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Lección 9 — Moisés y el Éxodo 108

Éxodo 1-15

Introducción

En su libro, El Jesús que Nunca Conocí, Philip Yancey escribe:

Richard Nixon se dejó llevar por emociones en 1969 cuando los astronautas del Apollo llegaron a la luna. “!Es el día más grande desde la Creación!”exclamó el presidente, hasta que Billy Graham solemnemente le recordó de la Navidad y la Pascua. Por cualquier medida de la historia, Graham estaba en lo correcto.109

Desde nuestro punto de vista como Cristianos del Nuevo Testamento, claramente estamos de acuerdo con Billy Graham. La venida de nuestro Señor a la Tierra es verdaderamente el evento más grande desde la Creación. Pero desde la perspectiva del creyente del Antiguo Testamento, hay un gran evento después de la Creación que ensombrece todos los demás – el éxodo de la nación de Israel de Egipto. Este es un gran momento en el “desarrollo del drama de la redención.”

Este Domingo es el último día del 2000. Mañana marcaremos el comienzo de un nuevo año. El éxodo también marcó un Nuevo comienzo:

1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: 2 Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año. (Éxodo 12:1-2).

El éxodo es el tema de nuestro estudio en esta lección, y es de vital importancia para el entendimiento de la Biblia. El tema del éxodo ocurre repetidamente en el Antiguo Testamento, como también en el Nuevo. Demos una consideración cuidadosa a este gran evento en la historia de Israel.

Génesis como Introducción al Libro de Éxodo

Más de 400 años separan la vida de José del nacimiento de la nación de Israel al momento del éxodo. Moisés pasa por encima de estos eventos con muy pocos comentarios. Este silencio puede ser debido al hecho que Moisés desea estresar la continuidad entre los eventos registrados en el Libro de Génesis con los del Libro del Éxodo.  

El éxodo de Israel de Egipto es la convergencia de varios elementos importantes. Consideremos brevemente estos elementos. El primer elemento es el de las promesas y profecías de Génesis. Después de la caída del hombre en el Jardín del Edén, Dios prometió a Eva que su “simiente” aplastaría “la cabeza de la serpiente” (Génesis 3:15). Esa simiente vendría a través de Set (Génesis 5), Noé (Génesis 6-9), y después Abraham y su descendencia (Génesis 12-50). El pacto de Dios con Abraham fue primeramente articulado en  Génesis 12:1-3, y poco después reiterado y clarificado aún más (Génesis 13:14-17; 15, 17, etc.). Dios le indicó a Abram que pasarían algunos cientos de años antes que su descendencia poseyera la tierra de Canaán:

12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él. 13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. 14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza. 15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. 16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí. (Génesis 15:12-16).

Eventos en Génesis dan evidencia que esta promesa ciertamente se cumpliría. La estadía temporal de Abraham en Egipto es la primera de este tipo de evidencia. En Génesis 12, una hambruna mueve a  Abram ir a Egipto con Sarai y su sobrino Lot. Este no parece ser un acto de fe, sino la manifestación de temor y duda de Abram. El engaño de Abram y Sarai concerniente a su verdadera relación es una indicación más de su falta de fe. Sin embargo, Dios guarda la pureza de Sarai y protege las vidas de Abram y su familia mientras en Egipto. Más que esto, Dios prospera grandemente a Abram en Egipto, de manera que sale de Egipto con gran riqueza (Génesis 13:2). José iría después a Egipto, traicionado por sus hermanos y vendido a esclavitud. A pesar de esto, Dios exalta a José y lo prospera grandemente en la tierra de sus sufrimientos (Génesis 41:52). Las experiencias de Abram y José en Egipto preparan al lector para las cosas maravillosas que están por suceder en Egipto. El día del cumplimiento de la profecía de Génesis 15:12-16 se acerca, a medida que el Libro del Éxodo comienza.

El Segundo elemento es el de la persecución de los Israelitas en Egipto. Durante el resto de la vida de José (aproximadamente 70 años), la familia de Jacob prospera grandemente, gracias a José. Compran propiedades en la tierra de Gosén y fructifican mucho (Génesis 47:27). Eventualmente, José muere, como también Faraón a quien servía, y comenzaron entonces a cambiar las cosas. Yo no creo que estos años que los Israelitas estuvieron en Egipto, fueran particularmente prósperos espiritualmente hablando. Parece que se hubieren encariñado con la tierra de Egipto, a sus comidas, a su rey, y aún a su falsa religión (ver Josué 24:14-15; Amos 5:25-26). Los cambios de administración en Egipto eventualmente trajeron un muy significante cambio de estatus.

Faraón y los Egipcios se comenzaron a sentir amenazados por la presencia y prosperidad de los Israelitas. Los Israelitas eran numerosos y fuertes, más aún que los Egipcios. Los Egipcios temían que si entraban en guerra con alguno de sus vecinos, los Israelitas se pondrían de parte de sus enemigos, trayendo como resultado la caída del imperio (Éxodo 1:9-10). Por otro lado, como los Israelitas se habían convertido en la fuerza de trabajo de la tierra, los Egipcios no querían que se fueran de esa tierra.

Mientras leo los temores de los Egipcios, no puedo dejar de pensar en este Proverbio:

      24 Lo que el impío teme, eso le vendrá;

      Pero a los justos les será dado lo que desean. 

      (Proverbios 10:24).

Lo que los Egipcios temían vino sobre ellos, sin importar lo duro que trataran de impedirlo. La presencia de los Israelitas en Egipto trajo con ello la completa derrota de los Egipcios por la mano de Dios. En adición a esto, los Israelitas escaparon. Los Egipcios pusieron en movimiento una secuencia de intentos inútiles para suprimir a los Israelitas, ignorantes de la advertencia del Pacto Abrahámico:

3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré” (Génesis 12:3a).

Inicialmente, los Egipcios buscaron tratar tan duro con los Israelitas que no les quedaría espíritu para resistir a sus opresores:

11 Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés. 12 Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel. 13 Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, 14 y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor. (Éxodo 1:11-14).

Este acercamiento falló miserablemente. Cuanto más oprimían los Egipcios a los Israelitas, tanto más se fortalecían. Esto intensificó la animosidad de los Egipcios hacia los Israelitas y los incitó a tratar con la gente de Dios aún más duro. 

En realidad los Israelitas prosperaron en medio de su adversidad, incitando a los Egipcios a idear otro esquema:

15 Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa, y les dijo: 16 Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva. 17 Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños. 18 Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños? 19 Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias; pues son robustas, y dan a luz antes que la partera venga a ellas. 20 Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. 21 Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias. (Éxodo 1:15-21).

Podríamos decir que cuando los Egipcios fallaron en trabajar a muerte a los Israelitas, cambiaron su acercamiento, ordenando a las parteras Hebreas que llevaran acabo “abortos parciales.” En el proceso de asistir a las mujeres Hebreas dar a luz, las parteras debían matar a todos los hijos hombres. Eventualmente, esto dejaría solo mujeres al pueblo de Israel, quienes serían tomadas como esposas o concubinas por los Egipcios. Si este esquema hubiera tenido éxito, la nación de Israel hubiera sido exterminada, y la simiente prometida no sería más. Sin embargo, el plan no tuvo éxito, debido a que las parteras temieron a Dios más que a Faraón, y por tanto se negaron a matar a los niños. Como resultado, Dios prosperó estas mujeres y les dio familias. Quisiera que hoy en día se pensara de la misma forma hacia los niños (as) no nacidos. El sacrificio hoy en día de estos inocentes debe significar que el juicio está cerca.

