Génesis 11:26—17:27
Hace ya muchos años, mi buen amigo Bill McRae y yo acabábamos de terminar de trotar. Estábamos sentados afuera de mi casa recuperando el aliento cuando otra persona que también hacía ejercicio pasó delante de nosotros y se detuvo a platicar por un momento. Se presentó asimismo como Ed Bloom. Como siempre, Bill fue muy caluroso y cordial y entabló una conversación con “Ed”. En medio de esta conversación, Bill dijo algo como esto: “Dime, Ed, ¿es este tu primer año como estudiante en el seminario teológico? Yo volteé mi cara y le dije a Bill, “Bill, este es el Dr. Ed Bloom, él es profesor aquí en el seminario.” Sin tener que decirlo, Bill no sabía que “Ed” acababa de entrar como profesor de la facultad, y se apenó mucho.
Algunas personas simplemente se ven muy diferentes a lo que son. Ciertamente este es el caso con Abraham. Cuando nos presentan a Abraham por primera vez en Génesis 12, no parece ser el héroe de la fe que conocemos en otros pasajes de la Biblia. Abraham es considerado como uno de los gigantes de la fe, y una de las personalidades más prominentes en la Biblia. Una búsqueda en la concordancia indicará que el nombre de “Abraham” ocurre unas 230 veces en la Biblia. Incluidos en esta cifra aparece 67 veces su nombre en el Nuevo Testamento. “Abram” ocurre en el Antiguo Testamento otras 60 veces. Este hombre es un gigante de la fe, pero esto no es necesariamente evidente en las tempranas épocas de su vida, como trataremos de mostrar. Este es un hombre que vino a confiar en Dios en lugar de sí mismo, pero le tomó un tiempo considerable y problemas para llegar a ese punto en su vida. Dedicaremos dos mensajes a Abraham, buscando saber qué papel fue el que él jugó en el “drama progresivo de redención.”
A partir de nuestro texto en Génesis, uno
tendría la impresión que Abraham recibió su llamado mientras vivía en Harán, pero
este no es el caso si analizamos las Escrituras más ampliamente. Se nos dice
que Abram nació en Ur de los Caldeos (Génesis 11:28, 31). También se nos dice
que Dios trajo a Abram de Ur de los Caldeos a Canaán (Génesis 15:7; Nehemías
9:7). Son las palabras inspiradas de Esteban, sin embargo, las que indican que
el primer llamado de Abram vino a él mientras vivía en Ur:
1 El sumo sacerdote dijo entonces: ¿Es esto
así? 2 Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de
la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que
morase en Harán, 3 y le dijo: Sal de tu tierra y de
tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. 4 Entonces
salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su
padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora. (Hechos
7:1-4).
Moisés no desea enfatizar este hecho acerca
de Abraham. Él solo nos dice lo que él necesita hacer para desarrollar su
argumento, y de ese punto en adelante “el amor cubre multitud de pecados.” Vemos
entonces, que Abram fue llamado primero a dejar su familia, su parentela, y
salir de su pueblo, mientras estaba en Ur. A partir de lo que Moisés nos dice
en el capítulo 11, fue Taré, el padre de Abram, quien sacó a Abram (junto con
otros miembros del clan) fuera de Ur (11:31). Harán, hermano de Abram y padre
de Lot, murió mientras aún estaban en Ur
(11:28). Otra cosa es muy clara en el capítulo 11: cuando Taré llevó su
familia a Harán, fue con la intención de ir a Canaán (11:31). De alguna manera,
cuando llegaron a Harán, se establecieron allí y nunca se fueron a Canaán
durante la vida de Taré.
Por tanto, debemos decir que el “llamado” de
Abram en Génesis 12:1-3 es realmente su “segundo llamado,” algo como la segunda
comisión de ir a Nínive de Jonás (Jonás 1:1-2; 3:1-2). La diferencia es que
Jonás se rehusó ir a donde Dios le dijo, y fue en dirección opuesta. Abram fue
traído providencialmente a cierta parte del camino a Canaán, aunque muestra ser
pasivo en esto, en lugar, como ya sabemos, haber actuado en desobediencia. Uno
se pregunta si Abram estaba dudando seriamente acerca de lo que tenía que hacer
después de la muerte de Taré, su padre. ¿Retornar a Ur; permanecer en Harán; o,
seguir a Canaán, como Dios le había mandado? Dios removió toda duda con
respecto al apropiado curso de acción a seguir, al Él reiterar su llamado.
Abram tomó a Lot consigo, y uno se pregunta si esto fue o no correcto de hacer,
de acuerdo al mandato que Dios le había dado de dejar su casa y su parentela. Una
cosa podemos decir con confianza – Lot para Abram, fue más tropiezo que ayuda.
El llamado de Abram fue similar en sus demandas, a la de un matrimonio. Abram, tenía por así decirlo, que “alejarse y partir” – debía dejar su casa y su familia y aferrarse a Dios, por fe. En los días de Abram, dejar la familia y la casa, era dejar la fuente de seguridad y relevancia. Se trataba y se conocía cada persona en relación con los padres y la familia. Los Cananitas no tenían relación alguna con los ancestros o linaje de Abram. Estar en familia era estar bajo un escudo de protección. Esta es una de las razones por la que existe muy poca rebelión entre los jóvenes de las familias del tercer mundo. Los niños saben que el ser removidos de sus familias los destina a la pobreza y desprotección. Al mandarle a Abram dejar su casa y su parentela, lo estaba forzando a depender enteramente en Él (en Dios.)
Génesis 12:1-3 es ampliamente reconocido como
el Pacto Abrahámico. Pero quisiera enfatizar que la Biblia demuestra el
principio de revelación progresiva. La “verdad” pocas veces es revelada a un
solo tiempo y en un solo lugar (ver Efesios 2:8-10; 5:32). Gradualmente se
descubre a través del tiempo. Por ejemplo, se nos dice que la simiente de la
mujer herirá la cabeza de Satanás (Génesis 3:15). Suponemos que esa simiente
sea – o que venga de – la línea de Abel, pero Abel fue muerto por su hermano
Caín (Génesis 4). No nos sorprende ver que la línea de la simiente pasa a
través de Set a Noé, y luego de Noé a Abram. Para cuando terminemos Génesis, se
nos habrá dicho que la simiente vendrá a través de la línea de Judá (Génesis
49:8-12). Poco después aprenderemos que la simiente vendrá de la línea de David
(2 Samuel 7:10-16). La identidad de la línea del Salvador prometido continua
estrechándose, hasta llegar a la introducción de Jesús como el Mesías en los
Evangelios.
