Génesis 37:1—50:26
Por varios años, estuve activamente involucrado en el ministerio de visitar cárceles, enseñando seminarios en prisión en algunas cárceles alrededor del país. Sabía que en algunas prisiones cierto número de convictos no sabían leer; algunos ni siquiera hablaban Inglés.86 Me dijeron que debido a esto, el período de atención de algunos estaba de alguna manera limitado a unos cuantos minutos, y por tanto, tenía que interponer continuamente actividades para mantener la atención de aquellos que asistían. Se me ocurrió que la historia de José en el Libro de Genesis, podría ser una mejor manera de comunicarme con los participantes en el seminario, de manera que exponía de Genesis 37 a Genesis 45, todo en un fin de semana. Lo que encontré fue increíble. Esta historia capturó tanto su atención e interés, que escuchaban intensamente por períodos de más de una hora si era necesario.
También me di cuenta de un marcado cambio que sucedió durante el curso del seminario. Al principio, todo mundo tendía a identificarse con José, la víctima inocente quien había sido traicionado por sus hermanos. Aún aquellos que habían sido culpables de sus crímenes, tendían identificar a alguien que era responsable por su encarcelamiento, y enfocaban su enojo hacia ellos. Cuando los hermanos de José arribaron a Egipto y José trató duramente con ellos, había un sentir de júbilo y satisfacción: “!Sí, José se estaba desquitando de ellos, y ellos lo merecían!” Pero a medida que la historia de José se acercaba a su conclusión, mi audiencia llegó a comprender que los tratos de José con sus hermanos no fueron motivados por venganza, sino por amor. Comenzaron a entender el papel importante que jugó Judá en este drama, y algunos comenzaron a identificarse más con él que con José. Mientras los reos veían la actitud de José con respecto a su encarcelamiento, comenzaron a intrigarse. Mientras observaban el reconocimiento de José hacia la soberanía de Dios, se fascinaron con ello. Mientras leían del perdón hacia sus hermanos, quienes injustamente lo habían vendido en esclavitud, se asombraron mucho. Esta historia tiene un mensaje poderoso que habla no solo a los convictos, sino también a cada uno de nosotros.
La historia de José es uno de los grandes dramas de la Biblia. Un joven es preferido por su padre y por consecuencia es odiado por sus hermanos. Los hermanos conspiran para deshacerse de José, y lo venden como esclavo a una caravana de Ismaelitas que iba en camino a Egipto. Haciendo el bien, José se gana el favor de Potifar, quien hace a José el hombre más poderoso bajo su autoridad. Permaneciendo fiel a su dueño y rechazando los avances de la esposa de Potifar, la enfurece, y ella causa que José sea encarcelado bajo falsas acusaciones. Eventualmente, José es elevado a la segunda más alta posición en la tierra bajo Faraón, y luego Dios usa una hambruna para traer a sus hermanos a Egipto. Se le presenta la oportunidad perfecta para vengarse, pero no lo hace. Los tratos de José con sus hermanos eventualmente los traería al arrepentimiento, y por tanto, se reconciliarían como familia. José juega un papel muy importante en la historia de la nación de Israel, y su ejemplo tiene mucho que enseñarnos.
Realmente, la historia de José comienza antes de Genesis 37. Los doce hijos de Jacob eran la descendencia de cuatro madres. La rivalidad entre las dos esposas y las dos concubinas de Jacob causaron mucha disensión dentro de la familia. José, junto con su hermano más joven Benjamín, eran los únicos hijos de Raquel, la esposa favorita de Jacob. Ocho de los hermanos de José eran hijos de la esposa no amada de Jacob (Lea) y de su criada (Zilpa), (ver Genesis 34:22b-26). Era demasiado aparente para los hermanos de José, que Jacob lo prefería a él -- el “hijo de su vejez” – más que a todos ellos combinados (37:3, 4), y por esta razón odiaban a José.
Hubo otros factores contribuyentes, que alimentaron el odio de los hermanos hacia José. Jacob (Israel), no-sabiamente, usó a este joven de 17 años para que espiara a sus otros hijos, e hizo que José le diera el reporte en privado (37:2. 13-14). Su padre también le dio a José una túnica multicolor, la cual era un símbolo de su poder y precedencia sobre sus hermanos (37:3). En adición a esto, José fue poco sabio en la manera que relató esto a sus hermanos. Esto pudo haber sido a causa de la ingenuidad de la juventud, pero sus hermanos se enojaron grandemente por los reportes de sus dos sueños, los cuales, ambos simbolizaban su autoridad sobre ellos, y aún sobre sus padres. Eventualmente, los hermanos de José no podían hablar con él en una forma civilizada (37:4).
Por alguna razón, José se quedó en casa
cuando sus hermanos llevaron el rebaño de su padre a pastear cerca de Siquem.
Israel, de alguna forma se inquietó acerca de cómo iban las cosas en Siquem, y
sus temores no estaban mal fundados. Aquí es donde Jacob había comprado algo de
tierra (33:19). También era el lugar donde los dos hijos de Jacob, Simeon y
Levi, mataron a Siquem (quien había violado a su hermana, Dina) y a los hombres
de la ciudad, tomando las mujeres, niños y ganado como botín (Genesis 34). Ciertamente
podía ser un lugar peligroso para que los hijos de Jacob permanecieran, de modo
que Israel mandó a José a Siquem para checar el estado de sus hermanos.
Resultó ser, que los hermanos de José se habían movido a Dotan, casi 20 millas más lejos al norte, y por tanto, esa distancia más lejos de los ojos vigilantes de Jacob.87 Providencialmente, un hombre vio a José vagando por los campos de Siquem. Había escuchado casualmente a los hermanos de José, decir que se irían a pastar a Dotan, de modo que José fue a buscarlos. Cuando sus hermanos levantaron la vista y vieron venir a alguien a la distancia, no hubo duda de quien era. Esa túnica distintiva de colores, con mangas, mostró la identidad de José. Tuvieron suficiente tiempo para ponerse de acuerdo que esta era la oportunidad de oro para deshacerse de él. Cuando menos algunos de los hermanos querían matarlo, y terminar con el asunto allí mismo.
Rubén no estuvo de acuerdo con ese plan. Él quería salvarle la vida a José, pero parecía que sus motivos eran para guardar su responsabilidad. Él, después de todo, era el mayor de los hijos de Israel, y sería el responsable por no haber cuidado de José. Por causa de esto, buscó salvarle la vida a José. Convenció a sus hermanos de echar a José en una cisterna cercana, pensando que podría regresar y sacarlo posteriormente. Providencialmente, la cisterna estaba seca y José no se ahogó.
Rubén se fue – probablemente era su turno de cuidar el ganado – cuando sus hermanos se sentaron a comer en algún lugar cerca de la cisterna, probablemente a una distancia corta, de modo que al estar ellos comiendo podían oír los gritos de ayuda de José.88 Dotan estaba en la ruta de transacciones a Egipto, y sucedió de “tal manera” que mientras comían, venía acercándose una caravana de Ismaelitas. Sus camellos acarreaban especias, bálsamo, y mirra, detalle con el cual trataremos después.
Fue en este punto que Juda propuso una solución más redituable al problema. En lugar de matar a José, ¿porqué no venderlo como esclavo? Se desasirían de él, mas no serían culpables de derramar su sangre. Y para hacer esto una oportunidad aún más tentadora, podrían hacer algo de dinero al mismo tiempo. Esto parecía llenar todos sus objetivos y era mejor que matar a José. Como Rubén no estaba ahí para objetar, la sugerencia de Juda fue adoptada. Sacaron a José de la cisterna y lo entregaron a los Ismaelitas, quienes pagaron veinte piezas de plata (37:28). Cierto tiempo después, Rubén regresó a la cisterna para sacar a José, solo para encontrar que no estaba. Rubén reportó esto a sus hermanos, y no se nos dice si confesaron lo que habían hecho. Rompieron la túnica de José y la mancharon con sangre de cabra, querían hacerlo ver como que José había sido devorado por algún animal salvaje.
Fríamente, los hermanos arrojaron la ensangrentada túnica a las manos de su padre, preguntándole si era la túnica de José. Dejaron que su padre sacara su propia falsa conclusión – que José había sido muerto y devorado por un animal salvaje. Me pregunto si había una cierta satisfacción para estos hijos de Israel cuando vieron a su padre lamentando la pérdida de su hijo preferido. Trataron de consolarlo, pero no estuvo dispuesto a ser confortado.
