El Mensaje del Libro de Habacuc
Hace algunos meses, mi amigo Marvin Ball hizo
un comentario muy revelador. Él dijo que en cualquier tiempo que regresemos a
un texto de la Escritura, lo más seguro es que veamos algo que previamente no
habíamos observado. Todos sabemos que esto es verdad, pero Marvin sugirió una
interesante razón para esto: cada vez que leemos un texto, venimos desde un
ligero y diferente marco de referencia. Por ejemplo, podemos leer el Libro de
los Salmos en un tiempo muy confortable de nuestras vidas y podemos apreciar
ciertas verdades. Pero cuando perdemos nuestro trabajo, o un miembro de la
familia, o nuestros ahorros de toda una vida, venimos a los Salmos con una
perspectiva muy diferente. Vemos las mismas Escrituras bajo una nueva luz.
Esta observación ha probado ser muy verdadera
esta semana pasada. Manejaba de regreso de un desayuno con varios hombres
cuando por primera vez escuché las noticias en la radio. Un avión acababa de
incrustarse en una de las torres del World Trade Center en la ciudad de Nueva
York. No mucho después, un Segundo avión se estrelló en la Segunda torre.
Después vino el reporte de un avión que se había estrellado en el Pentágono en
Washington D.C. Y si esto no era suficiente, nos enteramos que un cuarto avión
había caído en Pennsylvania. Pronto se reconoció como un ataque terrorista, y
mientras que los Estados Unidos aún no han lanzado un ataque, nuestra nación se
considera en Guerra con los terroristas que tomaron parte en este ataque, junto
con los países que les han dado asilo y soporte.
Debo decirte que el mensaje del Libro de
Habacuc realmente cobra vida a la luz de los eventos de esta semana pasada. No
puedo pensar en ningún otro libro de la Biblia que pueda aplicar tan
directamente a los trágicos incidentes de la semana pasada. Estos eventos
también vertieron nueva luz en otros libros del Antiguo Testamento. El Libro de
Jonás por ejemplo. Ha sido muy fácil para mí criticar a Jonás por negarse ir a
Nínive a proclamar el juicio de Dios sobre los Asirios. Pero ahora, puedo
ponerme en el lugar de Jonás. Supongamos que Dios me instruyera ir a Bagdad,
Irak, o a Kabul, Afganistán a predicar un mensaje de juicio a los Musulmanes
extremistas que fueron responsables por el ataque a nuestra nación la semana
pasada. ¿Cómo me sentiría si supiera que mi predicación podía ser usada por
Dios para salvar aquellos que han causado tanto dolor a mis con-patriotas?
Ahora puedo simpatizar mejor con Jonás y sentir algunas de las emociones que él
debió sentir.
Los Asirios y los Babilonios eran los
terroristas en los días de Habacuc. Historias de la crueldad de estas naciones
son demasiado para nuestras mentes, ambos en el Antiguo Testamento y en la
literatura del Antiguo Cercano Oriente. Les encantaba aterrorizar a sus
enemigos de modo que perdieran su voluntad de resistir u oponérseles. Hay
diferencias entre los Asirios y los Babilonios y los terroristas que
despiadadamente mataron, lastimaron, y destruyeron esta semana pasada, pero las
similitudes son muchas.
Parece evidente que el profeta Habacuc,
escribiera el Libro de Habacuc en algún tiempo durante el intervalo de 25 años
entre la caída de Nínive (612 B.C.) y la caída de Jerusalén (586 B.C.). Es muy
probable que Habacuc creciera durante el reinado de Josías. Él debió haber sido
testigo de muchas de las reformas que se llevaron acabo durante su reinado
sobre Judá. Pero Josías fue el último rey justo en sentarse sobre el trono de
Judá. Aquellos que le siguieron fueron hombres malvados. Cuando Josías murió,
todas sus reformas murieron con él. Casi no había traza alguna de santidad que
se pudiera encontrar en Judá. El profeta Jeremías describió la maldad de Judá
antes de la derrota de Jerusalén por los Babilonios (o Caldeos):
17 Mas tus ojos y tu corazón no son sino para tu
avaricia, y para derramar sangre inocente, y para opresión y para hacer agravio
(Jeremías 22:17).251
Estos fueron días oscuros para Judá, y no
gustó a Habacuc lo que estaba viendo al pueblo de Judá hacer. Ni tampoco
pareció a Habacuc lo que Dios estaba haciendo (mejor dicho, lo que no estaba
haciendo), hasta donde el profeta podía comprender. Regresaremos al tema de sus
protestas, pero hagamos una pausa y observemos desde un ángulo amplio el Libro
de Habacuc.
El primer capítulo del Libro de Habacuc está
dominado por las protestas del profeta. Él está en gran manera perturbado por
los pecados de su nación, y aún más afligido de que Dios parece no hacer nada
al respecto. Habacuc acusa a Dios de no hacer Su trabajo, del modo que el
profeta lo percibía. Dios responde a la protesta de Habacuc (1:5-11), pero esto
solo provoca una refutación del profeta (1:12—2:1). Con la excepción del primer
versículo, el capítulo 2 es una declaración divina de principios fundamentales
(2:2-5) y de infortunio pronunciado sobre los malvados (2:6-20). El tercer
capítulo revela un cambio radical en el corazón de Habacuc. En el capítulo 1,
el profeta demanda justicia; en el capítulo 3, el profeta implora misericordia.
En el capítulo 1, el profeta reta la manera en que Dios trata con los malvados;
en el capítulo 3, el profeta se encuentra en sus rodillas en oración. En el
capítulo 1, Habacuc está protestando contra Dios; en el capítulo 3, gozosamente
alaba a Dios.
Algo muy dramático le ocurre al profeta
Habacuc durante el curso del libro. Él no es el mismo hombre que vimos en el
capítulo 1. La clave para comprender el mensaje de Habacuc, es entender el proceso por el cual Dios cambió las
actitudes y acciones del profeta:
“Todo el valor de esta profecía es su
revelación del proceso que llevó al cántico de 3:17-18.”252
La respuesta la encontramos en el capítulo 2.
Con la excepción del primer versículo del capítulo 2,253 todo el segundo capítulo es la respuesta de Dios a las protestas de
Su profeta. El centro de la respuesta de Dios la encontramos en el versículo 4:
“4He aquí que aquel cuya alma no
es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.” (Habacuc 2:4, RV60).
Las protestas de este profeta a menudo se han
repetido a través de los siglos. Los eventos de la semana pasada a causado que
algunos las despierten de nuevo. Veamos la protesta con enojo de Habacuc, la
respuesta de Dios, y la respuesta final del profeta en el capítulo 3, con un
ojo para lo que tenga que decir a nosotros, como también para las personas del
día pasado.
1 La profecía que vio el profeta Habacuc.
2 ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a
causa de la violencia, y no salvarás? 3 ¿Por qué me haces ver
iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de
mí, y pleito y contienda se levantan. 4 Por lo cual la ley es
debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al
justo, por eso sale torcida la justicia. (Habacuc 1:1-4).
Imagínate por un momento que vas caminando
por la calle y ves a una anciana mujer que esta siendo atacada por unos vagos.
Y enseguida ves un policía sentado en una banca muy cerca. Le gritas al policía
apuntando a la mujer en problemas. El policía rehúsa levantar un dedo para ayudar y sigue leyendo su periódico. ¿Acaso
no te enojarías con el policía?