El principio de revelación progresiva es muy evidente en el Libro de Génesis especialmente con respecto al Pacto Abrahámico. Este pacto es introducido en Génesis 12:1-3, pero solo en términos muy generales. Hay promesas personales hechas a Abram, como también promesas colectivas concernientes a su descendencia. En términos generales, Dios le promete a Abram que Él le dará muchos descendientes, y que Él también le dará la tierra de Canaán. Abraham será el “criterio de prueba” para la bendición o maldición de toda la humanidad. Aquellos que bendigan a Abram serán bendecidos, y los que lo maldigan (o estimen a la ligera) serán maldecidos. El pacto no será formalmente ratificado hasta que el sacrificio sea ofrecido en el capítulo 15, y Abraham no recibe la señal de circuncisión del pacto hasta el capítulo 17.
A Abram se le dice que tendrá muchos
descendientes en el capítulo 12, y vemos en Génesis 15:2 que Abram asume que su
“simiente” tendrá que ser un siervo adoptado de la servidumbre de su
casa. En Génesis 15:4, Dios le asegura a Abram que la “simiente”
prometida vendrá de su propio cuerpo (15:4). No es sino hasta después del
nacimiento de Ismael, que a Abram se le dice que él y Sara serán los padres del
niño prometido (17:15-16). Dios revela progresivamente Sus planes y propósitos
a Abram. A causa de esto, debemos esperar que los detalles del Pacto Abrahámico
sean revelados progresivamente, durante un período de tiempo. Esto es
precisamente lo que sucede. Y aquí basta con decir, que Abraham es el que Dios
designa como patriarca de la familia,
de la cual la “simiente” prometida vendría. A medida que la historia de
Abraham se desarrolla, más y más detalles concernientes a las bendiciones
prometidas en el Pacto Abrahámico serán reveladas.
Previamente he indiciado que en el principio,
Abraham no se parecía mucho al “padre de la fe.” No obstante, en esto se
convertiría. A medida que continuamos nuestro estudio en Génesis, vemos el
proceso mediante el cual Dios guió a Abram, para que pudiera convertirse en un
hombre de fe. Consideremos ese proceso a medida que estudiamos los capítulos 12
al 17.
Una vez ya en Canaán, Dios le asegura a Abram
que esa es la tierra que le dará a él y sus descendientes (Génesis 12:7).
Abraham pasó a través de la tierra de Canaán, de norte a sur, clamando posesión
de ella mediante la construcción de altares, y la adoración a Dios. Cuando
Abram llegó al Neguev, la parte sur de Canaán, encontró una severa hambruna en
la tierra (12:10). Él concluyó que debía dejar la tierra prometida, el lugar de
bendición, y esperar en Egipto que pasara el hambre. Dada su actitud (temor) y
su conducta (mentiras), es difícil creer que ir a Egipto era un acto de fe.
Parecería que lo correcto era confiar en Dios y permanecer en Canaán, donde
Dios le había prometido prosperarlo. Esto parece ser aún más cierto cuando
vemos Génesis 26:1-3:
1 Después hubo hambre en la tierra, además de
la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec
rey de los filisteos, en Gerar. 2 Y se le apareció Jehová, y le
dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. 3 Habita
como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y
a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice
a Abraham tu padre.
Moisés es amable en lo que dice (y no dice)
acerca de Abram en este punto de su vida. A medida que veo este texto, es la
manera en que Dios nos muestra el punto de partida del cual el crecimiento
espiritual de Abram comenzó. Este es el punto espiritual más bajo de Abram, y
de aquí en adelante, se le comienza a estirar para que empiece a desarrollarse
en un nivel más alto de fe.
Abram sabe muy bien lo hermosa que su esposa
Sarai es. Sabe que una mujer tan bella sería altamente deseada, y que todo lo
que alguien que la deseara tenía que hacer era matarlo a él y tomarla a ella.
De manera que Abram y Sarai acordaron una trama que consistentemente
practicarían por un buen número de años – mentirían acerca de la identidad de
Sarai como su esposa, y contarían una media verdad “que ella era su hermana.”
Este plan tenía un defecto muy serio; permitía a los hombres interesados, la
idea que Sarai estaba disponible en matrimonio. Abram estaba confiando en su
decepción, en lugar de confiar a Dios su vida y prosperidad. Abram buscaba
sobrevivir a costa de su esposa. Puso a su esposa en riesgo para salvar su
propio cuello. En su mente, tenía que ir a Egipto para salvar su vida, y tenía
que hacer pasar a Sarai como su hermana por la misma razón.
Cuando arribaron a Egipto, no tomó mucho
tiempo para que Faraón fuera informado acerca de la hermana de Abram y de su
gran belleza. Inocentemente, Faraón tomó a Sarai a su harén y estaba pronto a
hacerla su esposa. Solo puedo imaginarme las noches en vela que le esperaban a
Abram. Debió haber estado inquieto, imaginándose lo que estaba pasando entre
Faraón y Sarai. Mientras tanto, arribaban regalos de parte de Faraón, parte de
la dote que Faraón estaba pagando por tomar a Sarai como su esposa!
Dios tenía planes para Abram y Sarai. Debían
de tener un hijo, a través del cual muchos descendientes nacerían. Era a través
de la unión de Abram y Sarai que la línea de la simiente prometida vendría. No
habría manera que la promesa de una simiente que Dios hizo, podría ser cumplida
si Sarai se convertía en la Sra. De Faraón. Dios intervino por medio de plagas que cayeron
sobre Faraón y su casa. (En el capítulo 20, aprendemos que toda mujer en el
reino de Abimelec fue hecha estéril, por tanto asegurando, que ningún hijo
nacería de Abimelec y Sarai.) Faraón entendió el mensaje. Descubrió que Sarai
era esposa de Abram, de manera que lo reprendió y lo despidió, abrumándolo con regalos.