Genesis 38 parece de alguna forma fuera de lugar a primera vista, pero no es así. ¿Porqué Moisés cambia el enfoque de José en el capítulo 37 a Juda en el capítulo 38, solo para regresar una vez más a José en el capítulo 39? Primero, tenemos que tener en mente que Jacob pronto anunciaría que el Mesías prometido vendría a través de la línea de Juda (Genesis 49:8-12). Segundo, debemos recordar que fue Juda quien propuso que los hermanos vendieran a José en esclavitud, en lugar de matarlo (37:26-27). Tercero, la inmoralidad de Juda en el capítulo 38 servirá como fondo, contra el cual la pureza moral de José será contrastada en Genesis 39. Cuarto, el capítulo 38 establece la escena para la reunión de José con sus hermanos en el capítulo 42 en adelante. Son aproximadamente 22 años del tiempo que José es vendido en esclavitud, al tiempo que sus hermanos arriban a Egipto, buscando grano.89 El capítulo 38 cubre este mismo período de tiempo, pero se enfoca en Juda y su conducta en la tierra de Canáan. Durante este mismo período de tiempo de 22 años (aproximadamente), Judah se va de su casa, se casa con mujer Cananita, y engendra tres hijos, dos de los cuales están en edad de casarse, y son tan malvados que Dios toma sus vidas.
No es difícil entender porqué Juda se va de su casa. Debió haber sido muy difícil y miseria pura, ver a Jacob retraído en tristeza, rehusando ser confortado (37:35). Abraham fue muy cuidadoso en obtener una mujer no Cananita para su hijo, Isaac (capítulo 24). Isaac y Rebeca no fueron tan cuidadosos, pero Dios providencialmente proveyó dos esposas para Jacob del hermano de Rebeca, Laban, en Paddan-Aram (Genesis 29). Juda rápidamente se va de su casa y se casa con mujer Cananita (38:1-2).90 Ella le concibe tres hijos. Cuando el primogénito tuvo la suficiente edad, Juda le adquirió una esposa Cananita llamada Tamar. Er, el primer hijo de Juda, era malvado ante los ojos de Dios y el Señor tomó su vida (38:7). Juda instruyó a su segundo hijo, Onán, tomar a Tamar y levantarle descendencia a su hermano occiso, pero él evitó que Tamar produjera un hijo, y Dios también le quitó la vida. Juda tenía miedo perder a su hijo más joven, Sela, y le pidió a Tamar vivir en casa hasta que su hijo creciera.
Después de un considerable período de tiempo,
la esposa de Juda murió y Tamar se dio cuenta que Juda nunca se la entregaría a
su hijo Sela, su único hijo sobreviviente. Parecía conocer muy bien a Juda,
porque ella se disfrazó de prostituta y se colocó a lo largo de la ruta que
sabía que Juda tomaría en su camino a Timnat, junto con su amigo Hira. Las
expectaciones de Tamar fueron cumplidas por Juda, quien la alquiló como
prostituta, y le dejó algunas de sus posesiones en garantía de pago. Tamar
había encubierto su identidad con el uso de un velo, de modo que Juda nunca
conoció la identidad de su compañera esa noche. Algún tiempo después Juda fue
informado que su nuera estaba embarazada, y Juda se indignó. Insistió que debía
morir por su inmoralidad. Fue entonces que Tamar produjo a la vista el sello
(contraparte ancestral de una licencia de manejar o tarjeta del Seguro Social),
su cordón, y su báculo – todas estas prendas eran tan válidas como huellas
digitales. Juda confesó que Tamar era mas justa que él. Ella fue la que buscó
preservar su línea. Y le dio gemelos a Juda, Farez uno de ellos, sería el hijo
a través del cual la línea Mesiánica sería continuada, no gracias a Juda (ver
Genesis 46:12; Ruth 4:12).
¿Porqué incluiría Moisés aquí, esta, de alguna forma sórdida historia, en medio del relato de la traición de José? La razón es clara y obligatoria: Si Israel hubiera permanecido en la tierra de Canaán, y si se hubieran comportado como Juda, no hubiera quedado ninguna nación de Israel pura, para poseer la Tierra Prometida. Los Israelitas en muy poco tiempo, hubieran sido completamente asimilados por la cultura y raza Cananita. Esta es la razón por la que Dios llevó a los Israelitas a Egipto. Los Egipcios aborrecían a los Hebreos y no querían tener relación alguna con ellos, y menos, relaciones íntimas con sus mujeres. Bueno, siempre hay una excepción a la regla (La Sra. De Potifar.) Aún si Juda y sus hermanos estuvieran dispuestos a ser inmorales, los Egipcios no estaban dispuestos – cuando menos a ser inmorales con los Hebreos. La historia de Juda y Tamar explica porqué Dios sometió en cuarentena a los Israelitas en Egipto por 400 años.
Genesis 39 es un ejemplo refrescante de pureza sexual. José fue comprado de los Ismaelitas por Potifar, un hombre próspero y poderoso. Potifar era un sirviente de Faraón. Poseía lo que parece ser un rancho grande y lucrativo. Inicialmente, José fue adquirido para trabajar con los rebaños. Después de un período de tiempo, le fue aparente a Potifar que la mano de Dios estaba con José – todo lo que tocaba parecía convertirse en oro. No mucho después, Potifar había puesto todo bajo la autoridad de José. Las únicas decisiones que Potifar hacía eran las concernientes al pan que comería ese día (39:6).
El problema fue que la Sra. De Potifar (mujer cuyo nombre nunca se menciona – se refiere a ella solo como la esposa de Potifar) comenzó a fijarse en José. Trató en muchas formas de seducirlo, pero José se propuso evadirla. Un día se las ingenió para atrapar solo a José en la casa, y una vez más trató de seducirlo. José encontró necesario huir, dejando su capa al alcance de ella (noten cómo la ropa de José parecía siempre meterlo en problemas). Ella acusó entonces a José de atacarla, y Potifar, su esposo, hizo que José fuera echado a prisión.91 José no tuvo que caminar mucho del cuarto ejecutivo a la prisión, pues ambos estaban en la misma casa. En esos días las cárceles eran realmente mazmorra (calabozo subterráneo), bajo las casas de los oficiales como Potifar. Potifar era, de hecho, el “capitán de la guardia” (39:1; 40:3). En prisión, como en la oficina ejecutiva, la mano de bendición de Dios continuó sobre José.
En prisión, hubiera sido muy fácil para José revolcarse en auto-lástima. Pudo muy bien haberse dicho asimismo, “¿De qué sirve confiar en Dios y hacer lo que es correcto? Hasta ahora, solo me a causado problemas.” En lugar de esto, José comenzó a ministrar a otros, y no mucho después, la mano de Dios una vez más fue evidente en la vida de José. El jefe de la cárcel entregó en su mano el cuidado de los reos. Virtualmente, se encargaba de la prisión (39:21-23). Fue durante este tiempo que dos prisioneros fueron añadidos al cuidado de José. Uno era el copero de Faraón, y otro su panadero. Ambos pagaban el precio por ofender a su señor. Moisés hace un comentario muy interesante acerca de la relación de José con estos hombres:
Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión (Genesis 40:4).92
Lo importante a ver aquí es que José realmente le “servía” o “ministraba” a estos dos hombres, quienes estaban bajo su autoridad. Yo creo que aquí es donde José había fallado anteriormente en la relación con sus hermanos. Su padre le había dado autoridad sobre sus hermanos, pero no usó su papel de líder como ocasión para servirles.
Es muy fácil pasar por alto en prisión el sufrimiento de otros, especialmente si estás sufriendo. José notó que ambos el copero y el panadero estaban desanimados una mañana, y les preguntó qué era lo que les preocupaba. Le informaron a José que ambos habían tenido diferentes sueños esa noche, pero nadie podía decirles el significado. José les recordó que las interpretaciones vienen de Dios, y los alentó a contarle sus sueños. (Ciertamente esto sugiere que tenían conocimiento de la relación de José con Dios.) El copero le contó primero, y José le dijo que Dios estaba a punto de restaurarle el puesto con Faraón. José le pidió entonces al copero que recordara el injusto trato que se le había dado, y que hablara a favor de él frente a Faraón, pero el copero se olvidó completamente de él por dos años completos. El sueño del panadero era diferente, como lo fue también el resultado. Su sueño indicaba que Faraón lo ejecutaría. Sin tener que decir, José no le pidió a este hombre que lo recordara frente a Faraón.
Pasaron dos años antes que el copero recordara el nombre de José frente a Faraón. Faraón tuvo dos sueños que lo turbaron grandemente. El primer sueño era de siete vacas gordas que eran comidas por siete flacas y feas vacas. El segundo sueño era de siete espigas de grano saludables que eran devoradas por otras siete espigas en mal estado. Ninguno de los adivinos de Faraón pudo interpretarle el significado de los sueños, pero el copero recordó al joven Hebreo que había interpretado su sueño, junto con el del panadero,93 mientras ambos estaban en prisión. Faraón llamó a José, quien le hizo entender claramente que era Dios quien daba las interpretaciones de los sueños.
Las palabras de José fueron de gran alivio y aliento para Faraón, quien debió haber presentido algo ominoso acerca de sus sueños. Ambos sueños se referían al mismo evento. Habría siete años de abundancia, seguidos por siete años de una severa hambruna. Los días de hambruna consumirían la abundancia de los años buenos. El hecho que eran dos sueños confirmaba que esto ciertamente pasaría.94 José ahora va más allá de la interpretación de estos sueños para recomendar una solución al problema que había pronosticado. Aquí podemos ver los dones administrativos de José en acción. El rey debía ahora nombrar alguien para prepararse ante este inminente desastre, antes que los años de hambruna cayeran sobre la tierra de Egipto. Que esta persona guarde grano en los años de abundancia, distribuyéndolos después durante los años de escasez.
