Principios De La Ley
En nuestra lección previa de esta serie, El
Propósito Evangelístico de la Ley, vimos que la Ley no puede justificar al
hombre ante los ojos de Dios – que una de las funciones más críticas de la Ley
en el plan de Dios era echar la luz del carácter divino de Dios sobre la
impiedad e injusticia del hombre, para que toda boca se cierre y no exista
excusa alguna delante de Él. Hasta que Dios halla cerrado tu boca y te halla
mostrado tu condición de incapacidad – tu necesidad desesperada por una forma
de perdón y justicia que solo puede venir de Él – no estás listo para recibir
el regalo de perdón, justicia, y vida eterna, que la sangre derramada de
Jesucristo ha comprado por ti.
Pablo estaba hablando de este propósito
evangelístico de la Ley en Gálatas 3:24, cuando escribió, “De manera que la
ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos
justificados por la fe”. 124
¿Pero cual es el papel de la Ley en las vidas
de aquellos quienes ya hemos confiado en Jesucristo como nuestro Salvador? Pablo
escribe en Gálatas 5:18, “Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis
bajo la ley.” Cristo se declaró asimismo ser el cumplimiento de la Ley
(Mateo 5:17). De modo que, ¿qué valor hay para los cristianos en estudiar la
Ley?
Veamos lo que un par de Salmos dicen acerca
de la Ley y consideremos si estas cosas aún aplican:
Salmo 19:7-14 y Salmo 119:97-104
En el Salmo 19, David declara que la Ley en
todos sus preceptos es perfecta, segura, recta y pura, verdadera y justa. Es
más deseable que mucho oro afinado y más dulce que la miel.
7 La Ley de Jehová es perfecta, que convierte
el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que
alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.
10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.
11 Tu siervo es además
amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón.
12 ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.
13 Preserva también a tu siervo
de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré
limpio de gran rebelión.
14
Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti,
Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.
(Salmo 19:7-14).
Vean las cosas que David dice que la Ley hace
para aquel que la hace su delicia: restaura el alma; hace sabio al sencillo;
regocija el corazón; alumbra los ojos. Por la Ley de Dios Su siervo es
amonestado y en guardarlos hay grande galardón.
¿Son estas cosas aún deseables para nosotros
quienes no estamos más bajo la Ley? Veamos el Salmo 119:97-104:
97 ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.
98 Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo.
99 Más que todos mis enseñadores
he entendido, Porque tus testimonios son mi meditación.
100 Más que los viejos he
entendido, Porque he guardado tus mandamientos;
101 De todo mal camino contuve
mis pies, Para guardar tu palabra.
102 No me aparté de tus juicios,
Porque tú me enseñaste.
103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.
104 De tus mandamientos he
adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.
El Salmista declara, “¡Oh, cuánto amo yo
tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” (vers. 97).
Y de nuevo en estos versículos, vean el
beneficio que él declara ha derivado de hacer la Ley su meditación y por
observar su instrucción:
Me has hecho más sabio que mis enemigos con
tus mandamientos, …
Más que todos mis enseñadores he entendido, …
Más que los viejos he entendido, …
De tus mandamientos he adquirido inteligencia;
Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.
Como David, él dice en el versículo 103, “¡Cuán
dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.”
Sabiduría, revelación, entendimiento,
aborrecer todo camino de mentira … regocijo, restauración. ¿Pertenecen estas
solo al sistema del Antiguo Testamento? No, estas son bendiciones y beneficios
de la Escritura las cuales son preciosas (valiosas) para todo creyente. Y todas estas bendiciones y beneficios
provienen de la Ley de Moisés.
¿Porqué es tan difícil para nosotros derivar
ese tipo de beneficios meditando en la Ley? Creo en su mayor parte, que es
debido principalmente a que no meditamos en la Ley.
La realidad es que nadie se encuentra un
tesoro escondido esperando que el tesoro venga a él. Para encontrarlo, tiene
que excavar mucho, examinar y buscar.
Proverbios 2 nos muestra el camino para
obtener sabiduría divina, diciéndonos lo siguiente:
Si como a la plata la buscares,
Y la escudriñares como a tesoros,
Entonces entenderás el temor de Jehová,
Y hallarás el conocimiento de Dios.