Así es como Habacuc sintió. Él vivió durante
los oscuros días finales de Judá, justo antes de su cautividad. El profeta
correctamente determina el estado espiritual de la nación, y agoniza porque los
pecados de sus días están desenfrenados. Más que todo, Habacuc humea con enojo
porque Dios parece no hacer nada al respecto, y ese es Su trabajo. Esta es la esencia
de la protesta del profeta: “Dios, he persistido en urgirte a tratar con los
pecados de este pueblo, y extrañamente Has estado en silencio.” ¿Acaso no te
importa? ¡Dios!, si eres un Dios justo, ¿porqué no hay justicia?
5 Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos;
porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la
creeréis. 6 Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y
presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas
ajenas. 7 Formidable es y terrible; de ella misma procede su
justicia y su dignidad. 8 Sus caballos serán más ligeros que
leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se multiplicarán;
vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas que se apresuran a
devorar. 9 Toda ella vendrá a la presa; el terror va delante de
ella, y recogerá cautivos como arena. 10 Escarnecerá a los reyes, y
de los príncipes hará burla; se reirá de toda fortaleza, y levantará terraplén
y la tomará. 11 Luego pasará como el huracán, y ofenderá atribuyendo
su fuerza a su dios. 254 (Habacuc 1:5-11).
Podríamos parafrasear la primera parte de la
respuesta de Dios en esta forma: “Hecha una buena mirada alrededor de ti
Habacuc, y mantén tus ojos abiertos. Mi mano está por obra, levantando a los
Caldeos (los Babilonios).255 El problema no es que Yo no esté haciendo nada, sino que lo que Yo
estoy haciendo está tan lejos de tu entendimiento que ni siquiera lo creerías
si te lo revelara.”
¿Acaso Habacuc pensó que Dios había estado
dormido, que Él no sabía del asunto o que no le importaba que Su pueblo
estuvieran actuando en maldad? Bueno, pues, contraria a la percepción de
Habacuc, Dios estaba trabajando. Dios le informa a Habacuc que Él está
levantando a los Babilonios como Su vara de justicia sobre Judá. Este era un pueblo
arrogante, poderoso, y lleno de maldad, el cual amaba aterrorizar a sus
víctimas. El juicio, cuando viniera, sería rápido y devastador.
El versículo 11 es crucial.256 Dios estaba en el proceso de levantar una nación muy violenta y cruel
para juzgar a Su pueblo. Sin embargo, no piensen que Dios los dejaría sin
castigo por sus pecados. Este pueblo habían convertido su propia fuerza en un
dios.257 Eran crueles y violentos, y se adoraban así mismos y serían juzgados
por ello.
En la superficie, la refutación de Habacuc
está basada en tres impresionantes argumentos. En la segunda mitad del capítulo
1, Habacuc se oye mas como un abogado en lugar de profeta. Él intenta razonar
con Dios sobre la base de Su carácter. Él arguye primero en el
versículo 12 que como Dios es eterno, el pueblo escogido de Dios es
indestructible. Dios es eterno, por tanto Sus promesas también deben ser
eternas. Dios hizo un pacto con Su pueblo, Israel. Él prometió a Abraham que él
sería una gran nación (Génesis 12:1-3, etc.) y a David que él tendría un reino
eterno (2 Samuel 7:14). Por tanto, Israel no podía cesar de existir como
nación. Habacuc parece haber asumido que si a los Babilonios se les permitía
prevalecer, completamente desaparecerían a Judá del mapa. Por tanto, Dios no
podía permitirle a los Babilonios prevalecer.
Sin embargo, la lógica del profeta deja mucho
que desear. Habacuc parece no haberse dado cuenta de la promesa de Dios de
preservar un remanente de Su pueblo (Isaías 1:9; 10:20-22; 11:11; Jeremías
23:3; Miqueas 2:12; Zofonías 2:7). Habacuc estaba equivocado. Dios podía usar a
los Babilonios para disciplinar a Su pueblo, y aún preservar un remanente, a
través de los cuales Sus promesas de pacto pudieran ser cumplidas.
El segundo argumento de Habacuc también está basado
en el carácter de Dios. Dios es justo, y aborrece el mal. Dios no puede aprobar
la maldad; por lo tanto, Dios no puede aprobar que una nación mala destruya Su
pueblo. La forma en que el profeta lo ve, el plan de Dios de usar a los
Babilonios como vara de justicia es inconsistente con el carácter de Dios. Un
Dios justo no puede cumplir Sus propósitos usando medios de injusticia. Dios
simplemente tendrá que cambiar Sus planes, supuso el profeta.
Pero la lógica de Habacuc está equivocada. El
uso de naciones extranjeras como vara de justicia no era inconsistente con Su
carácter, y no era algo nuevo. Dios había predicho esto en el Pacto Moséico:
36 Jehová te llevará a ti, y al rey que hubieres
puesto sobre ti, a nación que no conociste ni tú ni tus padres; y allá servirás
a dioses ajenos, al palo y a la piedra. 37 Y serás motivo de horror,
y servirás de refrán y de burla a todos los pueblos a los cuales te llevará
Jehová... 49 Jehová traerá contra ti una nación de lejos, del
extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendas;
50 gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará
al niño (Deuteronomio 28:36-37, 49-50)
El Libro de Jueces está lleno de ejemplos,
del uso de naciones extranjeras por Dios como Su vara de disciplina:
13 Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a
Astarot. 14 Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el cual
los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en mano de
sus enemigos de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos. (Jueces
2:13-14),
Dios es moralmente justo en usar a los malos
para cumplir Sus propósitos:
10 Ciertamente la ira del hombre te alabará; Tú
reprimirás el resto de las iras (Salmo
76:10, RV60).
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas
las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son
llamados (Romanos 8:28).
Dios es justo, y Él también es soberano. Él
es capaz de usar a los malos, y aún sus obras malas para cumplir Sus
propósitos. Por el momento, citaré solo un ejemplo – Faraón:
17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto
mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea
anunciado por toda la tierra (Romanos 9:17).
La opresión de Faraón sobre el pueblo de
Dios, y su negativa a dejar ir al pueblo de Dios, se convirtió en una ocasión
de bendición para la nación Israelita. Resultó en su liberación de la
esclavitud y en su posesión de la tierra de Canaán. No obstante, sufrieron bajo
la mano de Faraón un número de años. Dios usó a los perversos para cumplir Sus
propósitos. Dios usó a Faraón para traerle gloria a Él y producir el bien para
Su pueblos, Israel. Habacuc estaba equivocado. Un Dios justo puede usar hombres
perversos para cumplir Sus propósitos.
Creo que el segundo argumento de Habacuc
tiene aun más fallas, ya que está basado en la presunción muy cuestionable de
que el pueblo de Judá es mas justo que el de los Caldeos.
13 Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni
puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando
destruye el impío al más justo que él?
(Habacuc 1:13)
Este es un argumento muy peligroso, en mi
opinión, y uno que casi la mayoría de nosotros ha empleado en un tiempo u otro.
Sabemos que ciertas cosas son pecado, pero generalmente tenemos diferentes
categorías de pecado. Los Judíos en los
días de Jesús encontraron culpable de blasfemia a Jesús, un pecado
in-perdonable para ellos, y sin embargo eran soberbios y egoístas. Encontraban
formas de evadir sus responsabilidades para con sus padres y, de acuerdo con
Jesús, visitaban las casas de las viudas. Oprimían a los pobres en el proceso
de hacerse ricos.