No creo que José se imaginara jamás que él
sería escogido para este tipo de trabajo. Una vez mas, José simplemente estaba
tratando de servir a su rey. Tampoco buscaba José negociar con Faraón su
libertad: “Bueno Faraón, se que puedo interpretar tus sueños, pero tendrás que
ayudarme también a. . . .” José buscó representar a su Dios por medio de servir
a aquellos que estaban en autoridad sobre él. Faraón pudo ver que José estaba
en lo cierto y que su sabiduría era de origen divino:
El asunto pareció bien a Faraón y a sus
siervos, 38 y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro
hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? 39 Y dijo
Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni
sabio como tú. 40 Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se
gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú (Genesis
41:37-40).
Estos versículos hacia el final del capítulo
41 son muy importantes para nuestro entendimiento de lo que pasará cuando los
hermanos de José arriben a Egipto, buscando grano para sus familias:
Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. 51 Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. 52 Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción (Genesis 41:50-52).
José llamó su hijo mayor Manasés, que significa, “Dios me hizo olvidar.” Dios había hecho que José olvidara todo su sufrimiento por la mano de sus hermanos (versículo 51). El hijo menor de José llamado Efraín, significa “fructificar.” Dios había causado que José fructificara mucho en la tierra de sus aflicciones. José no tenía enojo hacia Dios ni hacia sus hermanos. Esto significaba que cuando ellos llegaran a Egipto, podía tratar con ellos en amor, y no en venganza.
Cuando llegó la hambruna, Egipto estaba listo, gracias a José. No solo los Egipcios venían a José por grano, sino también de otras tierras, incluyendo Canaán. Una mañana, cuando lo ultimo del grano se había acabado, Jacob habla duramente a sus hijos:
Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? 2 Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos (Genesis 42:1-2).
Jacob parece mostrar irritación e impaciencia hacia sus hijos. ¿Sería esto porque ellos también sabían que había grano en Egipto, pero no estaban dispuestos a ir allá? ¿Acaso había temor y remordimiento por causa de la manera que habían tratado con su hermano? Me inclinaría a pensar que así fue.
Todos los hijos de Jacob fueron a Egipto, excepto Benjamín. Jacob había perdido uno de los hijos de Raquel mientras no estaba al alcance de su vista, y al cuidado de sus hermanos; y no estaba dispuesto a correr el riesgo de perder el otro. Cuando los diez hijos de Jacob se presentaron frente a José, “gobernador de ese país” (42:6), se postraron frente a él, cumpliendo así sin saber la profecía antes dicha a ellos por José, en el sueño que había tenido (37:5-11).
Muchos son tentados a ver la respuesta de José como una de absoluta venganza. Su dureza, se piensa que fue la manera en que hizo pagar a sus hermanos por el previo pecado que habían cometido contra él. Este punto de vista, simplemente no puede ser aceptado, porque el texto es muy claro en este asunto. Primero, si José realmente hubiera querido hacer sufrir a sus hermanos, hubiera hecho saber inmediatamente su identidad a ellos. Si José hubiera querido aterrorizar a sus hermanos, les hubiera hecho saber que él era el gobernador de Egipto, y luego los hubiera hecho sufrir. Segundo, se nos dice que mientras sus hermanos no lo reconocieron, él sí los reconoció a ellos, y recordó su sueño (42:7, 9). Yo entiendo que esto significa, que José se dio cuenta que Dios no solo lo hizo líder de su familia, sino que también este liderazgo debía buscar los mejores intereses de su familia. No era venganza la que José buscaba, sino arrepentimiento. Tercero, se nos dice que el trato duro hacia sus hermanos era un disfraz:
Y José, cuando vio a sus hermanos, los
conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo:
¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para
comprar alimentos (Genesis 42:7). 96
Cuarto, en varias ocasiones, encontramos revelados los verdaderos sentimientos de José hacia sus hermanos. Dos veces tuvo José que salirse de la presencia de sus hermanos para llorar (42:24; 43:30). Quinto, las acciones de José hacia sus hermanos no eran vengativas sino amables. Dos veces los mandó a casa con el grano que compraron y les devolvió el dinero oculto en los sacos. La comida que preparó para ellos fue otro regalo de gracia. Aún el sufrimiento que causó a sus hermanos fue benevolente en su fin de traerlos al arrepentimiento, de manera que pudieran reconciliarse.
Las acciones de José hacia sus hermanos, en
la primera y segunda visita que ellos hicieron a Egipto, son planeadas
cuidadosamente y orquestadas, para que den como resultado la intención para lo
que fueron hechas. Cuando José acusó a sus hermanos de ser espías, se
aterrorizaron y divulgaron información acerca del padre de José y de su hermano
menor, que ansiaba conocer, mas sin que sus hermanos se dieran cuenta quien
realmente era él. José podía cuidadosamente interrogar a sus hermanos acerca de
asuntos “familiares”, bajo el disfraz de proteger la tierra de Egipto de
espías.
Habiendo escuchado que ambos Jacob y Benjamín estaban vivos, José se propuso cumplir la siguiente fase de su plan – traer a Benjamín a Egipto. El propósito para esto pronto sería evidente. Los hermanos de José habían insistido que eran diez hermanos, y no espías, y que aún tenían otro hermano en casa. José causó que pareciera como si estuviera poniendo a prueba la verdad de las palabras de sus hermanos. Dijeron que tenían un hermano menor, los mandó entonces que le comprobaran esto trayéndolo con ellos la siguiente vez que regresaran a Egipto. Y para asegurar que regresaran, dejaría a uno de los hermanos en prisión. Inicialmente, José amenazó con dejar a todos los hermanos en prisión y dejar que uno solo regresara a casa a traer al otro hermano. Mas se dio cuenta que esto no les permitiría llevar una suficiente cantidad de grano, de modo que eventuelmente redujo el número de prisioneros a uno – Simeon (42:24).96
La respuesta de los hermanos de José acerca
del encarcelamiento y a las palabras de José, es muy importante para esta
historia:
Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. 22 Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven, y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre (Genesis 42:21-22).
Más de 20 años después que pecaron contra su hermano José, los eventos de ese día eran vívidos en sus mentes. Recordaron la angustia de su llamado y la total falta de misericordia por parte de ellos. Entendieron que esto era algo así como un tipo de “día de ajuste de cuentas” por su pecado. Creo que estaban genuinamente tristes por lo que habían hecho, pero aún no estaban completamente arrepentidos. Esto vendría en poco tiempo.
José se encontraba cerca y escuchó sus palabras, pero ellos no tenían idea que él podía entender lo que estaban diciendo. Se conmovió profundamente por sus palabras y tuvo que salir de su presencia para poder llorar (42:23-24). José ató a Simeon frente a sus ojos para impresionarlos acerca de su resolución de ver a Benjamín cuando regresaran. Ordenó entonces que los sacos fueran llenados de grano y dio provisiones para el camino.
Los hermanos empezaron entonces su regreso a
casa, sin duda discutiendo lo que dirían a su padre. Uno de los hermanos abrió
su saca de grano cuando pararon a descansar y se sorprendió al encontrar su
dinero dentro de la saca. Pensaríamos que cualquier hijo de Jacob se abría
regocijado. Sería como haber puesto dinero en una máquina de refrescos, haber
obtenido el refresco, y después encontrar que la máquina regresó el dinero.
Pero los hermanos se consternaron grandemente. Viéndose unos a otros, dijeron,
“¿Qué es esto que nos ha hecho Dios? (42:28). Fallaron completamente en ver
la generosidad de José en esto, y vieron solo la mano juzgadora de Dios. Dios
no había hecho algo por ellos; Él les había hecho algo terrible.
Regresaron a casa y le contaron a su padre
todo lo sucedido en Egipto. Jacob ciertamente notó que Simeon no estaba con
ellos, y le explicaron porqué el gobernador de Egipto lo había tomado prisionero.
Esta discusión se llevó a cabo mientras las sacas de trigo se estaban
descargando. Cuando las sacas fueron abiertas, los hermanos descubrieron que
todas ellas traían el dinero con que habían comprado el grano, y se perturbaron
mucho. Jacob solo podía pensar en si mimo:
Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas (Genesis 42:36).
Jacob no podía estar más equivocado. Su percepción de la situación era precisamente lo opuesto a la realidad. No estaba preocupado por Simeon tanto como lo estaba por él mismo. Culpaba a sus hijos por la pérdida de José, y ahora, de Simeon, y también los culpa ahora por querer llevarse a su hijo más joven, Benjamín. Sus hijos estaban “causando que todas las cosas trabajaran en contra de él,” o cuando menos es lo que suponía.