Porque Jehová da la sabiduría,
Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia (Proverbios 2:4-6).
A nosotros que estamos en Cristo, se nos ha
asignado una búsqueda de tesoros maravillosa – una búsqueda de tesoros que dura
toda la vida – e incluye toda la revelación de Dios, y no solamente las partes
que encontramos fáciles de entender.
Para nosotros que hemos sido perdonados y
sellados para el día de redención, la Ley aún tiene un grandioso propósito –
porque la Ley fue siempre un reflejo del carácter de Dios. Si estamos
contemplando a Dios a través de la Ley como a través de toda la Escritura,
seremos transformados a través de esa contemplación.
De manera que, ¿qué nos dice la Ley acerca
del carácter de Dios que debiera de afectar nuestra alabanza, nuestra relación
con Dios, y nuestra relación con el hombre? La respuesta es, “Mucho!” Existe
mucho más de lo que podemos tratar en una lección. Te corresponde a ti
individualmente considerar los aspectos adicionales de la Ley que no podemos
cubrir en esta lección – y créeme que falta mucho por cubrir.
Por el resto de esta lección, veremos solo un
par de las categorías más importantes de la Ley. Mi esperanza es que esto
despierte un mayor interés para perseguirlo y buscarlo aún más en nuestro
estudio individual.
Exodo 20-23
Debemos primero notar la diferencia entre los
mandamientos generales y las ordenanzas detalladas, estatutos, y preceptos de
la Ley.
Los Diez Mandamientos realmente son la suma
de las declaraciones de la Ley de Dios las cuales abarcan todas las ordenanzas
y estatutos que le siguen. Hay muchas otras declaraciones en la Ley que toman
la forma de mandamientos directos, pero los Diez Mandamientos son los
principios de la Ley que se imponen a todo lo demás, y los cuales son
reafirmados por las ordenanzas y estatutos.
1 Y habló Dios todas estas palabras,
diciendo: 2 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de
Egipto, de casa de servidumbre. 3 No tendrás dioses ajenos delante de mí. 4
No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el
cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5 No
te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte,
celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y
cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y hago misericordia a
millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. 7 No tomarás
el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que
tomare su nombre en vano. 8 Acuérdate del día de reposo* para
santificarlo. 9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10 mas
el séptimo día es reposo* para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú,
ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu
extranjero que está dentro de tus puertas. 11 Porque en seis días
hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay,
y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo* y lo
santificó.
12 Honra a tu padre y a tu madre,
para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
13 No matarás.
14 No cometerás adulterio.
15 No hurtarás.
16 No hablarás contra tu prójimo
falso testimonio.
17 No codiciarás la casa de tu
prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni
su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. (Éxodo 20:1-17).
Los Diez Mandamientos, como muchos de ustedes
saben, muestran dos aspectos esenciales de la experiencia del hombre. Los
primeros cuatro mandamientos, se enfocan directamente en la relación del hombre
con Dios, y los seis restantes se enfocan en la relación del hombre con el
hombre. Esto es paralelo a la propia declaración de Jesús acerca de la esencia
de la Ley en Marcos 12:28-31, en la cual uno de los escribas Judíos le preguntó
a Jesús,
“¿Cuál es el primer mandamiento de todos?
”
Jesús le respondió: El primer mandamiento de
todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30 Y
amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
“Y el segundo es semejante: Amarás a tu
prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.”
Fundamentalmente, todos los mandamientos y
ordenanzas, encontramos ser resultado de esto dos mandamientos principales.
Genuinamente amando a Dios y al hombre es el cumplimiento de la Ley, y este
amor divino es la meta de santificación del trabajo de Dios en la vida del
creyente.
Exodo 21-23
En Éxodo 21-23, muchas de las leyes están
escritas en la forma de declaraciones “si, … entonces”. Por ejemplo, en 22:1:
“Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo
degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja
cuatro ovejas.”
