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Lección 6 — La Mejor Hora de Abraham 64

Génesis 18:1—26:35

Introducción

La semana pasada, recibí carta de mi amigo Frank, la cual había escrito mientras él y su esposa Donna, esperaban el avión en el aeropuerto. Ella empleaba su tiempo de espera trabajando en un crucigrama Bíblico. Cuando Donna se levantó para comprar algo de comer, Frank decidió jugarle una broma. Tomó el crucigrama, halló un lugar con cinco espacios y escribió su nombre, FRANK. Cuando ella regresó, Frank disimuló para ocultar su risa. Le tomó a Donna un par de minutos reconocer lo que Frank había hecho, y ella sonrió. Entonces, viendo el crucigrama de nuevo, ella comenzó a reírse mucho más fuerte, diciendo, “Sí...claro, es PERFECTO” y ella continuó riéndose. Frank no pudo soportarlo más y finalmente preguntó qué era tan gracioso. Ella le entregó el crucigrama a Frank indicándole que leyera horizontalmente el número 46. El número 46 leía así: “QUÍTATE DE DELANTE DE MÍ _ _ _ _ _.”

Frank no esperaba encontrar su nombre en el espacio de cinco letras que correspondía a Satanás (Satan – en Inglés.) Supongamos que hubiera un número 47 horizontal que leyera, “EL PADRE DE LA FE.” Yo creo que Abraham se hubiera sorprendido aun más de leer su nombre en esos espacios. Él fue un gran hombre de fe, al final, pero esto no fue tan aparente para nosotros al principio de la vida de Abraham. El título de esta lección es “La Mejor Hora de Abraham.” Hay algunas evidencias maravillosas de fe en los capítulos 18-25, pero como veremos, no todos son ejemplos de fe. Antes de comenzar nuestro estudio en el capítulo 18, revisemos rápidamente los eventos que trajeron a este punto la vida de  Abraham.

De acuerdo a Esteban, el llamado original de Abram vino a él mientras aún estaba en Ur (Hechos 7:2-3). Es en Ur, que Harán, el padre de Lot, muere (Génesis 11:28). Abram no deja inmediatamente su familia para irse directamente a Canaán; en lugar de esto, es Taré su padre, quien guía a Abram y otros a Harán, donde se establecen (11:31). Es ahí en Harán, que Taré muere (11:32). Y es solo entonces que Abram sale hacia Canaán, en obediencia al llamado de Dios. Allí, Dios anuncia Su Pacto con Abram y sus descendientes, según el cual, Él daría a Abram la tierra de Canaán. En esa tierra, Dios haría de Abram una gran nación, y bendeciría a todo el mundo a través de su simiente (12:1-3). Abram viajó a través de la tierra, construyendo altares y clamando el nombre del Señor. Cuando Abram estaba en el Neguev, la parte sur de Canaán, ocurrió una severa sequía. Abram fue a Egipto, con la intención de quedarse en estadía temporal hasta que terminara la sequía. En primer lugar, es muy dudoso que Abram fuera a Egipto (ver Génesis 26:1-5), pero su engaño ciertamente no fue un acto de fe. Él y Sarai acordaron decirle a estos Egipcios que Sara era su hermana, haciéndola por tanto, elegible para casamiento, y por tanto (razonaron) salvaría a Abram de la muerte. No le tomó mucho a Faraón para oír acerca de Sara y traerla a su harén. El dote de regalos comenzó a llegar. Fueron las plagas que Dios mandó sobre Egipto las que hicieron que Faraón preguntara más cuidadosamente acerca de Sarai. Abram confesó su engaño, y pronto estaban de vuelta a casa, escoltados por hombres de Faraón, y con muchos regalos y dotes de la tierra de Egipto. Faraón no quiso ponerse en contra, tentar ni probar al Dios de Abram, quien había mandado ese tipo de plagas a él y su nación.

Cuando Abram y Lot ambos prosperaron, la tierra no podía sostener a los dos y también a los Cananitas quienes moraban en esa tierra. Abram dio a Lot la decisión de escoger donde establecerse, y Lot escogió lo que parecía ser la mejor tierra. La decisión de Lot lo colocó en la ciudad de Sodoma, lo que trajo consigo muchas consecuencias adversas (13:1-13; 14:1ff.). Dios le prometió a Abram que Él le daría la tierra y lo instruyó para que la reconociera (13:14-18). No mucho tiempo después, Lot se vio envuelto en medio de una lucha de poderes, y fue tomado cautivo por los reyes que se opusieron y derrotaron al rey de Sodoma y otros cuatro (14:1-12). Abram y sus aliados rescataron a Lot, pero antes que el rey de Sodoma saludara como victorioso a Abram, Melquisedec le sale al encuentro, y le recuerda que fue Dios, el Creador del cielo y de la tierra, quien le dio la victoria (14:17-24). Dios reafirma Su Pacto con Abram en el capítulo 15, añadiendo el detalle que el hijo prometido vendría del cuerpo de Abram (15:4). En el proceso de ejecutar el pacto, Dios le revela a Abram que sus descendientes sufrirán esclavitud por 400 años antes de poseer la tierra de Canaán (15:12-21).

En el capítulo 16, Sarai confronta a Abram con una prueba, una prueba que parece reprobar. Como Dios había retenido de Sarai el tener hijos, ella propone que Abram tome a Agar, su criada, y produzca un hijo a través de ella. Abram consiente, pero cuando Agar resulta embarazada, Sarai se amarga y se enoja. Sarai es tan cruel con Agar que ella huye, pero el Señor la busca y la convence de regresar y someterse a Sarai, asegurándole a Agar que Él bendecirá al niño.

Para cuando llegamos al capítulo 17, encontramos que Abram es de 99 años de edad y aún sin heredero. Dios le asegura a Abram que él y Sarai tendrán un hijo, y que el nombre del niño será Isaac. Dios cambió el nombre de Abram a Abraham (“padre de multitudes”) y el nombre de Sarai a Sara (“princesa”). Él instituye el rito de la circuncisión como señal de Su Pacto con Abraham y sus descendientes.

  Hospitalidad al Mediodía

          Génesis 18

Abraham y Sara vivían en las montañas, mirando desde lo alto el valle abajo, donde las ciudades de Sodoma y Gomorra estaban localizadas. A mediodía, cuando el sol estaba a su máximo, Abraham tomaba su siesta a la puerta de su tienda. Cuando miró hacia arriba, vio a tres “hombres” a la distancia. Abraham se levantó y corrió a encontrarse con ellos y a urgirlos a entrar en su casa para refrescarse. Los hombres aceptaron esa amable oferta, y Abraham se dio a la tarea de ver que fueran alimentados adecuadamente con pan fresco, carne y mantequilla de leche. Durante el curso de la comida, los hombres preguntaron a Abraham donde estaba su esposa Sara. (Creo que la mente de Abraham estaba dando vueltas preguntándose cómo es que sabían el nombre de su esposa.) Uno de ellos (Yo creo que era el SEÑOR) le informó a Abraham que ella tendría un hijo por la misma temporada el año siguiente (versículo 10).