Solía preocuparme mucho el hecho que Abram
saliera de Egipto más próspero que cuando llegó. ¿Cómo podía Dios bendecir a
Abram mientras que él actuaba en temor, y no en fe? ¿Cómo podía Dios bendecir
la decepción de Abram? La primera cosa que debo decir enfáticamente, es que
nunca realmente merecemos ninguna de las bendiciones que Dios hace llover sobre
nosotros. Pero la segunda cosa que debemos saber es que esta historia fue usada
deliberadamente como prototipo del Éxodo de Israel de Egipto que vendría años
después. José fue traído a Egipto de Canaán por causa del pecado de sus
hermanos. Abram vino de Canaán a Egipto por miedo y falta de fe. Dios envió
plagas sobre Faraón y su casa, para que Faraón liberara a Abram y su casa y los
despidiera con muchos regalos. En la misma forma, Dios traería plagas sobre
Faraón y todo Egipto para que liberara a los Israelitas, y para que también
ellos salieran con muchos regalos. Para que esta historia pudiera ser sombra
del Éxodo de Israel de Egipto, Abram tenía que prosperar a expensas de Faraón,
del mismo modo que los Israelitas prosperarían después por la mano de los
Egipcios.60
Claramente implícito en la promesa de Génesis
12:2 es la de prosperidad. Dios prometió “bendecir” a Abram, y “hacer
su nombre grande.” Esto asegura a Abram una familia grande, con muchos
descendientes, y fuertemente implica riqueza material. Los capítulos 13 y 14
ponen a prueba la fe de Abram en el área de prosperidad terrenal. En el capítulo
13, Abram regresa a Canaán de Egipto más próspero que cuando primero llegó a
Egipto. Lot también prosperó, lo cual llevó a un conflicto entre los pastores
de Lot y los de Abram (13:6-7).60 Este hubiera sido un tiempo perfecto para que
Abram le recordara a Lot quien era al que Dios le había prometido darle esa
tierra, y a quien le había prometido prosperar en esa tierra. Abram fue
instruido a dejar su familia y venir a Canaán. Lo que Abram no estaba dispuesto
hacer antes – separarse de Lot – ahora tenía la excusa perfecta. Hubiera sido
el tiempo perfecto para que Abram le dijera a Lot que ya era tiempo que se
fuera y buscara una vida para él, en algún otro lado. En lugar de esto, Abram
le cede a Lot la decisión de escoger hacia donde ir, y qué tierra tomar.
Sabemos que Lot escogió lo que parecía ser la mejor tierra. Pero antes de criticar a Lot, recordemos que la mayoría de nosotros hubiera tomado la misma decisión que Lot tomó. Mi esposa y yo tenemos cinco hijas, y durante los días que ellas vivieron en casa encontramos necesario dividir sus porciones de comida. Nadie agonizó mucho sobre quien recibiría la mayor parte del pure de papa, pero cuando el pastel de manzana fue dividido, fue como si estas muchachas trabajaran para el Gabinete Federal de Estándares. Al instante podían reconocer una diferencia minuta en tamaño o cantidad, y siempre querían la mayor parte. (Bueno, para ser sincero, peleaban por la segunda parte más grande porque mi esposa ya había separado la más grande para mí.)
Seguramente Lot se alejó de esa conversación
con una gran sonrisa en su boca. Pero al hacer esto, pasó por alto ciertos
factores importantes. Primero, había escogido ir al Este (13:11). Segundo,
había escogido morar en la tierra de Sodoma, un lugar perverso. Tercero, había
descuidado, el actuar consistentemente con el Pacto Abrahámico. Dios prometió
bendecir a todos los que bendijeren a Abram y maldecir a los que lo maldijeren.
El tomar ventaja sobre Abram, el escoger las mejores tierras, no era
bendecirlo. Lot sería bendecido solamente si se sometía a Abram. Pero Lot buscó
beneficiarse a expensas de Abram. Lo que parecía ser una decisión inteligente
de negocios, pronto sería un gran desastre para Lot y su familia.
¿Se imaginan la conversación que debió llevarse
acabo entre Abram y Sarai cuando Abram regresó de su encuentro con Lot? De lo
que he leído acerca de Sarai en Génesis 16, era una mujer con carácter fuerte.
Me imagino que Abram llegó a su casa y Sarai inmediatamente le preguntó cómo le
había hecho para solucionar la disputa entre los dos rebaños. Cuando Abram le
dijo a Sarai que le había dado la mejor tierra a Lot, no hay duda en mi mente,
ella ha de haber explotado. ¿Cómo podía ser tan tonto? ¿Cómo pudo dejar que Lot
tomara ventaja de él? ¿Acaso no le importaba su familia y las necesidades que
tenían?
Sé que estoy leyendo entre líneas, pero ayuda a
explicar los versículos 14-18 del capítulo 13. En estos versículos, Dios
reafirma Su pacto con Abram y le re-asegura que será grandemente bendecido.
Específicamente, Dios le asegura a Abram que toda esa tierra – donde ambos Lot
y él vivían temporalmente – será de él (no de Lot). Dios le dice a Abram que
mire en todas direcciones, y le asegura, tan lejos como pueda ver, que toda esa
tierra será suya. Será dada a Abram y sus descendientes, para siempre
(versículos 14-15). Y mientras que Abram seguramente está pensando acerca de
estos descendientes, Dios le reafirma que sus descendientes serán sin número
(verse 16). Se le dice a Abram que camine a través de toda la tierra, y que vea
muy bien todo lo que será suyo. A medida que viaja a estos lugares, él
simbólicamente reclama esta tierra como suya. Él no la poseerá durante el
tiempo de su vida, pero sus descendientes sí. Abraham entonces mueve sus
tiendas de campaña cerca del encinar de Mamre, y allí edificó aún otro altar a
Jehová (verse 18).