Esta y muchas otras leyes tratan con
escenarios bastante específicos que pudieran presentarse en las vidas de los
Israelitas. Estas leyes, u ordenanzas, no deben tomarse como generales, sino
deben ser vistas como ejemplos para guiar a los Israelitas en la aplicación de
la Ley a su vida diaria. Uno de los grandes errores de Israel fue usar la Ley
como un set de reglas que trataba cada área de sus vidas, como una caja grande
en la cual podían vivir para asegurar ser agradables a Dios. Pero en el diseño
de Dios, la Ley fue siempre un asunto del corazón. No existe diferencia aquí
entre el Antiguo Testamento y el Nuevo.
En el Antiguo Testamento, el término clave en
Hebreo para sabiduría es chokmah.
Es una palabra muy común a través de todo el Antiguo Testamento. Significa habilidad moral, o puesto de otra manera,
la sabiduría para tomar decisiones divinas. No es lo mismo que conocimiento. A
la gente le encanta tener conocimiento – queremos saber exactamente lo
que se espera de nosotros y saber cuando es que lo hemos alcanzado. Queremos
que las cosas sean predecibles y fáciles. Dios, por otro lado, quiere
enseñarnos sabiduría. Conocimiento solo es un escalón a la sabiduría.
Dios ya nos ha dicho todo lo que debemos saber (en Su Palabra), pero no estamos
lo suficiente familiarizados con lo que Él ya nos ha revelado para tener una
buena sensibilidad en cómo tratar con las cosas que Él no ha tratado
específicamente. El conocimiento de la Palabra de Dios, combinado con fe,
produce sabiduría para vivir bien – para vivir con una claridad que viene de
conocer verdaderamente a Dios como Él pretende que nosotros le conozcamos. Me
gusta la frase muy popular entre nuestros jóvenes – QHJ – “¿Qué haría Jesús?”
Cuando tú sabes la respuesta a esa pregunta en una situación dada, sin ninguna
otra revelación mas que la que Dios ya ha suplido, y haces lo que Dios te diría
que hicieras, entonces has descubierto chokmah – sabiduría divina.
En nuestra congregación, los niños también
oyen los mensajes que son predicados, por tanto me dirigiré a ellos aquí.
Jóvenes, mientras ustedes son niños, algunas veces encuentran muy difícil
entender el porqué sus padres los hacen hacer ciertas cosas. Algunas veces
cuando no pueden explicarles algo, solo dirán, “Háganlo porque yo quiero que lo
hagan!” Pero a medida que crecen, comienzan a comprender que hay una razón para
esa regla. Existe un principio detrás de esa regla que comienza a tener
sentido, y muy pronto, obedecen esa regla porque creen en la razón de ella.
¿Cuántos de ustedes han ido a una biblioteca?
¿Han escuchado alguna vez a su papá o mamá decirles cuando entran a la
biblioteca, “Guarden mucho silencio – las personas están tratando de leer?!”
Bueno, cuando ustedes están pequeños, y no saben leer, sus padres buscan libros
y los llevan a casa para leérselos. Pero después ustedes aprenden a leer.
Digamos que un día, ustedes están sentados en la biblioteca leyendo un libro
muy interesante, y están tratando de leerlo mientras su mamá está buscando otro
libro. De pronto aparecen unos niños corriendo y haciendo mucho ruido, y su
mama les dice, “No hagan ruido en la biblioteca – las personas están tratando
de leer!” Entonces, tú entenderías, ¿verdad?
Verás, las reglas que tus padres te hacen
seguir tienen una buena razón de ser, un principio detrás de ellas. Cuando eres
joven, pudieras no comprender el principio. Todo lo que tienes es la regla, y
tienes que seguirla porque tus padres te dicen que lo hagas. De la misma forma
tus padres tuvieron que hacer cuando eran niños. A medida que pasa el tiempo y
aprendes más, la razón se hace más clara. Ojalá y tus padres hagan todo lo
posible por explicar la razón de ser de las reglas, aún y cuando seas todavía
muy joven para entenderlas. Del mismo modo sucede con las reglas de Dios. Cada
ley que Dios puso delante de Israel tenía una razón, un principio detrás de
ella. Mientras más conozcamos acerca de Dios, más conoceremos acerca de Su
forma eterna de ver las cosas, y más de Su ley se escribe en nuestros
corazones, de manera que no tenemos que pensar más acerca de la regla para
actuar de acuerdo al carácter de Dios. Ese es el espíritu de la Ley. Esa es
sabiduría.