Sara estaba en la tienda detrás de Abraham, escuchando la conversación con gran interés. Cuando escuchó el anuncio que tendría un hijo, se rió entre sí, asombrada de solo pensar que ella y Abraham pudieran tener un hijo en su edad avanzada.63 Esta, creo yo no era una risa de burla de incredulidad, sino del resultado de un estado de ‘shock’, algo como sería mi respuesta si recibiera el título del “hombre mejor vestido en Dallas.” Es decir, una risa gozosa de sorpresa:

1 Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion,

  Seremos como los que sueñan.

2 Entonces nuestra boca se llenará de risa,

  Y nuestra lengua de alabanza;

  Entonces dirán entre las naciones:

  Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.

  (Salmo 126:1-2).64

Era absolutamente algo increíble – un hijo a la edad de 90, con un esposo que sería entonces de 100. Él Señor sabía exactamente lo que la respuesta silenciosa de Sara significaba, pues Él podía leer sus pensamientos. Él – no uno de los ángeles 65 – retó a Abraham respecto a la respuesta de Sara. Sara intentó negarlo, pero el Señor la conocía mejor.

La hospitalidad de Abraham es impresionante, pero el punto más interesante del capítulo 18 es al final y no al principio. Hay un fuerte sentir de intimidad entre Dios y Abraham, comenzando en el versículo 16. Abraham, en típica hospitalidad de ese lugar, caminó cierta distancia con sus huéspedes quienes se estaban yendo. Dios entonces reveló (¿a los ángeles?) que no ocultaría de Abraham lo que estaba a punto de hacer. Otros pasajes se refieren a Abraham  como el “amigo de Dios,”66 y me inclino a creer que esta “amistad”67 es evidente aquí.

Cuando Dios revela que Él está a punto de juzgar a Sodoma y Gomorra,  Abraham intercede, no a favor de los malvados, sino a favor de los justos que podrían estar viviendo en estas ciudades. Pudiera ser que la preocupación primordial de Abraham fuera por su sobrino Lot y su familia, pero su apelación abarca más que eso. Su argumento es que la justicia le requiere a uno que distinga entre el justo y el malvado. Aquí es donde Jonás falló la marca. Su forma de pensar no era como la de Dios. Jonás quería ver la totalidad de la ciudad de Nínive incinerada, incluyendo los niños y el ganado. Dios no castigaría a los inocentes junto con los culpables (ver Jonás 4).

Una vez que hubo acuerdo en este principio, el único tema era: ¿Cuánta gente justa se requería para que Dios detuviera Su juicio sobre Sodoma y Gomorra? Las negociaciones comenzaron con 50 justos y finalmente terminaron con 10. Abraham asumió que se podía encontrar ese número, o tuvo miedo de buscar reducir el número aún más. Abraham siguió su camino. Estaba pensando como Dios, y seguramente Dios se agradó por la intercesión de Abraham.68

 

 La Destrucción de Sodoma y la Liberación de Lot

         Génesis 19

Parecería que al Señor solo le interesaba tratar cara a cara con Abraham, puesto que solo los dos ángeles arribaron a las puertas de la ciudad de Sodoma. Lot estaba en el lugar indicado para recibirlos, sin saber quienes eran, ni el propósito por el cual habían arribado. Sabía que los extranjeros no estaban a salvo en esa ciudad perversa, como veremos más adelante. Exhortó a los hombres a no dormir en los límites de la ciudad, sino a quedarse en su casa. Lot, también, hizo un banquete para que estos hombres comieran. (Casi puedo ver a uno de los ángeles diciéndole al otro, “¿Cómo hacen estos humanos para comer tanto? Estoy lleno. Una comida muy grande en la casa de Abraham, y ahora un banquete para la cena. Ya lo que quiero es regresar al cielo.”)

No se habían establecido aun para pasar la noche cuando hubo un gran ruido sobre la puerta. No eran solo unos cuantos hombres, no era solo una pandilla de hombres malos; era un segmento muy grande de la población masculina de Sodoma. Este segmento incluía jóvenes y viejos y varones de todas partes de la ciudad, tantos eran en número que rodearon la casa de Lot (19:4). No fueron para nada sutiles al dar a conocer sus intenciones. Querían abusar sexualmente de los huéspedes de Lot.

Lot estaba profundamente comprometido con la seguridad de sus huéspedes, de manera que salió a la puerta de su casa cerrándola tras de él tratando de razonar con ellos. Suplicó a los hombres de la ciudad que tomaran sus hijas en lugar de ellos, y que hicieran con ellas como les pareciera. Mientras leemos la oferta que Lot hizo con sus hijas, nos horrorizamos, y con todo derecho. Se ha intentado muchas veces de explicar las acciones de Lot: (1) Esa era la costumbre en esos días; se esperaba que al tomar Lot estos hombres en su casa, tenía que protegerlos. (2) Debido a la perversión de la ciudad, Lot no esperaba que estos hombres estuvieran interesados en sus hijas. Mientras que yo estoy de acuerdo que la costumbre era ofrecer protección a los que estuvieren bajo tu techo (o a tu mesa), yo hubiera tomado un acercamiento diferente. Yo creo que no existe excusa para las acciones que Lot tomó. Como dijo mi amigo Don Grimm, este era un caso de ética situacional. Lot nunca hubiera ofrecido sus hijas vírgenes a los hombres de la ciudad bajo circunstancias normales. Pero esta era una crisis. Dar sus hijas a los hombres de la ciudad era el menor de los dos males, siendo el mayor haber dado a sus huéspedes para que fueran maltratados. Era, en su mente, una emergencia. Él razonó, que aprietos desesperados requieren de medidas desesperadas.