Rubén le dice ahora estas palabras
reconfortantes de seguridad:
Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo lo devolveré a ti (42:37).
No había más que decir concerniente a este
asunto por el momento, porque Jacob rotundamente rehusó permitirles que
llevaran a su hijo Benjamín con ellos. En la mente de Jacob, no había más que
discutir acerca de este asunto.
La hambruna siguió su curso, y el suministro de trigo continuaba disminuyendo. Finalmente, el trigo que habían comprado en Egipto se acabó. La respuesta de Jacob a esta crisis reveló su fracaso completo como líder espiritual. Pediré prestado aquí, algo de mi antigua serie sobre Genesis, porque muestra lo pobre que era Jacob como líder en este punto de su vida.
Aplazar: Cualquier problema que se presente
hoy es mejor tratar con el mañana. Jacob aplazó en actuar decisivamente en el
asunto de enviar a Benjamín a Egipto hasta que la situación alcanzó
proporciones de crisis.
Minimizar: Ningún problema puede ser tan malo
como parece. Si
el primer principio describe una
“mentalidad de mañana,” el segundo intenta minimizar el problema al
punto en el que casi no vale la pena pensar en el. Si un problema no es serio,
entonces puede ser pospuesto indefinidamente.
Mentir: En una crisis, la honestidad no
siempre es la mejor política. Jacob aún tenía en él mucho de su pasado engañador. Él creía que la
buena comunicación sólo causa problemas. Él pensaba, que mientras menos
supieran otros de él, mejor estarían él y su familia. Por tanto los hijos de
Jacob fueron reprendidos por no decirle a José ciertos hechos acerca de la
familia.
Siempre busca ser el número uno. El liderazgo de Jacob estaba
enfocado en buscar sus propios intereses. Fue Juda quien instó a su padre de
pensar en otros envés de sí mismo (cf. versículo 3).
Pasa la culpa: Tanto como fuere posible, mira que otros reciban la culpa por tus errores. Jacob buscó poner la responsabilidad por sus problemas en Juda y sus hermanos, porque decían la verdad (43:6). Un buen líder es uno que está dispuesto a aceptar la responsabilidad por sus errores.
Soborno: Si nuestros esfuerzos para
solucionar un problema fallan, añádele dinero. Jacob esperaba que sus obsequios, junto con
un doble pago, ayudaran a lograr sus fines deseados.
Toma la religión: Llama a Dios por ayuda,
pero no esperes mucho. No es ningún accidente que Jacob mencione a Dios al último. Pareció
nunca habérsele ocurrido (como sucedió con José) que Dios estaba activamente
involucrado en todos sus problemas.
La respuesta de Jacob a la crisis familiar es patética. Hace todo lo posible para evadir enfrentar el problema. Trata de mandar a sus hijos a hacer una tarea imposible, por tanto, poniéndolos en gran riesgo. Su gran preocupación es por sí mismo y por su bienestar. Tuvo que ser forzado a actuar. Jacob no es ningún héroe en estos capítulos. José ciertamente lo es, y ejemplifica un liderazgo de acuerdo a Dios. Pero hay un nuevo líder que comienza a emerger en el capítulo 43 – Juda, el hermano que anteriormente había sugerido vender a José en esclavitud, el hombre que se casó con mujer Cananita, y sin darse cuenta engendró su propio nieto a través de Tamar.
Jacob es patético mientras se queja acerca de
la forma que sus hijos lo han mal-tratado, al decirle “al gobernador de Egipto”
acerca de Benjamín. Juda ahora se levanta, tomando las riendas de la situación,
y suavemente reprende a su padre:
Respondió Judá, diciendo: Aquel varón nos
protestó con ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi rostro si no traéis a
vuestro hermano con vosotros. 4 Si enviares a nuestro hermano con
nosotros, descenderemos y te compraremos alimento. 5 Pero si no le
enviares, no descenderemos; porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro si
no traéis a vuestro hermano con vosotros. 6 Dijo entonces Israel:
¿Por qué me hicisteis tanto mal, declarando al varón que teníais otro hermano?
7 Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente por
nosotros, y por nuestra familia, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿Tenéis
otro hermano? Y le declaramos conforme a estas palabras. ¿Acaso podíamos saber
que él nos diría: Haced venir a vuestro hermano? 8 Entonces Judá
dijo a Israel su padre: Envía al joven conmigo, y nos levantaremos e iremos, a
fin de que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños. 9 Yo
te respondo por él; a mí me pedirás cuenta. Si yo no te lo vuelvo a traer, y si
no lo pongo delante de ti, seré para ti el culpable para siempre; 10 pues
si no nos hubiéramos detenido, ciertamente hubiéramos ya vuelto dos veces
(Genesis 43:3-10).
Juda y sus hermanos ciertamente pecaron al vender a José en esclavitud, pero no eran los que estaban poniendo en riesgo a la familia en ese momento. Solo le habían contado al “gobernador de Egipto” la verdad cuando él los presionó fuertemente acerca de ciertos detalles específicos concernientes a la familia. Fue Jacob quien rehusó enfrentarse a la situación, y quien también rehusó que su hijo menor fuera con ellos. Había esperado demasiado tiempo para actuar. Ahora quería que sus hijos encararan al “gobernador de Egipto” sin obedecer sus demandas de llevarle al hermano más joven. Esto no tenía sentido, y Juda dejó muy en claro que no regresarían a Egipto sin Benjamín. Juda mismo se hizo responsable por el regreso a salvo de Benjamín.
Jacob no tuvo otra opción mas que hacer lo que Juda decía. Si no enviaba a Benjamín con los otros hermanos cuando regresaran a Egipto, morirían todos. Este fue un sacrificio que Jacob se vio forzado a tomar. De manera que instruyó a sus hijos a llevar el doble de dinero con ellos, junto con los mejores regalos que tenían a la mano: un poco de bálsamo y miel, aromas y mirra, nueces y almendras (43:11-12). Salieron así los hijos de Jacob a Egipto, incluyendo a Benjamín.
José los vio venir, esta vez con Benjamín. Instruyó a su sirviente traer a los hombres a su casa y prepararles una deliciosa comida. Los hermanos podían solo imaginarse lo peor:
Entonces aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron llevados a casa de José, y decían: Por el dinero que fue devuelto en nuestros costales la primera vez nos han traído aquí, para tendernos lazo, y atacarnos, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros asnos. (43:18).
Su sentido de culpa los abrumaba. No podían imaginarse este “gobernador de Egipto” haciendo algo benevolente para ellos. Temían ser castigados por la misma fe que habían hecho sobre su hermano José.
Los hermanos fueron rápidos en explicar
acerca del dinero que habían encontrado en sus sacas, y el sirviente
cuidadosamente escogió sus palabras para hablar la verdad, sin descubrir la
identidad de José ni los planes para ellos:
19 Y se acercaron al mayordomo de la casa de José, y le hablaron a la entrada de la casa. 20 Y dijeron: Ay, señor nuestro, nosotros en realidad de verdad descendimos al principio a comprar alimentos. 21 Y aconteció que cuando llegamos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y lo hemos vuelto a traer con nosotros. 22 Hemos también traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos; nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costales. 23 El les respondió: Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales; yo recibí vuestro dinero. Y sacó a Simeón a ellos. (Genesis 43:19-23).
El sirviente hizo todo lo que pudo para extender hospitalidad a los hermanos de José. Primero, les trajo a Simeón, y luego los trajo a casa de José, donde se les dio agua para beber, y sus pies fueron lavados. Sus asnos también fueron alimentados (43:24). Los hermanos esperaron la presencia del “gobernador de Egipto.” Han de haber puesto gran atención a la presentación de los “regalos” que su padre había mandado con ellos. Puedo verlos poniendo todas estas cosas cuidadosamente a la vista, como cuando alguien arregla un muestrario para su tienda. Querían que todo estuviera perfecto. Esperaban que José viera los regalos y dijera algo como esto: “!Oh, almendras, nueces! No debían haberlo hecho. No he probado este tipo de almendras en años. ¡Y esos aromas! Ustedes son demasiado generosos.”
He aquí algo que olvidaron completamente. Los regalos que trajeron no sirvieron para nada los propósitos para lo que fueron traídos. José no estuvo agradecido con el regalo; su regalo era, de hecho, un recordatorio de su pecado contra él.
25 Y ellos prepararon el presente
entretanto que venía José a mediodía, porque habían oído que allí habrían de
comer pan. (43:25).
11 Entonces Israel su padre les respondió: Pues
que así es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros sacos, y llevad
a aquel varón un presente, un poco de bálsamo, un poco de miel, aromas
y mirra, nueces y almendras. (43:11).
25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. (37:25).
Me tomó mucho tiempo ver esto, pero cuando
vemos detenidamente estos tres pasajes nos damos cuenta que los “regalos”que
trajeron para impresionar a José con su generosidad, realmente eran un
recordatorio de su crueldad hacia él. Varias de las cosas que los hermanos de
José trajeron de la tierra de Canaán, eran las mismas que los mercaderes
Ismaelitas llevaban con ellos a Egipto, junto con José. El olor de esos aromas
y mirra que lo acompañaron a Egipto debieron haberle quemado la memoria a José.