Ahora hemos visto las dos grandes categorías
de la ley en el Antiguo Testamento – la Ley fundamental en los Diez
Mandamientos, y luego muchos ejemplos para instruir al pueblo de Dios acerca de
cómo el espíritu de la Ley juega un papel muy importante en su experiencia de
vivir día con día.
En el resto de este mensaje, veamos solo un
par de áreas importantes descritas en la Ley de Moisés.
Una de las áreas en la Ley de Moisés que los
cristianos encuentran difícil de comprender es la distinción entre aquello que
ceremonialmente es limpio y lo que ceremonialmente es sucio. Tocaré levemente
este punto, y espero comunicar el principio detrás de esos estatutos.
Primero, Las restricciones de dieta en Levítico 11.
Había ciertos alimentos que estaban prohibidos comer para un Israelita. Si un
Israelita tan siquiera tocaba alguno de estos animales prohibidos cuando estaba
muerto, se hacía inmundo hasta la tarde de ese día, y de acuerdo al capítulo 5,
era requerido traer una ofrenda por el pecado para su expiación.
Han existido numerosas interpretaciones de
las razones o principios detrás de estas restricciones de dieta. Algunos dicen
que tiene que ver con respetar la distinción entre especies y que los animales
que no se ajusten bien a sus categorías deben ser evitados, como criaturas
marítimas sin escamas. Pero existen muchos casos que no se ajustan a este
acercamiento.
Otros han hablado mucho de las
consideraciones de salud de estas restricciones, diciendo que los animales que
eran limpios son más saludables para comer que los otros. Mientras que puede
existir algo de esto en un nivel pragmático, existe mucho desacuerdo acerca de
cuales animales son más saludables para comer. Después de todo, comer mucha
carne no es considerado sabio basados en el conocimiento médico que ahora
tenemos. No hay nada en el texto mismo que pueda sustentar esta teoría.
La única interpretación sobre las leyes de la
dieta que yo creo tiene más sentido, y que estoy convencido está mejor
sustentada por todo el contexto de la Escritura, es que estas restricciones
fueron dadas para separar a Israel de las otras naciones, y para
distinguir a cualquiera que quisiera morar en la congregación de Dios de los
que no querían. En tiempos antiguos, como en algunas culturas de hoy en día, comer
era un compañerismo. No podías tener compañerismo con alguien si no comías
con él. Dios usó estas distinciones como una de muchos instrumentos para
preservar la identidad nacional de Israel. Pero más que todo, Él las usó para
separar a Su pueblo de todos los demás, y con el plan de preservar la pureza de
su devoción.
44 Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros
por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no
contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la
tierra. 45 Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de
Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.
46 Esta es la ley acerca de las bestias, y las
aves, y todo ser viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se
arrastra sobre la tierra, 47 para hacer diferencia entre lo inmundo
y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se
pueden comer. (Levítico 11:44-47).
Sabiendo que no estamos más bajo la Ley, y
Dios ha declarado todas las cosas limpias, existe un sentido en el cual el
principio de estas restricciones aún se aplica.
Pablo exhorta a los Cristianos en 2 Corintios
6:14-18 a separarnos de los no creyentes en ciertas maneras. Este pasaje es
directamente pertinente a nuestra discusión porque palpa en la idea de evitar
eso que es inmundo y en la idea de separación:
No os unáis en yugo desigual con los
incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y
qué comunión la luz con las tinieblas?
¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué
parte el creyente con el incrédulo?
¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y
los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.
Por lo cual, salid de en medio de ellos, y
apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, 18
Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice
el Señor Todopoderoso (2 Corintios 6:14-18).
El resto de las distinciones limpias/inmundas
se encuentran en Levítico 12-15. Las categorías básicas de las distinciones
limpias/inmundas son estas:
Inmundicia relacionada con la Maternidad
Inmundicia debido a Desórdenes de la Piel
Inmundicia debida a Moho
Inmundicia debida a Flujos y Descargas del
Cuerpo.