Ahora, para que no condenemos duramente solo a Lot, déjenme recordarles que lo que Abraham hizo no fue nada distinto, y probablemente sea aún peor.  Sara era la mujer a través de la cual la semilla prometida vendría (sabría ella esto para cuando llegamos al capítulo 12 no lo sabemos, pero no hay duda alguna para cuando llegamos al capítulo 20). Sara era la esposa de Abraham, y sin embargo para salvar su propia vida él estaba dispuesto a darla en matrimonio a otro hombre. En ambos casos (Faraón en el capítulo 12, y Abimelec en el capítulo 20), no fue Abraham quien detuvo el casamiento; fue Dios. Uno por lo tanto debe concluir, que Abraham se hubiera sentado pasivamente mientras su esposa se convertía en la mujer de otro hombre. En la mente de Abraham, no existía otra solución, era mejor perder su esposa (él pensó) que perder su vida. Esto ciertamente se queda corto de la voluntad de Dios para el matrimonio, como se nos dice en Efesios 5:22-33.69

Sabemos que la esposa de Lot se convirtió en sal, porque volteó a ver hacia atrás, contrario a las advertencias de los ángeles. En mi opinión, la Sra. Lot hizo esto, porque pudo haberse criado y crecido en Sodoma y no quería dejar en el olvido las costumbres de su pueblo natal. Cuando Lot regresó por primera vez a Canaán de Egipto, se separó de Abraham, yendo al Este hacia Sodoma (capítulo 13). Sabemos que Abraham vivió en la tierra de Canaán por casi 11 años antes de tener a Ismael (ver 16:3). Abraham era de 75 años cuando salió de Harán (12:4). Tenía 86 años cuando nació Ismael (16:16). Abraham era de 99 años cuando Dios le anunció el nacimiento de Isaac por la misma temporada el siguiente año (17:15-16, 19, 21). Esto significa que Lot había estado viviendo en la tierra de Canaán por más de 20 años. Mientras que Moisés es cuidadoso al describirnos todos los que salieron de Ur hacia Harán, y todos los que salieron de Harán hacia Canaán (11:24-32), no existe mención alguna de la esposa de Lot. Su esposa no se menciona en ningún lugar del texto hasta que llegamos a la destrucción de Sodoma y Gomorra en el capítulo 19. Tampoco vemos que la Sra. Lot ayudara a preparar comida a los ángeles como Sara lo hizo. Uno se inclina a sospechar que la Sra. Lot era mujer Sodomita, y que a causa de esto, no estaba del todo deseosa en dejar la ciudad de Sodoma. No es de extrañar entonces que halla volteado a ver si sus padres, amigos y familiares estaban todos en Sodoma. Pero habiendo dicho todo esto, Lot tampoco estaba muy emocionado por dejar la ciudad de Sodoma. Los ángeles tuvieron que tomarlo a él, a sus hijas, y (por un tiempo) a su esposa, y literalmente arrastrarlos fuera de Sodoma. Lot tenía medio corazón en Sodoma.

Inicialmente, Lot tuvo éxito en convencer a Dios que él necesitaba quedarse en una ciudad cercana llamada Zoar. Pero algo causó que Lot cambiara de parecer y huyera a las montañas, mas no a las montañas donde Abraham vivía. El resultado de esto fue que no había quien se casase con las hijas de Lot, de manera que pudieran conservar su nombre. Las dos hijas de Lot decidieron producir descendencia para su padre a través de ellas. La historia es sórdida, una que no necesitamos profundizar, excepto para señalar una cosa que fue y es muy importante: Las hijas de Lot solo hacían lo que habían aprendido de su padre, emplear éticas situacionales en una situación de “emergencia,” y por tanto, comprometer los estándares maritales y sexuales que Dios dejó. Su padre estuvo dispuesto a entregarlas en manos de los varones de Sodoma; ¿porqué no estarían entonces ellas dispuestas a comprometerse para conservar la línea de su padre? El resultado fue que las dos hijas resultaron embarazadas a través de su padre, y este fue el origen (el Génesis) de los Moabitas y los Amonitas (19:37-38).

De lo que leemos acerca de Lot en Génesis 12-19, no nos atreveríamos a pensar muy alto de él. Por tanto, debemos continuamente recordarnos de las avaluaciones de Pedro sobre la condición espiritual de Lot:

7 y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados 8(porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), 9 sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio (2 Pedro 2:7-9).

Ser justo no es lo mismo que ser perfecto. Lot pudo haber sido justo, pero falló de muchas maneras.

Nunca Digas Nunca

Génesis 20

En Génesis 20, Moisés abandona a Lot y regresa al tema principal de nuestro texto – Abraham – quien toma el camino a Gerar. Abraham ha sido informado recientemente que el hijo prometido será de él y de Sara. Se le ha dicho que el niño nacerá por el mismo tiempo el año siguiente. Eso significa que Sara saldría embarazada en el tercer mes después de la promesa. ¿Y qué es lo que hace Abraham? Se va de Harán a Gerar a la tierra de los Filisteos (26:1). Ahí, Abraham y Sara repiten el mismo pecado que había cometido en Egipto, años atrás. Uno pensaría que la primera vez habían aprendido la lección. Uno tendría la esperanza que su fe sería ahora lo suficiente grande como para confiar en Dios como sustentador. Mas sin embargo, el escenario que vimos en Egipto es repetido. Abimelec, rey de Gerar, tomó a Sara como su esposa. Si yo fuera uno de los ángeles, y viera lo que estaba sucediendo, estaría pidiendo aspirinas. ¿Cómo podía ser tan tonto? ¿Cómo podía poner en peligro a Sara y poner en riesgo (humanamente hablando) la promesa de Dios?

Si pensamos que las promesas y los propósitos del pacto de Dios dependen de nuestra fidelidad, estamos equivocados. No es la fidelidad de Abraham la que salva el día, sino la de Dios. Abraham es un profeta de Dios, como se nos dice en este mismo texto (versículo 7), y sin embargo no está hablando a Abimelec por Dios. Es Dios quien le habla a Abimelec, y en una forma que ciertamente llamó su atención:

3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido (Génesis 20:3).

Abimelec fue “todo oídos.” Él insistió que había tomado a Sara inocentemente, y que Abraham y Sara eran los que lo habían engañado. Dios le dijo a Abimelec que Él lo había detenido de pecar, y por tanto de la muerte. Y que ahora tenía que devolver a Sara a su esposo. Aun más le indicó, que Abraham era un profeta y que él oraría por el rey y su pueblo para que fueran sanados y no murieran. En los versículos 17 y 18, se nos dice que la oración de Abraham por el rey y su casa les permitió tener hijos, porque Dios había cerrado la matriz de toda mujer en la casa del rey. No existía la posibilidad de que Sara resultara embarazada en esa casa, porque toda mujer era estéril allí, hasta que Abraham orara por la sanidad de ellas. Dios se estaba asegurando que Su promesa a Abraham fuera cumplida, a pesar del pecado de Abraham.

Lo que llama mi atención en el capítulo 20 es que Dios habla a Abraham a través de Abimelec, y no al revés, aun cuando sabemos que Abraham es profeta. Es Abimelec, un rey pagano, quien reprende a Abraham, un profeta de Dios. Un gran contraste con el capítulo 18, donde Abraham camina con Dios, y en donde Dios le revela Sus propósitos a Abraham como amigo. Lo que Abraham le revela a Abimelec es muy perturbador. Le confiesa que mintió por miedo. Abraham revela que su manera de ver a Dios es inadecuada, porque él supone que donde no hay “temor de Dios,” Dios no puede protegerlo (versículo 11). Aun y cuando Dios había prometido hacer una gran nación de Abraham, él creyó que los hombres de Gerar lo matarían  (versículo 11). Y probablemente lo que más perturba de todo, es que Abraham admite que esta es una política establecida, la cual él y Sara habían practicado por años a todo lugar donde iban (versículos 12-13). Esto nos hace pensar que no solo mintió las dos veces que está registrado en la Biblia (Génesis 12 y 20), sino que solo son dos ejemplos entre muchos. Abraham captó el mensaje, pero no en la manera que hubiera preferido, debido a su pecado.