Estoy de acuerdo contigo que algunos pecados
son ciertamente peores que otros en términos de sus efectos. Un asesino o
violador puede causar un increíble sufrimiento, mientras que uno que es
orgulloso y arrogante puede solamente ser ofensivo a otros. Pero en su raíz,
todos los pecados son en contra de Dios, son aborrecibles a Dios, y merecedores
de la ira eternal de Dios. Mostrar parcialidad o favoritismo puede mostrarse no
ser un pecado terrible ante nuestros ojos, pero Santiago pone este pecado bajo
una luz diferente:
1
Hermanos
míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de
personas. 2 Porque si en vuestra congregación entra un hombre con
anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido
andrajoso, 3 y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le
decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie,
o siéntate aquí bajo mi estrado; 4¿no hacéis distinciones entre
vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos? 5 Hermanos
míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean
ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? 6 Pero
vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos
los mismos que os arrastran a los tribunales? 7¿No blasfeman ellos
el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? 8 Si en verdad
cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis
pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. 10 Porque
cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable
de todos. 11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha
dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has
hecho transgresor de la ley. 12 Así hablad, y así haced, como los
que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad. 13 Porque
juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la
misericordia triunfa sobre el juicio (Santiago 2:1-13).258
El argumento de Habacuc se derrumba a la luz
de los pecados de Israel y a la luz de declaraciones tales como esta:
7 Y puso una imagen de Asera que él había
hecho, en la casa de la cual Jehová había dicho a David y a Salomón su hijo: Yo
pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalén, a la cual escogí de
todas las tribus de Israel; 8 y no volveré a hacer que el pie de
Israel sea movido de la tierra que di a sus padres, con tal que guarden y hagan
conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la ley que
mi siervo Moisés les mandó. 9 Mas ellos no escucharon; y Manasés los
indujo a que hiciesen más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de
los hijos de Israel. 10 Habló, pues, Jehová por medio de sus siervos
los profetas, diciendo: 11 Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho
estas abominaciones, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los amorreos
que fueron antes de él, y también ha hecho pecar a Judá con sus ídolos; 12
por tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí yo traigo tal
mal sobre Jerusalén y sobre Judá, que al que lo oyere le retiñirán ambos oídos
(2 Reyes 21:7-12).259
Yo creo que la falla fatal en el segundo
argumento de Habacuc es expuesto por sus propias palabras en 1:14-17 y por las
palabras de Dios al profeta en el capítulo 2. Pero por el momento, sean
advertidos aquellos que justifican o minimizan sus pecados apuntando a los
pecados más grandes de otros.
Habacuc tiene aun un tercer argumento,
el cual estoy seguro sintió era el más convencedor. Habacuc debió haberse
consolado con el pensamiento de que Dios ciertamente no podía negar la fuerza
de su lógica en este argumento. Este argumento es descrito en los
versículos 14-17 del capítulo 1:
14 y haces que sean los hombres como los peces
del mar, como reptiles que no tienen quien los gobierne? 15 Sacará a
todos con anzuelo, los recogerá con su red, y los juntará en sus mallas; por lo
cual se alegrará y se regocijará. 16 Por esto hará sacrificios a su
red, y ofrecerá sahumerios a sus mallas; porque con ellas engordó su porción, y
engrasó su comida. 17¿Vaciará por eso su red, y no tendrá piedad de
aniquilar naciones continuamente? (Habacuc 1:14-17)
Si la ley era clara en cualquier punto,
ciertamente era claro que Dios odia y prohíbe la idolatría. Habacuc usa esto
como base para su tercer argumento. Los Babilonios son idólatras, de modo que
seguramente Dios no podía permitirles prosperar contra Su pueblo. Habacuc
describe el pueblo de Judá como víctimas indefensas de abuso, como una escuela
de peces en el mar. Él representa la victoria de los Babilonios sobre el pueblo
de Dios, como la de unos pescadores echando las redes, capturando muchos peces.
Peor aun, estos pescadores paganos adoran sus propias redes como dioses, dando
alabanza y adoración a sus redes por una buena pesca. Seguramente esta imagen
llamaría la atención de Dios. ¿Porqué concedería Dios éxito a los Babilonios si
como resultado solo adorarían ídolos? “Dios, tu odias la idolatría,” argumenta
Habacuc, “¿Acaso honestamente podrías Tú permitirle a los Babilonios idólatras
prevalecer sobre el pueblo de Judá, y luego adorar a los dioses de su propia
fuerza?”
Este argumento es una espada de dos filos.
Dios no tiene un estándar doble. Si Dios debía juzgar a los Babilonios por su
crueldad e idolatría, entonces, ¿porqué no debería también juzgar a Judá por su
crueldad e idolatría? Después de todo, Dios ya había mandado a Israel a la
cautividad por las manos de opresores crueles, por causa de sus pecados. ¿Acaso
los Babilonios son malvados y crueles y merecedores de juicio divino? Pues
también el pueblo de Judá:
1 Dije: Oíd ahora, príncipes de Jacob, y jefes
de la casa de Israel: ¿No concierne a vosotros saber lo que es justo? 2 Vosotros
que aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de
sobre los huesos; 3 que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les
desolláis su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y los rompéis
como para el caldero, y como carnes en olla. 4 Entonces clamaréis a
Jehová, y no os responderá; antes esconderá de vosotros su rostro en aquel
tiempo, por cuanto hicisteis malvadas obras... 9 Oíd ahora esto,
jefes de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el
juicio, y pervertís todo el derecho; 10 que edificáis a Sion con
sangre, y a Jerusalén con injusticia. 11 Sus jefes juzgan por
cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por
dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No
vendrá mal sobre nosotros. 12 Por tanto, a causa de vosotros Sion
será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte
de la casa como cumbres de bosque. (Miqueas 3:1-4, 9-12)
Habacuc quiere saber cómo puede Dios permitir
la maldad de los Babilonios y no ser castigada. Irónicamente, la respuesta a
esta pregunta fue exactamente lo que hizo enojar a Habacuc. Dios es “lento
para la ira;” Él es “paciente.”260 Su juicio a menudo no viene tan rápido como nosotros quisiéramos. A
medida que Dios permitió que pasara el tiempo antes de traer juicio sobre
Israel, y pronto sobre Judá, Él permitiría algo de tiempo pasar antes de traer
juicio sobre los Babilonios.
Habacuc parece muy satisfecho con la fuerza
de su refutación. Él ahora esperará la respuesta de Dios, y tendrían que ser
muy convincentes. Aún entonces, Habacuc planea disputarlos si Dios persiste con
Su plan:
1 Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza
afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder
tocante a mi queja (Habacuc 2:1).
Hay una pregunta que debe hacerse aquí: “¿Era
correcto que Habacuc hablara a Dios como lo había hecho hasta ahora?”
Extrañamente, hay muchos que buscarían santificar las actitudes y acciones de
Habacuc en estos versículos. Lo hace un ejemplo para que todos nosotros
sigamos. Yo encuentro esto imposible de hacer. Los profetas no son perfectos,
como debemos saberlo de individuos como Balaam y Jonías. Toda palabra de su
profecía es la palabra inspirada de Dios, pero yo creo que debemos aprender de
las primeras palabras de Habacuc, cómo no debemos responder a Dios cuando Él
actúa en una forma que no nos gusta. Habacuc es un mal ejemplo, hasta ahora. En
el capítulo 3, es una historia completamente diferente. Déjenme resumir las
rezones por las que no puedo justificar las actitudes y acciones de Habacuc en
la primera parte de su profecía.
(1) Habacuc está enojado con Dios. Él no
cuestiona a Dios en humildad, sino en reprensión. En la mente de Habacuc, Dios
no ha actuado lo suficiente rápido en juicio, por tanto Él es reprendido por
ser pasivo en el asunto.
(2) Habacuc es arrogante. Sus palabras suenan
como un hombre con sus manos sobre su cadera, reprendiendo a su Dios.
(3) Habacuc está equivocado en asumir que
Dios no está haciendo nada por los pecados de Judá. Los profetas habían hablado
de ello, y solo era un asunto de tiempo. Habacuc asume que Dios no está
haciendo nada porque él es incapaz de ver o entender lo que Dios está haciendo.