Había ciertas cosas que podían ocurrirle a un
Israelita que los pronunciaba ceremonialmente inmundos. Lo que significaba para
la persona ser ceremonialmente inmundo es que la persona era temporalmente
desechada de poder acercarse a la Presencia del SEÑOR en el tabernáculo (o un
tiempo después, al templo) para adorar junto con la congregación. Típicamente,
la condición inmunda requería que la persona esperara que pasara un período de
purificación; después debía traer una ofrenda por el pecado al tabernáculo como
expiación, para que pudiera él (ella) ser restaurado a una condición de
compañerismo. Después de eso, podía regularmente acercarse al Señor para adorar
en el tabernáculo. En el caso de leprosos o enfermedades de la piel, la persona
estaba en una condición inmunda hasta que la enfermedad fuera curada. En el
caso del enmohecimiento, la casa o tela afectada, si no se “curaba” después de
un período de tiempo, debía ser destruida.
A primera vista, es difícil ver el punto de
estas restricciones. Pero si ponemos un poquito más de atención, comienza a
tener mucho sentido. ¿Qué elemento común está involucrado en condiciones
asociadas con la maternidad, desórdenes de la piel, hongos, flujos y descargas
del cuerpo? ¿Con qué están todas estas cosas asociadas? La respuesta más
simple es: Están todas asociadas con la caída de Adán y Eva. La
maldición de la Caída fue la muerte – muerte espiritual y muerte física
(Genesis 2:16-17). Enfermedad, podredumbre, corrupción, dolor y muerte eran todas parte de la maldición (Genesis 3).
No solo era el hombre afectado en la maldición. Toda la creación fue afectada.
Romanos 8:19-21 dice,
19 Porque el anhelo ardiente de la creación es
el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la
creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del
que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será
libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos
de Dios.
Toda la creación de Dios fue sujeta a un
movimiento inevitable hacia la corrupción y podredumbre una vez que el pecado
entró en el mundo.
El moho, putrefacción y podredumbre son parte
de la maldición al igual que las enfermedades del hombre.
¿Pero y qué con la maternidad? La
maternidad no es algo malo, ¿verdad? ¡Claro que no! Salmo 127:3-5 declara que
los hijos son herencia bendita de Dios. Pero la maternidad fue parte de la
experiencia terrenal de la humanidad que fue explícitamente afectada por la
maldición. En Genesis 3:16, Dios le dijo a la mujer, “Multiplicaré en
gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos.”
La maternidad involucra dolor y derramamiento de sangre. Es una bendición
maravillosa, pero también es un vívido recordatorio de la condición mortal y
maldita del hombre – solo tienen que preguntarle a una mujer que halla
pasado por esa experiencia.
De modo que las condiciones que constituían
la inmundicia ceremonial estaban todas asociadas con la maldición de la Caída.
Lo cual nos lleva a la siguiente pregunta:
¿Con qué NO están estas cosas
asociadas?
Veamos Apocalipsis 21:3-4:
Y oí una gran voz del cielo que decía: He
aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos
serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de
ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque
las primeras cosas pasaron.
Las condiciones que constituyeron la
inmundicia son condiciones que no serán parte de nuestra experiencia delante de
la presencia de Dios en el cielo. Todos los efectos de la Caída dejarán de ser
cuando recibamos los cuerpos de la resurrección y entremos completamente en Su
Presencia gloriosa.
La adoración en el Tabernáculo presentó una
imagen terrenal de la realidad celestial de poder acercarse a la Presencia de
Dios. Y las distinciones entre limpio e inmundo sirvieron como un monumento
conmemorativo, un recordatorio vivo para Israel del hecho que Dios es Santo.
Acercarse a Su Presencia no es una cosa común. No es como las otras cosas que
nos rodean en nuestro diario vivir. La Presencia de Dios es santa, separada de
todas las cosas que constituyen la condición de maldición del hombre – pecado,
enfermedad, podredumbre, impureza, corrupción, muerte. Su presencia está
asociada con salud, pureza, integridad, bien-estar – en una palabra, con vida.