La Llegada de Isaac y la Salida de Ismael

Génesis 21

Los miedos de Abraham no tenían fundamento, y la fidelidad de Dios es innegable. Dos veces en el versículo 1, se nos dice que Dios le dio a Sara y Abraham un hijo “como Él había dicho.” El niño nació, y como fueron instruidos (17:19), lo nombraron Isaac (versículo 3). ¿Pueden imaginarse esto? En un tiempo en que Abraham y Sara deberían estar comprando Pepto-bismol (un suplemento para ancianos), estaban comprando (por así decirlo) pañales y comida para bebé. Abraham tenía 100 años de edad (versículo 5), y Sara 90 (17:17). En obediencia a la instrucción de Dios, Abraham circuncidó a Isaac cuando tenía 8 días de nacido.

Cuando Isaac fue destetado, tuvieron una celebración especial, en la cual el adolescente Ismael se burlaba de Isaac. Para Sara, esa fue la gota que derramó el vaso. Explotó, y demandó que Abraham la echara fuera junto con Ismael (versículo 10). Abraham se turbó en gran manera por la demanda de Sara (versículo 11). Por casi 13 años, Abraham había vivido suponiendo que Ismael sería su único hijo, y por tanto, el heredero de sus bendiciones en el pacto. Más que esto, yo creo que Abraham le había tomado mucho cariño a Ismael. Destrozaría su corazón deshacerse de Agar e Ismael. Yo creo que mientras que Sara estaba en lo correcto al pensar que el muchacho se tenía que ir, su motivación era equivocada. Creo que quería lo bueno pero por las razones equivocadas.

Todo esto era una parte del plan de Dios para Abraham y Sara, e Isaac. Dios se estaba preparando para la gran prueba de fe de Abraham en el capítulo 22. Allí, Dios le diría a Abraham:

1 Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré (Génesis 22:1b-2).

Si Ismael estuviera viviendo todavía con Abraham, esta declaración no hubiera podido hacerse. La prueba fue mucho más difícil después que Abraham despidió a Ismael permanentemente.

Dios le dijo a Abraham que escuchara a su esposa e hiciera como decía.70 Él reiteró una vez más71 que los descendientes de Abraham serían contados a través de Isaac, y no de Ismael. En una forma diferente al capítulo 22, Abraham fue requerido sacrificar su hijo, Ismael. Dios prometió que Él bendeciría a Ismael, pero no como la semilla prometida de Abraham. De esta manera, “temprano por la mañana,”72 Abraham dio provisiones a Agar, y la mandó por su camino. En el desierto de Beersheba, Dios proveyó para Agar y su hijo, y le prometió hacer una gran nación de Ismael. Este creció y se convirtió en un gran arquero, y se nos dice que Agar le encontró una esposa en Egipto, su tierra nativa (16:3). Esto podría ser indicado como un contraste, a los esfuerzos diligentes de Abraham en obtener una esposa para Isaac de Paddan Aram (ver capítulo 24).

El recordatorio del capítulo 21 tiene que ver con Abimelec. Dios había aterrorizado a Abimelec, a manera que no se atreviera a lastimar a Abraham, y para que le devolviera a Sara su mujer. Pero las relaciones no eran lo que debieron haber sido entre Abimelec y Abraham. Abimelec y su comandante vinieron a visitar a Abraham, reconociendo que Dios estaba con él. Él quería que Abraham le jurara que no lo volvería a engañar. Que cosa más interesante para un pagano decir a un profeta. Abraham entraría en un tratado con Abimelec, pero solo hasta que se resolviera un conflicto acerca de cierto pozo que los hombres de Abimelec reclamaban para ellos. Habiendo resuelto estos asuntos, Abimelec y Picol, su comandante, regresaron a la tierra de los Filisteos.73

La Prueba más Grande en la Vida de Abraham

Génesis 22

Ha sido un largo y difícil camino para Abraham, pero ahora está pronto a recibir la máxima prueba de su fe. Él ha sido preparado por muchas pruebas a través de los años. Algunas pruebas las manejó bien. Creyó a Dios y dejó el pueblo de Harán para ir a la tierra de Canaán. Creyó la promesa de Dios que tendría un hijo, aun en su edad adulta (Génesis 15:6). Le concedió a Lot su decisión por la tierra (capítulo 13), e intercedió por los justos cuando Dios estaba pronto a destruir la ciudad de Sodoma y Gomorra (capítulo 18). Pero otras pruebas no las manejó tan bien. Durante una hambruna, dejó la tierra prometida de Canaán y se fue a una estadía temporal en Egipto (Génesis 12). En cuando menos dos ocasiones, temió por su vida y mintió acerca de la identidad de Sara, su esposa (Génesis 12, 20). Escuchó a su esposa, Sarai, y tomó a Agar como su concubina, engendrando a Ismael en ella (Génesis 16). En la mayoría (si no es que en todas) de estas pruebas, los temas eran asuntos de vida y muerte. ¿Proveería Dios a Abram durante el tiempo de hambre, y por tanto salvaría su vida? ¿Protegería Dios a Abraham y Sara, de manera que no hubiera tenido que mentir acerca de su relación? ¿Podrían Abraham y Sara, aun cuando su edad de concebir hijos había pasado, tener un hijo en su vejez?

En el capítulo 22, Dios le ordena a Abraham tomar a su hijo Isaac y llevarlo a una montaña que Él le mostrará, y sacrificarlo ahí. Uno solo podría imaginarse la respuesta inicial de Abraham. Al lector se le ha reservado cualquier revelación de la lucha privada que ocurrió en el corazón de Abraham. Estoy confiado en que ciertamente hubo una lucha, pero también estoy convencido que el conocer las agonías privadas del corazón de Abraham, probarían ser no edificantes para el lector. Por tanto, Moisés simplemente nos dice que Abraham hizo lo que Dios le ordenó.

Temprano por la mañana,74 enalbardó su asno, tomó dos siervos suyos, leña, y a Isaac su hijo, y fue al lugar de sacrificio que Dios le había dicho. Debió haber dolido mucho a Abraham al ver que su hijo comenzaba a entender el propósito del viaje:

Isaac dijo a su padre Abraham, “Padre mío.” Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. (Génesis 22:7b-8).

Por un lado, la respuesta de Abraham era evasiva; pero por otro lado, parecía expresar fe en Dios, porque cuando Abraham dejó a sus siervos, les dijo, “Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.” (22:5b).

