Previous PageTable Of ContentsNext Page

Lección 10 — La Entrega de la Ley, Parte I119

El Propósito Evangelístico de la Ley

Mi suegro, Larry Oubre, fácilmente es uno de los estudiantes más devotos de la Palabra de Dios que he tenido el privilegio de conocer, y he aprendido a escuchar cuidadosamente cuando él habla de manejar correctamente las Escrituras. El día de Navidad, estuve hablando con él acerca de este mensaje y del dilema en que me encontraba tratando de descifrar cómo tomar el tópico de “La entrega de la Ley.” Él me dijo que comenzara del final – con la declaración del Nuevo Testamento concerniente al propósito de la Ley en el Antiguo Testamento – y luego regresar al Antiguo Testamento y mostrar que el propósito de la Ley siempre ha sido el mismo. Siguiendo su sabio consejo, ese es exactamente el acercamiento que seguiré.

Nuevo Testamento

No Hay Justo

Romanos 3:1-18

En lo primeros tres capítulos del Libro de Romanos, Pablo presenta un argumento cuidadosamente elaborado concerniente a la pregunta, “¿Cómo podemos ser justos delante de los ojos de Dios?” La primera parte de su argumento es para explicar cómo ha hecho el hombre para no ser justo a los ojos de Dios.

Él explica que a pesar del conocimiento de Dios dado a conocer por la naturaleza, por la conciencia, y por la Ley revelada, todos los hombres, ambos Judíos y Gentiles, han fracasado en cumplir los requerimientos de Dios.

En el capítulo 3, Pablo lleva su argumento a su conclusión lógica. En el versículo 9, él declara rotundamente “que ambos, Judíos y Griegos están bajo pecado.” Él después defiende esta fuerte acusación contra todo hombre haciendo referencia a las Escrituras del Antiguo Testamento. Las palabras que él usa aquí no podrían ser más simples, más claras, ni más fuertes.

                             10 Como está escrito:

                 No hay justo, ni aun uno;

                 11 No hay quien entienda,

                 No hay quien busque a Dios.

                 12 Todos se desviaron,

                 a una se hicieron inútiles;

                 No hay quien haga lo bueno,

                 no hay ni siquiera uno.

                 13 Sepulcro abierto es su garganta;

                 Con su lengua engañan.

                 Veneno de áspides hay debajo de sus labios;

                 14 Su boca está llena de maldición y de amargura.

                 15 Sus pies se apresuran para derramar sangre;

                 16 Quebranto y desventura hay en sus caminos;

                 17 Y no conocieron camino de paz.

                 18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.
                 (Romanos 3:10-18)
120.

En Romanos 2, versículo 6, Pablo dijo que Dios . . .

6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: 7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, 8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia.

Aquí se habla de dos categorías de personas: (1) “aquellos que perseverando en bien hacer, buscan Gloria y honra e inmortalidad” (esos obtienen vida eterna), y (2) “aquellos que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia” (esos obtienen la ira y enojo de Dios). De acuerdo al argumento de Pablo, ¿cuántas personas hay en la primera categoría?

!!!NO HAY JUSTO, NI AUN UNO!!!

Véase de nuevo Romanos 3:10-18. Excepto por Jesucristo mismo, ¿cuántas personas han existido en la historia, que hallan sido lo suficiente justas para llenar los requerimientos de la Ley de Dios? ¡No hay uno! ¡Ninguno! !Ni uno solo!

¿Cuántas personas genuinamente han tomado la iniciativa de buscar a Dios?

                             NO HAY quien entienda,

                 NO HAY quien busque a Dios.

                 TODOS se desviaron,

                 a una se hicieron inútiles;

                 NO HAY quien haga lo bueno,

                 no hay NI SIQUIERA UNO.

Las proposiciones aquí son claras, simples, y fuertes, y no dejan lugar para interpretación.

Cuando el hombre trata de crear una escapatoria (pretexto) en este argumento para poder decir que algunas personas son lo suficientemente buenas delante de Dios, están desechando la clara y precisa revelación del Dios Todopoderoso, y la están reemplazando con su propia tontería  (ignorancia). El mundo está lleno de religiones hechas por el hombre, y han hecho precisamente esto – muchas de las cuales se autodenominan Cristianas.

El hombre hace muchas cosas que son buenas en su apariencia externa, pero Dios conoce los corazones del hombre. Él conoce nuestros motivos, y Su Palabra declara que, dejado a nuestra decisión, siempre caemos en pecado. Ni siquiera sabemos cómo comenzar a ser verdaderamente justos.