La distinción de limpieza/inmundicia en la
Ley de Moisés no son solo minucias sin sentido. Estos requerimientos detallados
son memoriales (recordatorios) para causar a la gente de Dios, en todas las
edades, a apreciar la experiencia trascendente de acercarse a la presencia de
un Dios santo. Estas leyes nos recuerdan, como debían recordar a Israel, que la
adoración a Dios es un privilegio muy sagrado; ciertamente, es el privilegio
más sagrado de todos.
La segunda área más grande de la Ley me
gustaría considerar que es el sabbath, y el principio detrás de sabbath.
La palabra “sabbath” significa
“suspender” o “descansar.” La primera idea que viene a nuestra mente cuando escuchamos
la palabra “sabbath” es “adoración.” Pero la palabra significa
“suspender.”
El mandamiento relacionado con el día sabbath
(el ultimo día de la semana) es el cuarto de los Diez Mandamientos. Dios dijo
en el cuarto mandamiento,
Acuérdate del día de reposo* para
santificarlo. 9Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10mas
el séptimo día es reposo* para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú,
ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu
extranjero que está dentro de tus puertas. 11Porque en seis días
hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay,
y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo* y lo
santificó{apartado como bendito}(Exodo 20:8-11).
De manera que el patrón para descansar en el
séptimo día está basado en el hecho que Dios suspendió Su trabajo creador en el
séptimo día. Guardar el día sabbath santo significaba apartarlo de los
otros días de la semana. Era apartado como un día de adoración, pero también
era apartado como un día de descanso del trabajo, y se trata de la suspensión
del trabajo, y no la adoración, la que es el enfoque explícito de virtualmente
casi todos los pasajes que hablan acerca del sabbath.
Es importante hacer notar que el término “sabbath”
no está limitado a la observancia del último día de la semana. Había también
otros días Sabbath, incluyendo los Sabbaths asociados con casi todos los
festivales. También había años Sabáticos y años de Jubileo. Cada una de estas
observancias involucraban la idea del sabbath, o suspensión del trabajo.
Éxodo 16
En adición al patrón de la creación de Dios,
existe otro evento histórico crucial que sirve como base para todos los
sabbaths. Ese evento fue la dádiva del maná en Éxodo 16. Aún antes que
los Diez Mandamientos fueran dados, Israel ya había sido enseñado por Dios a
tratar el último día de la semana como separado de los otros seis días de la
semana.
Dios prometió proveer el maná, el pan que
milagrosamente aparecía cada mañana como sereno en la tierra. Cada familia de
Israel debía levantarse cada mañana excepto en el séptimo día de la semana, y
debían de juntar justo el maná necesario para la necesidad de ese día – ni más,
ni menos. Si juntaban más que la necesidad de ese día y trataban de guardar
algo para el siguiente día, se echaba a perder. Si salían a juntar maná en el
séptimo día, no había nada que juntar sobre la tierra ese día.
Para entender el espíritu, o principio del
Sabbath, debemos considerar qué acción y qué actitud constituían la violación
del sabbath. ¿Qué tendencia en el hombre hace que el hombre viole esta ley?
Debo someter que NO es que nos guste trabajar y odiemos descansar.
¿Cuántos de ustedes temen el pensamiento de tener tiempo para descansar? En
lugar de esto, yo diría que nos gusta estar en control sobre nuestra
provisión para nuestro propio bienestar. Obsesivamente buscamos controlar
los medios de provisión para nuestra necesidad y acumular esa provisión para el
futuro. En una palabra, buscamos ser proveedores de nuestra propia necesidad.
Los sabbaths requerían a la gente de Dios a deliberadamente y regularmente
poner a un lado sus esfuerzos para
proveer sus propias necesidades de manera que deliberadamente y regularmente
reconocieran su total dependencia en Dios para toda Buena cosa.
Acarreemos esto al siguiente nivel. En
adición al Sabbath, había otras festividades, los días santos. Tres veces al
año, Israel debía juntarse en el santuario central y debían traer sus
sacrificios delante del Señor.
Levítico 23
El tiempo no nos permite examinar cada uno de
los festivales, pero un estudio del calendario del año Judío revela que si la
gente observaba todos los festivales, aquellos que tenían que viajar para
llegar al templo tenían que dejar su tierra, sus rebaños y hatos detrás, y
venir delante del Señor por casi TRES MESES de cada año.