Sabemos mucho más acerca de lo que ocurrió en la mente de Abraham, de los autores de Romanos y Hebreos:

18 El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. 19 Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. 20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, 21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; 22 por lo cual también su fe le fue contada por justicia. (Romanos 4:18-22).

17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. (Hebreos 11:17-19).

En ambos textos, se nos dice que Abraham razonó (pensó) por fe. Si pudiera parafrasear el sentido de ambos textos, el razonamiento de Abraham sería algo como esto:

“Dios me prometió que tendría un hijo. Eventualmente, Él dejó muy claro que este hijo nacería de ambos, yo y Sara. Dios esperó para darnos este hijo hasta que pareciera imposible, y humanamente hablando, lo era. No obstante, he llegado a confiar en Dios, sin importar lo que Él diga. Estábamos como muertos, en cuanto a engendrar hijos se refiere, y sin embargo Dios nos dio una nueva vida – nuestro preciado hijo. Dios produjo vida de lo que estaba muerto. Ahora, Dios me a ordenado tomar la vida de mi hijo. Yo sé que este es el hijo a través del cual las promesas del pacto de Dios serán cumplidas. Y sé, que Dios puede levantar aun de los muertos, pues ya lo a hecho con el nacimiento de Isaac. Por lo tanto, debo concluir que si sacrifico a mi hijo, Dios lo levantará de los muertos.”

Y sigue diciendo el texto, que Abraham ató su hijo, lo colocó en el altar, y se preparó para hundir el cuchillo en su pecho. Fue solo entonces, que Dios dio voces desde el cielo diciéndole a Abraham que se detuviera. Por sus acciones, Abraham había demostrado su fe y su disposición para obedecer a Dios en una de las situaciones más costosas. Fue solo entonces que Abraham vio un carnero, cuyos cuernos estaban atorados en un zarzal (arbusto.) Como Abraham había pensado (versículo 8), Dios se proveyó de cordero para el holocausto (versículo 13). Así, Abraham ofreció el sacrificio, no con su hijo, sino con el cordero que Dios proveyó. Por eso es, que Abraham llamó aquel lugar “Jehová proveerá.”

Y ahora, por última vez 75 en la vida de Abraham (hasta donde las Escrituras registran), el Pacto Abrahámico es reafirmado:

15 Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, 16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; 17 de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. 18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz. (Génesis 22:15-18).

Qué viaje de regreso tan gozoso ha de haber sido ese para Abraham e Isaac. Me pregunto qué han de haber platicado mientras caminaban de regreso a casa. Me pregunto si Abraham le platicó a sus siervos – y en especial a Sara – lo que sucedió en la montaña ese día. En el Nuevo Testamento leemos,

56 Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. (Juan 8:56).

No estoy muy seguro cuándo sucedió esto, pero me inclino a pensar que este evento en la montaña Moriah (el mismo lugar en donde el Templo sería construido – 2 Crónicas 3:1) debió haber sido uno de esos tiempos cuando Abraham tuvo una pequeña muestra del día de Cristo.

Los últimos versículos del capítulo 22 parecen de alguna manera entre paréntesis, y puede que lo sean, pero son importantes pues nos dicen que  Abraham se enteró que la esposa de su hermano Nacor le había dado hijos, uno de los cuales era Bethuel, quien se convirtió en el padre de Rebeca. Como pronto veremos (capítulo 24), Abraham enviaría uno de sus sirvientes a encontrar una esposa para su hijo Isaac, y la mujer sería Rebeca.

  Casa es Donde Está el Corazón

Génesis 23

Sara llegó a vivir 127 años, y luego murió en Hebrón. Esto presentó a Abraham con aún otra prueba. Tenía que decidir dónde realmente era su casa. A menudo, cuando mueren personas en lugares distantes, traemos su cuerpo a casa para ser enterrado. Con la muerte de Sara vino la decisión de dónde era realmente casa. Pudo haber llevado su cuerpo de regreso a Harán, donde Taré había muerto y (presumiblemente) fue enterrado (11:32). Abraham tenía que enterrar a su esposa, y sin embargo no poseía ninguna tierra en Canaán. Sus descendientes poseerían la tierra, más de 400 años después (15:7-21). Por tanto, Abraham se vio forzado a comprar un sepulcro de Efrón el Hetita (23:3-18).

Uno debe preguntarse porqué tanto énfasis fue puesto en describir esta transacción. La historia no es escrita meramente para enriquecernos culturalmente; es registrada para demostrar dramáticamente que la vida entera de Abraham fue vivida por fe, sin ver el cumplimiento de la promesa de Dios (la promesa de poseer la tierra de Canaán):

13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergu:enza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. (Hebreos 11:13-16).

Debemos recordar que Abraham era algo así como un nómada. Se movía constantemente sobre la tierra con el fin de poder encontrar pastizales para su ganado y comida. Comprar este sepulcro era algo como dejar caer un ancla para Abraham. Comprar esta parcela de tierra y enterrar el cuerpo de su querida esposa fue un gran acto de fe, y una declaración de que esta era su casa.

  Arreglos Finales: Una Esposa para Isaac

Génesis 24

El capítulo 24 registra el último asunto importante de negocios que Abraham hace antes de su muerte. En efecto, su gran sentido de urgencia en este asunto es debido al hecho que él sabe que su muerte está próxima. En ningún lugar que he visto, le da Dios instrucciones a Abraham concerniente a una esposa para su hijo. Sabemos que Abraham fue muy específico en las instrucciones que él dio a su siervo:

1 Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. 2 Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, 3 y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; 4 sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac. 5 El criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste? 6 Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá. 7 Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo. 8 Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo. 9 Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este negocio (Génesis 24:1-9).

Tres cosas son aparentes: (1) Abraham quiere obtener una hija para Isaac antes que él muera. Isaac necesita una esposa para poder continuar la línea de Abraham, de manera que el pacto continúe a través de sus descendientes. (2) Esta esposa no puede ser mujer Cananita, sino de alguno de los parientes de Abraham. (3) Bajo ninguna circunstancia deberá Isaac regresar a la tierra de donde Abraham vino.

En ninguna parte podemos encontrar, donde Dios le da instrucciones específicas a Abraham concernientes a una esposa para Isaac. Aun cuando es posible que Dios sí le halla dado instrucciones a Abraham concerniente a esto, y que Moisés simplemente no lo registró para nosotros, me inclino a pensar que Abraham llegó a esta conclusión mediante el razonamiento por fe, parecido a la forma en que razonó que Dios levantaría a su hijo de los muertos, si se lo sacrificaba a Señor. Abraham sabía que el cumplimiento de las promesas del pacto de Dios hechas a él, serían cumplidas en Isaac y sus descendientes (17:19). Isaac necesitaba una esposa para poder continuar con la línea. Abraham también sabía que Dios lo había llamado para establecerse en Canaán. Sabía que no podía regresar, y esto significaba que su hijo tampoco debía regresar. Dios había prometido bendecir los descendientes de Abraham en la tierra de Canaán.