Los Egipcios no estaban dispuestos a permitir que sus planes fueran frustrados, e idearon aún otro plan de genocidio:

22 Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida. (Éxodo 1:22).

Este era un plan mucho más agresivo porque era un genocidio rápido y eficaz. Esto no dependía de la conformidad de los Israelitas, sino de las acciones de los Egipcios. A todo Egipcio se le dijo que ahogara todo varón nacido de Israelita. Ciertamente este plan parecía destinado a tener éxito. ¿Quién podría prevenirlo?

El tercer elemento es el de la preservación y preparación de Moisés como libertador de Israel. Dios trastornó el esquema final de los Egipcios en una forma muy inusual – a través del nacimiento y liberación de un varón Hebreo en particular (Éxodo 2:1-10). Un hombre y una mujer de la tribu de Leví tuvieron un niño varón. Ellos desafiaron el decreto de Faraón, escondiendo su hijo por tres meses. Pero cuando se hizo imposible encubrirlo, lo  “echaron en el Río Nilo.” Su hermana se colocó cerca de la canasta para ver lo que sucedería. No estaba allí para salvar al niño, pues no había nada que ella pudiera hacer por él.110

Que gran privilegio dio Dios a Miriam, la hermana mayor de Moisés. Mientras miraba a la distancia, vio a la hija de Faraón acercarse a la orilla del río Nilo a lavarse. La hija de Faraón vio la canasta flotando entre las cañas, y envió una de sus criadas a traerla. Cuando abrió la canasta, vio al niño Hebreo, y los lloridos derritieron su corazón. Tuvo compasión del niño, aún sabiendo que era Hebreo. Ella desafió la orden de su propio padre, sacando al niño del agua y adoptándolo como propio. Llamó al niño “Moisés,” que significa algo como “sacar de.” En sus propias palabras, ella nos dice el significado del nombre: “Porque de las aguas lo saqué” (Éxodo 2:10).

Muy a menudo, vemos esta maravillosa historia como la liberación de un niño Hebreo, pero es mucho más que eso – es la liberación de todo niño Hebreo. Si Moisés no hubiera sido tomado fuera del agua por la hija de Faraón, no hubiera habido nación para libertar más de 75 años después.111 Faraón había emitido un decreto, y su propia hija lo desafió. Ella adoptó este niño Hebreo, y no estaba dispuesta a dejar que su padre ni nadie más le hiciera daño. ¿Cuántos niños Hebreos piensan ustedes fueron echados al Nilo después de esto? Cada vez que su madre (o cualquier otro) llamaba su nombre, “Moisés,” era un recordatorio que el edicto de Faraón había sido nulificado.

A medida que creció, se convirtió en un hombre muy poderoso en Egipto112 Aparentemente Moisés nunca olvidó sus raíces. Un día encontró un Egipcio quien abusaba de un esclavo Hebreo. Moisés mató al Egipcio y ocultó su cuerpo en la arena (2:12). Moisés pensó que los Hebreos entenderían que él era el libertador, pero estaba equivocado. El siguiente día, Moisés encontró un esclavo Hebreo abusando de otro Hebreo. Cuando intentó corregir al Israelita ofensor, fue reprendido arrogantemente:

13 Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? 14 Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto. 15 Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián. (Éxodo 2:13-15).113

Conociendo que Faraón había sido informado de su crimen, Moisés huyó a Madián. Fue allí que él, como sus ancestros antes que él,114 encontró su esposa frente a una noria (Éxodo 2:14-22). Por casi 40 años115 atendió rebaños en este desierto antes que Dios lo llamara a libertar los Israelitas de su esclavitud en Egipto. Había subido a Jehová el maltrato de Su pueblo, y Él recordó Su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.

Dios se comunicó con Moisés de en medio de una zarza ardiente. Esta zarza ardiente era una escena tan increíble que Moisés tuvo que acercarse a investigar. Dios llamó a Moisés del arbusto, revelándole que Él liberaría Su pueblo, y que él (Moisés) era el hombre que usaría para confrontar a Faraón:

7 Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, 8 y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9 El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. (Éxodo 3:7-10).

Moisés no fue convencido tan fácilmente. 40 años antes sí estaba confiado, cuando intentó liberar a sus hermanos Israelitas, pero su fracaso total lo había drenado de toda auto-confianza. Nos haría bien revisar brevemente las objeciones de Moisés y la respuesta de Dios.

Objeción Número Uno: “¿Quién soy Yo?”

11 Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. (Éxodo 3:11-12).

No fue una mala pregunta. ¿Qué hombre se atrevería presentarse delante de Faraón, gobernador de una de las naciones más poderosas sobre la faz de la tierra, y demandar que liberara a los Israelitas? Muchos años atrás, Moisés fue el hijo (adoptivo) de Faraón. Era un hombre de gran poder. Por iniciativa propia, buscó liberar sus compatriotas. Y falló, miserablemente. Moisés era ahora un criminal y fugitivo de la “justicia.” ¿Cómo sería ahora posible regresar a Egipto y encarar a Faraón?

La respuesta de Dios pudiera ser parafraseada de esta manera:

“Realmente no importa quién seas, Moisés. Lo que importa es que hoy de envío, y estaré contigo cuando vallas frente a Faraón. Tu éxito en esta misión no depende de tu grandeza o poder, sino del Mío. Yo soy como esta zarza, que arde, pero no se consume. Como este arbusto parece ser, Yo también lo soy, “Eterno.” Por tanto, cuando digo que estaré contigo, puedes estar seguro que lo estaré, pues soy eterno. Tu recompensa por obedecerme será servirme en este monte.”

No era la identidad del mensajero la que importaba; era la identidad de Aquel que enviaba al mensajero.
Dios – el Creador del cielo y de la tierra – era el que estaba enviando a Moisés a ejecutar esta tarea. Si Dios estaba con Moisés, entonces Moisés seguramente lograría su misión.

Objeción Número Dos: “¿Quién eres?”

13 Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? 14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. 15 Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. (Éxodo 3:13-15).

Sabemos que Moisés ejerció fe cuando tomó la decisión de identificarse con el pueblo de Dios, y no con Egipto, y más específicamente con Faraón y su hija (Hebreos 11:24-25). Pero la pregunta que Moisés plantea en Éxodo 3:13 también debe informarnos que su conocimiento de Dios era limitado en este punto. Lo que fuera que Moisés conociera acerca de Dios, los Israelitas conocían aún menos (Josué 24:14-15). ¿Por cuál nombre, inquirió Moisés, debía él identificar a Dios? ¿Cómo Lo conocerían los Israelitas? Me encanta el contraste entre las primeras palabras de Moisés, “¿Quién soy yo?”, y la respuesta aquí de Dios a Moisés, “YO SOY EL QUE SOY” (3:14). Si las palabras de Moisés revelaron su absoluta falta de confianza, las palabras de Dios tenían la intención de inspirar confianza, en Él. Él es el siempre-presente, siempre-existente. Él es Aquel que está constantemente presente, con Moisés y con Su pueblo, Israel. Él no es solo el Dios del presente y del futuro; Él es el Dios del pasado, el Dios que hizo pacto con Abraham, Isaac y Jacob (3:15).