(4) Cada uno de los argumentos de Habacuc en
contra del uso de los Babilonios por Dios, está equivocado. ¿Cómo puede un
hombre que está equivocado estar correcto en sus protestas?
(5) Hay un cambio dramático en el capítulo 3.
Habacuc se arrepiente y se humilla delante de Dios. Él acepta el juicio
venidero, y alaba a Dios. Las palabras del capítulo 3 son un Salmo, registrado
para el uso de Judá en adoración. Aquí, finalmente, tenemos a un Habacuc al
cual podemos seguir.
Quiero que notes algunas cosas acerca del
capítulo 2 de Habacuc. Primero, es Dios quien habla aquí (con la
excepción del versículo 1). Segundo, nota la forma que Dios finaliza Su
respuesta:
20 Mas Jehová está en su santo templo; calle
delante de él toda la tierra (Habacuc 2:20)
No por nada Habacuc cesa sus protestas y
comienza a alabar a Dios en el capítulo 3. Tercero, la razón por el cambio
de corazón de Habacuc tiene que encontrarse aquí, en el capítulo 2. Cuarto,
el capítulo es dominado por cinco “pesares” que Dios pronuncia sobre los malos.
Casi puedo ver a Habacuc parado en su puesto,
manos sobre la cadera, arrogantemente esperando la retracción de Dios. Las
primeras palabras de Dios al profeta pueden resumirse así: “Petición denegada!”
Escucha lo que Dios dice a Su profeta impertinente:
2 Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la
visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. 3 Aunque
la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no
mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará (Habacuc
2:2-3).
¿Acaso Habacuc tuvo éxito en cambiar la mente
de Dios acerca de usar a los Babilonios para juzgar a Judá? ¡De ninguna manera!
Dios anunció enfáticamente que Sus planes seguían adelante, a pesar de las
protestas del profeta. De hecho, uno casi podría parafrasear el versículo 2 en
esta forma: “Habacuc, escribe estas palabras en espectacular (anuncio grande)
de modo que cualquiera que pase con poder las lea.” El profeta debía proclamar
la visión que Dios le había revelado. Sucedería justo como fue planeado y
profetizado. Sucedería cuando Dios dijo que pasaría. No había punto de regreso.
El día del juicio de Judá estaba a la mano. El instrumento para el juicio de
Judá ya estaba listo para ser usado.
Los versículos 4 y 5 del capítulo 2 son el
corazón del libro, y el corazón del evangelio:
4 He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece;
mas el justo por su fe vivirá. 5 Y también, el que es dado al vino
es traicionero, hombre soberbio, que no permanecerá; ensanchó como el Seol su
alma, y es como la muerte, que no se saciará; antes reunió para sí todas las
gentes, y juntó para sí todos los pueblos. (RV60).
No era Dios el que necesitaba cambiar Sus
planes (como supuso Habacuc), era Habacuc quien estaba equivocado y necesitaba
cambiar. De acuerdo al versículo 4, hay dos tipos de personas: (1) los que son
soberbios, y cuyas almas no son rectas; y, (2) los justos, que viven por fe.
Cuando terminas de analizarlo todo, a esto llega, ¿verdad? Aquellos cuyas almas
no son rectas son los que se enorgullecen. Confían en sí mismos para salvación.
Creen que sus buenas obras son suficientes para salvarlos. Menosprecian la
gracia como una forma de caridad, la cual ni quieren ni necesitan. Aquellos que
son salvos han cesado de confiar en sí mismo; en su bondad o buenas obras.
Ponen su confianza en Dios; saben que solo Él, puede salvarlos de sus pecados.
Humildemente aceptan Su provisión para salvación, y viven sus vidas confiando
en Él y obedeciendo Su palabra. La “fe” en el versículo 4 también
significa “fidelidad.” Los justos entran a la salvación por fe, y perseveran
también por fe. Fe es la causa, y la fidelidad es el resultado.
Pareció a Habacuc como si la victoria de los
Babilonios sería el final de todo el pueblo de Dios y de Sus promesas a ellos.
La visión que Habacuc recibió fue una promesa de que Dios juzgaría a los
soberbios y arrogantes, y que fueran pecadores. Lo que Habacuc también debió
haber entendido es que las promesas de Dios a Su pueblo serían cumplidas. Dios
salvaría un remanente de los justos, como otros profetas habían indicado.
Habacuc tenía que creer esto por fe, y necesitaba resistir los días por venir
caminando en obediencia a la Palabra de Dios.
El principio de Habacuc 2:4 es retomado en
tres lugares en el Nuevo Testamento:
17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se
revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá
(Romanos 1:17).
Y que por la ley ninguno se justifica para
con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá (Galatas 3:11).
37
Porque aún un
poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. 38 Mas el justo
vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. 39 Pero
nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen
fe para preservación del alma (Hebreos 10:37-39).
En Romanos y Galatas, Pablo defiende el
evangelio contra aquellos que querían añadir obras a la fe, como base para
salvación eterna. Pablo deja muy en claro que uno es salvo de sus pecados por
medio de confiar en Jesucristo, el Hijo sin mancha y sin pecado de Dios, quien
llevó el castigo del pecador muriendo en la cruz del Calvario. Fue Él quien
también se levantó de los muertos y ascendió al Padre en el cielo. Aquellos que
han muerto en Cristo, están muertos a sus pecados y al castigo que con ellos
llevaba. Estos también se han levantado a una nueva vida en Cristo, y se les ha
dado poder para servir a Dios en el poder del Espíritu (Romanos 6).
El autor a los Hebreos está aplicando Habacuc
2:4 en una forma muy similar a los tratados de Dios con Habacuc. Días de
tribulación y prueba venían sobre los santos Hebreos. Algunos eran tentados a
“desistir” por medio de regresar al Judaísmo. Eran tentados a desechar el Nuevo
Pacto y vivir una vez más bajo el Antiguo (Ley de Moisés). Al igual que Dios
(Habacuc 2:2-3), el autor a los Hebreos asegura a sus lectores que días de
tribulación están pronto a venir sobre ellos, pero que estos servirán para
preparar el camino para el regreso de nuestro Señor. Hasta que Él venga, deben
continuar “caminando en fe,” del mismo modo que fueron salvados por fe.
Los justos por tanto son preservados (“salvos”) a través de los días de
tribulación, a medida que perseveren por fe.
Sin embargo, hay otro lado de la moneda.
Aquellos que no “viven por fe” son los soberbios, quienes perecerán en
el tiempo del juicio de Dios. He llegado a la conclusión que los malvados quienes
no viven por fe, y quienes perecerán, incluye ambos, los ciudadanos
no-creyentes de Judá y los paganos no-creyentes, como los Babilonios.
Permítanme brevemente intentar ilustrar este punto, aunque no tengamos el
tiempo para desarrollarlo completamente.
(1) Jerusalén y Judá son orgullosos y
arrogantes y serán humillados en juicio:
11 En aquel día no serás avergonzada por ninguna
de tus obras con que te rebelaste contra mí; porque entonces quitaré de en
medio de ti a los que se alegran en tu soberbia, y nunca más te ensoberbecerás
en mi santo monte. 12 Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y
pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová (Zofonías 3:11-12).
(2) La palabra para “red” encontrada
en Habacuc 1:14-17 (cuando se refiere a la maldad de los Caldeos) es usada en
referencia al pueblo de Judá en Miqueas 7:2. La misma violencia que Habacuc
aborrece en los Babilonios es practicada por el pueblo de Judá:
2 Faltó el misericordioso de la tierra, y
ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan por sangre; cada cual arma
red a su hermano (Miqueas 7:2).
