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Lección 7 — Jacob77

Génesis 27:1—35:29

Introducción

He predicado en funerales varias veces en mi vida – para toda clase de personas, y bajo muchas circunstancias diferentes. Cuando predico en un funeral, siempre trato de comenzar con una descripción biográfica del difunto. Trato de enfocarme en algunas de sus cualidades positivas y de recordar algunas memorias alegres. Prosigo después a proclamar el Evangelio, halla o no esta persona sido salva. Usualmente no es tan difícil decir algo positivo acerca de la persona que ha muerto. Tuve una ocasión en la que realmente no podía pensar en nada positivo que decir, pero creo que haber hecho el funeral de Jacob hubiera probado ser un reto aún más difícil. Probablemente hubiera seguido el ejemplo de uno de mis parientes. Ella siempre encontraba algo positivo que decir acerca de todo mundo. Aún del Diablo, ella probablemente hubiera dicho, “Bueno, cuando menos es persistente” Creo poder decir lo mismo de Jacob, diría, “Bueno, cuando menos es consistente”

Uno de mis amigos me dijo que no fuera tan duro con Jacob, porque él se identificaba con él. Sé muy bien cómo se siente mi amigo. Pues yo muy fácilmente me puedo identificar con Jacob. Es un tipo de “Pedro” en el Antiguo Testamento, con todo el brillo desvanecido. Y sin embargo este hombre Jacob es uno de los hombres más importantes en el Libro de Génesis. Casi la mitad de Génesis trata con Jacob y con el período de tiempo en el cual vivió. En nuestro texto, Dios le da otro nombre a Jacob, lo llama “Israel.” Jacob es el antepasado de la nación de Israel. Muy a menudo en el Antiguo Testamento, Dios se refiere a Israel como “Jacob,” y no es tan difícil entender porqué.

Tan famoso como es Jacob, su vida realmente fue un desorden. Cerca del final de su vida, Jacob es traído delante de Faraón, quien le pregunta cuantos años a vivido:

También José introdujo a Jacob su padre, y lo presentó delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón. 8 Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida? 9 Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación. 10 Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón (Génesis 47:7-10).76

¿Porqué diría tal cosa Jacob? Era un hombre al que se le había prometido las bendiciones del Pacto Abrahámico, patriarca de la nación de Israel. Encontraremos la respuesta a esta pregunta a medida que estudiemos su vida. Mientras consideramos a Jacob, aprenderemos mucho acerca de Dios, como también de nosotros mismos.

Como ya lo indiqué, la vida y tiempos de Jacob recibe más atención en  Génesis que cualquiera de los otros personajes en el Libro. Esta lección es titulada, “Jacob,” y la siguiente y última lección en el Libro de Génesis será titulada, “José.” La verdad de las cosas, es que la vida de José es importante primordialmente por su impacto sobre Jacob y sus hijos. Por tanto, nuestra siguiente lección será también acerca de Jacob.

Nuestro estudio, “De la Creación a la Cruz,” es un sondeo de los puntos más importantes y relevantes en la “revelación del drama de la redención” de  Génesis a los Evangelios. No podemos estudiar a profundidad ninguno de nuestros textos, y nos debemos limitar por lo pronto a un estudio superficial. Lo mismo debemos decir acerca de la vida de Jacob. En esta lección limitaré mi mensaje a una ojeada superficial de los puntos más importantes en la vida de Jacob.77

  Jacob, Luchador en el Vientre

Génesis 25:20-26

Las luchas de Jacob comenzaron en el vientre de su madre. Rebeca no podía concebir hasta que Isaac intercedió con Dios a su favor. Fue entonces que concibió, y pronto se hizo obvio que algo inusual sucedía dentro de ella.  Cuando ella preguntó al Señor al respecto, el Señor le informó que no solo había cuates en su vientre, sino que había dos naciones, y que el mayor serviría al menor. Cuando nacieron los niños, Esau salió primero, seguido de Jacob agarrado del talón de Esau. El nacimiento de Jacob fue un indicador temprano de las cosas por venir.

Jacob Compra la Primogenitura de Esau

Génesis 25:27-34

Cuando los niños crecieron, Esau se convirtió en cazador y hombre de campo. Le gustaba comer de lo que cazaba al igual que su padre. Esau era el hijo preferido de Isaac. Por otro lado, Jacob, era el hijo de mamá. En una ocasión, Esau llegó cansado del campo y hambriento. Jacob acababa de cocinar un rico guisado, y Esau le pidió de comer. Jacob “vendió” el guisado a su hermano mayor a cambio de su primogenitura, la cual despreció Esau.  Parece que mientras que Esau verdaderamente se equivocó al despreciar su primogenitura, Jacob casi nada es condenado por sus acciones. Esau no fue engañado en esta transacción. Jacob parece haber hecho algo muy astuto, mas dentro de lo que se consideraba legal. La adquisición de la bendición de Isaac fue algo muy diferente.

Obteniendo la Bendición de Isaac Bajo Falsas Pretensiones

Génesis 27

Este incidente dispone el curso de la vida de Jacob. Es una historia llena de intriga. Hay una lucha entre Isaac (quien quiere bendecir a su hijo Esau, en lugar de Jacob) y su esposa Rebeca (quien quiere asegurarse que la bendición sea para Jacob). Ambos esposo y esposa, están dispuestos a engañar (o cuando menos trabajar en contra uno de otro) a su pareja. Cuando Abraham supo que sus días estaban contados, buscó obtener una esposa para su hijo, Isaac. Pero cuando Isaac sintió que la muerte no estaba lejos,78 buscó pronunciar su bendición sobre Esau. Es casi inconcebible pensar que Isaac desconocía las palabras que Dios dio a su esposa “que el mayor serviría al menor” (25:23). Primero, no puedo imaginarme que Rebeca no le dijera a Isaac una y otra vez para reforzar sus esfuerzos de ayudar a Jacob a ganar la dominancia sobre su hermano “mayor,” Esau, que Dios le había dado estas palabras a ella.