Lot se encontró en medio de una lucha de poder
entre el rey de Sodoma y sus aliados, y una alianza de reyes opositores. El rey
de Sodoma sufrió la derrota, y las fuerzas invasoras se llevaron los botines de
la guerra, que incluía mucha de las gentes y posesiones de Sodoma, y también a
Lot. Cuando llegó la palabra a Abram, fue tras los victoriosos con 318 de sus
criados (14:14) y sus aliados (14:24). Prevalecieron sobre los cuatro reyes y
regresaron con toda la gente y posesiones que habían sido tomadas como botín,
incluyendo a Lot. Abram parecía ser visto como el comandante de estas fuerzas
(ver 14:15), y el rey de Sodoma estaba determinado a honrarlo por su victoria.
La intención del rey de Sodoma era encontrarse con Abram y los otros en el
Valle del Rey (versículo 17). Antes que el rey de Sodoma llegara con Abram,
Melquisedec aparece, y la palabra “aparece” está muy bien utilizada porque no
sabemos de donde apareció, apareció de la nada. A Melquisedec se le refiere
como “sacerdote del Dios Altísimo” (versículo 18). Arribó con pan y
vino, y bendice a Abram con estas palabras,
“Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano.” (Génesis 14:19b-20a).
Melquisedec es un individuo muy interesante,
cuya única aparición es aquí, aunque también es el tópico de revelación
posterior (Salmo 110:4, Hebreos 5:6, 10; 6:20; 7:1-17). Melquisedec juega en
ese momento de tiempo, un importante papel en la vida de Abram. Le informa a
Abram que la victoria que acababa de obtener, no era para nada victoria suya
sino de Dios. Fue Él quien entregó en las manos de Abram sus enemigos
(versículo 20). Y Él, es “el Creador de los cielos y de la tierra.” La
NASB Lo describe como, “El Poseedor de los cielos y de la tierra.” Ser
el Creador significa ser el dueño, el propietario. Abram entonces da el diezmo
a Melquisedec, y este rey y sacerdote desaparece tan rápido como apareció.
Pareciera ser como si solo fuera un momento
después que el rey de Sodoma arribó. Han de haber sonado a Abram muy vacías las
palabras de este rey, después de haber oído Palabra de Dios. El rey de Sodoma
probablemente estaba lleno con palabras de alabanza y admiración hacia Abram.
Le ofreció a Abram quedarse con todo el botín de su victoria, y pidió solo se
le regresara su gente. Abram rehusó todo regalo del rey de Sodoma, repitiendo
algunas de las mismas palabras que Melquisedec le acababa de hablar:
“He alzado mi mano a Jehová Dios
Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, 23 que desde
un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para
que no digas: Yo enriquecí a Abram; 24 excepto solamente lo que
comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol
y Mamre, los cuales tomarán su parte.” (Génesis 14:22b-24).
Ya que el Dios de Abram era el “Creador de
los cielos y de la tierra,” y ya que Dios había prometido prosperarlo,
Abram no le permitiría a este rey pagano prosperarlo a él. Su bendición debía
venir de Dios. Abram dio los diezmos del botín al rey de Salem, pero no tomó
nada proveniente del rey de Sodoma. Debemos aprender de esto, que el dar y recibir
dinero es un asunto muy significante en la Biblia.
Parecería que desde el punto de vista
puramente de negocios, Abram había cometido dos muy serios errores en los
capítulos 13 y 14. Primero, había fallado en reclamar la mejor tierra, y envés
de esto se la había dado a Lot. Segundo, rehusó aceptar regalos de la mano
agradecida de un rey. Pero haciendo esto, Abraham revela que ha puesto su
confianza en Dios, y que verdaderamente cree las promesas de Dios expresadas en
el Pacto Abrahámico. Ningún rey terrenal tomaría el mérito de prosperar a
Abram, y por tanto, tomar la Gloria que pertenecía a Dios.
El capítulo 15 empieza con estas palabras de
Dios a Abram: “No Temas.” Parecería ser que Abram no tenía temor, pero
la Palabra de Dios indica otra cosa. ¿A quién le tenía miedo Abram? Primero,
podría muy bien sentir miedo de una venganza de los reyes que acababa de
derrotar. En 1 Reyes 20 leemos cómo Dios derrotó los ejércitos de Ben-Hadad,
rey de Siria. Después de su victoria, Dios advirtió al rey de Israel que
Ben-Hadad reestructuraría hombre por hombre, caballo por caballo, carro por
carro, y regresaría a pelear con él. No se permitiría pensar el ser derrotado.
Deseaba la venganza. Abram podía esperar el mismo contra-ataque de los reyes
que acababa de derrotar.
Sin embargo, los temores de Abram parecían ir
más allá de estos reyes paganos. Está dolorosamente consciente del hecho que
aún no ha engendrado un hijo, como Dios le había prometido. Su único heredero
hasta el momento, era el hijo de uno de sus siervos, Eliezer el damasceno.
Dios, amable y cariñosamente alienta a Abram en ese momento de temor. ¿Hizo que
Abram confesara al rey de Sodoma que su Dios era “Creador de los cielos y la
tierra” (versículo 22)? Que Él era, y ahora el “Creador de los cielos y la
tierra,” Hacedor de las estrellas, le dice a Abram que su “heredero” vendrá
de su propio cuerpo (versículo 4), y que sus descendientes serán más numerosos
que las estrellas del cielo. Aquel que llamó estrellas sin número a existir,
ciertamente puede llamar descendientes sin número a existir de Abram.
El versículo 6 nos describe la respuesta de
Abram – Y creyó a Jehová. Él creyó la promesa de Dios de un hijo e innumerables
descendientes a través de él. Dios le contó su fe (no por obras que había
hecho) por justicia. Dios no paró aquí; Continuó re-confirmando a Abram,
referente a la tierra que Él le daría, pues esto también era parte del Pacto
Abrahámico. Abram quería seguridad por parte de Dios, que Él verdaderamente le
daría esta tierra. Dios no reprendió a Abram, sino que lo reafirmó formalizando
su pacto. Dios le dijo a Abram que matara una becerra, una cabra, un carnero,
una tórtola, y un palomino, y que los partiera a la mitad, excepto los pájaros
(15:9-11). Lo que sucedió aquí como yo lo entiendo, este no era un sacrificio
de adoración; ciertamente, no era un sacrificio del todo. Ni siquiera leemos
acerca de la existencia de un fuego, ni tampoco encontramos el término
“sacrificio” usado. Abram, tuvo aún que ahuyentar las aves de rapiña, pues
querían comer de las canales. Este era el ritual por el cual el hombre entró en
pacto uno con otro. Las partes que entrarían en pacto, partirían los animales
en dos, después, ambos aparentemente caminarían por en medio de las partes,
simbolizando que el pacto era condicional, que era mutuamente obligatorio solo
si ambas partes cumplían su compromiso. En este ritual, solo Dios caminó por en
medio de las mitades de los animales, simbolizando que este era un pacto
incondicional, dependiente solo de Su fidelidad.