Objeción tres: “¿Y Qué, si no me creen?”

1 Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. 2 Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. 3 El le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. 4 Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. 5 Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. 6 Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. 7 Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne. 8 Si aconteciere que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera. 9 Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra. (Éxodo 4:1-9).

Moisés comienza a caminar sobre hielo delgado en este punto. El pregunta qué hará si el pueblo no le cree, pero esto es después que Dios ya le había dicho,

18 Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha encontrado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos sacrificios a Jehová nuestro Dios. 19 Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. 20 Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. 21 Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías; 22 sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huéspeda alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto. (Éxodo 3:18-22).

Moisés duda las promesas de Dios, pero Dios responde elegantemente (con gracia) dándole a Moisés varias señales, las cuales probarán que él habla con la autoridad  y poder de Dios. Las señales son: (1) la vara que se convierte en serpiente; (2) la mano que se convierte leprosa; y, (3) el agua que se convierte en sangre. Estas señales causarán que los Israelitas tomen seriamente a Moisés.

Es fácil para nosotros sentarnos y criticar la falta de fe de Moisés, ¿verdad? Pero déjenme recordarles que mientras que la experiencia de Moisés en la zarza ardiente debió haberle causado una gran impresión, difícilmente habría sido una prueba contundente para los Israelitas, o en su caso para Faraón. ¿Podrían ustedes imaginar ser Moisés y estar frente a Faraón, insistiendo que liberara a los Israelitas, con solo la información de la zarza? Faraón responde, “¿Porqué debería creerte y hacer lo que dices?” Moisés replica entonces, “Bueno, pues, verás, estaba hablando yo con este arbusto...” No por tanto, estaba Moisés preocupado que los Israelitas no le creyeran. Su historia era casi imposible de creer.

Objeción Cuarta: “Yo no soy elocuente; por favor manda alguien más.”

10 Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. 11 Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? 12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. (Éxodo 4:10-12).

Las palabras de Moisés aquí parecen ser un poco demasiado humildes, cuando son comparadas con las palabras de Esteban en Hechos 7:

22 Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. (Hechos 7:22).

Debe ser recordado, sin embargo, que Esteban dice esto de Moisés con respecto a sus habilidades mientras estaba a la altura de su poder y popularidad en Egipto. Después de estar 40 años en el desierto, sin hablar Egipcio, uno puede entender cómo Moisés puede cuestionar sus habilidades retóricas. Aún así, su reticencia no parece estar fundada en humildad  tanto como en temor, y debido a esto, Dios se enoja (4:14). Dios selecciona a Aarón como boca de Moisés y lo manda camino a Egipto. Dios le informa después a Moisés que habían muerto todos los que procuraban su muerte en Egipto, de manera que no hay peligro si él regresa (4:19).

Dios vs. los “dioses” de Egipto

Éxodo 5:1—15:21

El éxodo es mucho más que solo una confrontación cara a cara con Faraón; es una confrontación entre los “dioses” de Egipto y el único y verdadero Dios, el Dios de Israel:

1 Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. 2 Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel. (Éxodo 5:1-2).

12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. (Éxodo 12:12).

Egipto tenía muchos “dioses,” y Faraón se enfureció por la afirmación de Moisés, que su Dios demandaba la libertad de los Israelitas. Para Faraón, el Dios de los Hebreos estaba en las ligas menores, y no sintió obligación de rendirse a Sus demandas. Las plagas no solo son prueba de la soberanidad del Dios de Israel, sino de la impotencia de los “dioses” de Egipto.

No eran solo los Egipcios que necesitaban convencerse que el Dios de Israel era el único Dios, o que los “dioses” de Egipto no eran realmente dioses; los Israelitas también necesitaban aprender esto, porque muchos de los Israelitas habían adorado a dioses Egipcios en Egipto. Noten las palabras de Josué a los Israelitas, poco antes de su muerte, junto con las del profeta Amós:

14 Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. (Josué 24:14).

25¿Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto en cuarenta años, oh casa de Israel? 26 Antes bien, llevabais el tabernáculo de vuestro Moloc y Quiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis. (Amós 5:25-26).

Preludio a las Plagas

Los capítulos 5 y 6 del Éxodo realmente son un preludio de las plagas. Antes que Dios haga un trabajo grande y poderoso en la Biblia, Él a menudo lo prologa con eventos que subrayan la dificultad (o mejor aún, la imposibilidad) de lo que está a punto de hacer. Dios les promete un hijo a Abram y Sarai, pero Se espera 25 años para proveerlo, de manera que para el tiempo cuando en verdad habilita a Sara, y ella concibe, es un milagro de “Clase A.” La situación de José se ve absolutamente  sin esperanza cuando se encuentra de pronto en una prisión Egipcia, pero Dios provee una liberación milagrosa, de modo que José no solo es puesto en libertad, sino que se encuentra siendo el segundo hombre más poderoso en Egipto. Dios, a propósito, guió los Israelitas a que se vieran atrapados entre el Mar Rojo, montañas, y el ejército Egipcio que los venía siguiendo, y ustedes conocen muy bien lo que sucedió después.

En el capítulo 4, Moisés regresó a Egipto y se encontró con los ancianos de Israel. Él hizo las señales que Dios le había dado, y todos creyeron (4:31). Sin duda contento por su éxito con los Israelitas, Moisés confronta a Faraón por primera vez. Moisés no amenaza a Faraón y a Egipto, prometiéndoles que Dios traería plagas sobre ellos si se negaba a su petición. Le indica que si los Israelitas no obedecen a Dios adorándole, Dios podía traer plaga sobre ellos (5:3). Faraón contesta, declarando que ni siquiera conoce a este “Dios” a quien quieren adorar, y acusa a los Israelitas de perezosos. No solo se niega dejarlos en libertad, sino que grandemente incrementa su trabajo (5:6-11). Los Egipcios castigaron a los capataces de los hijos de Israel poniéndoles tarea más dura, y ellos vinieron a Moisés en protesta, diciendo que Moisés no había facilitado las cosas para ellos; ahora estaban en peor condición que nunca. Cuando Moisés se presentó delante de Dios, él tampoco estaba alegre:

22 Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? 23 Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo. (Éxodo 5:22-23).

Dios no se enojó por la indignación de Moisés. Él una vez más le describe el proceso que Él usará para manifestar Su poder sobre Faraón y Egipto (6:1-2). Le recuerda a Moisés del pacto que Él había hecho con Abraham, Isaac, y Jacob (6:3-4). Él le recuerda a Moisés de Su compasión hacia Su pueblo y de Su conocimiento de la aflicción de ellos (6:5). Él reasegura a Moisés que liberará a los Israelitas de su aflicción y los llevará a la Tierra Prometida, como lo había prometido (6:6-8). Pero cuando Moisés le dijo esto a los Israelitas, no lo escucharon. Cuando Dios le dijo a Moisés que regresara con Faraón, Moisés protestó. ¿Si los Israelitas no le habían creído, porqué lo tomaría en serio Faraón? Moisés una vez más le recordó a Dios que él no era un buen orador (6:9-12). Dios respondió repitiéndole las ordenes que le había dado: Moisés y Aarón debían una vez más confrontar a Faraón (6:13).

