maratón es una carrera de resistencia. La meta no está usualmente a la vista. Usted sabe que está allí. La mayoría de los maratonistas corren no con la idea de ganar la carrera, sino con la idea de terminarla. La línea de meta es para el creyente la muerte física. Pablo dice que él ha terminado la carrera porque sabía que iba a morir pronto. A través de Filipenses, vemos que él ha estado listo para enfrentar la muerte física y pasar de la muerte a la vida con Jesús. Él nos recuerda que nuestra ciudadanía está en el cielo, no aquí en la tierra y que deberíamos todos estar esperando impacientemente la venida de nuestro Salvador.

¿Cuál es el propósito de correr esta carrera?

El propósito de correr la Carrera es llegar a ser más como Jesús ´la única perfección verdadera. Y la forma en la que corremos esta carrera es manteniendo la fe. Dios no mide nuestra fidelidad en números exactos. Necesitamos ser fieles en todo los que Él nos da. Estamos aquí en la tierra, a pesar que nuestra ciudadanía está en el cielo. Mientras estamos aquí, debemos vivir una vida de fe- diariamente.

¿Qué nos desvía de la carrera?

Enseñanzas falsas, el no pasar tiempo en oración y lectura de la Biblia, drenajes emocionales, circunstancias y gente difícil—todo ello puede hacernos desviar del curso. La vida no es estática. Una cosa que he aprendido es no contar que el año próximo será como este año o como el anterior. Al madurar físicamente, nuestros cuerpos cambian; de la misma forma nuestras emociones, prioridades, y aspiraciones. Lo que usted considera importante a los veinte años, es reemplazado con otras actitudes y necesidades en sus 30’s y 40’s.

Tener lástima por uno misma, nos saca del curso. El apartar los ojos de Jesús y lo que tenemos en Él. Pequeñas irritaciones. Malos consejos. Falta de discernimiento. El estar atrapada en el materialism de nuestra sociedad. El no conocer la verdad, y asi nos desviamos por cada filosofía que se cruza en nuestro camino. El pasado – errores pasados. A veces me mantengo en el pasado algunas veces. Porque tengo una tendencia de ser perfeccionista.

¿Hay algunas tendencias perfeccionistas aquí? Esta tendencia manejó mi vida por 19 años. Como Pablo, yo deseaba los estándares más puros de comportamiento, de logros, de premios, sólo por la emoción de ser la mejor. 4.0 en la secundaria, lloraba si sacaba una B. Gané premios en muchas áreas. Sentía que tenía que ser perfecta para ganar la aprobación de mis padres y Dios. Entonces conocí a Jesús.

Por primera vez en mi vida, no tenía que ser perfecta. Mis notas bajaron mientras pasaba más tiempo en estudio bíblico y discipulado. Comencé la carrera. Comencñe a desear ser como Jesús. Y como Pablo, contaba todos esos logros anteriores y las metas previas de mi vida como basura en comparación al amor, gozo y paz que finalmente llegué a conocer en Cristo. Vi que mi carácter era pecaminoso. Un número infinito de premios y logros que nunca podían compensar. La carga fue quitada de mis hombros y encontré que no tenía que ser perfecta para agradar a Dios. Jesús ya lo era por mí. Ahora, yo quería ser como Jesús – Yo estaba en la Carrera y estaba corriendo. Por muchos años, había estado luchando por mantener la fe en todo lo que Dios me había pedido. Quiero ser una mujer de Dios, no una mujer del mundo. Yo no quiero ser descrita solamente por lo que he hecho en mi Carrera, a los ojos del mundo.

Nuestras circunstancias han cambiado continuamente. Hemos tenido nuestros propios negocios, trabajado para el gobierno, trabajado en el ministerio cristiano, hemos vivido con apoyo misionero, o sin ningún tipo de sueldo. Hemos vivido en lugares que amamos y en lugares que odiamos. Nuestros padres han pasado a través de la enfermedad y la muerte. Algunas veces, estuvimos contentas; en otras ocasiones, una de nosotras ha estado muy descontenta con la vida. Sin embargo, la resolución de mi vida es mantener la fe – conocerlo a Jesús – ser como Cristo.

¿Cómo nos mantenemos en la carrera?