Los mismos aromas que José debió haber aborrecido, debido a la asociación que
tenían con su esclavitud, eran ahora los aromas que acogían a José mientras
entraba a su casa. ¿Creyeron los hermanos que sus regalos les ganarían al
gobernador? Este esquema era muy cierto del carácter de Jacob, quien lo
sugirió, pero en realidad, hubiera sido contra-productivo si José hubiera
permitido que moviera sus emociones.
Cuando José arribó, sus hermanos se
inclinaron ante él, una vez más cumpliendo los sueños que había tenido años
antes (Genesis 37:5-11). José pareció no haber si quiera notado sus regalos,
tan cuidadosamente arreglados para llamar su atención y ganar su aprobación.
José tenía ojos sólo para su hermano menor, Benjamín. José se conmovió tanto al
ver a su hermano, que tuvo que salir del cuarto para llorar en privado.
Limpiándose entonces la cara y habiendo regresado, dio la orden de servir la
comida (43:31). Los sirvientes pusieron tres mesas separadas: Una para José,
una para sus hermanos, y una para los Egipcios que comían con José. José sentó
a sus hermanos de acuerdo al orden de su nacimiento, lo cual debió haberlos
maravillado e intrigado: “¿Cómo podía saberlo?” Fue un banquete royal, y estoy
seguro que los hermanos de José (a quienes se les había acabado el trigo) lo
apreciaron. También estoy seguro que comieron hasta llenar. Pero José hizo algo
que era muy inusual – la porción de Benjamín fue cinco veces más grande que la
de sus otros hermanos. En preparación para la prueba que venía, José no
minimizaría el hecho que Benjamín era el hijo favorito de Jacob; ciertamente,
él quería enfatizar este hecho. Para cuando terminó la comida, se habían
saciado, ambos de comida y bebida. Tengo el presentimiento que esto era para
darle a sus hermanos un sentido artificial de confianza y para embotar sus
sentidos por el momento.98
José entonces dio instrucciones muy cuidadosas a su sirviente. Lo hizo llenar las sacas de sus hermanos con trigo, una vez más regresándoles el dinero en cada saca. Esta vez, sin embargo, algo más fue incluido – la “copa de plata de José.” Esta copa debía ser puesta en la saca de Benjamín, junto con su dinero. Después que los hombres fueran mandados de regreso, el mayordomo de José debía perseguirlos y detener los hermanos mientras salían de Egipto. Debían ser acusados de robar la copa de José, la que usaba para adivinación (44:4-5).
No hay necesidad de afligirnos por lo que leemos aquí. José realmente no usaba esta copa para adivinar. Esto era parte del “guión” del mayordomo, era lo que José le había instruido decir. Era parte del disfraz de José. Cuando José instruyó a su mayordomo ocultar esta copa en la saca de Benjamín, simplemente se refirió a ella como su “copa de plata” (44:2). Pero para bien de sus hermanos, su sirviente debía llamarla, “la copa que su señor usaba para adivinación.” José quería continuar la farsa un poco más de tiempo, y esta línea ayudó a mantenerlo encubierto.
Cuando el mayordomo de José detuvo a los
hermanos, hizo exactamente lo que su amo le había instruido – acusó a estos
hombres de devolver mal por bien, al robar la copa de adivinación de su amo.
Los hermanos quedaron atónitos y se indignaron de ser acusados de tal cosa.
Tenían confianza que ninguno de ellos había robado esta copa, de manera que
sobre reaccionaron a estas imputaciones. Y se auto-prescribieron el castigo si
alguno de ellos hubiere robado esta copa:
“9 Aquel de tus siervos en quien fuere hallada la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor.” (44:9).
El mayordomo de José respondió entonces a esa
declaración, prescribiendo lo que sería el castigo por robar la copa:
Y él dijo: También ahora sea conforme a vuestras palabras; aquel en quien se hallare será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa. (44:10).
Estoy seguro que cada uno de estos hombres estaba extremadamente confiado mientras descargaban los costales y los abrían. Que impresión tan grande debió haber sido para cada uno, encontrar el dinero en sus sacas de la misma forma que lo habían hallado anteriormente. Me imagino que el temor comenzó a apoderarse de sus corazones mientras quedaba expuesto el dinero ante los ojos de todos.
Lo peor aún estaba por venir. Cuando la saca
de Benjamín fue abierta, no solo encontraron su dinero, sino también la copa de
plata de José. Los hermanos rompieron sus vestiduras en angustia, cargaron los
animales, y regresaron a enfrentar al “gobernador de Egipto.” Cuando arribaron,
José continuó con la trama:
“15 Y les dijo José: ¿Qué acción es esta que habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo sabe adivinar?” (44:15).
José quería que estos hombres pensaran que no había nada acerca de ellos que él no supiera, o que pudiera averiguar. (Después de todo, él había arreglado la mesa de acuerdo al orden de nacimiento.) Y ahora tenía una copa de plata adivinadora, por la cual podía discernir la verdad. El mensaje era claro: No les haría ningún bien el decirle mentiras.
Juda asume el liderazgo, y habla por sus
hermanos:
16 Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos, o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos; he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquel en cuyo poder fue hallada la copa. 17 José respondió: Nunca yo tal haga. El varón en cuyo poder fue hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz a vuestro padre. (44:16-17).16
La respuesta de Juda es muy interesante y alentadora. Estoy convencido que Juda sabía que Benjamín no había robado esta copa, asi como ninguno de ellos había robado el dinero que habían pagado por el grano. Juda con todo derecho discernió que esta era la forma que Dios estaba tratando con ellos. Por eso dice, “Dios ha hallado la maldad de tus siervos” (versículo 16). No creo que Juda halla querido decir, “Nosotros robamos el dinero, y también la copa de plata; Dios lo sabe, y Él a expuesto nuestro pecado.” Creo que las palabras de Juda realmente significan: “Vendimos nuestro hermano a esclavitud (algo de lo cual no sabes nada ni podrías apreciar, gobernador de Egipto, de manera que no entraré en esto en detalle), y Dios está ahora dándonos el castigo por ese pecado. No hicimos lo que tú nos estás acusando haber hecho, pero sí hicimos algo mucho peor, de modo que nos declaramos culpables.” Por tanto, Juda confieza por todos sus hermanos y se somete al castigo de esclavitud para todos.
Este es un verdadero progreso para los hermanos de José, pero aún no han manifestado un arrepentimiento genuino. De modo que José declina la oferta de Juda. La respuesta de José puede ser parafraseada de esta manera: “Oh no, no sería correcto castigar a todos por el crimen de uno. El castigo debe ser sobre aquel en cuya saca se halla encontrado la copa de plata, él será mi esclavo, el resto de ustedes son libres de ir a casa a sus familias.”
Frente a ellos estaba la prueba más grande de sus vidas. Podían apoderarse de las palabras de José, renunciar a Benjamín por haber robado, e irse a casa libres, dejando a Benjamín como uno de los esclavos de Faraón. En efecto, podían hacerle a Benjamín exactamente lo que habían hecho a José. Hubiera sido muy fácil dejar a Benjamín donde estaba y regresarse a casa, del mismo modo que habían desamparado a José.
Verdaderamente esta es la mejor hora de Juda. Él es quien se hace seguridad por Benjamín (44:19). Ahora, él cumple la promesa que hizo a su anciano padre. Juda sale al frente y pide hablar al “gobernador de Egipto.” Juda explicó cómo sucedió que tuvieron que decirle acerca de su hermano menor, Benjamín. Debido a que su hermano mayor está muerto, Benjamín es ahora el único hijo que le queda a Jacob de Raquel, esposa de su padre. Debido a que él (José) insistió que trajeran a este hermano menor a Egipto, así lo habían hecho, a pesar de la fuerte protesta de su padre. El padre de este joven era ahora anciano, y si su hijo no regresara, mataría el dolor a su padre. Juda le dijo al “gobernador de Egipto” que él se había hecho seguridad por Benjamín delante de su padre, y por tanto, le rogaba que le permitiera regresarle este hijo a su padre, y lo tomare a él como esclavo en su lugar. Juda le rogó que lo tomara a él en lugar de Benjamín, y salvar así la vida de su hermano como también la de su padre. Juda, el que arrojó la tunica manchada de sangre a los pies de su padre años atrás,99 ahora implora a José tener compasión de su padre, como él.