Después de un paréntesis donde se da la genealogía de la línea de Levi (enfocándose particularmente en Moisés y Aarón – 6:14-27), Moisés retoma el asunto de su dificultad para hablar (6:28-30). Dios le vuelve a repetir las ordenes, con la seguridad que Aarón será el que hablará por Moisés (7:1-2). Él repite el proceso por el cual Faraón y todo Egipto serán sometidos:

3 Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. 4 Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios. 5 Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos. (Éxodo 7:3-5).

Dios instruye a Moisés y Aarón regresar a Faraón. A Moisés se le dice que Faraón pedirá un milagro, y cuando lo haga, Moisés debe instruir a Aarón tirar su vara al suelo, la cual se convertirá en una serpiente (7:8-9). Moisés y Aarón van entonces a Faraón. No se reporta ninguna demanda, pero Faraón sí pide ver un milagro, como prueba del poder de Dios  y de la autoridad de Moisés como Su portavoz. Moisés instruye a Aarón a tirar su vara, la cual se convierte en serpiente. Faraón convoca a sus hechiceros, y ellos parecen reproducir el milagro, excepto por el hecho que la serpiente de Aarón se traga las varas de ellos. El corazón de Faraón se endurece, y hace caso omiso de la palabra de Dios (7:13).

El “preludio a las plagas” juega un papel muy importante en la historia del éxodo. Establece el escenario para el drama que está a punto de llevarse acabo cuando Dios manda la serie de diez plagas sobre Faraón y Egipto. Aún antes de la primera plaga, el corazón de Faraón ya estaba endurecido. Estaba determinado a no obedecer al Dios de los Israelitas. No tenía ninguna intención de dejar libres a los Israelitas. Tenía un falso sentido de confianza porque sus hechiceros habían sido capaces de imitar el milagro de las serpientes. Los Israelitas también habían cambiado de parecer. Inicialmente, los ancianos y la gente creyeron las palabras que Moisés habló (a través de Aarón), probablemente debido a las señales que ejecutó (Éxodo 4:29-31). Pero cuando Faraón castigó a los Israelitas con trabajo más duro, sus líderes se quejaron con Moisés, y Moisés mismo también se quejó con Dios (5:6-22). El pueblo dejó de oír a Moisés:

9 De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre. (Éxodo 6:9; cf. también v. 12).

Los Israelitas no apoyaban más a Moisés para cuando las plagas comenzaron. Moisés estaba solo en cuanto enfrentar a Faraón se refería. No tenía ayuda de aquellos a quien había sido enviado a liberar. En mi opinión, muchos de los Israelitas hubieran deseado que se fuera y los dejara tal como estaban. Hasta este punto, su ministerio solo les había causado más dolor. Moisés siguió enfrentando a Faraón porque Dios le ordenó hacerlo, y no porque su pueblo lo incitara a ir. Y cuando el pueblo es puesto en libertad, son virtualmente echados fuera de Egipto por Faraón. No tuvieron otra alternativa mas que salir. Faraón y los Egipcios fueron golpeados tan duramente con la muerte de los primogénitos que no querían volver a ver un Israelita nunca jamás. Todo esto es para decir que el éxodo fue el resultado de la fidelidad de Dios, y no del resultado de la fidelidad ni obediencia de Israel. La salvación verdaderamente viene del Señor, y no del hombre.

Aún antes que las plagas comenzaran, el lector tiene un sentido muy fuerte de la dificultad que sería liberar a Israel de Egipto.  Faraón se opone inflexiblemente dejar salir a los Israelitas, y tomaría un milagro para que la voluntad de Faraón fuera quebrantada. Ciertamente, tomaría una secuencia de milagros antes que Faraón finalmente dejara salir el pueblo de Dios. La victoria no sería por causa de un liderazgo confiado de Moisés o Aarón, ni tampoco sería por la fe de los Israelitas. Ni tampoco sería debido a la generosidad de Faraón, ni tampoco por temor a un juicio divino. La victoria sobre Faraón y sobre los dioses de Egipto sería solamente de Dios.

Las Plagas

Existe un patrón marcado en las plagas que Dios trae sobre los Egipcios. Primero, vemos que Dios emplea las fuerzas de la naturaleza contra los Egipcios. Dios, el Creador de los cielos y la tierra (Génesis 1 y 2), una vez más demostrará Su poder sobre la naturaleza empleándolo como Su vara de juicio contra Egipto. Segundo, las plagas son el instrumento de Dios para mofarse de los dioses de Egipto. Lo más seguro es que cada plaga esté diseñada para mofarse de uno o más de los “dioses,” de Egipto, mostrando que Dios está en control sobre los aspectos de la naturaleza que los Egipcios pensaron que uno o varios de sus dioses controlaban.116 Tercero, hay un incremento gradual en el nivel de dificultad de las plagas, a medida que la batalla de Dios con los dioses de Egipto se intensifica. Los hechiceros y magos de Egipto inicialmente imitan los milagros de las primeras plagas, pero eventualmente estos mismos magos deben reconocer su inhabilidad para duplicar el trabajo de Dios, y más aún para revertirlo. A medida que las plagas se hacen más severas, Faraón comienza a negociar con Moisés, pero una vez que la plaga se removía, Faraón una vez más se negaba dejar ir a los Israelitas.

Las primeras tres plagas producen malestar; las siguientes tres plagas producen destrucción. El Nilo es convertido en sangre, lo cual es una irritación e inconveniencia para los Egipcios. Los hechiceros Egipcios simulan el milagro, y Faraón no se impresiona con la señal que Dios da a través de Moisés y Aarón. La segunda plaga ocurre una semana después de la primera. Ranas aparecen sobre todo el reino. Los magos de Faraón imitan este milagro también, pero Faraón es forzado a negociar con Moisés. Él promete dejar en libertad a Israel si Moisés retira la plaga, pero una vez que las ranas se alejan, Faraón retracta su promesa. La tercera plaga viene sin advertencia. Piojos son enviados sobre la tierra de Egipto, y esta vez, los hechiceros son incapaces de simular el milagro. Ellos confiesan, “dedo de Dios es éste” (8:19). Sin embargo, debido a que el corazón de Faraón ha sido endurecido, él se niega a liberar los Israelitas como había prometido.

La Segunda serie de tres plagas es más que solo irritación; es personalmente dolorosa y destructiva. Cada una de las plagas sucesivas embate cada vez más cerca a casa, especialmente para Faraón. También se hacen más específicas y discriminatorias. La cuarta plaga es prometida a un tiempo específico (ver 8:23; 9:5). De la cuarta plaga en adelante, Dios hace distinción entre los Egipcios y los Israelitas (ver 8:22; 9:4). Los Egipcios sufren, pero los Israelitas quedan exentos del juicio. La muerte viene sobre el ganado de los Egipcios. Faraón empieza a negociar con Moisés, buscando reducir sus pérdidas, pero tan pronto como la plaga era removida, revocaba su promesa. La tercera de cada serie de plagas revela a Faraón como uno cuyo corazón es endurecido y no dispuesto a admitir derrota.