                                        Todo el Mundo le Pertenece a Dios

                                                  Romanos 3:19-20

La culminación de todo lo que Pablo ha dicho en los primeros tres capítulos lo encontramos en Romanos 3:19-20. Y la “verdad” de estos dos versículos es absolutamente fundamental para un entendimiento apropiado del verdadero propósito de la Ley de Moisés:

19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;

20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

La Ley no fue destinada para hacer justos a los hombres. Fue destinada para probar la injusticia del hombre – para echar la luz de la santidad de Dios sobre la no-santidad del hombre, para que no exista duda acerca de lo que el hombre merece.

Si Israel hubiera podido lograr la justicia delante de Dios a través de guardar la Ley, entonces no hubiera habido necesidad de un Salvador.

                                                  Gálatas 3:21-22

En Gálatas 3:21-22, Pablo dice,

21 ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.

De modo que, el Nuevo Testamento es claro y conciso acerca del hecho que la Ley no puede hacernos justos. Esto es maravilloso. La retrospección siempre es muy clara. Hemos visto algunas citas del Antiguo Testamento en los escritos de Pablo, ¿pero serían estos pasajes del Antiguo Testamento suficientes para dejar en claro a los hombres que vivían en los tiempos del Antiguo Testamento, que finalmente no podrían guardar la Ley – y que la Ley fue dada para probar que no eran santos delante de Dios?

Veremos que el Antiguo Testamento fue tan claro y consistente acerca de este tema como el Nuevo Testamento.

Lo cierto de este asunto es que: El Judaísmo – el verdadero Judaísmo del Antiguo Testamento – no HACE, ni NUNCA HIZO, al hombre, el autor de su propia justicia o de su propia salvación.

Antiguo Testamento

Después de la milagrosa liberación de Israel de Egipto por parte de Dios, Él los guió a través del desierto hacia el monte de Dios, el Monte Sinaí. Durante el camino,  Israel se quejaba porque temían morir de hambre y sed en el desierto. A pesar de ese gruñir, Dios les dio una milagrosa provisión de maná – pan diario directo del cielo. Él hizo el agua saltar de las rocas en medio del desierto para que no tuvieran sed. En el tercer mes después que salieron de Egipto, Él los trajo al pie de la montaña. Éxodo 19 presenta el prefacio para los Diez Mandamientos y para todo el resto de la Ley de Moisés. Los pasajes que inmediatamente preceden a los Diez mandamientos presentan una temible descripción de la manifestación de Su presencia en la montaña, como el contexto para dar la Ley.121

Dios no es como el hombre. Él es Santo.

Éxodo 19:10-25; 20:18-21
10 Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, 11 y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí. 12 Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá. 13 No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte. 14 Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos. 15 Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer.16 Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento. 17 Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte. 18 Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. 19 El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante. 20 Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. 21 Y Jehová dijo a Moisés: Desciende, ordena al pueblo que no traspase los límites para ver a Jehová, porque caerá multitud de ellos. 22 Y también que se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago. 23 Moisés dijo a Jehová: El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has mandado diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo. 24 Y Jehová le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; mas los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a Jehová, no sea que haga en ellos estrago. 25 Entonces Moisés descendió y se lo dijo al pueblo. (Éxodo 19:10-25).
18 Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. 19 Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. 20 Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis.21 Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios. (Éxodo 20:18-21).

Los Israelitas estaban aterrorizados de Dios en ese día. No podían soportar el oír la voz de Dios directamente, de modo que pidieron que Él les hablara a través de Moisés, lo cual, para comenzar, era exactamente lo que Dios había pensado hacer. Dios había dejado perfectamente en claro, que Él podía aniquilar a todo Israel a voluntad. No debió haber quedado duda alguna para Israel, que Dios no era para nada como ellos. Y que Él no era parecido a nada en la Creación que ellos pudieran ver, u oír, o gustar, o tocar.

Tocante a la idolatría, ¿cómo podía Dios ser representado en la forma de un ser creado cuando era muy claro que Él sobrepasaba Su creación? ¿Cómo podía Él ser representado en cualquier forma que viniera de la mente del hombre, cuando el hombre no podía ni siquiera verlo, no podía ni siquiera comenzar a comprenderlo, y no podía siquiera aguantar el oír Su voz? 