A medida que Dios pasó entre los animales,
puso a Abram en un sueño profundo, y en este sueño, él tuvo una visión de lo
que el futuro guardaba para sus descendientes. El temor de una gran oscuridad
cayó sobre Abram, no solo por estar en la presencia del Dios Santo y
Todopoderoso, pero quizás también por causa de lo que la visión le revelaba
acerca del sufrimiento de sus descendientes. Dios aseguró a Abram que sus
descendientes poseerían la tierra, pero que esto no sucedería rápidamente.
Primero tendrían que soportar esclavitud y opresión en tierra extranjera por
400 años, mas después, saldrían con muchas riquezas. A Abram se le dijo que
moriría antes de ver la promesa de Dios cumplida, pero que ciertamente sus
descendientes poseerían la tierra. Los pecados de los amorreos que en ese
momento ocupaban la tierra, aún no habían llegado a su colmo. Dios les daría
tiempo, pero en este tiempo, sus pecados solo se incrementarían. Entonces,
cuando sus pecados estuvieran plenamente desarrollados, Dios traería juicio
divino a través de los descendientes de Abram.
Y cuando el sol se puso, y ya oscurecido, un
horno humeando y una antorcha de fuego pasaba entre los animales divididos. Fue
por medio de esta ceremonia oficial que el Pacto de Dios con Abram fue
ratificado. Esta es la segunda vez, después que Dios hizo pacto con Noé, que la
palabra “Pacto” es utilizada. Técnicamente, supongo, podríamos llamar Génesis
12:1-3, una promesa, y este, un pacto formal. Dios ahora le informa a Abram
cuales pueblos y cuales tierras le entregará en sus manos. Estas tierras fueron
descritas más en general en 13:14-18, pero ahora los pueblos que serían
reemplazados, son nombrados en Génesis 15:18-21.
En adición a la clarificación y confirmación
añadida que Dios a dado en los eventos de Génesis 15, hay una nueva revelación,
la cual tiene que ver directamente con las preocupaciones de Abram. Dios no
tenía ninguna prisa para cumplir Sus promesas. Acababa de informarle a Abram,
que la tierra de Canaán sería la posesión de sus descendientes, pero que esto
no sería sino hasta después de 400 años. Abram estaba inquieto, pues Dios aún
no le había dado hijo a través de Sarai su esposa; Dios estaba dejando muy
claro que el Dios eterno nunca está deprisa. ¿Porqué debería de estarlo?
Después de todo, Él tiene todo el tiempo del mundo.
Dios había dejado muy claro, que la “simiente”
prometida a Abram sería el producto de su propio cuerpo, y no la de otro
(15:4). Abram es ahora retado a producir un hijo. Sarai deseaba un hijo tanto,
que estaba dispuesta a emplear un remedio muy conocido y aceptado de su
cultura, ya que ella sabía que nunca podría engendrarle por ella misma, un hijo
a Abram. Pero sí podía de acuerdo a su cultura, darle a su criada Agar, y por
este medio, Sarai podría tener un hijo. Tan pronto como el niño naciera, sería
hijo de Sarai y no de Agar.
El razonamiento de Sarai no era de Dios.
Estaba dolorosamente consciente que ella no había podido concebir. Más que
esto, sabía que era Dios quien había evitado que ella engendrara un hijo a su
esposo. Su proposición a Abram parece como un atentado evidente para evitar la
voluntad de Dios. Si Dios la había mantenido de no tener hijo a través de su
propia concepción, entonces ella tendría un hijo de otra forma – pero realmente
no a la manera de Dios. Moisés nos dice, que ella tenía una criada Egipcia
llamada Agar. El hecho que ella fuera Egipcia no parece incidental, porque
Moisés repite esto en el versículo 3. ¿Sería esto una de las consecuencias de
la estadía temporal de Abram en Egipto? ¿Era Agar parte del dote de regalos por
parte de Faraón? A la mejor.
Sarai exhortaba a Abram para que tomara a
Agar, y produjera así un hijo a través de ella. Y Moisés nos dice después “Abram
hizo lo que Sarai le dijo.” Literalmente el texto lee, “Y atendió Abram el
ruego de Sarai” (16:2). Estas palabras suenan muy familiar::62
17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste
a la voz de tu mujer63
y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la
tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. (Génesis
3:17).
El versículo 3 me inclina a pensar que Abram
no hizo inmediatamente lo que Sarai le pidió. Moisés nos dice que después que
Abram y Sarai habían vivido en la tierra de Canaán 10 años, Abram tomó a Agar
como esposa. ¿Significa esto que Sarai le insistió a Abram acerca de esto por
mucho tiempo hasta que finalmente “cedió” e hizo lo que ella demandaba?
Probablemente. Lo que sí es muy claro, es que tomar a Agar como esposa no fue
un acto de fe. Abram no escuchó a Dios y esperó pacientemente; escuchó a Sarai,
y tomó a Agar como esposa. Parecería que Abram finalmente se convenció asimismo
que Dios no había realmente dicho que sería él y Sarai quienes engendrarían
este hijo prometido, sino que el hijo vendría del cuerpo de Abram.