La tercera serie de plagas produce destrucción selectiva y un aumento en el sentido de terror por parte de los Egipcios (mas no de Faraón). La destrucción es selectiva porque los Israelitas están exentos. Dios le dice a los Egipcios que ya hubieran sido destruidos completamente para ese tiempo si Él así lo hubiera decidido. También les advierte que esta serie de plagas probarán ser absolutamente devastadoras. Él comenzará ahora a desencadenar todas Sus plagas sobre ellos, impactándolos en una forma muy personal (9:14). La primera plaga de esta serie (la séptima plaga en conjunto) es una gran tempestad que producirá rayos y granizo. Dios revela el tiempo en que se presentará esta tempestad, y por primera vez, apela al pueblo de Egipto a salvarse de este juicio, recogiendo todo hombre y bestia del campo. Los que creyeron, recogieron sus siervos y ganado, salvándolos; pero los que no creyeron ni respondieron a las instrucciones de Moisés, sufrieron las consecuencias. Este es el primer ejemplo de algunos Egipcios actuando en la palabra de Moisés con cierta medida de fe (cuando menos creyeron que el juicio estaba pronto a venir, e hicieron lo que Moisés dijo para evitarlo). En la séptima plaga, el granizo destruyó toda la hierba, árboles, lino y cebada, excepto el trigo y centeno porque eran tardíos. La octava plaga destruyó el remanente de la vegetación. Faraón confiesa dos veces su pecado, pero después revoca su promesa una vez que las plagas se detienen. La novena plaga fueron terribles tinieblas, las cuales duraron por tres días. Era un tipo aterrorizante de tinieblas, y sin embargo el corazón de Faraón estaba endurecido. Después de fallar en persuadir a Moisés a dejar el Ganado en Egipto, Faraón despide a Moisés y Aarón diciéndoles que no regresen jamás.

La décima y última plaga es introducida en el capítulo 11, aunque parece claro que Moisés anunció esta plaga a Faraón justo antes de partir de su presencia por última vez (lo cual fue registrado en los últimos versículos del capítulo 10). Dios empieza por decirle a Moisés que esta es la plaga final, y que después que este juicio caiga sobre Faraón y todo Egipto, Faraón liberaría a los Israelitas (11:1). Dios da entonces instrucciones específicas sobre como los Israelitas deben pedir a sus vecinos Egipcios regalos de plata y oro (11:2). El primogénito de todo Egipcio debía ser sacrificado, desde el primogénito de Faraón al primogénito de toda sierva Egipcia, incluyendo aún el ganado. Los siervos de Faraón vendrían entonces a Moisés pidiéndole que él y los Israelitas salieran de Egipto.

En Éxodo 12 y 13, se nos dice acerca del juicio de Dios sobre Egipto, y cómo los varones primogénitos de todo Egipcio, fueron sacrificados. Se nos dice que Faraón finalmente liberó a los Israelitas, y cómo los Egipcios voluntariamente dieron a los Israelitas sus objetos de plata y oro (12:29-36). Se nos dice cómo los Israelitas no tuvieron tiempo de llevar pan antes que leudase, de manera que comieron pan sin leudar (12:34). Moisés nos dice que Dios guió a los Israelitas fuera de Egipto por una ruta inusual, la cual los llevó a “rodear por el camino del desierto del Mar Rojo” (13:18).

Pero entremezclados entre los capítulos 12 y 13, están las instrucciones muy precisas de Dios concerniente a la celebración de la primera pascua, medio por el cual Él perdonaría los hijos primogénitos de los Israelitas. En adición a esto, Dios dio instrucciones con respecto a la observancia perpetua de la Pascua como recordatorio. El éxodo de Israel de Egipto debía ser marcado como el primer mes del año para ellos (12:1-2). La Celebración de la Pascua debía ser un recordatorio anual de la gran liberación que Dios logró para Su pueblo en el éxodo.

La celebración de la Pascua debía ser seguida con la “Fiesta de los panes sin levadura” (12:14-20). Toda levadura debía ser removida de sus casas, y ningún pan con levadura debía ser comido por siete días después de la Pascua. Como Dios perdonó los hijos primogénitos de los Israelitas, le pertenecían a Dios, y por tanto los Israelitas debían redimir sus hijos primogénitos incluyendo el ganado (13:1-16).

El Gran Escape

Furioso por la negativa de Moisés de negociar la libertad de Israel (los Israelitas podían irse, pero el Ganado y rebaños debían permanecer en Egipto), el corazón de Faraón se endureció aún más, resultando en la orden de Faraón a Moisés de no querer volver a ver más su cara (10:24-29). A medianoche, el Señor hirió de muerte todos los varones primogénitos en Egipto, desde el primogénito de Faraón hasta el primogénito de todo siervo en la sociedad. No había casa en Egipto donde no hubiese un muerto (12:30). Faraón llamó a Moisés y Aarón y les informó que todo Israel podía salir de Egipto, sin ninguna condición – todos los Israelitas y todo el ganado. Y añadió una petición más, “Bendecidme también a mí” (12:32b). Que anotación tan interesante. Finalmente, ahora, Faraón admite la derrota por la mano del Dios de Israel, y le pide a Moisés que lo bendiga. Faraón se da cuenta que Moisés, el pastor, es más grande que él, y por tanto es Moisés quien puede bendecir a Faraón, y no Faraón el que puede pronunciar una bendición sobre Moisés. Me parece a mí que Faraón está buscando la bendición de Moisés, como un tipo de compromiso para que no mandara más plagas sobre Egipto.

Antes de salir de Egipto, los Israelitas pidieron a sus vecinos regalos de plata y oro, los cuales dieron alegremente, con tal que los Israelitas se fueran y nunca más volvieran. Los Israelitas salieron de Egipto después de 430 años en esa tierra117. Moisés se asegura de informar al lector que salieron de Egipto “hasta el día indicado” el mero día que Dios había escogido y prometido que saldrían (ver Génesis 15:13-16; Éxodo 3:20-22; 6:1-8; 7:1-5; 11:1-2). Los planes de Dios siempre son a tiempo preciso.

Dios guió a los Israelitas en una forma que parece de alguna manera menos que directa. Él no los guió por la ruta más directa, porque hubieran enfrentado a los Filisteos, el pueblo de Israel no estaba listo aún para la guerra, el pueblo podía arrepentirse al ver la guerra y regresar a Egipto (13:17-18). No pasó mucho tiempo antes que Faraón se arrepintiera de haber dejado salir a los Israelitas, y salió a toda prisa tras de ellos (14:1-9). Dios guió a los Israelitas en una forma, que parecía se habían perdido, en una forma que en realidad alentó a Faraón ir tras ellos. Cuando Faraón y su ejército alcanzaron a los Israelitas, los Israelitas se aterrorizaron. Desde un punto puramente humano, tenían razón de estar asustados. Estaban atrapados entre el Mar Rojo, las montañas, y los soldados Egipcios.

Los Israelitas clamaron a Dios. Por las palabras que hablaron a Moisés, parecía como que clamaban no en oración, sino como clamor de protesta:

10 Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová. 11 Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? 12¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto. (Éxodo 14:10-12).

A unas cuantas horas de haber salido de esclavitud, los Israelitas estaban ansiosos de regresar a Egipto. Moisés también estaba llorando de cierta manera (14:15), pero Dios lo instruyó levantar su vara y extenderla hacia el Mar Rojo, de manera que los Israelitas pudieran pasarlo sobre tierra firme. Dios le informó a Moisés que Él endurecería el corazón de Faraón de manera que el ejército perseguiría a los Israelitas en el mar, y así serían destruidos (14:15-18).