(3) En Habacuc 2:12 Dios condena a los
Babilonios quienes “edifican una ciudad con derramamiento de sangre.” Ahora
escucha estas palabras del profeta Miqueas, condenando al pueblo de Dios por
edificar a Jerusalén con derramamiento de sangre y violencia:
10 que edificáis a Sion con sangre, y a
Jerusalén con injusticia (Miqueas 3:10).
Creo que podemos encontrar acusaciones contra
Israel y Judá en todo pecado que Dios condena en el capítulo 2 de Habacuc. ¿Acaso
Dios anuncia enfáticamente que Él juzgará a los Babilonios por sus pecados?
Claro que sí. Pero tenemos que darnos cuenta que estos infortunios aplican a
todos los que cometen tal tipo de pecados, incluyendo a Su pueblo escogido. El
pueblo de Judá es culpable de los mismos pecados por los cuales los Babilonios
son condenados. Dios está dando a Judá una “probadita de su propia medicina.”
En el versículo 4, veo una acusación divina
contra todos los soberbios.261 Esto, en mi opinión, incluye a
Habacuc. Tengo que concluir que Habacuc tenía una postura arrogante
hacia Dios. Este profeta petulante acusa a Dios de no actuar como debía
hacerlo, dentro del marco de tiempo que Habacuc había determinado. Por tanto
comprendo Habacuc 2:4 ser hablado primero a Habacuc, y luego a otros. Es como
si Dios hubiera dicho al profeta, “Habacuc, creo que no me gusta el tono de tus
peticiones. Me has acusado de fallar en actuar, cuándo y cómo tu piensas que
debía hacerlo. Tu orgullo es tan ofensivo para Mí como el orgullo de los
Babilonios paganos. Necesitas ser humilde y caminar por fe. Mis caminos son más
altos que tus caminos, de modo que confía en Mí.”
Las últimas palabras del capítulo 2 sirven
como una conclusión poderosa de la proclamación de Dios a Habacuc y otros:
20 Mas Jehová está en su santo templo; calle
delante de él toda la tierra (Habacuc 2:20).
Es asombroso cómo un entendimiento de la
majestuosidad de Dios, puede cambiar nuestra perspectiva:
15 Si
dijera yo: Hablaré como ellos,
He
aquí, a la generación de tus hijos engañaría.
16 Cuando
pensé para saber esto,
Fue
duro trabajo para mí,
17 Hasta
que entrando en el santuario de Dios,
Comprendí
el fin de ellos.
18 Ciertamente
los has puesto en deslizaderos;
En
asolamientos los harás caer.
19 ¡Cómo
han sido asolados de repente!
Perecieron,
se consumieron de terrores.
20 Como
sueño del que despierta,
Así, Señor, cuando despertares,
menospreciarás su apariencia.
21 Se
llenó de amargura mi alma,
Y en
mi corazón sentía punzadas.
22 Tan
torpe era yo, que no entendía;
Era
como una bestia delante de ti.
23 Con
todo, yo siempre estuve contigo;
Me
tomaste de la mano derecha.
24 Me has guiado según tu consejo,
Y
después me recibirás en gloria.
(Salmo 73:15-24).
1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al
Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.
2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos
cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y
el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los
ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4 Y los quiciales
de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó
de humo. 5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo
hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios
inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos (Isaías 6:1-5).
29 Al cabo de doce meses, paseando en el palacio
real de Babilonia, 30 habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran
Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para
gloria de mi majestad? 31 Aún estaba la palabra en la boca del rey,
cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha
sido quitado de ti; 32 y de entre los hombres te arrojarán, y con
las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y
siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el
dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere. 33 En
la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre
los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío
del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las
de las aves.
34 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé
mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y
glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por
todas las edades. 35 Todos los habitantes de la tierra son
considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y
en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué
haces? 36 En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad
de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis
consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue
añadida. 37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al
Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y
él puede humillar a los que andan con soberbia (Daniel 4:29-37).
Los primeros dos versículos de este capítulo
señalan el hecho que Habacuc tuvo un cambio serio de corazón:
1
Oración del profeta Habacuc, sobre
Sigionot.
2 Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí.
Oh
Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos,
En
medio de los tiempos hazla conocer,
En la
ira acuérdate de la misericordia (Habacuc 3:1-2).
Las notas marginales de la Biblia Nueva
Versión Estándar, indican que el término “Sigionot” en el versículo 1 se
refiere a una forma poética. Es muy claro de otros indicadores que el capítulo
3 es un salmo de alabanza y adoración:
9 Se
descubrió enteramente tu arco;
Los juramentos a las tribus fueron palabra segura. Selah.
Hendiste la tierra con ríos. (Habacuc 3:9).
19 Jehová el Señor es
mi fortaleza,
El cual hace mis pies como de ciervas,
Y en mis alturas me hace andar.
Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas.
(Habacuc 3:19).
Este capítulo no solo es una oración; es un
salmo, un salmo que ha sido preservado de modo que pueda ser cantado en
adoración. Es claro que lo que encontramos en el capítulo tercero nos es dado
como patrón para nuestra adoración. No creo que debamos imitar las palabras o
actitudes de Habacuc en el capítulo. Sin embargo, veo a un Habacuc humillado en
estos versículos, particularmente en el versículo 2: “Oh Jehová, he oído tu
palabra, y temí.” Es como si él hubiera dicho, “Ya entendí el mensaje,
Señor. Estas cosas no-solo fueron escritas para otros, sino para mi” (ver 2:2).
A medida que las preguntas de Job eran silenciadas por la secuencia de
preguntas de Dios (ver Job 38ff.); como Nabucodonozor fue humillado delante del
Dios soberano de Israel (Daniel 4); y como las protestas de Asap fueron
aplastadas en el Salmo 73 (compare versículo 17 con Habacuc 3:1-2ff.), del
mismo modo Habacuc es humillado por las palabras de Dios en el capítulo 2 de
Habacuc. Él ya no sigue protestando contra la aparente inactividad de Dios; Él
ahora alaba a Dios por lo que Él ha hecho, y por lo que Él hará, a Su debido
tiempo.
No tenemos tiempo para considerar
cuidadosamente los versículos 3-15, pero debemos darnos cuenta que esta es una
descripción poética muy alta del obrar de Dios en el pasado, cuando Él liberó a
los Israelitas de la mano de Faraón y de la tierra de Egipto, y a medida que Él
los trajo a la tierra de Canaán. Eugene
H. Peterson parafrasea los primeros versículos de esta descripción poética en
esta forma:
Dios en su camino de nuevo,
Trazando de nuevo la vieja ruta de salvación,
Viniendo del sur a través de Teman,
El Santo del Monte Paran (3:3).262
Realmente es la “vieja ruta de salvación” la
cual describe el salmo de Habacuc. En términos majestuosos, Dios es descrito
bajando cerca de Sinai, mostrando Su esplendor y gloria (versículos 3-4). Las
plagas son Sus plagas, yendo delante y detrás de Él (versículo 5). Las naciones
de alrededor que presenciaron el poder de Dios estaban aterrorizadas (versículo
7). El versículo 8 parece referirse al partimiento del Mar Rojo y luego al
Jordán. El versículo 11 parece referirse a los días de Josué, cuando Dios causó
que el sol se detuviera (Josué 10:12-14). Dios triunfó sobre las naciones,
trayendo juicio sobre ellas (versículo 12), mientras que al mismo tiempo Él
salvaba a Su pueblo (versículo 13a). Dios triunfó sobre el hombre y la
naturaleza. Ciertamente, uno tiene que inferir, si Dios hizo todo esto por Su
pueblo en el pasado, Él hará lo mismo por Su pueblo en los días de Habacuc (y
en los nuestros). Tan fuertes y feroces como pudieron haber sido los
Babilonios, Dios primero los usaría y luego los juzgaría, a Su tiempo indicado.