Una vez que Agar supo que estaba embarazada,
su relación con Sarai cambió dramáticamente. Ahora Agar veía a Sarai con
menosprecio, y Sarai lo sabía. Sarai no
aceptó la responsabilidad por insistir que Abram tomara a Agar; en cambio, sí
lo culpó. Abram, una vez más cedió ante la presión de Sarai, y le dice a su
esposa que puede hacer con Agar como le plazca (16:6). Sarai hizo la vida de
Agar miserable, al punto que finalmente tuvo que escapar. El ángel del Señor la
buscó, porque aun no era tiempo que dejara a Abram y Sarai. El ángel le
prometió a Agar que su hijo sería grande (y que viviría al Este de sus
hermanos). Le dijo a Agar que su hijo sería un constante aguijón en la carne
del otro hijo de Abram, y esto pareció darle una medida de satisfacción. El ángel
también le dijo a Agar que debía regresar a casa y someterse a Sarai. Esa era
la parte difícil. Agar vino a conocer a Dios en una forma más personal. Él era
el Dios que vio su sufrimiento, el Dios que se preocupó por ella.
Abraham era de 86 años de edad cuando nació Ismael (16:16). Pasaron trece años entre los eventos del capítulo 16 y el principio del capítulo 17. Ismael ahora es un adolecente. No me queda duda que durante esos 13 años Abram se convenció que Ismael era la semilla prometida, que era el hijo a través del cual él y Sarai tendrían innumerables descendientes. También estoy convencido que Abram estaba profundamente encariñado con Ismael y lo amaba mucho.
Abram es ahora de 99 años, y cualquier esperanza de tener un hijo de Sarai era ahora en vano. El Señor apareció a Abram para reiterarle Sus promesas del Pacto:
1 Era Abram de edad de noventa y nueve años,
cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante
de mí y sé perfecto. 2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te
multiplicaré en gran manera. 3 Entonces Abram se postró sobre su rostro,
y Dios habló con él, diciendo: 4 He aquí mi pacto es contigo, y
serás padre de muchedumbre de gentes. 5 Y no se llamará más tu
nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de
muchedumbre de gentes. 6Y te multiplicaré en gran manera, y haré
naciones de ti, y reyes saldrán de ti. 7 Y estableceré mi pacto
entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto
perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. 8 Y
te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda
la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. (Génesis
17:1-8).
Aunque Abram todavía no lo sabía, el tiempo
para el nacimiento del hijo prometido se estaba acercando. Dios una vez más
reafirma Su Pacto con Abram. Se revela asimismo como El Shaddai. Hasta donde
tengo memoria, esta es la primera vez que este nombre para Dios es usado en Génesis,
aunque no la última, (ver Génesis 28:3; 35:11; 43:14; 48:3; 49:25; ver también
Éxodo 6:3). Él es el Todo-poderoso, todo-suficiente, Dios soberano. Dios le
ordena a Abram diciéndole, “anda delante de mí, y se perfecto.” Dios
promete establecer Su pacto con Abram, y multiplicar su descendencia
grandemente. Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él. Que
privilegio tan grande tuvo Abram al comunicarse directamente con Dios en esta
forma, en una forma similar a la manera que Dios habló con Moisés (ver Éxodo
33:11). Seguramente Moisés pudo identificarse aquí con Abram.
Para enfatizar el hecho que Abram se convertiría en padre de multitudes, Dios cambió su nombre de Abram (padre exaltado) a Abraham (padre de multitudes). El pacto que Dios había hecho con Abraham era un pacto por siempre duradero, uno que sería establecido con los descendientes de Abraham. Estos descendientes poseerían la tierra como Dios lo había prometido anteriormente en el capítulo 15. La señal del pacto entre Dios y Abraham fue la de la circuncisión. Esta debía ser observada por Abraham y por sus descendientes. Los varones Hebreos debían de ser circuncidados al octavo día después de nacer. El órgano masculino de reproducción sería el que diferenciara a los Israelitas de los demás. Mi profesor de Hebreo, el Dr. Bruce Waltke, solía decir, “Cada vez que un hombre Israelita tenía relaciones sexuales, se le recordaba su identidad sin igual y su llamado.” Solo aquellos que eran circuncidados se les consideraba como parte de la comunidad de alianza, y participante de las bendiciones del pacto.
Dios no solo habló concerniente a Abraham y sus descendientes varones, Él también habló con referencia a Sarai. No era solo Abraham quien sería el padre del hijo prometido; Abraham y Sara serían los padres de este niño. Dios entonces cambió el nombre de Sarai a Sara (princesa). Ella y Abraham se convertirían en los padres de una línea de reyes. Abraham se rió porque esta promesa de un niño era increíble. Estaba seguro que la intención de Dios era que Ismael fuera la semilla prometida...(versículo 18). “No,” dijo Dios, “Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac” (versículo 19). Sería con Isaac que Dios establecería Su pacto. Ismael sería bendecido, mas no era el hijo de la promesa. Este niño prometido, Isaac, nacería en ese mismo tiempo, el año siguiente (17:21). En obediencia al mandamiento de Dios, Abraham fue circuncidado a la edad de 99 años, como también Ismael y todos los varones de la casa de Abraham (17:22-27).
Tengo que sonreírme a mí mismo mientras leo
el capítulo 17 de Génesis. Moisés debió haberse sentido humillado cuando
escribió este relato porque requería claramente que todo Israelita fuera
circuncidado. Moisés escribió que cuando Dios indicó a Abraham que se
circuncidara, y circuncidara sus hijos y todos los de su casa, él lo hizo
inmediatamente. Pero Moisés no hizo lo mismo, pues él sabía muy bien:
24 Y aconteció en el camino, que en una posada
Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo. 25 Entonces Séfora
tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies,
diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. 26 Así le dejó
luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión. (Éxodo: 24-26)
Abraham siempre había sido un héroe para los
Israelitas. Creo que este relato es proyectado para poner en perspectiva la
vida de Abraham. Abraham no era un hombre perfecto, e inicialmente no fue un
gigante en materia de fe. No obedeció inmediatamente el mandato de Dios de
salir de Ur, sino que fue sacado de Ur por su padre. No fue sino hasta después
de la muerte de su padre en Harán que Abraham finalmente actuó en el llamado
que Dios le había hecho. Sus primeros años no fueron marcados por una fe
intachable, sino reveló tiempos de miedo y duda. Con esto no quiero decir que
Abraham no tenía nada de fe, sino que su fe tenía mucho lugar para crecer y
desarrollarse.