Todos pensamos que conocemos la historia de los Israelitas pasando a través del Mar Rojo, gracias a nuestro texto, y a Cecil B. DeMille cuya película, “El Éxodo,” ha creado en nosotros un cuadro mental de este evento. El Mar Rojo se partió, no que se halla amontonado a un lado, como normalmente causaría un viento recio, y como algunos han sugerido que sucedió. Las aguas del mar se amontonaron a ambos lados, quedando suspendidas. Y el camino a través del mar era suelo seco (hasta que los carros de los Egipcios arribaron). Una vez que los Israelitas estaban a salvo del otro lado, las aguas regresaron a su lugar, ahogando todo el ejército Egipcio, y por tanto poniendo fin al peligro que acechaba a los Israelitas.

Mientras los cuerpos de los Egipcios salían a flote en la playa, los Israelitas cantaban este cántico al Señor:

1 Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron:

Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente;

Ha echado en el mar al caballo y al jinete.

2 Jehová es mi fortaleza y mi cántico,

Y ha sido mi salvación.

Este es mi Dios, y lo alabaré;

Dios de mi padre, y lo enalteceré.

3 Jehová es varón de guerra;

Jehová es su nombre.

4 Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército;

Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo.

5 Los abismos los cubrieron;

Descendieron a las profundidades como piedra.

6 Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en poder;

Tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo.

7 Y con la grandeza de tu poder has derribado a los que se levantaron contra ti.

Enviaste tu ira; los consumió como a hojarasca.

8 Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas;

Se juntaron las corrientes como en un montón;

Los abismos se cuajaron en medio del mar.

9 El enemigo dijo:

Perseguiré, apresaré, repartiré despojos;

Mi alma se saciará de ellos;

Sacaré mi espada, los destruirá mi mano.

10 Soplaste con tu viento; los cubrió el mar;

Se hundieron como plomo en las impetuosas aguas.

11¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses?

¿Quién como tú, magnífico en santidad,

Terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?

12 Extendiste tu diestra;

La tierra los tragó.

13 Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste;

Lo llevaste con tu poder a tu santa morada.

14 Lo oirán los pueblos, y temblarán;

Se apoderará dolor de la tierra de los filisteos.

15 Entonces los caudillos de Edom se turbarán;

A los valientes de Moab les sobrecogerá temblor;

Se acobardarán todos los moradores de Canaán.

16 Caiga sobre ellos temblor y espanto;

A la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra;

Hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová,

Hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste.

17 Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad,

En el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Jehová,

En el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado.

18 Jehová reinará eternamente y para siempre.

19 Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, y Jehová hizo volver las aguas del mar sobre ellos; mas los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar.

 

20 Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas.

21 Y María les respondía:

Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; Ha echado en el mar al caballo y al jinete. (Éxodo 15:1-21).

Con todo derecho, los Israelitas vieron el éxodo como el trabajo de Dios. Así como las plagas mostraron a los Egipcios la soberanía de Dios, también fueron prueba contundente para los Israelitas que el Dios de Israel es el Único Dios. Hasta lo que yo conozco, este “Cántico del Mar” es la primer poesía encontrada en el Antiguo Testamento. En términos muy dramáticos, describe la Victoria de Dios sobre los “dioses” de Egipto y sobre Faraón y su ejército. Cruzar el Mar Rojo no solo demuestra la majestad y poder de Dios, también les dio la seguridad a los Israelitas que ciertamente poseerían la tierra que Dios había prometido. El éxodo y la victoria de Dios sobre Egipto fueron los primeros frutos de muchas otras grandes victorias sobre los enemigos de Dios. Lo que Dios había prometido a Abram 400 años antes, ahora había comenzado a hacer realidad.

Conclusión

El éxodo de Israel de Egipto es un evento monumental en la historia de Israel y en el “desarrollo del drama de la redención.” Fue importante para los Israelitas quienes estaban esclavizados por los Egipcios, porque significaba que no tendrían más que sufrir la crueldad y la opresión de la esclavitud Egipcia. También era importante porque fue el evento que capacitó a los Israelitas a regresar a la tierra de Canaán, la cual estaban pronto a poseer. El éxodo fue, en muchas formas, el nacimiento de la nación de Israel. Esto es el porqué, Dios algunas veces habló de Sí mismo como el “Creador” de Israel (Isaías 27:11; 43:1, 7; etc.).

El éxodo marca un suceso de otras cosas importantes. Es en el tiempo del éxodo que Dios comienza a trabajar corporalmente con la nación de Israel. Hasta ese tiempo, el enfoque había sido sobre el trabajo de Dios en la vida de una persona en particular (primero Abraham, después Isaac, después Jacob, y finalmente José); pero ahora Dios está tratando corporalmente con Israel (como también a través de individuos como Moisés). En el pasado, Dios providencialmente estuvo involucrado en los asuntos de Su pueblo, pero Su mano no fue aparentemente tan clara. Dios providencialmente proveyó la esposa correcta para Jacob, cuando sus inclinaciones no eran las correctas delante de Dios. Él usó la huída de Jacob a Paddan Aram, donde los parientes de su madre se encontraban, como ocasión de obtener una esposa para Jacob. Y Dios providencialmente proveyó a Lea como esposa de Jacob, cuando Jacob estaba solo interesado en Raquel. El relato de José en Génesis es la historia del cuidado providencial de Dios, no solo de José, sino también de la familia de Jacob. La esclavitud de Israel en Egipto providencialmente los preservó como pueblo distinto, porque de otra manera hubieran sido asimilados por la cultura Cananita, de haber permanecido en Canaán (ver Génesis 38). Pero ahora vemos a Dios interviniendo directamente en la historia humana, para rescatar a Su pueblo, Israel. La contienda entre el Dios de Israel y los “dioses” de Egipto no podían ser más públicamente expuestos.

Las plagas que Dios mandó sobre los Egipcios sirvieron varios propósitos:

Fueron un castigo para Faraón y para los Egipcios por abusar del pueblo escogido de Dios. Dios bendijo a Faraón y a los Egipcios por causa de José, pero Dios castigó a Faraón y a los Egipcios por esclavizar y abusar de los Israelitas. Este era el cumplimiento, en parte, del Pacto Abrahámico.

Las plagas eran una demostración de la existencia y del poder del Dios de Israel, para que creyeran que Él era Dios, el único Dios.

Las plagas eran una manifestación de la naturaleza y Gloria de Dios (Éxodo 14:18). Dios se glorificó asimismo por la rebelión y resistencia de Faraón (ver Romanos 9:17).

Las plagas también sirvieron de advertencia a los Israelitas, una demostración de las consecuencias que encararían por desobedecer los mandamientos de Dios (ver Deuteronomio 28:60).

El éxodo es el cumplimiento de las promesas del pacto de Dios, en una forma muy precisa. El éxodo es el cumplimiento de las promesas que Dios dio a Abraham en Génesis 15:

12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él. 13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. 14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza. 15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. 16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí. 17 Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos. 18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; 19 la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, 20 los heteos, los ferezeos, los refaítas, 21 los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos. (Génesis 15:12-21).

Moisés nos dice que la salida de Israel de Egipto se llevó a cabo en “el mismo día” que Dios había prometido (ver Éxodo 12:41). En adición a esto, el éxodo fue el cumplimiento preciso de varias profecías más recientes (Éxodo 3:18-22; 4:21-23; 6:1-8; 7:1-5; 11:1-2). Los Israelitas verían de esto, que Dios es un Dios que guarda y cumple Sus promesas.