La otra pieza de razonamiento tuvo que ver con la necesidad de obtener una esposa para Isaac de los parientes de Abraham en Paddan Aram. Su siervo debía buscar una esposa para Isaac en Paddan Aram, de uno de sus parientes,  pero no debía permitir que Isaac fuera a ese lugar. ¿Cómo llegó Abraham a esta conclusión? Existen cuando menos un par de factores que yo puedo pensar, los cuales pudieron contribuir a estas fuertes convicciones de Abraham. Primero, Abraham sabía que los Cananitas eran gente malvada, y que Dios los echaría fuera por causa de sus pecados. Esto no ocurriría por algunos cientos de años, pero ciertamente sucedería (15:12-21). Dios echaría fuera a los Cananitas y daría la tierra de Canaán a los descendientes de Abraham. ¿Cómo, entonces, podría su hijo casarse con mujer Cananita? Aún mas, Abraham fue testigo de la destrucción de Sodoma y Gomorra. En adición a esto, él observó el efecto que los Cananitas habían tenido en Lot y su familia. Si la esposa de Lot fue Cananita, esto era una prueba visible del peligro de mezclarse en matrimonio con los Cananitas. Así, Abraham concluyó que debía adquirir una esposa para su hijo, de su propia parentela.  Podrían no todos confiar en el Dios de Israel, pero no eran tan corruptos como los Cananitas.

Este capítulo entra en mucho detalle para describir la forma que el siervo de Abraham tuvo que desempeñarse para cumplir los deseos de su dueño. Que siervo tan maravilloso y fiel era este. Parecía compartir la fe de su dueño, pues oró para ser guiado, y alabó a Dios cuando sus oraciones fueron contestadas (24:12, 26). Esta ansioso por regresar a Canán con la esposa de Isaac lo más pronto posible. En algunas cosas, va más allá de las indicaciones de su dueño, como puede ser visto por la prueba que empleó.  No solamente buscó una mujer con la genealogía correcta, ni tampoco que fuera hermosa solamente, aunque Rebeca seguramente poseía ambas cosas. Él quería una mujer con carácter, una verdadera servidora. Fue a un pozo donde era muy posible que arribara un pariente, y oró para que la mujer que Dios escogiera le mostrara hospitalidad, dándole agua a él y a sus camellos. Rebeca fue la respuesta a sus oraciones, y fue solo entonces que el criado se enteró que también era la hija del hijo (Bethuel) de Nacor, hermano de Abraham (22:20-24; 24:24). Una esposa para Isaac había sido encontrada, y pronto el siervo venía de regreso con ella. Su misión estaba completa, y ahora Abraham estaba listo para morir. Leemos acerca de su muerte en el capítulo 25.

El Papel de Abraham en el Desarrollo del Drama de Redención

Dios había comenzado con un hombre y una mujer en el Jardín del Edén. Ellos pecaron, precipitando toda la creación al pecado y al caos. Dios había prometido a Eva que su simiente destruiría a Satanás y proveería una solución para el pecado (Génesis 3:15). Parecía como si esa “simiente” sería Abel, pero su hermano Caín lo mató (Génesis 4). Dios reemplazó a Abel con Set, y su línea puede ser rastreada en la genealogía de Génesis 5, finalizando con Noé. Dios destruyó el mundo entero, pero perdonó a Noé y su familia, de manera que la “simiente” de la mujer fuera preservada. Sería a través del hijo de Noé (Sem) que la “simiente” vendría, pues es de la línea de Sem de la cual nacería Abraham (Génesis 11). Dios confundió el lenguaje del hombre en Babel (11:1-9), para que muchas naciones fueran formadas (capítulo 10). De entre estas naciones, Dios escogió crear una nueva nación, a través de la cual Él bendeciría todas las naciones. Esta nación vendría de un solo hombre, Abraham. A través del llamado divino y dirección, Dios trajo a Abraham a la tierra de Canán e hizo pacto con él en ese lugar. Mediante varias pruebas, Dios hizo de Abraham un hombre de fe. En la prueba de fe más grande de Abraham (el sacrificio de Isaac), Dios nos dio un vistazo de cómo haría Él para redimir al hombre. Sería a través del sacrificio de un único Hijo que Él escogería, que los pecados del hombre serían expiados. Era un misterio que nadie comprendía completamente en ese tiempo, sin embargo está ahí para que nosotros podamos verlo, y ver que verdaderamente fue un momento profético. Fue allí en el Monte Moriah (el monte del Templo en Jerusalén) que el Mesías fue rechazado por los hombres, y murió por manos de pecadores en una cruz Romana. De alguna manera, Abraham vio ese día por fe y se regocijó en él (Juan 8:56).

Lecciones de la Vida de Abraham para el Antiguo Israel

Las lecciones para los antiguos Israelitas (aquellos de los días de Moisés) fueron muchas. Los Israelitas de los días de Moisés acababan de entrar en un pacto con Dios – el Pacto Moséico. Con todos sus mandamientos e instrucciones los Israelitas podían hacerse legalistas. Mientras que los Judíos de los días de Jesús orgullosamente anunciaron que ellos eran descendientes de Abraham, no eran en ninguna forma como él. Esto era porque hicieron dos falsas suposiciones. Primero, que la mera descendencia física los ponía en la categoría de aquellos que serían bendecidos. Podemos ver que las bendiciones del Pacto Abrahámico fueron aplicadas mucho más específicamente. Segundo, Abraham era el “padre de la fe,” y no el “padre de la salvación por obras.” Sus buenas obras no fueron las que lo salvaron. Abraham fue salvo por gracia, y a pesar de muchos pecados. Sepa cualquiera que equivocadamente halla concluido que Abraham fue salvo por sus obras, que tiene que leer de nuevo las Escrituras. Él fue declarado justo, basado en su fe, no en sus obras (15:6). Él fue declarado justo antes que fuera circuncidado, y muchos años antes que la ley fuera dada. Es por causa del Pacto Abrahámico que los hombres son salvos, y no porque el hombre se esfuerce en guardar el Pacto Moséico. Pablo haría esto abundantemente claro en Gálatas 3 y en otras Escrituras. El Pacto Moséico fue dado después del Pacto Abrahámico, no para cumplirlo, sino para restringir el pecado hasta la venida de Cristo y del Nuevo Pacto. El Pacto Moséico no puede salvar; solo puede revelar (mostrar) nuestro pecado, y nuestra necesidad de salvación. El Pacto Abrahámico, ve hacia adelante a la Cruz del Calvario y a la salvación que nuestro Señor logró allí.

La vida de Abraham nos muestra que no fue salvo debido a su fidelidad a Dios, sino por la fidelidad de Dios hacia él. Una y otra vez, Abraham falló. Él confió en Dios, pero imperfectamente. Por muchos años, Dios profundizó y enriqueció su fe. Pero la vida de Abraham nos debe dejar muy en claro que la salvación de Abraham no fue adquirida; fue un regalo de Dios. No estuvo basada en las obras de Abraham, sino por decisión de Dios y de Sus promesas del pacto.