¿Y qué podía pasarle a su tierra y sus hatos
mientras estaban ausentes? Bueno, habrán oído de los Medianitas. Los Medianitas
eran uno de varios pueblos nómadas que amaban beneficiarse de los trabajos de
otras gentes. Eran conocidos por tomar posesiones de frutos y hatos de otras
naciones, moviéndose así de lugar en lugar. Para Israel dejar su tierra
desatendida y observar las festividades en el santuario central era como si
nosotros pusiéramos un gran letrero en nuestra tienda diciendo, “Salimos fuera
de la ciudad por favor no roben.” Israel dejaba sus posesiones vulnerables a
cualquiera que quisiera clamarlas. Para observar estas festividades, Israel
tenía que confiar completamente en Dios para protección de sus posesiones.
Dios prometió hacer justo eso. En Éxodo 34,
cuando Moisés subió al monte a recibir las tablas por segunda vez, Dios le
dijo,
Tres veces en el año se presentará todo varón
tuyo delante de Jehová el Señor, Dios de Israel. 24 Porque yo
arrojaré a las naciones de tu presencia, y ensancharé tu territorio; y
ninguno codiciará tu tierra, cuando subas para presentarte delante de Jehová tu
Dios tres veces en el año. (Éxodo 34:23-24).
Las fiestas requerían que la gente de Dios
muy deliberadamente soltara su propia dependencia, en sus esfuerzos de
proveerse así mismos y proteger lo que tenían, y confiar en Dios para que fuera
su fiel Proveedor y Protector.
Este mismo principio – de dejarle a Dios todo
el asunto de la provisión – aplicaba en todas las observancias del Sabbath bajo
la Ley.
Levítico 25
Los años Sabáticos pesaban este principio aún
a otro nivel. En uno de cada siete años, el pueblo no debía sembrar su semilla.
No debían hacer ningún tipo de trabajo relacionado con la producción de plantas
en ese año. Cualquier cosa que germinara por su cuenta durante el séptimo año,
quedaba disponible para espigar a cualquiera que quisiera (al pobre, al siervo,
al extranjero, al dueño – a todo mundo), pero no debía haber ningún tipo de
cosecha sistemática o venta del producto de ese año. Dios prometió que si ellos
observaban esta ley, Él proveería suficiente cosecha en el sexto año para suplir
el séptimo y el octavo.
El Jubileo movía este principio aún otro
nivel más. Después de cada séptimo año sabático venía el año Jubileo, y de
nuevo en ese año, Israel debía abstenerse de toda actividad agrícola. Eso
significaba cuando llegaba el año Jubileo, que habría dos años seguidos – el
año cuarenta y nueve como año sabático y el año cincuenta como año Jubileo – en
los que debían dejar todo esfuerzo por sistemáticamente cultivar la tierra.
La agricultura no era lo único que debían
dejar en esos años especiales. Cada año sabático, tenían que liberar todos los esclavos
Hebreos para que regresaran a sus familias, y debían perdonar cualquier deuda
existente. Aún más, en el año Jubileo, cualquier tierra que
hubiere sido vendida por un Israelita a otro, debía devolvérsele al dueño
original.
La razón por la que Dios dio para esta
provisión en Levítico 25:23 y 25:55 es que la tierra y la gente le
pertenecen a Dios, Dios es el dueño y la Fuente de toda buena dádiva, y Él
define los términos en los cuales Él nos da la administración sobre esas cosas.
No hay evidencia de que Israel jamás guardara
los años sabáticos o el Jubileo después que entraron a la tierra. Ciertamente,
la duración del exilio de Juda en Babilonia fue basado en el número de sabbaths
que Israel había negado la tierra.126
Repasemos ahora lo que hemos visto en las
observancias del Sabbath: Los sabbaths debían ser monumento conmemorativo
continuos a estos principios fundamentales:
El pueblo de Dios no debía depender en sus
propios esfuerzos para proveerse asimismo o para protegerse porque:
Dios es el poseedor de todas las cosas.
Dios es el proveedor exclusivo de toda buena
cosa.
La provisión de Dios debe recibirse en Sus
términos, no los nuestros.