Como fue mencionado anteriormente, el éxodo fue el segundo gran acto de creación en el Pentateuco. Fue el tiempo en el que Dios “creó” la nación de Israel. El poder de Dios como Creador de los cielos y la tierra (Génesis 1:1) puede ser visto por cada una de las plagas que Él trajo sobre los Egipcios y sus “dioses.” También podemos ver Su poder como Creador, cuando cruzaron el Mar Rojo. Dios abrió brecha delante de ellos en medio del mar, causando que las aguas se amontonaran a ambos lados. Él hizo caer después, violentamente las aguas sobre los soldados Egipcios, destruyendo el poder militar de Faraón.

El éxodo se convertiría en la base de la identidad de Israel y de sus prácticas como nación. Es debido a que Dios liberó a la nación de Israel de la esclavitud que se convirtieron en esclavos Suyos (ver Levítico 25:55). La Ley de Moisés es el tratado -- la constitución de la nación de Israel-- que Dios establece para Su pueblo redimido. El calendario religioso de Israel comienza con el éxodo. Podemos decir que el éxodo fue el principio de los tiempos para Israel. La Pascua se convirtió en una celebración anual, el evento religioso más importante del año. La fiesta de los panes sin levadura fue también establecida en base a la experiencia del éxodo.

El éxodo probó el disparate de la idolatría. Los Israelitas ya habían abrazado algo de la idolatría de los Cananitas (ver Génesis 31:19; 35:1-3; Josué 24:14-15; Amós 5:25-26). En el éxodo, Dios pronunció juicio sobre los “dioses” de Egipto:

12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. (Éxodo 12:12).

Qué tontería sería adorar a los mismos dioses que Dios juzgó en Egipto.

El éxodo fue una liberación ejecutada por la gracia de Dios, y no como resultado de buenas obras, o por haber guardado la ley. Dios no da la Ley de Moisés a los Israelitas hasta después de haberlos salvado en el éxodo. No fueron rescatados por haber guardado fielmente la ley. Ciertamente, eran idólatras y desobedientes en Egipto. No siguieron fielmente a Moisés, quien hablaba por Dios. Aunque inicialmente creyeron en Moisés, su confianza en él (y en el Dios de Israel) pronto se erosionó (compare Éxodo 4:30-31 con 5:20-21; 6:9; 14:10-12; Salmo 106:7-8). En parte, los Israelitas salieron de Egipto porque Faraón los echó fuera (Éxodo 6:1; 11:1). En conclusión, el éxodo fue el trabajo de Dios, y solamente Suyo.

El gran acto de Dios de liberación de Su pueblo en el éxodo fue una demostración dramática de Su poder, y la seguridad de que Dios cumpliría todo lo que Él había prometido. Esto es lo que los Israelitas cantaron mientras estaban del otro lado del Mar Rojo, a salvo (Éxodo 15:1-21). También es un tema que se comenta a través del resto del Antiguo Testamento. El vocabulario del éxodo es frecuentemente empleado como una seguridad del trabajo futuro de Dios:

1 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. 2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. 3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador;  (Isaías 43:1-3a).

14 Así dice Jehová, Redentor vuestro, el Santo de Israel: Por vosotros envié a Babilonia, e hice descender como fugitivos a todos ellos, aun a los caldeos en las naves de que se gloriaban. 15 Yo Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey. 16 Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; 17 el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. 18 No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. 19 He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. 20 Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido. 21 Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará. (Isaías 43:14-21).

El trabajo de nuestro Señor Jesucristo también es descrito en “terminología del éxodo”:

13 Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. 14 Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.  (Mateo 2:13-15).

28 Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. 29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. 30 Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; 31 quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida118, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén. (Lucas 9:28-31).

La “partida” de la cual nuestro Señor, Moisés, y Elías hablaron, fue literalmente el “éxodo” de nuestro Señor. Es el segundo y más grande éxodo, el acto de salvación más grande de todos los tiempos. Como Israel salió de Egipto en su éxodo, del mismo modo el Mesías, el Hijo de Dios, salió de Egipto (Mateo 2:15). Como Dios salvó a Israel en el éxodo, también logró un acto de salvación mucho más grande por la muerte de nuestro Señor, resurrección, y ascensión – Su “éxodo.” En Él, también es nuestro éxodo. Por tanto, el bautismo Cristiano es comparado con el cruzamiento del Mar Rojo:

1 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. (1 Corintios 10:1-4).

El trabajo de nuestro Señor es comparado a la Pascua del cordero:

13 He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. 14 Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, 15 así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

1¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? 2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9 Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (Isaías 52:13-15—53:1-12).

29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. 31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. (Juan 1:29-31).

6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? 7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. 8 Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad. (1 Corintios 5:6-8).

La liberación más grande de todos los tiempos no fue el éxodo de los Israelitas de Egipto, sino la liberación del hombre de la esclavitud del pecado:

14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. (Hebreos 2:14-15).

Nuestro Señor es Aquel más grande que Moisés, de quien Moisés habló:

15 Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; 16 conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. 17 Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. 18 Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. 19 Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. (Deuteronomio 18:15-19)

El Señor Jesucristo es ese “profeta” a quien debemos escuchar:

1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. (Hebreos 1:1-4).

1 Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron (Hebreos 2:1-4).

Él es Aquel que llevó el castigo por nuestros pecados. Él es el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Él es el cordero de la Pascua, que nos libera de la muerte. Recibirlo, es conocer la verdadera libertad (Juan 8:32). ¿Haz reconocido tu esclavitud al pecado y a la muerte? ¿Haz confiado en Jesucristo como la única provisión de Dios para el perdón de tus pecados y la esperanza para vida eterna? Si acaso no lo has hecho, te exhorto a que lo hagas en este mismo momento.

Cuando leo el relato del éxodo, se me recuerda el hecho que Dios no tiene prisa. Aún cuando Él prometió liberar a Su pueblo Israel de la esclavitud, Dios esperó más de 400 años para hacerlo. El hombre mortal busca a Dios para ver Sus promesas cumplidas durante el transcurso de su vida, pero el camino de fe a menudo nos requiere vivir nuestra vida entera, sin ver aquello que Dios ha prometido:

13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se averg:uenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.. . . . 39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; 40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. (Hebreos 11:13-16, 39-40).

Dios no tiene prisa alguna para cumplir todos Sus planes y propósitos. Él es eterno Él tiene todo el tiempo del mundo; ciertamente, Él está por encima y por debajo del tiempo. Pero lo que Él promete ciertamente se cumplirá. Fe, es vivir nuestras vidas, basadas en las promesas de Dios. Se nos dice que creamos Su Palabra, y vivamos por Su Palabra, esperando ese día en que Él cumplirá todo lo que Él a prometido.

Si el éxodo nos enseña algo acerca de Dios, es que Él es soberano. Él está en control. Él es mayor que Faraón y que la gran nación de Egipto. Él es capaz de cumplir Sus promesas hasta la última letra. Él es el que puede ablandar y endurecer los corazones. Faraón preguntó, “¿Quién es Jehová para que le obedezca . .?” El éxodo de Israel de Egipto contesta esa pregunta. Otro rey Gentil probablemente lo describe mejor:

34 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. 35 Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? 36 En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. 37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia (Daniel 4:34-37).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Encuentro

Texto

Petición

Amenaza

Respuesta

Consecuencia

Respuesta / Resultado

A

5:1ff.

Tener una fiesta por 3 días en el desierto.

Ninguna

Para que no nos hiera Dios con espada o plaga.