Los Israelitas, quienes primero oirían el relato de Moisés acerca del llamado y vida de Abraham, sería la generación que experimentaría el privilegio de poseer la tierra de Canán, cuando menos parcialmente. Moisés proveyó a los Israelitas con las bases y reglas para la posesión de su tierra. También les informa que la ocupación exitosa de la tierra de Canán había sido profetizada muchos años antes (Génesis 15:12-21). De cuando en cuando, los Israelitas amenazarían con regresar a Egipto, en lugar de dar paso adelante e ir a poseer la tierra de Canán. Nuestro texto muestra claramente que la tierra de Canán es “casa” para el pueblo de Dios. La historia de Abraham debió haber dado aliento e incentivo a los Israelitas quienes estaban a punto de ocupar la tierra.

Nuestro texto también ilustra dramáticamente la “verdad,” que la obediencia a los mandamientos de Dios trae bendiciones, mientras que la desobediencia trae consigo dificultad. Ciertamente, para el incrédulo, la desobediencia trae juicio divino. En el rescate de Lot y la destrucción de Sodoma vemos ambos, lo bondadoso y lo severo de Dios:

4 Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; 5 y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; 6 y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 7 y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados 8(porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), 9 sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; 10 y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, (2 Pedro 2:4-10).

La justicia trae bendición, y el pecado trae juicio.

Finalmente, nuestro texto nos provee con algunas instrucciones poderosas con respecto al ínter-casamiento. Dios claramente prohibió a los Israelitas, mezclarse en casamiento con los Cananitas:

1 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, 2 y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia. 3 Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo. 4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto. 5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego.6 Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra (Deuteronomio 7:1-6; ver también Éxodo 34:11-16; Josué 23:9-13).

Lot puede servir como una ilustración negativa de ínter-mezcla en matrimonio con los Cananitas, pero el fuerte énfasis en la búsqueda de Abraham por una esposa adecuada (santa) para su hijo, enfatiza esto desde una perspectiva positiva. Aprendan los Israelitas lo importante que es casarse con una esposa que esté en acuerdo con los mandamientos de Dios, una que no sea Cananita.

Lecciones Hoy En Día Para Los Santos

Nuestro texto tiene mucho que enseñarnos acerca de las responsabilidades en la familia. Ambos, negativamente (Lot) y positivamente (Abraham) vemos lo importante que es tener una esposa santa. La esposa de Lot estaba muy adherida a su mundo. Sara, la esposa de Abraham, eventualmente se convierte en un ejemplo de humildad y sumisión (1 Pedro 3:6). Sara ayudaba a Abraham mostrando hospitalidad (18:6); Rebeca también era una mujer comprometida a mostrar hospitalidad (24:17-20). La esposa de Lot (cuyo nombre no conocemos) ni siquiera es mencionada hasta la huída de Sodoma, y en una forma no muy favorable. La duración de tiempo y detalle del siervo de Abraham en buscar una esposa para Isaac, es una indicación de qué tan importante es escoger una esposa santa.

Abraham inicialmente estaba dispuesto a sacrificar su esposa para salvar su propia vida, así como Lot estaba dispuesto a sacrificar sus hijas para proteger a sus invitados. Pero Abraham aprendió a valorar (querer) sus hijos y su esposa. Es entonces que la fe de Abraham sería probada mediante una prueba máxima, el sacrificio de su hijo, Isaac. ¿Cuántos de nosotros como padres ponemos a nuestros hijos por delante de Dios? El hombre que empezó pobremente – Abraham – finalizó bien. Tanto como amaba a Isaac, Abraham estuvo dispuesto a obedecer a Dios, aún si significaba tomar la vida de su hijo. Por favor no malinterprete lo que estoy diciendo. Tome nota del hecho que Dios no le permitió a Abraham continuar con el sacrificio de Isaac. Pero cuando se trata de amar a Dios primero, por arriba de nuestra familia, ¿qué tan fuerte es nuestra fe?

25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo (Lucas 14:25-27).

Muchos hoy en día están sacrificando sus familias, pero no es en obediencia a Dios. Sacrifican sus familias en el altar de su propio interés. En Lucas 14: 25-27 (arriba), Jesús no solo requiere que sus discípulos lo amen por encima de sus familias, insiste que sus discípulos lo amen más que así mismos. Sus discípulos deben tomar su propia cruz, deben morir diariamente a su voluntad, para poder seguirlo. Yo creo que Abraham amaba a Isaac más que a la vida misma, y hubiera gustosamente tomado el lugar de su hijo (o el de su esposa). Pero cuando Dios puso a prueba la fe de Abraham, él escogió a Dios sobre todo lo demás, cosas, personas, incluso sobre él mismo.

Abraham y Lot ilustran el disparate de lo que llamamos ética situacional. El juicio humano en circunstancias difíciles. Algunas veces es una decisión entre lo que llamarían “la menor entre dos maldades.” Las hijas de Lot sabían que no era correcto tener hijos de su propio padre, pero decidieron que el no tener hijos de nadie era aún peor. No confiaron en Dios, en que Él proveería esposos para ellas; asumieron que sus circunstancias presentes eran imposibles de cambiar. Y todo esto sucedió, cuando Dios le acababa de dar a sus parientes (Abraham y Sara) un hijo en su vejez. Pero las hijas de Lot solo estaban haciendo lo que habían visto y oído a su propio padre hacer. Para Lot, el insulto y daño a sus huéspedes (quienes no necesitaban ser defendidos) era peor que el violar a sus dos hijas vírgenes. Este fue otro ejemplo de ética situacional. Abraham hizo exactamente lo mismo cuando estuvo dispuesto a sacrificar la pureza de su esposa (y potencialmente la simiente prometida) con el fin de protegerse así mismo en una situación peligrosa.

La ética situacional no es correcta debido a una premisa fundamental. Esa premisa es la que dice que Dios nos coloca en circunstancias en las que tenemos que pecar. Las Escrituras dicen lo contrario:

13 No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar (1 Corintios 10:13).

13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; 14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. 16 Amados hermanos míos, no erréis. 17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (Santiago 1:13-17).

Dios nunca nos pone en circunstancias en donde el pecado es la única salida. La ética situacional dice lo contrario. Dios sí nos pone en circunstancias donde puede parecer que no hay otra salida. Él trajo los Israelitas al Mar Rojo, con los Egipcios detrás de ellos persiguiéndolos. Pero Dios hizo eso para mostrar Su amor y poder, separando el Mar Rojo, para que hubiera “un camino de salida” para Su pueblo, y un medio de destrucción para sus enemigos. La ética situacional rehúsa confiar en la habilidad de Dios para salvar cuando la situación se vuelve imposible. La ética situacional opera por vista, y no por fe. Pero debemos caminar por fe, y no por vista (2 Corintios 5:7).