No fue la gran fe de Abraham la que explica
todas las buenas cosas que sucedieron en la vida de Abraham, sino la fidelidad
de Dios a Su pacto con Abraham. Yo creo que ayuda a los Cristianos a darse
cuenta que no existen super-héroes en la Biblia, excepto Uno, nuestro Señor
Jesucristo. El resto eran, como lo describe Santiago, “hombres sujetos a
pasiones semejantes a las nuestras,” (Santiago 5:17). Fue a través de
tiempo y problemas que Abraham creció en su fe para convertirse en el hombre de
fe que vemos mas tarde en su vida, y que nos gustaría emular. La santificación
nunca es instantánea; toma tiempo, pruebas y problemas (ver Santiago 1:2-4).
Los Israelitas de los días de Moisés fueron
informados por medio del capítulo 15, que su tiempo de sufrimiento en Egipto
era por designio divino. Dios había
mandado su esclavitud y sufrimiento con un propósito, para bien de ellos, y
para Su Gloria. Era un tiempo en que los Israelitas estaban creciendo en número
(mas sin contaminarse racialmente por casamiento con los Cananitas). Era un
tiempo en que Dios estaba permitiendo que los pecados de los Cananitas
maduraran completamente, al punto que se necesitara un juicio. Yo creo que
Moisés escribió estos capítulos de una manera que los Israelitas pudieran ver
la conexión entre la estadía temporal de Abram en Egipto y la postrera estadía
temporal de Israel en Egipto. Nuestros tiempos de sufrimiento no son por
accidente, sino un asunto de designio divino.
Existe una lección aquí para nosotros con
respecto al camino de la bendición. Del Jardín del Edén en adelante, el hombre
ha estado siempre tentado a buscar su propio bien por su propia manera. La
bendición viene por confiar en Dios y obedecer Sus mandamientos. Abram buscó
encontrar garantía y seguridad en la tierra de Egipto, y fue solo por la
intervención divina de Dios que no perdió la vida. Abram escuchó la voz de su
esposa, en lugar de la voz de Dios, y sufrió las dolorosas consecuencias por
tener un hijo con Agar. Lot sintió que él buscaba sus mejores intereses cuando
escogió la mejor tierra, y dejó el resto a Abram. Pero Lot, también sufrió por
su disparate, cuando los reyes invasores lo secuestraron. Y sufriría aún más en
los siguientes capítulos de Génesis.
Nuestro texto subraya el hecho que Dios no tiene ninguna prisa para lograr Sus propósitos. No le entregó inmediatamente la tierra a Abraham, sino sería la posesión de sus descendientes, después de 400 años de esclavitud. No dio inmediatamente a Abraham el hijo que le prometió. Esperó hasta que fuera “muy tarde,” humanamente hablando, para que fuera aparente que este hijo era un regalo de Dios. No dio a Abraham al instante, una fe completamente desarrollada. Dios lo llamó y lo guió a través de varias pruebas y tribulaciones, para que su fe creciera a lo largo de un período de tiempo.
La consecuencia al hecho que Dios no tiene
prisa, es que el hombre debe aprender a esperar pacientemente a que Dios cumpla
Sus promesas. Abraham tuvo que esperar el juicio de Dios sobre los Cananitas.
Abraham tuvo que esperar un hijo, y para que la tierra fuera su posesión a
través de sus descendientes. Israel también, necesitaba aprender paciencia y
perseverancia. Esto es lo que la adversidad hará por nosotros, si la soportamos
en fe (Santiago 1:2-4).
Abraham nos puede enseñar mucho acerca de la
humildad. Él no puso sus propios intereses por encima de los de Lot. Le dio a
Lot la opción de qué tierra tomar para establecerse. Él arriesgó su vida para
salvar la de Lot. Abraham era un hombre que aprendió a adelantarse a los
caminos de Dios – no mediante la búsqueda de sus propios intereses a expensas
de otros, sino poniendo los intereses de otros por encima de los de él.
Aprendemos de Abraham que el hombre debe ser
líder en su casa, y no abdicar sus responsabilidades como líderes. Como Adán,
Abraham escuchó a la voz de su esposa, siguiéndola al camino doloroso de
desobediencia al tomar a Agar como esposa. (De esto, se les dio a los
Israelitas una ilustración del peligro de casarse con mujeres extranjeras – ver
Deuteronomio 7:1-6). El hombre no debe ser autócrata, uno que ignora la
sabiduría de su esposa, pero tampoco debe permitir ser presionado por su esposa
haciendo lo que sabe no es correcto.
Abraham es un ejemplo de ambos, fe y temor. En fe, dejó el pueblo de Harán y se mudó a Canaán. En fe, Abraham creyó las promesas de Dios. Pero cuando Abraham actuó por temor, difíciles tiempos le siguieron. Fue por temor, y no por fe, que Abraham fue a Egipto. Fue por temor que Abraham (un profeta – ver Génesis 20:7) engañó a los Egipcios, incluyendo a Faraón acerca de la verdadera identidad de su esposa. A menudo es por causa del temor que mentimos, porque para decir la verdad se necesita fe.
Abraham es uno de los primeros ejemplos de la
“verdad” que dice que Dios escoge las cosas débiles e insensatas de este mundo
para avergonzar a los sabios:
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que
no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;
27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios;
y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y
lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer
lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia. (1 Corintios
1:26-29).
A medida que leo la historia de Abraham, veo que Dios no lo escogió por su valentía, o su inteligencia, o por su posición en la comunidad. Dios soberanamente escogió a Abraham por su debilidad, no por su fortaleza. Abraham fue un hombre echo por Dios. Fue un hombre que encaró las mismas pruebas y tentaciones que nosotros experimentamos. Las buenas noticias son que este hombre llegó a ser un gigante de la fe. Del mismo modo que él creció en la fe, nosotros podemos, por la gracia de Dios.