Al deliberadamente poner a un lado sus
esfuerzos en los tiempos puestos por Yahweh, los Israelitas debían reconocer y
demostrar su total dependencia en Él para toda buena dádiva.
¿Serán éstos, principios que aplicaban solo
al antiguo Israel, o serán principios sin límites de tiempo? La respuesta debe
ser obvia. Como con TODA la Ley, los principios que hallamos en ella son
principios que derivan del mismo carácter de Dios, y Su carácter nunca cambia
(...en el cual no hay mudanza ni sombra de variación. Santiago 1:17b)
Necesitamos pensar intensamente acerca de las
formas en que estos principios deben y pueden ser desarrollados en nuestras
vidas. Con respecto a los principios contenidos en las observancias del
sabbath, es muy importante para nosotros el deliberadamente separar ciertos
tiempos para abandonar nuestros esfuerzos de proveer para nuestras necesidades,
especialmente en la cultura en la que nos encontramos hoy en día. Necesitamos
ese ejercicio espiritual para mantener nuestras prioridades correctas y para
enfocar nuestra atención en el llamado a confiar en Dios en todas las cosas.
La relevancia de estos principios es
penetrante. A quién confiemos por provisión y seguridad afecta directamente lo
que hagamos con nuestro dinero; afecta el tiempo relativo de prioridad que
damos al trabajo vs. la familia y ministración de uno a otro; afecta
directamente el nivel de ansiedad que asociemos con la falta de control sobre
nuestras finanzas o sobre nuestra seguridad en el trabajo – y afecta una
miríada de otros aspectos de nuestra vida diaria.
Hemos hablado acerca del propósito de los
mandamientos y ordenanzas para aquellos que han sido justificados delante de
Dios por gracia por medio de la fe – siendo ese propósito el impartir sabiduría
divina. Hemos hablado acerca de algunas de las lecciones que debemos aprender
de los Sabbaths, las Fiestas, los Años Sabáticos, y el Jubileo. Hemos hablado
acerca del principio encontrado en la distinción entre limpio e inmundo. Hay
mucho más que puede ser dicho acerca de los principios que debemos encontrar en
la Ley de Moisés.
Mientras más escarbemos en las Escrituras,
más conoceremos del plan de redención de Dios, y más conoceremos de Dios. El
conocimiento personal de Dios es aquel que produce sabiduría y hace nuestra
estadía temporal aquí en la tierra una oportunidad bendita para vivir como
instrumentos de honor en las manos de nuestro maravilloso Dios.
En Romanos 7:12, Pablo escribió que “De
manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.”
Mi exhortación es que no descuidemos el estudiar y meditar en la perfecta Ley
de Dios, y que fielmente pongamos en práctica los maravillosos principios
encontrados en ella. Entonces diremos con el Salmista,
¡Oh, cuánto amo yo tu ley!
Todo el día es ella mi meditación.
Me has hecho más sabio que mis enemigos con
tus mandamientos,
Porque siempre están conmigo. (Salmo 119:97-98).
123 Este
es el manuscrito editado de un mensaje dado por Tom Wright, maestro en la
Community Bible Chapel, en Enero 14, 2001.
124 Todas
las referencias de la Escritura son citadas de la Biblia Estándar Nueva
Americana.
125 En
la oración que Jesús presentó a Dios la noche antes de ser crucificado, Jesús
dijo, “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti el único Dios
verdadero, y a Jesucristo a quien tu has enviado” (Juan 17:3). Vida es la
relación con Dios.
126 C.
Levítico 26:34; 2 Crónicas 36:21; Jeremías 29:10. Basado en 2 Crónicas 36:21, algunos entienden los 70
años de exilio como que Israel negó la tierra 70 años sabáticos, caso en el
cual fallaron en observar los años sabáticos por 490 años de su historia.
También es posible que este número, 70 veces 7, simplemente sea una manera
figurativa para presentar la idea que Israel NUNCA guardó los años sabáticos.
Las palabras de Jesús en Mateo 18:21-22 parecen estar de acuerdo con la idea
que “setenta veces siete” es una forma de hablar que denota un número
absoluto; i.e., seguramente Jesús no quiso decir que dejáramos de perdonar
después de 490 veces que alguien peque contra nosotros.