Isaac llamó a su hijo Esau para anunciarle su intención de bendecirlo. Le pidió a su hijo salir a cazar algo, y que después le preparara su plato favorito (esto era, después de todo, lo que le gustaba a ambos – ver 25:28; 27:4), después de lo cual lo bendeciría. Todo esto parecía ser con la intención de excluir a ambos (a Rebeca y su “hijo” Jacob.) Pero como Sara (ver 18:10), Rebeca había estado oyendo al otro lado de las paredes de la tienda (27:5). Rápidamente llamó a Jacob, le dijo lo que su padre estaba a punto de hacer, y le propuso un plan para evitarlo. Ni Jacob ni su madre parecían estar preocupados acerca de la moralidad de sus acciones. Su madre le aseguró que era posible engañar a Isaac, y que ella llevaría las consecuencias si fueren descubiertos.

Que escena debió haber sido esa. Jacob estaba todo cubierto con la ropa de su hermano. Y como si fuera poco, traía envuelto en él pieles de cabra alrededor de sus brazos y cuello. Isaac no fue fácilmente convencido. Él sentía que la voz era la de Jacob, y no la de Esau, y sin embargo Jacob le aseguró a su padre que él era Esau. Cuando Isaac se sorprendió que su hijo encontrara algo que cazar tan rápido, Jacob fue pronto para dar la respuesta,  “Porque el Señor tu Dios hizo que la encontrase delante de mí” (27:20). Cuando menos dos veces Jacob le aseguró a su padre que él era Esau, su hijo mayor (27:19, 24). Isaac sospechaba, pero cuando él se acercó, Isaac olió la vestimenta de su hijo Esau, quedó satisfecho y pronunció esta bendición sobre Jacob:

   Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; 28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. 29 Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren (Génesis 27:27-29).

 

Noten especialmente las últimas dos líneas del versículo 29. Se acerca mucho a una repetición de la última parte del pacto que Dios hizo con  Abraham:

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12:1-3)

Parecía que Isaac estaba tratando de hacer a Esau el heredero del Pacto Abrahámico, en lugar de Jacob. También parecería que Isaac estaba buscando revertir las palabras que Dios había hablado a su esposa Rebeca:

Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; 23 y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor. (Génesis 25:22-23).

Solo es hasta después que Isaac se entera que ha sido engañado, y que su bendición había sido pronunciada sobre Jacob, que él da estas dos bendiciones; la primera a Esau, y la segunda a Jacob: 

Entonces Isaac su padre habló y le dijo [Esau]: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba; 40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; Y sucederá cuando te fortalezcas, Que descargarás su yugo de tu cerviz (Génesis 27:39-40).79

Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo. . . . Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; 4 y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham (Génesis 28:1a, 3-4).

Yo creo que son estas dos últimas bendiciones a las cuales el autor de Hebreos se refiere:

Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras (Hebreos 11:20).

No pienso que podamos decir que Isaac dio la primera bendición (a Jacob) en fe. Isaac estaba tratando de socavar la decisión de Dios por Jacob. Y eso no puede de ninguna manera ser un acto de fe. Yo creo que la fe de Isaac es evidente cuando su tortuoso plan es expuesto y providencialmente anulado.  Es entonces que Isaac pronuncia la “bendición” sobre Esau en 27:39-40, la cual somete a Esau a su hermano menor. Solo entonces, es que Isaac bendice a Jacob pronunciando sobre él la bendición del Pacto Abrahámico. Por fe, Isaac finalmente pronuncia bendiciones en acuerdo con la palabra revelada de Dios.

Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. 2 Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. 3 Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. 4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente, 5 por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes. 6 Habitó, pues, Isaac en Gerar (Génesis 26:1-5).

Lo que quiero enfatizar aquí es el propósito por el cual Moisés nos da tan detallado recuento del engaño de Isaac por su hijo Jacob. Quisiera sugerirte que el propósito está dispuesto para el lector, por las palabras que inmediatamente preceden este relato (Génesis 26:34-35) como también las que le siguen (Génesis 27:41—28:10):

Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; 35 y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca (Génesis 26:34-35).

Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob. 42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte. 43 Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Harán, 44 y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue; 45 hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día? 46 Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida? Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. 2 Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. 3 Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; 4 y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham. 5 Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labán hijo de Betuel arameo, hermano de Rebeca madre de Jacob y de Esaú 6 Y vio Esaú cómo Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le bendijo, le había mandado diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán; 7 y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram. 8 Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre; 9 y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalat, hija de Ismael hijo de Abraham, hermana de Nebaiot, además de sus otras mujeres (Génesis 27:41-46; 28:1-10).

Yo encuentro que la historia del engaño de Jacob sobre Isaac su padre es puesto dentro del amplio contexto del matrimonio. Los últimos dos versículos del capítulo 26 nos informan que Esau tenía 40 años cuando se casó con dos mujeres Hititas, y que esto causó gran pena a Isaac y Rebeca (25:20.) Si Esau tenía 40 años, entonces Jacob también tenía 40, mas sin embargo él no tenía esposa. Es a través de él {Jacob} que pasarían las bendiciones del pacto de Abraham y sus descendientes. ¿Dónde, entonces, obtendría Jacob una esposa? Génesis 24 es una descripción algo detallada de cómo obtuvo Abraham una esposa para Isaac de entre sus propios parientes, en lugar de entre los Cananitas. Abraham también enfatizó fuertemente que bajo ninguna circunstancia debería Isaac regresar a Padan-Aram.

Después que Jacob había engañado a su padre y robado la bendición de su hermano, Esau se enoja tanto que su intención es matar a Jacob. Solo está esperando la muerte de su padre (un evento de alguna manera mas distante que lo que ambos Esau e Isaac supusieron.) Rebeca escucha las intenciones de Esau y se propone salvar la vida de su hijo. Cuando le habla a Jacob en  27:42-45, no le comenta nada acerca del matrimonio. Ella solo le advierte a Jacob acerca del plan de Esau de matarlo. Exhorta a su hijo Jacob que se valla con su hermano Laban a Paddan-Aram, donde debe quedarse “cierto tiempo” hasta que el enojo de Esau se apacigüe.