Fue demasiado para José. No pudo refrenarse más. Ciertamente, no tenía porqué ocultarse más. Podía ahora revelar su verdadera identidad porque sus hermanos habían finalmente demostrado un verdadero arrepentimiento. José ordenó que todos salieran del cuarto, excepto sus hermanos. Lloró fuertemente y les dijo que era José, su hermano. Preguntó si su padre estaba aún vivo. Los hermanos estaban en choque. No podían creer lo que estaban oyendo. Les pidió que se acercaran, y así lo hicieron. Les repitió que él era el hermano que habían vendido a esclavitud a Egipto. Rápidamente los alentó a no sentirse mal ni enojarse con ellos mismos, porque Dios había usado su pecado para traer el bien, no solo para José, sino a toda la familia de Jacob. Este era el camino que Dios había escogido para proveer a los hijos de Israel durante este tiempo de hambre.
José envió entonces sus hermanos de regreso a casa, para que trajeran a su padre y sus familias a Egipto, informándoles que aún quedaban cinco años más de hambruna por delante. La historia sigue narrando la llegada de Jacob y su familia a Egipto. Dios proveyó para que tuvieran un lugar en la tierra de Egipto – la tierra de Gosén – donde pudieran pastear sus rebaños. Eventualmente, prosperarían y comprarían propiedades allí. De esta forma, Dios trajo a Israel (70 de ellos) a Egipto.
En sus días finales, Jacob comienza a manifestar los frutos de la fe.100 Estando frente a Faraón, Jacob admite que su vida había sido más corta y menos agradable que la de sus antepasados:
7 También José introdujo a Jacob su padre, y lo presentó delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón. 8 Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida? 9 Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación. 10 Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón. (Genesis 47:7-10).
Yo creo que al decir esto, Jacob admitió
haber vivido la mayoría de su vida en la carne, luchando con Dios y con el
hombre. Le tomó todo este tiempo para darse cuenta que su lucha, no había sido
una vida de fe, y que no había producido paz.
La segunda cosa que Jacob hizo en sus últimos
días fue bendecir los dos hijos de José:
1 Sucedió después de estas cosas que dijeron a
José: He aquí tu padre está enfermo. Y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés
y Efraín. 2 Y se le hizo saber a Jacob, diciendo: He aquí tu hijo
José viene a ti. Entonces se esforzó Israel, y se sentó sobre la cama, 3 y
dijo a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y
me bendijo, 4 y me dijo: He aquí yo te haré crecer, y te
multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones; y daré esta tierra a tu
descendencia después de ti por heredad perpetua. 5 Y ahora tus dos
hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que
viniese a ti a la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos.
6 Y los que después de ellos has engendrado, serán tuyos; por el nombre
de sus hermanos serán llamados en sus heredades. 7 Porque cuando yo
venía de Padan-aram, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en el camino,
como media legua de tierra viniendo a Efrata; y la sepulté allí en el camino de
Efrata, que es Belén. 8 Y vio Israel los hijos de José, y dijo:
¿Quiénes son éstos? 9 Y respondió José a su padre: Son mis hijos,
que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré.
10 Y los ojos de Israel estaban tan agravados por la vejez, que no podía
ver. Les hizo, pues, acercarse a él, y él les besó y les abrazó. 11 Y
dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver
también a tu descendencia. 12 Entonces José los sacó de entre sus
rodillas, y se inclinó a tierra. 13 Y los tomó José a ambos, Efraín
a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha
de Israel; y los acercó a él. 14 Entonces Israel extendió su mano
derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano
izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque
Manasés era el primogénito.
15 Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya
presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde
que yo soy hasta este día, 16 el Angel que me liberta de todo mal,
bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de
mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la
tierra.
17 Pero viendo José que su padre ponía la mano
derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su
padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés. 18 Y
dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu
mano derecha sobre su cabeza. 19 Mas su padre no quiso, y dijo: Lo
sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también
engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia
formará multitud de naciones. 20 Y los bendijo aquel día, diciendo:
En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y
puso a Efraín antes de Manasés. 21 Y dijo Israel a José: He aquí yo
muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros
padres. 22 Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la
cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco. (Genesis
48:1-22).
No podemos ignorar la similaridad de esta
bendición sobre los dos hijos de José, con la bendición de Isaac sobre sus dos
hijos en su vejez. Ambos Isaac y Jacob eran viejos, y su vista era pobre. En el
caso de Isaac, Jacob buscó obtener la bendición de su padre bajo falsas pretensiones,
así como Isaac deseaba bendecir a su hijo mayor, a pesar que la indicación de
Dios era al contrario. En este caso, José coloca sus dos hijos frente a su
padre de tal manera que no se confundiera respecto a cual era el hijo mayor.
Sabiendo que su nieto mayor fuera colocado bajo su mano derecha, Jacob removió
sus manos y las cruzó, dando con toda intención al menor de los dos los
derechos a la primogenitura. José se irritó inicialmente y trató de corregir a
su padre, hasta que se dio cuenta que esta era una acción deliberada. Por medio
de este acto, Jacob parece haber simbolizado la verdad que se establece en
Romanos 9:
6 No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, 7 ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. 8 Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. 9 Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. 10 Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre 11 (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), 12 se le dijo: El mayor servirá al menor. 13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. (Romanos 9:6-13).
Jacob por lo tanto, reconoció que las
bendiciones del Pacto Abrahámico son pasadas de generación en generación sólo
por decisión de Dios, y a los que Él escoja. Es un asunto de elección, basado
en gracia soberana; no es determinada por buenas obras (presentes o futuras),
ni tampoco está determinada por esquemas o manipulación. Dios lo había escogido
a él, en lugar de Esaú, haciéndolo heredero del Pacto Abrahámico. Fue Dios
quien lo había protegido, cuidado y bendecido a través de toda su vida, no por
causa de sus méritos o esquemas, sino porque Dios lo había escogido para ser el
heredero de las bendiciones prometidas a Abraham.
Jacob no estaba solo bendiciendo estos dos hijos de José; los estaba adoptando (48:5-6). Su hijo mayor, Rubén, había pecado contra su padre durmiendo con una de sus concubinas (35:22; 49:3-4), y por tanto fue privado de sus derechos como primogénito. Mediante la adopción de Efraín y Manasés, Jacob estaba dando el derecho de la primogenitura a José, porque ahora recibiría una doble herencia a través de sus dos hijos.
El tercero y acto final de Jacob (en lo que al relato bíblico concierne) fue la bendición que pronunció en cada uno de sus hijos, registrado en Genesis 49. Estas “bendiciones” son realmente profecías concernientes al futuro de cada uno de sus hijos y de su descendencia. La más significante de estas bendiciones fue la de Juda:
8 Judá,
te alabarán tus hermanos;
Tu mano en la cerviz
de tus enemigos;
Los hijos de tu
padre se inclinarán a ti.
9 Cachorro
de león, Judá;
De la presa subiste,
hijo mío.
Se encorvó, se echó
como león,
Así como león viejo:
¿quién lo despertará?
10 No
será quitado el cetro de Judá,
Ni el legislador de
entre sus pies,
Hasta que venga
Siloh;
Y a él se
congregarán los pueblos.
11 Atando
a la vid su pollino,
Y a la cepa el hijo
de su asna,
Lavó en el vino su
vestido,
Y en la sangre de uvas
su manto.
12
Sus
ojos, rojos del vino,
Y sus dientes
blancos de la leche. (Genesis 49:8-12).
La bendición sobre Juda revela el hecho que
la promesa del pacto dada a Abraham, Isaac, y a él, ahora sería pasada a través
de Juda. A Abraham y Sara se les había dicho que una línea de reyes procederían
de ellos (Genesis 17:6, 16). Ahora vemos que esta línea de reyes vendrá a
través de la tribu de Juda. En el futuro, Dios revelará que esta línea de reyes
vendrá a través de la semilla de David (2 Samuel 7:14). Lo que vemos aquí en
Genesis 49:10-12 es que el “Rey de Reyes” vendrá de la línea de Juda. La
frase tradicional “hasta que venga
Siloh” (49:10) es probablemente mejor entendida a significar, “hasta que
él venga, al que le pertenece,” como podemos ver en los versículos de
arriba. Los descendientes de David gobernarán hasta que venga el último y final
“León de la tribu de Juda,” el “Hijo de David”:
26 Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por
Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada
con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen
era María. 28 Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo:
¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.
29 Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué
salutación sería esta. 30 Entonces el ángel le dijo: María, no
temas, porque has hallado gracia delante de Dios. 31 Y ahora,
concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.
32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor
Dios le dará el trono de David su padre; 33 y reinará sobre
la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. (Lucas 1:26-33).
Las vidas de Jacob, Juda, y José nos enseñan muchas verdades importantes y tienen mucho que decirnos en aplicación. Concluiré diciéndoles algunas de las cosas que podemos aprender de nuestro texto.
Casi todo lo que aprendemos de Jacob es negativo. Jacob ahora nos diría si pudiera, “No hagan como yo hice.” Jacob fue un hombre que luchó con Dios y el hombre casi toda su vida, y a causa de esto, pagó un precio muy alto. Como le dijo a Faraón, su vida fue corta y mala comparada con la de sus antepasados (Genesis 47:9). Abraham obedeció a Dios por voluntad propia, al punto de sacrificar su hijo, si fuese necesario (Genesis 22), pero Jacob se aferró a sus hijos favoritos (primero José, y luego Benjamín), quien tuvo que ser arrancado de sus manos. Casi toda buena cosa que hizo Dios en la vida de Jacob fue a pesar de él. No sucedió a través de su obediencia activa, sino providencialmente, a pesar de su resistencia. Por causa de esto, no experimentó el gozo de caminar en obediencia con Dios.