Todo lo que Dios había hecho para liberar a Israel de Egipto, y todas las señales maravillosas que estaban presenciando en la base del Monte Sinaí, servía para anclar firmemente el hecho que su Dios era enteramente distinto a ellos. Este era el escenario, el contexto para el nacimiento de la Ley, y para el testimonio de la Ley de que el hombre estaba separado de Dios.

El Becerro de Oro

Éxodo 32-33

Después de dar la revelación de los mandamientos y ordenanzas y las instrucciones para el tabernáculo y sacerdocio, Dios llamó a Moisés a subir al monte a recibir las dos tablas de piedra con los Diez Mandamientos gravados por el dedo de Dios.

12 Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles. 13 Y se levantó Moisés con Josué su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. 14 Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos. 15 Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte. 16 Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. 17 Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. 18 Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches. (Éxodo 24:12-18).

¿Qué hicieron los Israelitas durante los 40 días que Moisés estuvo en la cima del monte? Estaban violando evidentemente los primeros dos mandamientos.

2 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. 3 No tendrás dioses ajenos delante de mí. 4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. (Éxodo 20:2-4).

¿Podía esto ser más claro de lo que es?

Veamos, – ¿acaso un becerro tiene alguna semejanza con algo que Israel se halla encontrado en la creación de Dios, y que representara a Dios? Como, a la mejor, un becerro?

Dios acababa de dar a Israel Sus mandamientos – e Israel no podía esperar para violarlos!

Dios dejó muy en claro que Israel merecía ser destruido en ese día. Él amenazó con destruirlos y comenzar de nuevo con Moisés. Moisés intercedió ante Dios y apeló la reputación de Dios ante las naciones (32:12) y a las promesas incondicionales del pacto de Dios con Abraham, Isaac y Jacob (32:13) como base para pedirle a Dios abstenerse de destruir a Israel y continuar estando en medio de ellos. Dios cedió, y, mientras Él ejecutó un doloroso juicio contra Israel ese día, Él no los destruyó.

¿Acaso Israel se comportó mejor después de esto? Veamos.

Negación de Israel de Entrar en la Tierra

Números 14

En el segundo mes del segundo año después del Éxodo, Dios guió a Israel en el viaje del Monte Sinaí a través del desierto hacia Cades Barnea. De Cades, Él ordenó a Israel subir a la tierra y tomar posesión de ella. Dios juró que Él pelearía la batalla por ellos, y desecharía las naciones que habitaban la tierra para que Israel pudiera morar en ese lugar en paz – si solo confiaban en Él y entraban en la tierra. Todos conocemos la historia. Los espías vieron los gigantes en la tierra. Diez de los doce espías dijeron, “No podemos hacerlo.” E Israel se negó a subir.

Una vez más, Dios estaba enojado con Israel por causa de su infidelidad y rebelión, y nuevamente amenazó con destruirlos y comenzar de nuevo con Moisés. Y, una vez más, Moisés intercedió por Israel y le suplicó a Dios, NO basado en nada de Israel que mereciera Su tolerancia, sino basado en la reputación de Dios entre las naciones (14:13-16), las promesas de pacto de Dios a Abraham, Isaac, y Jacob de darles la tierra (14:16), y del propio carácter de Dios (14:17-19). Dios perdonó a Israel (14:20). Él dijo que no los destruiría, pero sí los castigaría, y aquellos que habían pecado no entrarían a la tierra prometida. 

La Segunda Generación Después del Éxodo

Deuteronomio 9:4-7

Dios guió a Israel en su vagar por el desierto por 40 años, hasta que toda esa generación que se había negado entrar en la tierra, pereció, excepto Josué y Caleb, Moisés, y algunos de los hijos de Aarón.

En el Libro de Deuteronomio, encontramos la nueva generación de Israelitas acampados a la orilla Este del río Jordán, habiendo conquistado las naciones paganas en el lado Este del río, y listos para cruzar al lado Oeste y tomar posesión de la tierra. En ese punto, Dios les dice esto,

4 No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti.

5 No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

6 Por tanto, sabe que no es por tu justicia que Jehová tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de cerviz eres tú.

7 Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová. (Deuteronomio 9:4-7).

Las Bendiciones y las Maldiciones

(¡Adivina cuales Obtiene Israel!)

Deuteronomio 27-30

Cerca del final del Libro de Deuteronomio, Dios puso delante de Israel las bendiciones por la obediencia y las maldiciones por la desobediencia de la Ley, y luego les dejó muy en claro en el capítulo 30 que experimentarían las maldiciones. Y solo hasta después de eso es que voltearían a ver a Dios, y Él circuncidaría  sus corazones y los corazones de sus descendientes para Amarlo y Servirlo. ¡Eso no había sucedido aún!