Es solo una vacación

No mas paja, capataz castigado.

Capataces protestaron a Moisés.

Moisés protestó a Dios.

Dios asegura la liberación a Moisés, basado en Su pacto con Abraham.

Más instrucciones son dadas.

B

7:8ff.

Petición aparentemente repetida.

Ninguna

Faraón pide un milagro.

Los magos imitan el milagro.

La vara de Aarón se convierte en serpiente.

La vara de Aarón devora la de ellos.

El corazón de Faraón fue endurecido.

No escuchó a Moisés y Aarón.

Nivel de Dolor: Irritación

1
Nilo en sangre

7:14ff.

En la mañana

Libera Mi pueblo

El Nilo convertido en sangre

Los magos imitan.

Faraón no lo dijo de corazón.

Los Egipcios escarban alrededor del Nilo por agua para tomar.

Faraón no lo hizo de corazón.

2
Ranas

7:25ff.

Una semana después

“Ve a Faraón”

“Deja ir a Mi pueblo.”

Si no, ranas.

Ninguna registrada, pero Faraón ciertamente rehusó – los magos imitan el milagro.

Manda ranas

Faraón negocía — Requiere que las ranas sean removidas, pero cuando lo son Faraón endurece su corazón.

3
Piojos

8:16ff.

No requiere: “Extiende tu mano… .”

Ninguna amenaza

Piojos enviados

Los magos no pudieron reproducir este milagro: “Este es el dedo de Dios.”

El corazón de Faraón es endurecido – no escuchó a sus magos.

Nivel de Dolor: Dolor Descriminativo y Destrucción

4
Moscas

8:20ff.

“Levántate temprano …y di: ‘“Libera Mi pueblo.”

Tiempo: mañana.

Plagas de moscas serían enviadas a los Egipcios.

Dios distingue entre Egipcios e Israelitas.

Moscas enviadas

Faraón: “Sacrifiquen pero quédense en esta tierra.”

“O.K. pero no vayan lejos.”

“Los liberaré pero no vayan lejos.”

Moisés ora; moscas removidas; Faraón endurece su corazón              y se rehúsa liberar a Israel.

5
Ganado muerto

9:1ff.

“Vayan a Faraón y díganle: ‘Deja ir a Mi pueblo.’”

Plaga enviada a vacas y animales Egipcios, pero no animales Israelitas.

Al tiempo prescrito.

Ganado Egipcio muere.

Faraón investiga, pero su corazón se endurece, de modo que no libera a los Israelitas.

 

 

6
Ulceras

9:8-12

No petición.

“Lanza hollín al aire.”

Ninguna advertencia.

Las úlceras vienen sobre Egipto.

Los magos no pueden estar frente a Moisés debido a sus úlceras.

El Señor endurece el corazón de Faraón, él no escucha ni libera a los Israelitas.

Nivel de Dolor: Devastación Descriminativa y Terror

7
Granizo

9:13-35

“Levántate temprano en la mañana y di,

‘Deja ir a Mi pueblo.’”

“Podría ya haberlos destruido a todos.”

“A esta hora mañana”

Mandaré todas Mis plagas sobre ti, tus siervos, tu pueblo.

Granizo vendría el siguiente día – las personas son advertidas a traer gentes y Ganado bajo techo.

Aquellos que temieron trajeron gente y animales como Moisés mandó.

Aquellos que no creyeron dejaron siervos y Ganado afuera.

Granizo destruye todo, pero la tierra de Gosén no fue afectada.

Avena destruida; trigo no.

Faraón confiesa su pecado, requiere de Moisés que ore y detenga el granizo.

Promete liberar a los Israelitas.

Moisés indica que no creería a Faraón.

Faraón endurece su corazón, no libera los Israelitas.

8
Langostas

10:1-20

“Ve a Faraón.”

“He endurecido su corazón.”

“Libera Mi pueblo.”

Langostas destruirán el resto del cultivo.

Los siervos de Faraón incitan fuertemente a Faraón a liberar a los Israelitas, para que no sea destruido Egipto.

Faraón cita a Moisés y Aarón – “Solo los hombres pueden irse” – echa fuera a Moisés y Aarón.

Langostas liberadas, y destruyen todo el resto que el granizo no destruyó.

Faraón confiesa su pecado, pide a Moisés que detenga las langostas.

Langostas removidas.

El Señor endurece el corazón de Faraón; rechaza dejar ir a los Israelitas.

9
Tinieblas

10:21-29

Ninguno

“Extiende tu mano”

 

Tinieblas vienen sobre la tierra de Egipto por 3 días.

Los Istraelitas tuvieron luz.

Faraón: “Váyanse, pero dejen el ganado.”

Moisés: “No sin nuestro ganado.”

Faraón: “Váyanse y no regresen.”

Moisés: “No lo haremos.”

 

MUERTE

10
Muerte del Primogénito

11:1—12:42

Ninguno

Ninguna amenaza hecha.

Los Israelitas son instruidos a pedir regalos a los Egipcios.

Dan generosamente,

Dios distingue entre Israel y Egipto.

Fiestas establecidas

Instrucciones dadas para pedir botín a los Egipcios.

 


108 Este es el manuscrito editado de un mensaje dado por Robert L. Deffinbaugh, maestro y anciano en la  Community Bible Chapel, en Diciembre 31, 2000.

109 Philip Yancey, El Jesús que Nunca Conocí (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1995), p. 16.

110 No nos atrevemos a ignorar las palabras de Stephen en este tema, las cuales indican que el niño fue “abandonado” por sus padres (Hechos 7:21 NET Bible). La NASB los escritos marginales, que indican que ellos “lo mandaron a morir.”

111 Ver Hechos 7:23, 30.

112 Ver Hechos 7:22.

113 Ver Hechos 7:23-29.

114 Génesis, capítulos 24 y 29.

115span style='mso-bookmark:P1105_453144'> Hechos 7:30.

116 Kitchen escribe, “En Ex. xii. 12 Dios habla de ejecutar juicio contra todos los dioses de Egipto. En cierta medida ya lo había hecho con las plagas, ya que los dioses de Egipto estaban muy relacionados con la naturaleza.. Ha`pi, el dios del Nilo de inundación, no había traído prosperidad sino ruina; las ranas, símbolo de Heqit, la diosa  del fruto, solo había traído enfermedades y desecho; el granizo, lluvia, y tormentas eran los heraldos de asombrosos eventos (como en las Pruebas de las Pirámides); y la luz del sol-dios Re` fue bloqueada, mencionando solo unos cuantos de las deidades afectadas.” K. A. Kitchen, “Plagas de Egipto,” El Nuevo Diccionario Bíblico, J. D. Douglas, ed., (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1962), p. 1003.

117 “El tiempo de la estadía temporal en Egipto es calculado ‘con toda exactitud,’ es decir, 430 años. Génesis 15:13 dio el tiempo en números redondos, cientos de años. 1 Reyes 6:1 calcula el tiempo del Éxodo a la construcción del templo en 480 años. Esta figura da los amplios márgenes cronológicos para los libros históricos.” John H. Sailhamer, El Pentateuco Narrativo (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1992), p. 265.

118 La última nota en la Biblia NET lee: “Grk “su éxodo,” la cual se refiere a la muerte de Jesús en Jerusalén y viaje de vuelta a la gloria. Esta es la primera lección que los discípulos deben aprender.

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