Una de las verdades más alentadoras que encontramos
en este pasaje es que el pecado nunca frustra los propósitos de Dios. Existen
algunos que piensan que Dios depende de nuestra fidelidad, y que cuando
fallamos, los propósitos de Dios también fallarán. Esto simplemente no es
verdad. Dios es capaz de lograr Sus propósitos, tanto en la desobediencia y
fracasos del hombre, al igual que a través de su obediencia. Adán y Eva pecaron
en el Jardín del Edén, pero Dios ya había planeado de antemano redimir al
hombre caído. Por causa del pecado del hombre, la gracia de Dios puede ahora
ser vista en todo su esplendor. Abraham buscó refugio en Egipto, donde él y
Sara mintieron acerca de su relación. Pero los propósitos de Dios no fueron
frustrados. La nación de Israel fallaría muchas veces en el desierto, pero los
propósitos y promesas de Dios fueron cumplidos, a pesar de sus fallas.
Cuando pienso acerca de esta verdad reconfortable (que el pecado del hombre no puede estropear los propósitos de Dios), viene a mi mente que esto va más allá de lo que vemos. Dios no “arregla” simplemente las cosas que el hombre descompone; Dios las hace mejores de lo que eran antes. Por ejemplo, piensen acerca de la caída del hombre en el Jardín del Edén. Adán y Eva vivían en un hermoso jardín, donde el pecado (hasta ese momento) no se conocía. Fueron creados a la imagen de Dios. Eran sin pecado en el principio, pero después cayeron en pecado, con toda su contaminación y corrupción. Pero cuando Dios termine con el hombre, el hombre vivirá en una ciudad celestial, y con un jardín mucho mejor. Habrá cielo nuevo y tierra nueva, y estos serán mucho mejor. Los pecados de los santos serán perdonados y olvidados, y poseerán la justicia de Cristo. Dios cambia nuestras tragedias en triunfos, nuestras maldiciones en bendiciones. Y esta no es excusa para pecar o para no-tener cuidado, porque el pecado tiene consecuencias terrenales dolorosas. Pero al final, nuestros fracasos no frustran los propósitos y promesas de Dios; sino que son ocasión para que Su poder y gracia sean magnificados.
Finalmente, nuestro texto nos provee con un
ejemplo excelente de revelación progresiva. Dios no reveló la totalidad del
Pacto Abrahámico en una sola revelación. Dios divulgó esta revelación a través
de un número de años, añadiéndole detalles y contenido poco a poco. A Abram le
fue prometido, primero muchos descendientes (12:2), después un hijo nacido de
su propia semilla (15:4), y finalmente un hijo nacido de él y Sara (17:15-19).
Pasaron 24 años antes que Abraham finalmente se diera cuenta que el hijo
prometido nacería de él y su esposa Sara. Inicialmente, a Abram se le dijo que Dios le daría la tierra de Canaán (12:2,
7), pero fue solo un tiempo después, que descubrió que sus descendientes no la
poseerían hasta después que sufrieran esclavitud en tierra extranjera por 400
años (15:12-21).
En la Biblia, Dios revela Su plan y
propósitos a la humanidad, por porciones, en diferentes etapas de tiempo. Este
proceso es conocido como revelación progresiva. Ahora que finalmente Dios ha
hablado totalmente por Su Hijo (Hebreos
1:1-4), tenemos la suma total de la revelación divina en nuestras manos – la
Biblia. Yo creo que a pesar que poseemos toda la Palabra de Dios, no podemos
comprenderla toda al mismo tiempo. En este sentido, la revelación nos está
siendo aún divulgada progresivamente. El Espíritu Santo es el que alumbra
nuestros corazones y abre nuestras mentes al conocimiento de esta revelación
para poder entender el constante y progresivo plan de Dios (ver, por ejemplo 1
Corintios 2:6-16). Él nos revela ciertas verdades a medida que tenemos
necesidad. Por esto, constantemente debemos leer y re-leer la Palabra de Dios.
Casi todas las veces que hagamos esto, veremos algo nuevo. No es que esa verdad
no halla estado antes ahí, sino solo que no la habíamos visto antes. Debemos
acercarnos a la Palabra de Dios como el salmista lo hizo en el Salmo 119, en
oración y con la expectación que Dios nos “abrirá nuestros ojos para descubrir
cosas grandes y maravillosas de Su Palabra” (ver Salmo 119:18).
En nuestro tiempo de adoración que siga a este mensaje, celebraremos la muerte de nuestro Señor, como lo hacemos cada semana. Algunas personas piensan que recordar al Señor en esta forma es innecesariamente repetitiva y aburrida. Es nuestra oportunidad de reflexionar en el Nuevo Pacto de nuestro Señor, Pacto que vino a mostrarse con el derramamiento de Su sangre preciosa, una vez y para todos. Así como le tomó a Abraham una vida entera para empezar a entender la inmensidad del Pacto Abrahámico, yo creo que del mismo modo nos tomará a nosotros una vida entera (ciertamente, una eternidad) para comprender la magnitud del Nuevo Pacto. Cada vez que hagamos esto, vengamos a la Biblia y a la mesa del Señor con un sentido de expectación y asombro, buscando siempre ver algo más de lo que ya hemos visto.
59 Este
es el manuscrito editado de un mensaje dado por Robert L. Deffinbaugh, maestro
y anciano del Templo Community Bible, en Noviembre 26, 2000.
60 Debe
recordarse que las riquezas que los Israelitas tomaron de los Egipcios realmente
solo era “deuda atrasada.”
61 La declaración adicional en el versículo 7 que los Cananitas y los Peresitas estaban morando en la tierra me ha intrigado. Sin embargo, creo, que tiene mucho sentido. Abram aun no poseía esta tierra. Cuando él arribó, los Cananitas estaban en la tierra (12:6). Aún estaban ahí cuando Abram y Lot regresaron de Egipto (13:7). Esto significa que Abram y Lot estaban viviendo en Canaán por la generosidad y favor de los Cananitas. La tierra no solo debía soportar el Ganado de los Cananitas, sino también los de Abram y Lot. Estaban sobre poblados, no solo porque los criados de Abram y Lot competían por los pastizales para el Ganado, sino porque los Cananitas que eran dueños de la tierra también la estaban usando.
62 En Génesis 21:12, Dios le dijo a Abram que hiciera caso a Sarai con respecto a Ismael. Esto supone que cuando Abram escuchó a Sarai anteriormente, no fue en obediencia a Dios.
63 Literalmente,
“Porque tú escuchaste a la voz de tu esposa.”