Para que no pienses que las maldiciones del Pacto Moséico eran amenazas en vano, lee los Libros de Jeremías y Lamentaciones, y podrás ver que las maldiciones fueron cumplidas hasta sus últimos detalles dolorosos, durante la segunda entrada de Nabucodonozor en Jerusalén.

El Nombramiento de Josué

Deuteronomio 31:16-21

En los últimos capítulos de Deuteronomio, encontramos la narración del final de la vida de Moisés, y el cambio de liderazgo dado a Josué. En el nombramiento de Josué, el Señor dice esto a Moisés,

16 Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va para estar en medio de ella; y me dejará, e invalidará mi pacto que he concertado con él; 17 y se encenderá mi furor contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y vendrán sobre ellos muchos males y angustias, y dirán en aquel día: ¿No me han venido estos males porque no está mi Dios en medio de mí? 18 Pero ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos. 19 Ahora pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel; ponlo en boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel. 20 Porque yo les introduciré en la tierra que juré a sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerán y se saciarán, y engordarán; y se volverán a dioses ajenos y les servirán, y me enojarán, e invalidarán mi pacto. 21 Y cuando les vinieren muchos males y angustias, entonces este cántico responderá en su cara como testigo, pues será recordado por la boca de sus descendientes; porque yo conozco lo que se proponen de antemano, antes que los introduzca en la tierra que juré darles. (Deuteronomio 31:16-21).

De acuerdo al versículo 21, Dios sabía desde antes que entraran a la tierra que los Israelitas ya estaban cultivando en sus corazones una actitud deshonesta y de infidelidad hacia su Libertador. Él sabía que una vez que los metiera a la tierra, abrazarían a los falsos dioses de los Cananitas y dejarían a su Dios.

Moisés murió sin entrar en la tierra prometida, y Josué tomó el manto de liderazgo.

Discurso de Despedida de Josué

Josué 24

A través de Su siervo Josué, Dios guió a Israel al otro lado del Río Jordán hacia la tierra prometida.

Después de la conquista de la tierra, después que Dios peleó todas las batallas de Israel y destruyó 60 ciudades fortificadas, después que el territorio de la tierra prometida fue dividido entre las tribus y clanes de Israel, Josué dio a Israel su discurso de despedida en Josué 24. Él repasó las obras poderosas de Dios a través de la historia de Israel, y llamó al pueblo de Dios en el versículo 14 a: 14 Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.”

El pueblo declaró que ciertamente dejarían los otros dioses y servirían al Señor, y reconocieron las grandes obras que Hizo a beneficio de ellos (24:16-18). Pero vean las palabras de Josué a ellos:

19 Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. 20 Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. (Josué 24:19-20).

Dios es Santo e Israel no lo era, y NO podrían ser capaces de obedecerlo. Dios no cerraría el ojo ante sus pecados – serían responsables por sus actos.

El pueblo una vez más juró servir a Dios y obedecer a Su voz. Josué levantó una gran piedra en ese lugar haciendo un monumento conmemorativo para recordar su pacto de obedecer a Dios, y él dijo,

“. . . He aquí esta piedra nos servirá de testigo, porque ella ha oído todas las palabras que Jehová nos ha hablado; será, pues, testigo contra vosotros, para que no mintáis contra vuestro Dios.” (Josué 24:27).

La Generación Después de la Conquista de la Tierra

Jueces 2:6-10

6 Porque ya Josué había despedido al pueblo, y los hijos de Israel se habían ido cada uno a su heredad para poseerla. 7 Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel. 8 Pero murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. 9 Y lo sepultaron en su heredad en Timnat-sera, en el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas.

Después de la muerte de Josué, lo siguiente que está registrado acerca de Israel es esto:

10 Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel. (Jueces 2:10).122

El Período de los Jueces

Todo Hombre Hizo Lo Correcto en Sus Propios Ojos

Sin dejar escapar ningún latido, el escritor del Libro de Jueces nos presenta con los versículos 11-23, en el cual vemos un deterioro espiritual en espiral de Israel durante el período de los Jueces. Dios repetidamente golpeó a Israel por la mano de sus enemigos por causa de sus abominaciones. Cada vez, clamaban a Él, y Él levantó un juez para liberarlos. Entonces, tan pronto eran liberados de un enemigo, regresaban a un episodio aún más corrupto de infidelidad hacia Dios, y el círculo comenzaba de nuevo.