El versículo 16 describe la nueva imagen de
Habacuc, basado en las palabras de Dios en el capítulo 2 y la visión de Dios en
3:3-15:
16 Oí,
y se conmovieron mis entrañas;
A la
voz temblaron mis labios;
Pudrición
entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí;
Si
bien estaré quieto en el día de la angustia,
Cuando
suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.
(Habacuc 3:16 RV60).
Si Habacuc estuvo erecto, con sus manos sobre
su cadera en el capítulo 1 (incluyendo 2:1), él ahora se da cuenta que no tiene
la fuerza para estar de pie. Su estómago cruje; sus rodillas se doblan (por así
decirlo). Él parece colapsarse en adoración y sumisión a la voluntad de Dios.
Él sabe que sus argumentos han fallado, y que el día de juicio de Dios viene
sobre el pueblo de Judá, y sobre la ciudad de Jerusalén .263 Él debe pacientemente esperar el día, por fe, confiando en que Dios
salvará a los Suyos, y que Él eventualmente juzgará los Babilonios por su
crueldad.
Hay algo increíblemente hermoso acerca de las
últimas palabras de Habacuc:
17 Aunque
la higuera no florezca,
Ni
en las vides haya frutos,
Aunque
falte el producto del olivo,
Y
los labrados no den mantenimiento,
Y
las ovejas sean quitadas de la majada,
Y
no haya vacas en los corrales;
18 Con todo, yo me alegraré en Jehová,
Y
me gozaré en el Dios de mi salvación.
19 Jehová el Señor es mi fortaleza,
El
cual hace mis pies como de ciervas,
Y
en mis alturas me hace andar.
(Habacuc 3:17-19, RV60).
Ciertamente podemos parafrasear estos
pensamientos en términos más contemporáneos, ya que la mayoría de nosotros no
medimos nuestro bienestar en términos de higos, fruta, o rebaños. Podríamos
decir,
Aunque los fondos del Seguro Social se
acaben,
Aunque la bolsa de valores se colapse,
Aunque mi compañía de seguros caiga en bancarrota
y mi pensión se vaporice;
Aunque pierda mi trabajo o mi negocio fracase,
Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
Estas palabras finales de Habacuc me
recuerdan las últimas palabras de Asaf en el Salmo 73:
22 Tan
torpe era yo, que no entendía;
Era
como una bestia delante de ti.
23 Con
todo, yo siempre estuve contigo;
Me
tomaste de la mano derecha.
24 Me
has guiado según tu consejo,
Y
después me recibirás en gloria.
25 ¿A
quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y
fuera de ti nada deseo en la tierra.
26 Mi
carne y mi corazón desfallecen;
Mas la roca de mi corazón y mi
porción es Dios para siempre.
27 Porque
he aquí, los que se alejan de ti perecerán;
Tú
destruirás a todo aquel que de ti se aparta.
28 Pero
en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien;
He
puesto en Jehová el Señor mi esperanza,
Para
contar todas tus obras.
(Salmo 73:22-28).
La paz y el gozo de Habacuc no dependían mas
de sus circunstancias. Cuando Dios trajera juicio sobre Judá, Habacuc aún podía
regocijarse, pues su esperanza, fe, y gozo estaban en Dios, y solamente en
Dios. A Su tiempo, Dios libertaría a los justos y cumpliría Sus promesas de
Pacto. Hasta entonces, Dios era la fuente de su fortaleza, fortaleza que lo
sostendría en los días oscuros por venir. Un Habacuc humilde ahora se dio
cuenta que fue Dios quien lo levantó y le dio pie firme en tiempos difíciles.265
Para concluir, recuerdo las palabras del
autor a los Hebreos:
13 Conforme a la fe murieron todos éstos
[Hombres y mujeres de fe del Antiguo Testamento] sin haber recibido lo
prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando
que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14 Porque los que
esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15 pues
si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían
tiempo de volver. 16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial;
por lo cual Dios no se averg:uenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha
preparado una ciudad (Hebreos 11:13-16).
32¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría
contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel
y de los profetas; 33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia,
alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, 34 apagaron fuegos
impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron
fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. 35 Las
mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron
atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.
36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y
cárceles. 37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos
a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y
de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38 de los cuales el
mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y
por las cavernas de la tierra. 39 Y todos éstos, aunque
alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;
40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen
ellos perfeccionados aparte de nosotros (Hebreos 11:32-40).
Ahora que podemos ver hacia atrás en el Libro
de Habcuc, ¿cómo podemos explicar el cambio de corazón del profeta? ¿Qué le
sucedió a Habacuc entre el capítulo 1 y el capítulo 3? Primero que todo podemos
decir que este cambio no fue instantáneo, sino el resultado de un proceso, un
proceso de alguna manera doloroso. Habacuc no entendió lo que Dios estaba
haciendo. Él estaba enojado con Dios por aparentemente fallar en tratar con los
pecados de Su pueblo. Él no podía comprender cómo Dios podía usar a los Caldeos
para juzgar al pueblo de Judá. A través de una secuencia de eventos, Dios
cambió el corazón de Habacuc.
Dios cambió la perspectiva de Habacuc.
Habacuc había estado viendo sus circunstancias y aún a Su Dios a través de ojos
humanos. El profeta correctamente aborreció la maldad e injusticia desenfrenada
en Judá, pero equivocadamente acusó a Dios de “dormirse al volante,” de fallar
en actuar justamente y en un tiempo adecuado. El cambio vino cuando se vio a sí
mismo y sus circunstancias desde una perspectiva divina. ¿Pensó Habacuc que
Dios no estaba haciendo nada acerca del pecado de Judá? Él estaba equivocado.
Dios ya estaba actuando, levantando a los Babilonios como Su vara de justicia.
Ellos traerían una justicia rápida y fuerte al castigar al pueblo de Judá.
Cuando Dios reveló lo que Él estaba a punto
de hacer, Habacuc protestó que los Caldeos266 no eran los indicados para traer juicio sobre el pueblo de Dios.
Habacuc sintió que el pueblo de Judá era más justo que los Caldeos. La
revelación de Dios de Sí Mismo en los capítulos 2 y 3 pone en orden la
situación, y también endereza el pensamiento de Habacuc. Dios no tomó
ligeramente ningún pecado. Eventualmente, Él juzgaría a los Babilonios por sus
pecados, del mismo modo que Él estaba a punto de juzgar al pueblo de Judá y
Jerusalén por sus pecados. Habacuc estaba equivocado al pensar del pueblo de
Judá como un pueblo “más justo” que los Babilonios. Si es verdad que el juicio
es proporcional al grado de revelación que uno haya recibido (y ciertamente lo
es),267 entonces el pueblo de Judá era aún más culpable que los Babilonios.
Ellos tenían la Ley, y eran los beneficiarios de la fidelidad de Dios para con
Su pueblo. Estaban muy concientes del juicio que Dios había traído sobre el
reino del norte de Israel, y sin embargo persistieron en los mismos pecados por
los cuales los Babilonios eventualmente serían juzgados.
Es mi opinión que a medida que Dios
pronunciaba infortunios sobre los malos en el capítulo 2, Habacuc se dio cuenta
que él cuando menos era culpable de orgullo, lo cual Dios aborrece. Habacuc no
tuvo que reflexionar mucho para darse cuenta que todos los pecados que
ameritaban el juicio de Dios eran ciertos para el pueblo de Judá, tanto como lo
eran para los Babilonios. Judá no era mejor que los Babilonios.