Ser fiel. Hemos aprendido de Filipenses que la responsabilidad de obrar en nuestras vidas resta sobre nuestros hombros solamente, ¿cierto? ¡No! Hemos aprendido que es Dios quien obra en nosotras. Él comenzó, Él está trabajando ahora, y Él completará la obra. Él hace la obra de hacernos como Cristo porque le da placer. Dios sabe por lo que estamos pasando, Él puede ayudarnos a pasar por ello y ponernos de vuelta en la carrera si solo le pedimos. Sólo necesitamos responder a Él. Debemos hacer nuestra meta el conocerle, así como Pablo lo hizo. Reconocer a Cristo en cada una de las áreas de nuestras vidas. Esto me lleva a uno de mis temas favoritos – la verdad. Cuando yo me convertí en una creyente, me di cuenta que todo el conocimiento por el cual estaba luchando a través de la educación académica no era de importancia y podía ser detrimental para mi crecimiento cristiano si éste no viene de Dios. Escuché al Dr. Henry Brandt decir que tenemos una tendencia de colocar la sabiduría del hombre por encima de la sabiduría de Dios diariamente, aun cuando no sabemos lo que estamos hacienda. Él estaba hablando sobre psicología – una materia académica muy pagana y humanística. Mucha gente ha sido afectada negativamente por la psicología que no está enraizada en la Palabra de Dios y Su verdad.

La verdad es algo muy importante para mí. Después de convertirme en una creyente, deseaba conocer la verdad de Dios en cada materia – ciencia, historia, y literatura. Determiné tempranamente que nuestros hijos no debían perder sus mentes aprendiendo escombros desde el punto de vista secular, dejando totalmente fuera a Dios, sino que deberían aprender toda la verdad desde el punto de vista de la forma íntima en la que Dios lidia con la humanidad. Estudiar desde el paradigma cristiano, no desde el paradigma secular. No glorificando al hombre, sino reconociendo las obras de Dios con el hombre a través de la historia y la respuesta del hombre a Dios. Esto es lo que es historia realmente. La forma en la que Dios lidia con el hombre, y la respuesta del hombre a Dios, y las consecuencias de esas respuestas. La Escritura se refiere continuamente a la historia como una herramienta de enseñanza – ver lo que Dios hizo, ver cómo os judíos respondieron y las consecuencias, ver qué hace Dios por los judíos nuevamente y ver cómo ellos responden.

Considere la Palabra de Dios fiel, pruébela. Usted no se desilusionará.

¿Cuál es el premio?

El premio es dado a cada uno que cruza la meta. Esto no es sobre salvación. Es el deseo de conocer a Cristo, de ser fiel. No sabemos qué son los premios, pero sabemos que serán buenos porque ellos serán dados por un Dios bueno. ¿Será mi premio “Bien buen siervo fiel” de parte de mi Rey celestial? ¡Grandioso! Eso sería suficiente.

Las recompensas se mencionan usualmente en las escrituras en el contexto de persecución o de un tiempo largo de servicio que pasa desapercibido. Pablo mencionó una corona de justicia en 2 Timoteo. No solo para él, sino para todos los que han esperado su advenimiento – los fieles. En 1 Corintios 9, Pablo nos dice que nuestra recompense será una corona que durará para siempre. Vemos también lo mismo en 1 de Pedro 1. Imperecedera, pura, que no se marchitará, reservada en el cielo para usted.

Nosotras no somos responsables por el galardón – eso es de Dios – Él determina qué le es dado a cada creyente. Nosotras somos responsables por correr la carrera, manteniéndonos verdaderas a la Carrera y siendo fieles todo el camino, hasta el momento que crucemos la meta. No estamos en competencia con nadie. Es nuestra carrera personal.

El estar en el cielo sería suficiente recompensa. Por el tiempo que le queda, Pablo exhorta a los filipenses y a nosotras a vivir dignas de lo que ya tenemos – una posición justa en Cristo. Él nos exhorta a olvidar el pasado y continuar al futuro como corredor que sigue Adelante para alcanzar la meta. ¿Cuál meta? ¿Conocer a Cristo y ser como Él ahora? Al seguir el llamado divino, que es nuestra carril personal para correr. Y el galardón será cuando crucemos la meta – muerte física – a la cual seguirá la experiencia de eternidad espiritual, gozo y contentamiento…Ahora queremos glorificar a Dios – hacer aquello para lo cual Él me ha creado para hacer en esta tierra. Entonces nos gozaremos en Él por siempre - ¡eso es hacer aquello para lo cual fuimos creadas en ese momento!

© 2017 Melanie Newton.

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