El matrimonio de Jacob es el pretexto para mandarlo lejos de su hermano Esau, con el fin de salvar su vida. Cuando Rebeca habla a su esposo Isaac, no le dice nada acerca del plan de Esau de matar a Jacob. Ella le hace ver que Esau se había casado con las hijas de Het, y que no podría seguir viviendo si lo mismo le sucedía a su hijo Jacob. En respuesta, Isaac llama a Jacob y lo manda a Paddan-Aram para que adquiera una esposa de las hijas de su tío Laban. Isaac no buscó detener a Jacob de ir a Paddan-Aram como Abraham le había impedido a él ir a ese lugar. No le advierte que no se quede en ese lugar. Simplemente lo manda tomar su camino.

El punto de todo esto es que ni Isaac ni Rebeca tomaron seriamente este asunto del matrimonio como deberían haberlo hecho. Era más un pretexto que un asunto de primera importancia. Isaac y Rebeca renegaron cuando Esau se casó con dos mujeres Hititas, pero parece que no le dieron ninguna instrucción en el asunto. Dejaron que se diera cuenta por si mismo (28:6-9). Ahora, Esau está casado, pero Jacob no. Aún así, sus padres no hacen nada para asegurarle una esposa. Es solo hasta después que Rebeca se da cuenta que Esau planea matar a Jacob que ella e Isaac envían a Jacob a otro lugar. El engaño a Isaac y el robo de la bendición de Isaac, es la razón por la cual Jacob se fue a Paddan-Aram. Jacob no buscó una esposa en una forma aprobada por Dios. Sus circunstancias lo forzaron a una situación en la cual providencialmente obtuvo sus esposas de la familia de su madre. Que contraste es este comparado con el capítulo 24, donde Abraham con toda intención buscó obtener una esposa para su hijo. Fueron las circunstancias, y no la fe ni la obediencia, las que causaron que Jacob obtuviera su esposa en  Paddan-Aram. Es mi sentir que si Dios no hubiera obligado a Jacob regresar a Canaán, se hubiera quedado indefinidamente en Paddan-Aram, alejado de la tierra de bendición.

Ida y Vuelta a Paddan-Aram

Génesis 28:10—35:29

Jacob, apresuradamente deja Canaán hacia Paddan-Aram, ansioso de poder alejarse de la ira de su hermano. En el camino, llegó a Bet-el,80 donde pasó la noche. Durante esa noche Jacob recibió una visión muy importante:

Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. 12 Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. 13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. 16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. 17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.18 Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella. 19 Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero. 20 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, 21 y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. 22 Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti (Génesis 28:11-22).81

La visión de Jacob sirvió varios propósitos importantes. Por un lado, fue un anuncio divino directo a Jacob de que él era el heredero del Pacto Abrahámico (28:13-15). Y por otro lado, contenía una promesa de parte de Dios que aunque él estaba dejando Canaán, Dios lo protegería fuera de esa tierra y lo traería salvo de regreso a esa misma tierra. También era una declaración no solo de la decisión de Dios de haber escogido a Abraham, Isaac y ahora a Jacob, sino también la de haber escogido esta tierra como el lugar donde Dios se encontraría con el hombre. Dios estaba en ese lugar en una forma especial, y Jacob no se había dado cuenta de eso hasta ahora. Esta era la “puerta del cielo” (28:17).

La inferencia debe ser clara. No había otro lugar sobre la tierra como este lugar, la tierra de Canaán. Dios estaba ahí en una forma especial. Esta era la tierra que Dios ahora prometió dar a Jacob y sus descendientes. Esta también era la tierra que Jacob estaba pronto a dejar. Había solo una conclusión lógica a llegar como resultado de este sueño: Si Dios de alguna manera, sin igual, estaba presente en este lugar, entonces Jacob necesitaba ciertamente regresar aquí. Él pudo haber necesitado dejar este lugar por un tiempo, pero Dios lo protegería y lo traería de regreso a salvo. Ningún otro lugar debía convertirse casa permanente para Jacob.

La respuesta de Jacob a este sueño fue de alguna manera menos que satisfactoria. Él no alabó a Dios por la bendición que acababa de pronunciar sobre él. No hizo votos para regresar a este lugar sin importar lo que sucediera. Lo mejor que pudo hacer fue una promesa basada en ciertas condiciones, en ciertos “si’s:”

Si Dios fuera con él,

Si Dios lo protegía en su viaje,

Si Dios proveía sus necesidades, y

Si Dios lo traía a salvo de regreso a Canaán,

Entonces Jacob haría al Señor su Dios (vers. 20-21).

Entonces Jacob daría su diezmo a Él (vers. 22).

Habiendo dicho esto, Jacob puso una piedra por señal y siguió su camino a Paddan Aram.

Al igual que el criado de Abraham, Jacob encuentra su esposa en un abrevadero cerca de la casa de Laban. Moisés nos relata un incidente que sucedió en este abrevadero, el cual nos da una muy buena idea acerca del carácter de Jacob. Jacob llega a un abrevadero en el campo. Pudo haber sido el mismo pozo de agua al cual el criado de Abraham llegó años atrás. Tres rebaños de ovejas descansaban al lado del abrevadero. El pozo estaba cubierto por una gran piedra, y nadie parecía estar haciendo nada por removerla para que el ganado pudiera saciarse. Jacob observó por un tiempo, y después no pudo hacer otra cosa mas que preguntar porqué no habían destapado el pozo para darle agua a los animales, y poderlos así devolver al campo. Parecía como si estuvieran perdiendo tiempo.

Los pastores tenían una respuesta muy razonable. Estaban esperando a otros que venían a remover la piedra; y después podrían dar agua a los animales. Después de esto, aquellos que destapaban el pozo lo tapaban de nuevo. Yo entiendo esta explicación de la siguiente manera:

“Este no es nuestro abrevadero. Le pertenece a otro. Tenemos que comprar agua de él. Todos los días nos alineamos frente al pozo con nuestro rebaño, y el dueño manda sus sirvientes a destapar el pozo. Cuando remueven la piedra, entonces damos de beber a nuestro ganado. Cuando terminamos, vuelven a tapar el pozo y se van. Esto hacemos día a día.” 