Yo creo que Habacuc comenzó a pensar mas allá
de sus tiempos, y a medida que los hizo, él recordó que Dios había prometido
usar las naciones aledañas para disciplinar a Su pueblo desobediente. La
historia de Israel fue evidencia amplia de esto, especialmente en el Libro de
Jueces. Habacuc empezó a pensar acerca de los tiempos en que vivía a la luz de
la historia de Israel. Como resultado, yo creo que Habacuc tuvo segundos pensamientos acerca de los argumentos que
él había levantado contra Dios por el uso de los Babilonios en 1:12-17 para
juzgar al pueblo de Judá. No era Dios el que estaba equivocado; era Judá, y aún
su profeta, Habacuc. El profeta ahora veía el futuro de Judá a la luz de su
pasado. Dios previamente había juzgado a Su pueblo, pero Él también había
preservado un remanente; Él siempre había logrado su salvación. Y una vez más Él
lo haría así. De modo que el profeta humildemente le ruega, “En la ira
acuérdate de la misericordia.” (3:2).
James Montgomery Boice comparte algunos
principios que Martin Lloyd-Jones incluyó en un comentario sobre el Libro de
Habacuc titulado, Del Temor a la Fe. Quisiera llamarles la atención a
algunos de estos principios mientras concluyo (Indicaré los principios
mencionados por Martin Lloyd-Jones con un *).268 Considera, entonces, las lecciones que podemos aprender del Libro de
Habacuc.
La historia está bajo el control de Dios.* A la luz de la tragedia a la que
fue sometida nuestra nación esta semana pasada, modifiquemos las palabras de
Martin Lloyd-Jones: Toda historia está bajo el control de Dios. Dios
es soberano, en completo control de todas las cosas, incluyendo todo evento en
la historia humana. Nada sucede que tome a Dios por sorpresa. Nada sucede que
esté fuera de Su control. He oído algunos comentarios esta semana pasada de
Cristianos bien intencionados que dicen algo así: “Dios permitió que esto
sucediera, y Él es capaz de usarlo para bien.” No pretendo saber porqué la
tragedia ha venido sobre nuestra nación, ni tampoco sé cómo Dios la usará. Pero
sí sé esto con gran seguridad:
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas
las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son
llamados (Romanos 8:28, RV60).
Alguien fue muy gentil en enviarme las
palabras de John Piper en respuesta a los eventos de esta semana pasada, y
particularmente en respuesta a las palabras de algunos Cristianos, en un
esfuerzo para “librar a Dios de los eventos” que sucedieron.” Fuertemente los
aliento a considerar sus palabras en oración.269
La historia sigue un plan divino.* La historia son las obras
externas del plan eterno de Dios. La historia tiene una meta hacia donde Dios
se está moviendo. Sabemos que la meta del plan de Dios es cumplir Sus
propósitos y Sus promesas de Pacto. También sabemos que el plan de Dios es un
todo-inclusivo, y no podrá ser frustrado ni alterado. El plan de Dios incluye
calamidad y bendición, prosperidad y dolor. Cuando el hombre peca y cuando
hombres malos causan a otros gran dolor y agonía, lo hacen a partir de la
propia corrupción y maldad de sus corazones. Sin embargo, Dios incorpora los
actos pecaminosos del hombre a Su plan eterno, para lograr Sus propósitos en
forma tal que le traigan a Él gloria (ver Romanos 9:17).
El plan divino de Dios a menudo nos es
aparente, porque nosotros somos incapaces (y a veces no dispuestos) de
comprenderlo aún cuando se nos revela por adelantado. Dios sí tiene un plan, aunque
a veces no nos parezca así. Dios está trabajando, aunque no lo reconozcamos
como tal. ¿Quién hubiera pensado que el rápido crecimiento al poder del imperio
Babilónico era la mano de Dios en la historia humana? Los caminos de Dios son
mas altos que nuestros caminos, por tanto, debemos dejar el futuro en Sus
manos. Cuando los Israelitas vinieron al Mar Rojo, atrapados entre el mar y el
ejército de Faraón, parecía que Dios no había calculado bien, que Dios los
había guiado a la destrucción. La verdad, era que Dios se estaba preparando
para destruir el ejército de Faraón, mientras que al mismo tiempo salvaba Su
pueblo. El plan de Dios de salvar a Su pueblo a través de un Mesías, ni
siquiera para los profetas que escribieron de Su venida fue claro (1 Pedro
1:10-12). ¿Quién hubiera jamás creído que Dios salvaría a los pecadores
enviando Su Hijo a este mundo, a ser rechazado por pecadores, quienes lo
crucificarían como criminal en un monte a las afueras de Jerusalén?
Dios emplea las obras de hombres malvados
para extender Sus propósitos. Esto no significa que Dios aprueba el pecado. Dios, finalmente
castigará los impíos por sus pecados. Pero que alentadora es la verdad, de
saber que las obras de hombres malvados no pueden frustrar los propósitos de
Dios; ciertamente estas obras son predestinadas de Dios para lograr Sus planes
y promesas. Dios no se limita solamente a usar los actos obedientes de santos
fieles. Si así fuere, estaríamos en grandes problemas. Nada puede mantenernos
de recibir el amor de Dios hacia Sus santos – nada (ver Romanos 8:31-39).
La historia sigue un horario divino.* Dios tiene un horario para
todos Sus planes, y como Dios no tiene prisa, a menudo parece actuar muy tarde
según nuestra percepción. Dios no tiene ninguna prisa, aunque nosotros a menudo
la tenemos. Los retrasos divinos (según nosotros) no son una indicación de Su
falta de preocupación o resolución, sino de Su misericordia:
1 Amados, esta es la segunda carta que os
escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento,
2 para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por
los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros
apóstoles; 3 sabiendo primero esto, que en los postreros días
vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y
diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que
los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de
la creación. 5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo
antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra,
que proviene del agua y por el agua subsiste, 6 por lo cual el mundo
de entonces pereció anegado en agua; 7 pero los cielos y la tierra
que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el
fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. 8 Mas,
oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y
mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según
algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no
queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual
los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos,
y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto
que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en
santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para
la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán
deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero
nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los
cuales mora la justicia. (2 Pedro 3:3-13).
Los caminos de Dios no son los nuestros.270 Cuando
buscamos comprender lo que Dios está haciendo a partir de nuestras
circunstancias presentes, ciertamente nos confundiremos y estaremos perplejos.
A Abram le fue dicho que él sería el padre de una gran nación, pero él y Sara
no tuvieron hijo por 25 años. Se le dijo que poseería la tierra de Canaán, pero
tuvo que comprar un sepulcro para su familia de los Cananitas. Dios escogió
darnos vida eterna a través de la muerte de Su Hijo. ¿Cómo puede alguien
anticipar cómo Dios cumplirá Sus propósitos?