La vida de Abraham debe enseñarnos que hombres y mujeres de fe, aún de gran fe, no son perfectos. Hay muchas fallas en la vida de Abraham, pero él es un hombre que confió en Dios para su salvación eterna. Él es un hombre que de alguna manera entendió que su “simiente” prometida incluiría “LA SIMIENTE,” Aquel a través del cual el agarre de muerte del pecado sería roto:

Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.  (Galatas 3:16).

Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.  (Juan 8:56).

Abraham comprendió que era pecador, y que su salvación descansaba en la provisión de Dios de “la simiente,” la “simiente” prometida en Génesis 3:15, la “simiente” que era el Señor Jesucristo. Fue Su muerte en el Calvario la que pagó el pecio por el pecado, la que derrotó a Satanás para siempre. Es en Él que debemos poner nuestra fe para el perdón de pecados y para la salvación eterna.

Noten también, que la fe de Abraham fue una “fe en la resurrección;” Abraham creyó en un Dios que podía levantar a los muertos (Hebreos 11:19). Dios le había dado a él y a Sara – quienes estaban casi muertos en esa área de sus vidas– el hijo que les había prometido. Dios levantaría a ese hijo de la muerte, si fuera necesario. No fue necesario para Él levantar a Isaac, porque Dios proveyó un sustituto para Isaac. Inmediatamente, Dios suplió un carnero, pero finalmente Dios proveyó el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Isaías 52:13—53:9). Al levantar a nuestro Señor de los muertos, Dios vindicó Sus palabras y obras, y demostró estar complacido con el sacrificio eterno de nuestro Señor (Romanos 1:4).

La fe de Abraham fue una fe dada por Dios, una fe que Dios inicialmente dio a Abraham, y una fe que Dios causó que creciera a través de tiempo y problemas. Como Abraham, los santos crecen en fe por medio de pruebas y tribulaciones. Estas no fueron enviadas a nuestras vidas para destruirnos, sino para construcción de nuestra fe.

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5 y la esperanza no averg:uenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. (Romanos 5:1-5).

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. (Santiago 1:2-4).

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. 6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo (1 Pedro 1:3-7).

La vida de Abraham no solo describe el proceso de su crecimiento en fe, sino los frutos de ella. Considera las marcas de madurez que podemos ver en la vida de Abraham, la cual debe caracterizarnos también en nuestra madurez.

1. Obediencia. Abraham obedeció a Dios en fe.

2. Hospitalidad. Abraham fue conocido por su hospitalidad (capítulo 18), como también lo fue Lot (capítulo 19) y Rebeca (capítulo 24). No es de extrañar, que esto sea uno de los requerimientos para el anciano de la Iglesia (1 Timoteo 3:2).

3. Intimidad con Dios. Abraham se convirtió en “amigo de Dios” (Santiago 2:23), un hombre a quien Dios reveló Sus promesas y propósitos.

4. Intercesión. Abraham llegó a preocuparse menos de sí mismo, y a ser más considerado con los demás. Su intercesión con Dios en el capítulo 18 es una de las marcas más importantes de espiritualidad en su vida.

5. Influencia. Yo creo que la fe de Abraham impactó a otros alrededor de él. Creo que esto puede ser visto por la fe y sumisión de Sara (1 Pedro 3:6), y por la madurez espiritual de los siervos confiables de Abraham (Génesis 24).

6. Menos dependencia en lo espectacular, y más día a día obediencia, dependencia y compañerismo con Dios. Al comienzo de la relación de Abraham con Dios, parecía como que Abraham requería mas verificación externa, mas confirmación espectacular (ver Génesis 15:8), pero a medida que pasó el tiempo, la Palabra de Dios por si sola fue base suficiente para la confianza y obediencia (Génesis 22).

Oro por que cada uno de ustedes halla venido a confiar en el Dios de Abraham para su salvación eterna, y que ustedes y yo, como Abraham, crezcamos en nuestra fe, siendo fieles hasta el final.


64 Este es el manuscrito editado de un mensaje dado por Robert L. Deffinbaugh, maestro y anciano del Templo Community Bible, en Diciembre 3, 2000.

65 Pedro se refiere a este incidente en 1 Pedro 3:6, donde Sara se refiere a Abraham como su “señor” o “dueño.” Pedro, ciertamente puede ver que esto era evidencia de su sumisión, porque esto es lo que ella estaba pensando en su mente. Sara pensaba de ella misma en términos de su sumisión a su esposo. Si la mejor hora de Abraham la vemos en Génesis 22, la mejor hora de Sara parece ser aquí.  

66 Hace poco recibí un e-mail preguntándome si yo creía que Satanás podía leer nuestros pensamientos. Yo respondí que no creía que Satanás podía leer nuestros pensamientos porque esto implicaría omnisciencia, un atributo que le pertenece solo a Dios. Más evidencia de esta conclusión puede ser vista en nuestro texto. Mientras los tres “hombres” hablan con Abraham, es solo el Señor quien expone los pensamientos de Sara. Esto es algo que los ángeles no sabían ni podían saber. Si los ángeles no pudieron leer la mente de Sara, entonces Satanás – un ángel caído – tampoco puede leer la mente.

67 Ver 2 Crónicas 20:7; Isaías 41:8; Santiago 2:23.

68 Compare con Juan 15:15.

69 Debe notarse que la gracia de Dios se extendió mas allá de la requisición de Abraham. Dios accedió a no destruir las ciudades si solo hubiera 10 justos. Diez gentes justas no se encontraron, mas sin embargo, Dios removió los justos de la ciudad de Sodoma antes de destruirla. Dios no perdonó a la ciudad por el bien de los justos, pero sí perdonó a los justos de Su ira de entre la maldad de la ciudad.  

70 El esposo debe ser como Cristo, poniendo su vida por el bien de su esposa – Efesios 5:25.

71 Algo que no dijo en el capítulo 16. Abraham escuchó a Sarai cuando debió haberse rehusado a hacerlo.

72 Ver 17:18-21.

73 ¿Será esta la intención para reflejar, y aun para anticipar, las palabras de 22:3? Me inclino a pensarlo. Este es un prototipo del sacrificio más grande en el capítulo 22.

74 Esto parece poner el escenario para las disputas posteriores de Isaac con los criados de Abimelec sobre la posesión de otros pozos que él o su padre habían excavado (ver capítulo 26).

75 Ver 21:14. Estoy tentado a pensar que Abraham partió muy temprano, no por estar deseoso de empezar con esta tarea, sino para salir antes que Sara despertara. Nunca la convencería de que él debía llevar acabo esta misión.

76 Encontramos el Pacto Abrahámico dado y afirmado un poco antes a Abraham en 12:1-3; 13:14-17; 15:1-21; 17:1-27.

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