Este no era un abrevadero libre. Tenías que comprar su agua. Los pastores no tenían derecho a quitar la piedra y tomar agua sin permiso. Tenían que esperar al dueño o sus sirvientes para darles acceso al agua. Tenían que pagar por consumir de él. Era perfectamente lógico, pero no tenía sentido para Jacob. Cuando Raquel arribó con el rebaño de su padre, Jacob decidió no esperar más. Él removió la piedra y dio de beber al rebaño de ella. (Que interesante contraste con la visita previa del criado de Abraham. En esa ocasión, la madre de Jacob dio de beber al siervo, y después dio agua a sus camellos.)

Esta historia nos muestra mucho acerca de Jacob. A este individuo no le importaban mucho los ‘reglamentos’. No le importaba la forma en que las cosas se hacían. Si algo parecía no tener sentido común – o si era de alguna forma inconveniente – entonces Jacob intencionalmente desobedecía los reglamentos. Jacob muy bien pudo haber escrito la letra de una canción contemporánea, “A mi manera.” Así lo hacía, y usualmente pagaba un alto precio por hacerlo.

Yo creo que la intención de Moisés es que hagamos una comparación y contraste en este abrevadero, entre la conducta de Jacob y la conducta del siervo de Abraham en el capítulo 24. En el capítulo 24, no era Isaac el que estaba junto al pozo, sino el siervo de Abraham. El siervo oró para que Dios lo guiara a conseguir la esposa correcta para Isaac, y luego alabó a Dios por hacerlo así. El siervo de Abraham buscó una mujer que fuera pariente de Abraham, pero también una mujer con carácter. Jacob, por otra parte, inmediatamente se enamora de Raquel, basado en su apariencia y personalidad, y no en su carácter. Él no oró antes de encontrar a Raquel, del mismo modo que no alabó a Dios después de encontrarla. Al contrario de esto, Isaac llora y besa a Raquel.

Jacob obtuvo más de lo que quería cuando negoció con Laban por una esposa. Su intención es casarse con Raquel, y cuando negocia con Laban, eso es lo que piensa que obtendrá. Cuando Jacob pide la mano de Raquel en matrimonio, Laban escoge cuidadosamente sus palabras: “Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; quédate conmigo.” (29:19b). Me río cada vez que leo el resto de la historia de la boda de Jacob. Jacob toma su nueva esposa a la tienda, donde su matrimonio es consumado. Por la mañana, Jacob se despierta y ve su nueva esposa a la luz del día, solo para encontrar que se había casado con Lea. Él se enciende; se llena de justa indignación, y le expresa esto a Laban:

Venida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? 26 Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. 27 Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas conmigo otros siete años (Génesis 29:25-27).

Laban era un individuo astuto. Probablemente sabía que Jacob amaba a Raquel tanto, que trabajaría por ella aún siete años más. No ofrece disculpas por sus acciones, haciéndole saber lo que yo creo Jacob ya sabía era la costumbre: la hija mayor tenía que casarse primero, y después la hija(s) menor. Una vez más, Jacob no estaba interesado en seguir las reglas, sino en solo obtener lo que deseaba. Probablemente, también, Jacob no pudo evadir ver la justicia poética en lo que había sucedido.82 Había engañado a su padre con el propósito de obtener su bendición, y al hacer esto, se sustituyó (el menor) por Esau (el mayor). Ahora, Dios permitió a Laban sustituir a la mayor (Leah) por la menor (Raquel). Jacob estaba tomando una dosis de su propia medicina.

Es importante ver que la decisión de Jacob de escoger a Raquel en lugar de Leah, es muy parecida a la decisión de Isaac de escoger a Esau sobre Jacob. Las bendiciones de Dios no estaban en acuerdo con las preferencias de Isaac ni con las de Jacob. Dios bendijo a Jacob sobre Esau, aún como bendijo a Leah sobre Raquel. Leah engendró seis hijos y una hija, y su sierva engendró a Jacob dos hijos más, mientras que Raquel engendró solo dos hijos, y su sierva otros dos (Génesis 35:22-27). Comparadas individualmente, Leah tuvo tres veces la cantidad de hijos que Raquel tuvo (seis contra dos). Colectivamente, Leah y su sierva produjeron el doble de hijos para Jacob que los que Raquel y su sierva produjeron (8 contra 4).

Sin embargo, aún hay más en esta historia. Raquel murió antes que Leah y fue enterrada en el camino de Efrata (Génesis 35:19), mientras que Leah vivió más tiempo y fue sepultada en el lugar de sepultura familiar (49:29-32). Para mí, Leah tenía más percepción espiritual que Raquel (comparen 29:32, 33, 35; 30:8). Por ejemplo, fue Raquel quien robó los ídolos de su padre (31:19). Ella también parecía ser en su manera de comportarse, muy similar a su esposo (ver 30:8). Notarán que los dos hijos de Raquel, José y Benjamín, no juegan un papel muy importante en el liderazgo espiritual de la nación de Israel, mientras que Leví y Judá (ambos hijos de Leah) sí lo hacen.

A través de un proceso muy complicado y competitivo, Jacob adquirió dos esposas y dos concubinas mientras estuvo en Paddan Aram. Estas cuatro mujeres engendraron a Jacob los doce hijos que se convertirían en los patriarcas de la nación de Israel.83 Durante su estadía temporal de 20 años en  Paddan Aram, Jacob se convirtió en un hombre rico, en gran parte a expensas de Laban y sus hijos. Su prosperidad llegó en una forma muy diferente a la que él pensó originalmente. En los primeros 14 años de su estadía con Laban, Jacob trabajó para Laban como pago por sus dos esposas. Pero cuando Jacob estaba listo para irse con sus dos esposas, Laban le insistió quedarse y nombrar un salario, pues Jacob lo había hecho un hombre rico (30:26-30). Jacob le ofreció a Laban un trato que no pudo rechazar. Laban no debía pagarle nada, sino solo darle las ovejas y cabras salpicadas y manchadas de color, y las ovejas negras. Como esto era la excepción a la regla, Laban pensó que no tenía por donde perder, de modo que accedió.84

Jacob no se contentó a dejar que Dios le diera la prosperidad, de manera que ideó un esquema ingenioso por el cual pensó prosperaría a expensas de Laban. Asumió que podía influenciar sobre las crías del Ganado de Laban, manipulando su medio ambiente. Tomó entonces varas verdes de árboles y las descortezó, de manera que las crías fueran listadas, y después puso las varas en proximidad a los rebaños más fuertes de Laban (30:37-43). De todo ángulo que se viera, su esquema parecía estar dando resultado:

Tomó luego Jacob varas verdes de álamo, de avellano y de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo así lo blanco de las varas. 38 Y puso las varas que había mondado delante del ganado, en los canales de los abrevaderos del agua donde venían a beber las ovejas, las cuales procreaban cuando venían a beber. 39 Así concebían las ovejas delante de las varas; y parían borregos listados, pintados y salpicados de diversos colores. 40 Y apartaba Jacob los corderos, y ponía con su propio rebaño los listados y todo lo que era oscuro del hato de Labán. Y ponía su hato aparte, y no lo ponía con las ovejas de Labán. 41 Y sucedía que cuantas veces se hallaban en celo las ovejas más fuertes, Jacob ponía las varas delante de las ovejas en los abrevaderos, para que concibiesen a la vista de las varas. 42 Pero cuando venían las ovejas más débiles, no las ponía; así eran las más débiles para Labán, y las más fuertes para Jacob. 43 Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos (Génesis 30:37-43).

Desde mi punto de vista, puedo ver a Jacob descortezando vara tras vara, riéndose en sí mismo mientras pensaba lo astuto que era. Finalmente se estaba desquitando de Laban; de hecho, llevaba la de ganar. Día y noche debió Jacob haber trabajado en este esquema, dispuesto a hacer un esfuerzo extra puesto que se estaba haciendo próspero por sus propios méritos. Pero un día, Dios le hizo saber la verdadera causa de su prosperidad: 

Y sucedió que al tiempo que las ovejas estaban en celo, alcé yo mis ojos y vi en sueños, y he aquí los machos que cubrían a las hembras eran listados, pintados y abigarrados. 11 Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí. 12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. 13 Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento (Génesis 31:10-13).

!Qué revelación tan impresionante fue esta! Su prosperidad no tuvo absolutamente nada que ver con todas esas varas que había descortezado y estratégicamente colocado entre los rebaños. En su sueño, Dios le hizo ver que solo los machos “listados, pintados, y abigarrados” estaban cubriendo las hembras. Las crías eran listadas, pintadas y abigarradas porque solo los machos listados, pintados y abigarrados estaban montando las hembras. No tenía absolutamente nada que ver que los rebaños estuvieran cerca de esas varas descortezadas. Dios causó que esto sucediera debido a Su promesa de pacto a Jacob, y porque Laban había tratado en una manera injusta a Jacob.  Todos los esfuerzos de Jacob habían sido en vano. No le habían servido en nada. Sus “obras”,  respecto a lo concerniente a sus bendiciones, no le contaron para nada, del mismo modo que nuestras obras no cuentan para nada en lo que concierne a nuestra salvación (ver Tito 3:3-7).

Una vez mas en Génesis, la prosperidad trae consigo una separación (ver Génesis 13:6-13; 26:12-17; ver también 36:6-8). La riqueza de Laban, adquirida en gran manera por la presencia de Jacob en los primeros 14 años, ahora se había grandemente transferido de Laban y sus hijos a Jacob. Los hijos de Laban se habían dado cuenta de esto y estaban muy resentidos contra Jacob (31:1-2). Fue en este tiempo que Dios habló a Jacob, instruyéndolo para que regresara a la tierra de Canáan (31:3). Creo que Jacob no hubiera estado dispuesto dejar Paddan Aram si su relación con Laban y sus hijos no se hubiera deteriorado tanto. Pero ahora estaba más que dispuesto. Juntó sus esposas, hijos, y ganado y se fue sin avisarle a Laban.

Cuando Laban se enteró que Jacob, su familia y rebaños se habían ido, se enfureció que Jacob lo hubiera engañado en esta forma. Se enojó aún más cuando descubrió que la ausencia de Jacob correspondía con la ausencia de sus ídolos familiares (31:19, 30). Creo que Laban consideró muy seriamente matar a Jacob, recuperar a sus hijas, nietos y ganado. Dios puso un fin rápido a tal tipo de pensamientos, advirtiéndole en sueños a Laban que no se le ocurriera si quiera hablarle bruscamente a Jacob (31:24, 29). Debido a esta advertencia, Laban reprendió suavemente a Jacob, y luego trató de recuperar los ídolos perdidos. Debido a la astucia de Raquel, Laban no los encontró. Después de oír la suficiente “indignación justa,” de Jacob, Laban presionó a  Jacob a hacer un pacto – un trato de no-agresión – con él, y después, cada uno siguió caminos separados. 

El regreso de Jacob a Canáan no es lo que el lector hubiera deseado que fuera. Dios había instruido a Jacob regresar a su tierra y a su parentela:  

También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo.” (Génesis 31:3).

Esperaríamos que Jacob regresara a Bet-el, el lugar donde tuvo su sueño (28:10-22), pero Jacob parece no estar deprisa en llegar. Durante el camino, los “ángeles de Dios” salieron al encuentro de Jacob y su familia (32:1-2). La principal preocupación de Jacob es su hermano Esau, quien había determinado matarlo antes de irse a Paddan-Aram. Jacob manda mensajeros por delante para notificarle a Esau que estaba pronto en arribar. Sus mensajeros regresaron para informarle a Jacob que Esau venía en camino a recibirlo con 400 hombres armados. Seguramente Jacob asumió que su hermano estaba pronto a atacar.

Jacob tuvo miedo, y dividió su séquito en dos grupos, pensando que si un grupo fuese atacado, el otro podría escapar y sobrevivir. Él oró entonces pidiendo la protección de Dios: 

Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; 10 menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos. 11 Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. 12 Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud (Génesis 32:9-12).

Habiendo orado, Jacob preparó un regalo para su hermano, compuesto de vario grupos de ganado. Todo esto esperaba Jacob apaciguara la ira de su hermano y resultara aceptable para él.