Los justos tienen que vivir por fe. Ya que no podemos anticipar el
cómo Dios cumplirá Sus propósitos y promesas, y ya que la mayoría del tiempo no
podemos comprender lo que Él está haciendo, estamos obligados a vivir por fe,
si estamos buscando nuestra salvación a través de Él. No debemos terminar el
Libro de Habacuc sin recordar el impacto que este libro tuvo sobre Martín
Lutero. Como monje, Lutero se había dado cuenta de su pecado, y sabía que
quedaba muy corto de los estándares establecidos por la ley de Dios. Las
palabras de Habacuc 2:4 despertaron la mente de Lutero como la clave a su
problema, pero no fue sino hasta tiempo después que él comprendió que sus
pecados eran perdonados por fe en la persona y obra de Jesucristo,
independientemente de sus obras. El hijo de Lutero escribió:
“A medida que él repetía sus oraciones en la escalera, las palabras del profeta Habacuc repentinamente vinieron a su mente: ‘El justo por la fe vivirá.’ En consecuencia, cesó sus oraciones, regresó a Wittenberg, y tomó este texto como el fundamento principal de toda su doctrina. . . . Lutero mismo dijo de este texto, ‘Antes que esas palabras se revelaran en mi mente yo odiaba a Dios y estaba muy enojado con Él porque, no contento con atemorizarnos a nosotros los pecadores con la ley y con las miserias de la vida, aún extendió más nuestra tortura con el evangelio. Pero cuando, por el Espíritu de Dios, yo comprendí esas palabras – “El justo por la fe vivirá” “El justo por la fe vivirá” – entonces sentí que nací de nuevo como un nuevo hombre; entré a través de las puertas abiertas al mismo Paraíso de Dios.”271
Habiendo venido a la fe de Jesucristo por fe,
independiente de las obras humanas, Lutero no-solo comprendió la gloriosa
verdad de Habacuc 2:4, sino se regocijó en la grandeza de Dios en quien él
llegó a confiar. Fue liberado entonces de su temor al juicio divino y capaz de
escribir las palabras de este gran himno:
A mighty fortress is our God,
A bulwark never failing;
Our helper He, amid the flood
Of mortal ills prevailing;
For still our ancient foe
Doth seek to work us woe;
His craft and power are great,
And armed with cruel hate,
On earth is not His equal.
Did we in our own strength confide,
Our striving would be losing;
Were not the right Man on our side,
The Man of God’s own choosing:
Dost ask who that may be?
Christ Jesus, it is He,
Lord Sabaoth, His name,
From age to age the same,
And He must win the battle.
And though this world, with devils filled,
Should threaten to undo us,
We will not fear, for God hath willed
His truth to triumph through us:
The Prince of Darkness grim –
We tremble not for him;
His rage we can endure,
For lo, his doom is sure,
One little word shall fell him.
That word above all earthly powers,
No thanks to them, abideth;
The Spirit and the gifts are ours
Thro’ Him who with us sideth:
Let goods and kindred go,
This mortal life also;
The body they may kill:
God’s truth abideth still,
His kingdom is forever.272
250 Este
es el manuscrito editado de un mensaje dado por Robert L. Deffinbaugh, maestro
y anciano en la Community Bible Chapel,
en Septiembre 16, 2001.
251 A
menos que sea de otra manera indicado, todas las citas de la Escritura son de
la Biblia NET. La NUEVA TRADUCCIÓN INGLESA, también conocida como LA BIBLIA
NET, es una traducción completamente nueva de la BIblia, y no una revisión de
versiones previas en Inglés. Fue terminada por mas de veinte académicos
(maestros bíblicos), quienes trabajaron directamente con los mejores textos
disponibles al momento en Arameo, Hebreo y Griego. El proyecto de traducción
empezó originalmente como un intento de proveer una versión electrónica de una
traducción moderna para distribución electrónica por Internet y CD (Disco
compacto). Cualquier persona en cualquier parte del mundo con una conexión al
Internet será capaz de usar e imprimir la Biblia NET sin costo alguno para
estudio personal. Además, cualquiera que quiera compartir la Biblia con otros
puede imprimir copias ilimitadas y regalarlas gratuitamente a otros. Esta
disponible en el Internet en: http://www.netbible.org/.
252 Campbell Morgan, p. 116, citada por David Prior, El Mensaje de Joel, Miqueas y Habacuc (Downers Grove, Illinois, U.S.A., Inter-Varsity Press, 1998), p. 205.
253 Habacuc
2:1 probablemente debió haber sido Habacuc 1:18. Es un resumen de su protesta y
refutación en el capítulo 1.
254 Compare Jeremías 4:13.
255 Los
“Caldeos” (KJV; NASB) y los “Babilonios” (NET Bible; NIV) son los
mismos.
256 Típicamente
en Habacuc, la últimas palabras de Dios en cada respuesta son muy importantes.
Noten 1:11 y 2:20 (también 2:14).
257 Puedes
ver esto ilustrado en 1:14-17. Mientras que las distintas traducciones manejan
el versículo 11 en distintas formas, el punto de este versículo es que Dios no
tolerará aquellos que adoren cualquier “dios” fuera de Él. Ellos eran
idólatras.
258 Ver
también Mateo 5:17ff. Aquí, Jesús claramente establece que la “justicia”
de los escribas y Fariseos no es suficiente para merecerles el reino de los
cielos. Específicamente, Jesús condena la selectiva ejecución de la ley, la
cual hace un lado uno de los mandamientos. Jesús entonces sigue diciendo que el
odio es un pecado tan condenador como el asesinato, y lascivia como adulterio.
259 Más
adelante en Miqueas 7:2, el profeta clama que no quedan hombres piadosos. Esto
puede ser Hipérbole, pero también cuestiona la referencia de Habacuc a aquellos
que son “más justos” que los Babilonios.
260 Existen
razones para estos retrasos (ver Romanos 9:22-24; 2 Pedro 3:9), pero no
entraremos en estos ahora. Recuerden que Dios permitió el pecado de los Amorreos “madurar” por 400 años (Génesis
15:16)
261 Esta
es una cualidad satánica, como vemos en Isaías 14:12-15; Ezequiel 28:2-19.
262 Eugene
H. Peterson, El Mensaje: Los Profetas del Antiguo Testamento en Lenguaje
Contemporáneo (Colorado Springs, Colorado: NavPress, 2000), p. 538.
263 Me
doy cuenta que algunos traductores interpretan este versículo de modo que el
juicio por el cual Habacuc espera pacientemente es el juicio de Dios para los
Babilonios. Mientras que esto es cierto, creo que la idea dominante es que
Habacuc debe esperar el juicio sobre Judá que Dios le aseguró vendría pronto.
Sería solo después que el juicio vendría sobre los Babilonios. Creo que los
versículos 17-19 sirven para reforzar el enfoque sobre el juicio venidero sobre
Judá, envés de sobre los Babilonios.
264 Cited by James Montgomery Boice, The Minor Prophets: An Expositional Commentary, vol. 2, Micah-Malachi (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1986), p. 111.
265 I am reminded of Asaph’s reference to his feet nearly slipping at the time he questioned God’s justice (Psalm 73:2).
266 The prophets use the terms “Chaldeans” and “Babylonians” interchangeably.
267 See Matthew 12:41-42; Luke 12:47-48; Romans 1-3. This is very clearly emphasized in prophets like Jeremiah, who finds Judah more guilty than Israel, because the people of Judah looked on as God judged Israel, but they did not learn from her judgment (see Jeremiah 3:6-11; Ezekiel 16:44-52).
268 Citado
por James Montgomery Boice, Los Profetas Menores: Un Comentarios
Expositorio, vol. 2, Miqueas-Malaquías (Grand Rapids, Michigan: Zondervan
Publishing House, 1986), p. 78.
269 http://www.desiringgod.org/Online_Library/OnlineArticles/FreshWords/2001/091701.htm
270 Este
es el título que Stuart Briscoe escogió para este capítulo en el Libro de
Habacuc. Stuart Briscoe, La Voz de Dios Sobre el Ruido: Los Profetas Menores
Nos Hablan Hoy en Día (USA, Canadá, Inglaterra: Libros Victor, 1991), pp.
117-130.
271 James Montgomery Boice, Los Profetas Menores: Un Comentario Expositorio, vol. 2, Miqueas-Malaquías (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1986), pp. 91-92, citando F.W. Boreham en A Bunch of Everlastings or Texts that Made History (Philadelphia: Judson Press, 1920), pp. 20, 27.
272 “
Poderosa Fortaleza es Nuestro Dios,” Martín Lutero.