Hay ambas, buenas y malas noticias a discernir de la vida de Jacob. Por un lado, podemos ser alentados por el hecho que las promesas y propósitos de Dios serán cumplidos, aún si es a pesar de nuestros pecados. Las malas noticias son que resistir a Dios, viene a un precio muy alto. Las relaciones de Jacob eran patéticas. Sus esposas pelearon por sus afecciones. Laban y sus hijos llegaron a resentir a Jacob porque él buscó ganar a sus expensas. Los hijos de Jacob no solo se caían mal, resentían las afecciones preferenciales de sus padres también. Parecía que disfrutaron el llevar a Jacob a la conclusión que su hijo había sido despedazado por un animal. Por varios años, Jacob vivió con la conclusión falsa que su hijo José estaba muerto. Encaró las pruebas de la vida con temor, y no con fe. Se preocupó mucho por sí mismo y muy poco por otros. Su vida no fue la “Buena vida.”
En todo esto, Jacob (Israel) fue el perfecto prototipo de la nación de Israel. Como Jacob, los Israelitas a menudo dependían de sus esfuerzos carnales. La mayoría del tiempo se oponían a Dios y confiaban en sus propios medios. Muchos fueron los tiempos que Dios los perdonó de la destrucción y les trajo el bien providencialmente – a pesar de sus pecados. Jacob no empezó a comprender o a disfrutar la gracia de Dios hasta muy tarde en su vida; la nación de Israel hoy en día, aún no lo disfruta completamente. Será solo hasta después de grandes pruebas y tribulaciones que se someterán a Jesucristo, la “simiente prometida de Abraham” (ver Galatas 3:15-16), como Señor y Salvador.
También vemos la mano providencial en la vida de Juda. Juda abandonó su familia y comenzó a vivir entre los Cananitas, tomando mujer Cananita como esposa, y también para sus hijos. No fue debido a la fidelidad de Juda que su línea fue preservada, sino a pesar de su desobediencia. Fue Juda quien propuso vender a su hermano José como esclavo. Pero no como Jacob, Juda reconoció su pecado y se arrepintió. Él admitió que su nuera ‘gentil’, Tamar, era más justa que él (Genesis 38:26). Cuando su padre Jacob rehusó asumir el liderazgo espiritual de su familia, Juda salió al frente. Él tomó la responsabilidad personal por el bienestar de Benjamín. Y cuando José orquestó una repetición virtual de Dotán, fue Juda quien se ofreció en lugar de Benjamín. De alguien a quien no le importaba mucho su padre (Genesis 37:29-35), pasó a tener compasión de su anciano padre, sabiendo que la pérdida de Benjamín lo destruiría (Genesis 44:14-34). Todo esto se llevó a cabo antes que Juda tuviera conocimiento, de que Dios pasaría las bendiciones del Pacto Abrahámico a través de él (49:8-12).
Especialmente de Juda, pero también de sus otros hermanos, aprendemos la diferencia entre sentirse solo apenado, y arrepentimiento genuino. Cuando los hermanos de José fueron encarcelados en una prisión de Egipto, expresaron pena por la manera que habían tratado con su hermano (42:21-22). Pero el verdadero arrepentimiento es más que solo sentir pena, es un completo cambio de corazón y mente, para que cuando dada la oportunidad de repetir el pecado, le demos la espalda.
Este tipo de arrepentimiento es el que José
quería lograr en la vida de sus hermanos cuando llegaran a Egipto por trigo. Él
ya se había sobrepuesto a toda amargura y enojo hacia sus hermanos, como
podemos ver por el nombre que puso a sus hijos (Genesis 41:46-52). También,
había llegado a entender el significado de sus sueños, dados en su juventud. No
era solo para anunciar que tenía poder sobre sus hermanos, sino que tenía que
ejercer un liderazgo espiritual para el beneficio de sus hermanos. Contrario a
primeras apariencias, José no estaba buscando hacer pagar a sus hermanos por el
pecado contra él, sino traerlos al arrepentimiento. Eso involucró sufrimiento,
del mismo modo que sucedió cuando Pablo encontró necesario corregir a los
Corintios:
8 Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó. 9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. 10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. 11 Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto. (2 Corintios 7:8-11).
José ciertamente casó dolor en sus hermanos, pero su fin no era la venganza. Es claro que el causar sufrimiento en sus hermanos también fue doloroso para José. Aún en medio de la severidad de José, había una profundidad de misericordia. Él les mandó insinuaciones sutiles que debieron haber sido alentadoras. Por ejemplo, les dijo que él también era temeroso de Dios (42:18). En medio de una severidad aparente, había generosidad. Ambas veces regresaron a casa con grano de Egipto, y José regresó el dinero en sus sacas. Él también les preparó una magnífica comida. La ironía de todo esto es que la culpa que sus hermanos llevaban era tan grande, que eran incapaces de reconocer la gracia, y mucho menos disfrutarla. Nuestro pecado apaga los ojos a la gracia de Dios. Como Jacob, pensamos que nuestras circunstancias nos están destruyendo, cuando han sido habilidosamente tejidas por Dios para salvarnos.
Si Jacob es un ejemplo de liderazgo espiritual impotente, José es un modelo de liderazgo espiritual. Algunos años atrás, J. Oswald Sanders habló sobre liderazgo espiritual en una conferencia en Fort Worth. Si recuerdo bien, él dio tres puntos a seguir en el tema de liderazgo espiritual: sufrimiento, servidumbre, y la soberanía de Dios. Él dice que el sufrimiento moldea los líderes espirituales, y que los verdaderos líderes son aquellos que practican servidumbre. También compartió que cuando Dios lo puso en una posición de liderazgo espiritual, claramente Él determinó el lugar de ministerio.
A medida que veo la vida de José, veo los tres puntos de Sanders ilustrados, yo le he añadido otros dos:
Dios preparó el liderazgo de José por el sufrimiento que soportó. Nada del sufrimiento de José fue tiempo o energía desperdiciados. Durante el tiempo que José fue esclavizado y encarcelado, aprendió el lenguaje y la cultura de Egipto, algo que necesitaría en los años por venir, mas esto no fue aparente durante el tiempo de sufrimiento. Dios permitió que José fuera falsamente acusado por la Sra. De Potifar, y por tanto mandado a prisión. Pero esta era una prisión para prisioneros políticos. Por tanto, hombres como el “copero” y el “panadero” del rey fueron puestos bajo el cuidado de José. Esta era la oportunidad perfecta para José para aprender el protocolo apropiado para un oficial de alto nivel de gobierno, como él pronto lo sería. Ningún sufrimiento de José (o de cualquier santo) es desperdiciado jamás.
El segundo elemento de liderazgo es servidumbre. Temo que en su juventud, José no fue el siervo de sus hermanos que debió haber sido. Parece como que no supo usar su autoridad sabiamente. Uno podría decir que José no estaba sirviendo verdaderamente a sus hermanos en este punto de su vida. José debió haber reflexionado en el odio que sus hermanos sentían por él. Debió haber percibido que era la manera en que ejercía su autoridad sobre ellos lo que los enfurecía. Lo primero que hicieron fue arrebatarle la túnica. Debieron haberse burlado acerca de sus sueños.101 José llegó a entender que una posición de poder y autoridad es un lugar de servicio, y no de estatus. Por tanto, habiendo aprendido la lección de servidumbre,102 cuando José fue puesto a cargo del copero y del panadero en prisión, usó su posición para ministrarlos, y no para gobernar sobre ellos.
El tercer elemento de liderazgo espiritual es el de la soberanía. A través de su sufrimiento, José vino a un entendimiento mucho mayor sobre la soberanía de Dios. Aún antes que sus hermanos llegaran a Egipto, él reconoció que Dios soberanamente empleó su adversidad para traerle bendición (41:51-52). Le dijo a sus hermanos esto, cuando ellos temieron que él se vengaría por todo el mal que ellos le habían hecho:
7 Y Dios me envió delante de
vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por
medio de gran liberación. 8 Así, pues, no me enviasteis acá
vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda
su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto. (Genesis 45:7-8).
20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. 21 Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón. (Genesis 50:20-21).
Dios soberanamente escogió a José sobre sus
hermanos. Dios le dio a José los dones y talentos que lo elogiaron frente a
Potifar y Faraón. José no podía enorgullecerse por lo que Dios soberanamente le
había dado,103 y ahora lo sabía.