Esa noche Jacob tuvo una muy inusual lucha con Dios (Génesis 32:22-32). Debo confesar que es un incidente difícil de entender. No es difícil pensar que Jacob pudiera luchar. Él hizo esto en el vientre de su madre (25:22-23), y en la mayor parte de su vida forcejeó para tomar ventaja sobre cualquiera. Su esposa, Raquel, era de la misma forma (ver 29:8). Dos cosas me han desconcertado acerca de esta lucha. Lo primero, es que Jacob no era competencia. ¿Acaso no podía Dios superar a Jacob en una lucha? Claro que podía, y lo hizo. Con solo tocarlo le dislocó la cadera a Jacob. Creo que Dios quería darle a Jacob la impresión de que él había prevalecido, y que llevaba la delantera, solo para ver lo que le pediría cuando pareciera que llevaba la delantera. Jacob no está dispuesto a soltar hasta que Dios lo bendijera. Esto ciertamente es progreso, del Jacob que vimos antes, cubierto con la vestidura de su hermano, cuello y brazos cubiertos con pieles de animal. Estaba en lo cierto al entender que las bendiciones vienen solo de Dios.

El otro asunto que siempre me ha molestado acerca de este relato es que Dios dijo, “¿Cuál es tu nombre?” É1 contestó, “Jacob.” “No se dirá más tu nombre Jacob,” le dijo el varón, “sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Génesis 32:27b-28). ¿Cómo puede alguien pelear con Dios y vencerlo? Una posibilidad es que Dios no esté hablando con referencia al pasado, sino con referencia al futuro. Esta “bendición” que Dios pronuncia sobre Jacob es que él, aquel que había luchado característicamente con ambos Dios y el hombre, ahora prevalecería con Dios y el hombre. No fue su forcejeo lo que le mereció la bendición de Dios, sino la gracia de Dios. Jacob debía ver ahora que su lucha no era con otros, sino con Dios. No debemos marcar este incidente como una victoria de Jacob sobre Dios, en el sentido que este hombre se opuso satisfactoriamente a Dios, y ganó. Jacob correctamente entendió la significación de ese momento: él había visto a Dios y había vivido para contarlo.

Lo más triste de esta lucha que tuvo con Dios es que parece no haber tenido un impacto permanente en Jacob. El Jacob que vemos después de este increíble incidente es en gran parte el mismo Jacob que vemos a lo largo de toda la historia. Después que esta lucha terminó, Jacob sí pareció cambiar su curso en una forma positiva cuando menos en algo: cuando su familia salió al encuentro de Esau, Jacob se colocó enfrente de ellos, en lugar de esconderse tras de ellos (ver 23:3).

El encuentro con Esau resultó increíblemente bien. Jacob encontró un hermano quien lo saludó con los brazos abiertos, aún cuando Jacob lo había engañado y robado su bendición. Los hombres armados que acompañaban a Esau, parecían ser los que había traído con él para proteger a Jacob, y no para matarlo. Jacob resistió fuertemente la oferta noble de Esau en acompañarlo, insistiéndole a su hermano que se adelantara, y asegurándole que lo alcanzaría mas tarde. Es mi opinión personal, que Jacob aún temía a su hermano y no deseaba estar cerca de él por ningún período de tiempo.  Jacob argumentó que su paso solo detendría a su hermano y que también prefería arrear su ganado a un paso más lento, para su beneficio. Con esto,  Esau monta y se devuelve a su casa en Seir. 

Lo que sigue no es muy alentador. Parece ser como que Jacob le miente a Esau cuando le prometió ir a verlo pronto (33:14):

Así volvió Esaú aquel día por su camino a Seir. 17 Y Jacob fue a Sucot, y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado; por tanto, llamó el nombre de aquel lugar Sucot. 18 Después Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y acampó delante de la ciudad. 19 Y compró una parte del campo, donde plantó su tienda, de mano de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien monedas. 20 Y erigió allí un altar, y lo llamó El-Elohe-Israel (Génesis 33:16-20).

¿Para qué edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado Jacob en Sucot (33:17), si había planeado ir directamente a Seir donde vivía Esau? Se nos dice entonces, que Jacob arribó a la ciudad de Siquem, y por lo que leemos en el capítulo 34, parecería como que la intención de Jacob era quedarse allí indefinidamente. Creo es razonable concluir que Jacob no pretendía acercarse en lo más mínimo a la ciudad donde vivía Esau porque tenía temor de él. Si no hubiera sido por un incidente muy desagradable en Siquem, dudo que José hubiera jamás regresado con su padre.

La hija de Lea, Dina, fue a la ciudad de Siquem a visitar algunas de las mujeres jóvenes en ese lugar (34:1). Mientras estaba en la ciudad, Siquem, hijo del alcalde, vio a Dina, la tomó, y la deshonró acostándose con ella (34:2). Jacob oyó acerca de este incidente mientras sus hijos estaban en el campo, mas no hizo nada al respecto. Siquem se sintió muy atraído por Dina y quería casarse con ella. Hizo que su padre hablara con Jacob para ver la posibilidad de arreglar un casamiento. Jacob estaba dispuesto a hacerlo, pero esto hubiera significado el fin de la nación de Israel antes que pudiera haber iniciado. Si hubieran permanecido en Siquem, y se hubieran mezclado en casamiento con los Cananitas, la nación de Israel habría sido absorbida por los Cananitas, y era exactamente lo que Haman, padre de Siquem, prometió a sus conciudadanos (34:20-24).

Los hermanos de Lea se enfurecieron grandemente por el crimen que Siquem había cometido contra su hermana, y no estaban dispuestos a dejarlo salirse con la suya. Engañosamente, Simeon y Leví insistieron en no poder permitirle a su hermana casarse con alguien incircunciso. Lo mismo era cierto para el resto de las mujeres Israelitas. De manera que los hombres de Siquem consintieron en ser circuncidados. Al tercer día después de la circuncisión de los varones de Siquem, estos estaban en agonía, y definitivamente fuera de condición para pelear. Simeon y Leví entraron a la ciudad de Siquem y mataron a filo de espada a todos los hombres, tomando sus esposas, hijos y posesiones como botín. Comenzaron matando a Haman y su hijo Siquem, recuperando a Dina su hermana (34:16).

Jacob se turbó grandemente por las acciones tomadas por sus hijos. Temía una represalia de “amigos y familiares” de aquellos a quienes sus hijos habían matado. Jacob estaba preocupado primeramente con las repercusiones de esta matanza, y no con el tema moral involucrado. Sus hijos lo interpretaron muy bien, “¿Había él de tratar a nuestra hermana como una prostituta?” (34:31b).

Si Jacob pretendía vivir cerca de Siquem, ya no sería esto posible. Debían salir de ese lugar antes que cualquiera de los parientes intentara buscar venganza por la matanza. Dios una vez más habló a Jacob, diciéndole que se fuera:

Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú (35:1).

De manera que Jacob y su familia rápidamente partieron hacia Bet-el. Una vez más, Jacob es echado fuera por una crisis en lugar de por un principio.

Más de veinte años después de su partida de Canáan y de su hermano Esau,  Jacob finalmente regresa a Bet-el, el lugar donde Dios primeramente le había aparecido. Aquí Jacob edificó un altar. Fue también aquí que Debora, la nodriza de Rebeca, murió y fue sepultada debajo de un encina (35:8). Dios nuevamente apareció a Jacob, refirmando Su pacto:

Apareció otra vez Dios a Jacob, cuando había vuelto de Padan-aram, y le bendijo. 10 Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. 11 También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos. 12 La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti daré la tierra. 13 Y se fue de él Dios, del lugar en donde había hablado con él. 14 Y Jacob erigió una señal en el lugar donde había hablado con él, una señal de piedra, y derramó sobre ella libación, y echó sobre ella aceite. 15 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Bet-el (Génesis 35:9-15).

Después que Jacob partió de Bet-el, Raquel dio a luz y tuvo su segundo hijo, a quien llamó “Ben-oni” (hijo de mi tristeza), pero Jacob cambió su nombre a Benjamín (hijo de mi mano derecha). Raquel murió y fue sepultada en el camino a Efrata (35:19-20). Sabemos que Lea murió tiempo después y fue sepultada en el sepulcro familiar (49:29-32). No se nos dice cómo le fue en la reunión con Isaac, sino solo que Jacob y Esau juntamente lo sepultaron en buena edad (180 años) (35:28-29).

Conclusión

La historia de Jacob está lejos de acabar. Moisés continuará describiendo el trabajo de Dios en su vida hasta el último capítulo de Génesis. Hay algunas lecciones que debemos aprender de Jacob, las cuales pueden ser vistas en nuestro texto. Permítanme cerrar este mensaje señalándoles algunas de estas lecciones.

Existe una relación entre la estadía temporal de Jacob en Paddan Aram y su postrera estadía temporal en Egipto, junto con su familia. Varios detalles me llaman la atención con respecto a la partida y postrer regreso a Bet-el de Jacob. Primero, Jacob fue a Paddan Aram como un individuo sin un centavo; regresó con gran riqueza, esposas, e hijos. Similarmente, Jacob y su familia fueron a Egipto durante una hambruna, con poca riqueza, pero cuando la nación de Israel salió de Egipto, salieron con una riqueza considerable. Segundo, Jacob regresó a Canáan con gran parte de la riqueza de Laban, porque Laban buscó hacerle mal (31:1, 11-12). Mucha de la riqueza que los Israelitas trajeron de Egipto les fue dada por los Egipcios, quienes estaban ansiosos de verlos partir. La riqueza que les fue dada era realmente “pago atrasado” por todas sus labores. Tercero, ángeles de Dios salieron al encuentro de Jacob (32:1-2). Del mismo modo los Israelitas fueron atendidos por ángeles (Exodo 14:19; 23:20, 23; 32:34; 33:2; Números 20:16; Salmo 78:25, 49). Cuarto, Jacob dejó Canáan debido a la ira y hostilidad de su hermano (capítulos 27-28; 35:1). José fue vendido a esclavitud en Egipto por causa del odio de sus hermanos (Génesis 37). Cuando regresó, su hermano y él se reconciliaron (capítulo 33). José y sus hermanos del mismo modo se reconciliaron (Génesis 45). Quinto, Jacob y su familia se deshicieron de todos los dioses ajenos (35:2-4). Los Israelitas fueron instruidos del mismo modo a deshacerse de todos los ídolos que sus padres habían adorado en Egipto (Josué 24:14; ver también Amos 5:25-26). Sexto, Dios trajo terror sobre todos aquellos que se habían opuesto al regreso de Jacob (35:5). Del mismo modo, las naciones oyeron del triunfo de Dios sobre Egipto en el Éxodo y estaban aterrorizados (Exodo 15:14-16; Numeros 22:3-4; Josué 2:10-11).

La estadía temporal de Jacob en Paddam-Aram fue un preludio á, y un prototipo dé, esta estadía temporal de Israel en Egipto. Fue destinado para demostrar cómo Dios guardó Sus promesas del pacto, protegiendo y proveyendo para Su pueblo. Del modo que Dios proveyó para Jacob (Israel), también proveería para la nación de Israel.

En los días de nuestro Señor, los Judíos se jactaban grandemente en su identificación con Abraham. Hacían alarde del hecho que eran descendientes de Abraham (ver Mateo 3:9; Juan 8:33, 39). No puedo pensar en ningún lugar en la Escritura donde alguien se jacte en el hecho de ser descendientes de Jacob. Dios escogió nombrar a Jacob “Israel” porque los Israelitas serían como su antepasado (Jacob). En muchas formas, la historia de Israel es una repetición de la vida de Jacob. Cuantas veces los propósitos y promesas de Dios para Israel son cumplidos providencialmente, y no en la obediencia de la fe. La vida de Jacob no es una vida de fe, sino una vida de lucha y forcejeo, con Dios y el hombre. Jacob no nos provee con ejemplo de un hombre de fe, pero su vida ciertamente ilustra la fidelidad de Dios, a pesar de la infidelidad del hombre:

Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo (2 Timoteo 2:13).

Jacob nos enseña mucho acerca de “adelantarnos en la vida.” Jacob era un hombre que conocía muy bien el hacer valer sus derechos por sí mismo, por “buscar ser el número uno.” Estaba más que dispuesto a adelantarse a expensas de otros. Hasta este punto en su vida, no veo humildad alguna, ni actitud de servidumbre. Tomaba todas las oportunidades para mejorar sus propios intereses, a expensa de otros. Su vida es un contraste vívido de lo que se nos enseña en el Libro de Filipenses:

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Filipenses 2:3-11).