El cuarto elemento de liderazgo espiritual es el de administrador.104 Un administrador no es dueño de las cosas que están bajo su control. La expresión más clara de su mentalidad “administradora” se encuentra en la respuesta de José a la Sra. Potifar, quien lo incitaba a “poseerla”:
8 Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. 9 No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? (Genesis 39:8-9)
José no era dueño de lo que controlaba. Me pregunto, sin embargo, si sus hermanos sintieron que él actuó de esa manera hacia ellos en su juventud. Pero estando en la casa de Potifar, aún cuando José estaba en control de todo (excepto de la Sra. Potifar), no era dueño de nada. Lo mismo fue verdad en prisión y cuando sirvió a Faraón. José era un administrador. No llamaba suyo lo que no era de él.106
El quinto elemento de liderazgo espiritual es lo que deseo llamar “uso secular.” A menudo hay una falsa distinción delineada entre el liderazgo espiritual y secular. José era un líder espiritual hábil en cualesquier situación que lo pusieran. Él fue un líder espiritual en la casa de Potifar, porque Potifar vio que la mano de Dios estaba con él:
2 Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. 3 Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. (Genesis 39:2-3).
Cuando José declinó la proposición de la Sra. Potifar, explicó sus acciones en términos espirituales (39:9). Cuando José ministró al copero y panadero en prisión, lo hizo en términos espirituales:
7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón,
que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué
parecen hoy mal vuestros semblantes? 8 Ellos le dijeron: Hemos
tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son
de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora (Genesis 40:7-8).
Lo mismo es verdad en su ministración a Faraón. El copero muy cuidadosamente evadió cualquier referencia espiritual a Faraón del ministerio de José (41:9-13), pero cuando José ministró a Faraón, repetidamente dio toda la gloria a Dios:
16 Respondió José a Faraón, diciendo: No está en
mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón. (Genesis 41:16).
25 Entonces respondió José a Faraón: El sueño de
Faraón es uno mismo; Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer. (Genesis
41:25).
28 Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón. (41:28).
José era un líder espiritual, haciendo un
trabajo secular. Muy a menudo los Cristianos suponen que el liderazgo
espiritual requiere de un ambiente espiritual. Sienten que “un trabajo
Cristiano de tiempo completo” es superior a
“meramente un trabajo secular.” Creo que este texto (y muchos otros)
prueban equivocada esta manera de pensar. José tenía un gran impacto espiritual
en aquellos con quien entraba en contacto a través de su trabajo secular.
Piensen también en hombres como Daniel.
Esto me lleva a concluir que a menos que uno pueda demostrar liderazgo espiritual en el mundo secular de trabajo, seriamente dudo que pueda ejercer liderazgo espiritual en la Iglesia. ¿No es esto lo que Pablo estaba diciendo cuando estableció los requisitos a los ancianos?
2 Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; 3 no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; 4 que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad 5(pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); 6 no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 7 También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo. (1 Timoteo 3:2-7).
Si pudiera hacerlo a mi manera, nadie podría
entrar de tiempo completo al ministerio Cristiano hasta que obtuvieran
experiencia en trabajos seculares, y luego probaran sabiduría en algún tipo de
trabajo secular. José era un hombre que sabía cómo trabajar en una forma que
beneficiara a su amo, y que glorificara a su Dios. Era un líder espiritual cuyo
ministerio era en el mundo secular.
Nuestro texto es una ilustración dramática de
la verdad en Romanos 8:28-30:
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. 29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. (Romanos 8:28-30).
Dios siempre cumple Sus propósitos y Sus promesas. Él no está limitado a usar la disposición de los actos de obediencia de Sus santos. Él es capaz de emplear los actos de rebelión de los incredulous y los pecados de los santos para lograr Sus propósitos. Ser soberano es estar en control total. Dios está en total control, a pesar del pecado y rebelión desenfrenado en Su mundo.
Nuestro texto ilustra cómo Dios soberanamente orquestó y anuló los asuntos del hombre, de manera que sus promesas fueran cumplidas.
A través de sus sueños, Dios reveló a José que gobernaría sobre su familia. Ciertamente parecía que el pecado de sus hermanos nulificaría la profecía de esos sueños, pero en realidad, sus acciones meramente establecieron el escenario para su cumplimiento. Parecía que los pecados de Juda pondrían en peligro la promesa de Dios concerniente a la “simiente” prometida a Abraham, pero Dios soberanamente causó que “todas las cosas” ayudaran a bien para el cumplimiento de Su promesa. Ambos Jacob y sus hijos vieron las circunstancias y concluyeron que Dios había planeado su destrucción, pero hacia el final de Genesis, vemos que Dios usó todas estas cosas para traer su liberación.
¿Me pregunto, mi amigo, si tu vida se parece algo a la vida de Jacob, cuando fue forzado a entregar a su amado hijo Benjamín? ¿Acaso piensas “todas estas cosas están en contra mía” (Genesis 42:36)? Si tú eres parte de la familia de Dios, no son para tu destrucción, sino para tu liberación; no son destinadas a ser tragedias, sino triunfo. Yo oro para que cada uno de ustedes que lea esto pueda experimentar la seguridad, a través de la fe en Cristo, que Dios está trabajando para tu bien, y para Su gloria:
31¿Qué, pues, diremos a esto? Si
Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32 El que no escatimó
ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará
también con él todas las cosas? 33¿Quién acusará a los escogidos de
Dios? Dios es el que justifica. 34¿Quién es el que condenará? Cristo
es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la
diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35¿Quién nos
separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre,
o desnudez, o peligro, o espada? 36 Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero. 37 Antes, en todas estas cosas
somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo
cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,
ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo
profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que
es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:31-39).
85 Este
es el manuscrito editado de un mensaje dado por Robert L. Deffinbaugh, maestro
y anciano en Community Bible Chapel, en Diciembre 17, 2000.
88 En
tales casos, alguno cercano a menudo murmura una traducción a estas personas a
medida que yo hablaba.
89 Si
Israel está aún viviendo en Hebrón (35:27), Siquem estaría aproximadamente a 50
millas de separado. Añádele a estas, 20 millas más a Dotán, y tendrás a los
hijos de Jacob algunas 70 millas de su padre.
90 Esto
podría no ser todo hipotético, como puede ser visto cuando vemos 42:21.
91 José
tiene 17 cuando es vendido a esclavitud (37:2), y 30 cuando estuvo frente a
Faraón (41:46). Luego los 7 años de abundancia pasan, y están dos años en
hambruna (ver 45:6). Esto suma aproximadamente 22 años.
92 Es
interesante notar que así como Siquem “vio” a Dina, la “tomó,”
y “se acostó con ella” (34:2), Juda “vio” a la mujer Cananita,
“la tomó,” y “fue en ella” (38:2). En ambos pasajes, los primeros
dos verbos son iguales; solo el tercero es diferente.
93 Uno
no puede saber si sí o no Potifar tuvo sus dudas acerca de los cargos que su
esposa trajo contra José. Es interesante que no ejecutó a José, y que fue
promovido dentro del sistema de la prisión.
94 Me
imagino cuando escucharon a estos dos, interpretaciones muy diferentes hubieran
impresionado a Faraón. Una cosa es predecir “buenas cosas” que le pasarán a
alguien; otra muy diferente es predecir desastre. José debió haber sido un
hombre que decía las cosas como eran.
95 Esto
debió haber alentado a José, ya que recordó que tuvo dos sueños respecto a su
autoridad.
96 La NASB dice, “Cuando José vio a sus hermanos los reconoció, pero se disfrazó y les habló duramente.”
97 Es
interesante notar que Simeón fue escogido para quedarse en Egipto. Rubén era el
primogénito, pero no estaba presente cuando los hermanos escogieron vender a
José a esclavitud (ver capítulo 37). Simeón era el Segundo nacido, y era el que
estaba en autoridad cuando vendieron a José. Fue Judá el que sugirió que
vendieran a José, pero Simeón parecería el que estaba a cargo.
98 El siervo de José no pudo decir, “Yo tengo su dinero, porque se los había regresado.” Pero estuvo en lo cierto al decir, “Yo tenía su dinero.”
99 Mi
predicción es que, después del primer viaje a Egipto y de regreso, los hermanos
de José debieron checar sus bolsas antes de regresar. Pero habiendo tomado
vino, no creo que recordaran hacerlo.
100 No
sabemos realmente quien dio la tunica sangrienta a Jacob, pero sabemos que el
plan fue propuesto por Juda.
101 El
autor de Hebreos no habla de la fe de Jacob hasta los días finales de su vida
(ver Hebreos 11:21).
102 Ver
37:19-20. Estos versículos
registran la conversación que los hermanos de José tuvieron entre ellos, antes
que José arribara.
103 Basados
en Filipenses 2:1-11, yo creo es fundamental servir.
105 Para
ser honesto no puedo recordar.
106 La
antítesis a esto es Satanás, quien clama ser dueño de todo (Lucas 4:5-6). Su
caída es el ejemplo supreme del abuso de administración (ver Isaías 14:13-14).
107 No
fui a ese funeral, pero leí el mensaje, el cual fue titulado, “From Tragedy
to Triumph.”