Qué contraste es el de Jacob con nuestro Señor (arriba), y con hombres como Timoteo y Epafrodito:85

Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; 20pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. 21Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. 22Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. 23Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos; 24y confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros (Filipenses 2:19-24).

Jacob aún no a aprendido la paradoja Cristiana que uno salva su vida perdiéndola, y que gana más cuando da. Desafortunadamente, Jacob es típico de muchas personas exitosas de hoy en día – él buscó el éxito burlando a otros. Y la ironía de todo esto es que el engaño y trama de Jacob no contribuyó en nada a su éxito, el cual fue todo de Dios, y todo por gracia. Lo único que su trama le consiguió, fue adversidad y relaciones rotas.

Seguramente hay una lección en nuestro texto concerniente al matrimonio y a la familia. De Esau es que aprendemos los peligros de mezclarse con incrédulos (otros pueblos) en matrimonio. Esta fue una amenaza significativa para la nación de Israel, porque era a través de los Judíos que vendría el Mesías prometido. También era peligroso porque las esposas extranjeras cambiarían los corazones de los Israelitas para adorar a sus dioses. A quién escojamos por compañero de nuestra vida es muy importante hoy en día. El casarse fuera de la fe no solo está equivocado (ver 1 Corintios 7:39; ver también 2 Corintios 6:14-18), sino también tiene consecuencias muy dolorosas. Aprendamos de Jacob que no debemos escoger una esposa basados en la apariencia, sino basados en un carácter divino.

Creo que también podemos ver que la poligamia crea todo tipo de problemas. Leemos de cómo Jacob amaba a Raquel, pero no a Lea, y nuestros corazones van hacia Lea, la esposa no amada. Por otra parte, debemos preguntarnos, “¿Qué es lo que esperamos?” El matrimonio nunca fue diseñado para ser algo diferente a una relación de “un hombre, una mujer”. Yo debo amar a mi esposa, lo que significa que debo apreciarla y atesorarla sobre todas las cosas. ¿Cómo puede un hombre tener dos esposas y amarlas equitativamente? La decisión de casarse con una mujer incluye una determinación de valorarla por encima de cualquier otra persona. Esto solo puede suceder con una sola mujer. La poligamia siempre tiene sus problemas.

Ciertamente podemos aprender algo acerca de ser padres, del mal ejemplo de Isaac y Rebeca. El primer error es que ambos Isaac y Rebeca favorecían a uno de sus hijos, tanto, que uno debe preguntarse si el hijo era más amado que la pareja. Rebeca ciertamente no se sometía a su esposo, pero Isaac está siendo solapado en los tratos con su esposa. Ni Isaac ni Rebeca parecían enseñarle a sus hijos acerca de caminar con Dios, ni tampoco cómo escoger una esposa de acuerdo a Dios. Agonizaban sobre las consecuencias de ser malos padres, pero no hicieron nada para corregirlo. Mucha de su tristeza fue causada por sus propias acciones, porque sus pecados fueron amplificados en las vidas de sus hijos.

Jacob parecía vivir lo que yo llamaría  “Cristiandad en crisis.” En su vivir diario, vivía muy parecido a los paganos, dando muy poca atención a las cosas de Dios. Empleaba métodos carnales para sobresalir, en lugar de fe, ejercitada a través de la humildad y servidumbre. Es solo cuando su espalda está contra la pared y no tiene otra salida, que parece clamar a Dios para que lo rescate. No hay ninguna insinuación de un caminar diario en compañerismo con Dios. Hay varios puntos espirituales altos muy significantes en su vida (tales como su sueño en Bet-el), pero estos no producen ningún cambio permanente.

¿Cuántos de nosotros vivimos el mismo tipo de vida? Caminamos por nuestro propio camino, empleando nuestros métodos, buscando solo nuestros intereses. Solo cuando nuestros planes colapsan, o cuando un verdadero peligro se asoma en el horizonte, es que volteamos a Dios. Solo entonces oramos y leemos Su Palabra. De cuando en cuando podemos tener experiencias espirituales altas, o encontrarnos con Dios, pero no dan como resultado ningún fruto permanente. No seamos como Jacob, buscando a Dios solo en tiempo de crisis. Permanezcamos en Él, caminando por fe, y no por vista, poniendo los intereses de otros por encima de los nuestros.


77 Este es el manuscrito editado de un mensaje dado por Robert L. Deffinbaugh, maestro y anciano en la Community Bible Chapel, en Diciembre 10, 2000.

78 Una exposición más detallada de Génesis por este autor está disponible en el sitio “the Biblical Studies Foundation Website,” encontrado en http://www.bible.org/.

79 Isaac seriamente calculó erróneamente el tiempo de su muerte. Él tenía exactamente 100 años cuando pensó que estaba muriendo y bendijo a Jacob (Él tenía 60 cuando Rebeca tuvo los cuates, 25:26; y los muchachos tenían cerca de 40 cuando Jacob huyó, 26:34). Isaac tenía 180 años cuando murió (35:29).

80 Mientras que mucha de la “bendición” pronunciada sobre Esau fue mas una maldición, existe la promesa del versículo 40 que Esau algún día “quitaría el yugo” que estaba alrededor de su cuello. Esto es consistente con el Pacto Abrahámico, el cual prometió bendición a través de la descendencia de Abraham a todas las naciones. También parece consistente con las palabras de Amós 9:11-12; ver también Hechos 15:16-18.

81 Aquí es donde Abraham adoró al Señor, ver 12:8; 13:3.

82 El lector debe reconocer que Jesús se refirió a este sueño como una profecía concerniente a Él mismo (Juan 1:50-51). Ahí, el Señor habla de sí mismo como la escalera, el Mediador entre el cielo y la tierra, entre el hombre y Dios. Si  Jacob fue grandemente impresionado con el lugar donde estaba puesta la escalera, él verdaderamente debió haberse impresionado con lo que la escalera simbolizaba.

83 Los hermanos de José se dieron cuenta que sus circunstancias eran el resultado de su pecado previo (ver Génesis 42:18-22).

84 Los dos hijos de José, Efraín y Manasés, le dan una doble porción, como si él fuera el primogénito.

85 Jacob acusó después a Laban de cambiar su salario 10 veces (Génesis 31:41).

86 Ver Filipenses 2:25-30.

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