11 Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales. 12 Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová. 13 Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a Astarot. 14 Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el cual los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en mano de sus enemigos de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos. 15 Por dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal, como Jehová había dicho, y como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran aflicción. 16 Y Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los que les despojaban; 17 pero tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron tras dioses ajenos, a los cuales adoraron; se apartaron pronto del camino en que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos de Jehová; ellos no hicieron así. 18 Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez; porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían. 19 Mas acontecía que al morir el juez, ellos volvían atrás, y se corrompían más que sus padres, siguiendo a dioses ajenos para servirles, e inclinándose delante de ellos; y no se apartaban de sus obras, ni de su obstinado camino. 20 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y dijo: Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no obedece a mi voz, 21 tampoco yo volveré más a arrojar de delante de ellos a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió; 22 para probar con ellas a Israel, si procurarían o no seguir el camino de Jehová, andando en él, como lo siguieron sus padres. 23 Por esto dejó Jehová a aquellas naciones, sin arrojarlas de una vez, y no las entregó en mano de Josué (Jueces 2:11-23).

“Me Han Rechazado de Ser Rey Delante de Ellos”

1 Samuel 8

Al final del período de los Jueces, en 1 Samuel 8:5, el pueblo dijo a Samuel, “Constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.” Dios permitió que tuvieran su rey humano, pero Él les dejó muy en claro lo que había en el corazón de Israel cuando hicieron esta demanda:  “. . . sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” (8:7). Tenían al Dios que creó el universo como su Rey, pero no querían confiar en Él. Querían poner su confianza en un hombre – como todas las demás naciones.

Los Reyes de Israel y Juda

Israel obtuvo sus reyes, y comenzó así una larga serie de episodios involucrando reyes que ocasionalmente eran hombres de fe, pero en su mayor parte eran reyes sin fe y de deshonra idólatra a JEHOVA; la nación continuó con una tendencia espiritual que generalmente iba de picada, hasta que su pecar había persistido tanto que Dios desapareció ambas tribus, las del Norte y las del Sur, en exilio a Asiria y Babilonia, respectivamente.

Los Profetas – Acusación, y No Aprobación

Durante y después del período de los reyes, encontramos los escritos de los profetas. Y estos escritos son llenados con acusaciones de Dios contra Israel – acusaciones de falta crónica de fe, adulterio espiritual en forma de idolatría, corazones endurecidos, adherencia hipócrita a ceremonias mientras sus corazones estaban llenos con violencia, injusticia e insensibilidad hacia las viudas, huérfanos y extranjeros – pisoteados entre ellos. Sin compasión, sin misericordia, sin justicia, sin rectitud.

Israel había sido escogida por Dios para ser instrumento de bendición a todas las naciones (Génesis 12:3-4). Pero en lo que a la Ley concierne, esa maravillosa bendición no vino a través de la obediencia de Israel – sino a través de la desobediencia de Israel!

4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. (Isaías 53:4-6).

¿Y Qué?

¿Okay, que pues significa todo esto?

Significa que nunca hubo una base en la Escritura para que Israel se viera justa así misma! Por el contrario, hubo muchas bases en la Escritura para que Israel se viera así misma injusta, no santa, y desesperadamente en necesidad de provisión de Dios con respecto al perdón y justicia!

El fracaso continuo y absoluto del hombre para alcanzar al estándar de santidad requerido por Dios, no fue una idea que fuera primeramente introducida en el Nuevo Testamento. Fue introducida en Génesis 3. Fue claro después de la Caída, fue claro después del diluvio, fue claro después de la dispersión en Babel. Fue claro en toda generación que Dios llamó después de Abraham de entre todas las personas del mundo para ser padre de un pueblo para Su propia posesión. En todo tiempo y en todo punto de la historia en el que el hombre ha sido el recipiente de la gracia de Dios y paciencia, el hombre finalmente a respondido  con un corazón rebelde.

El hecho es que para el tiempo cuando Cristo vino en forma de hombre, debió haber sido evidentemente obvio para Israel, que la Ley no podía justificarlos – no porque la Ley fuera mala, sino porque ELLOS eran malvados – ni a ellos ni a ninguna otra nación! Este es el testimonio universal de la Escritura desde la caída de Adán. Y era este testimonio al cual Pablo se refiere en Romanos 3. Que fue donde comenzamos.

La Ley en todos sus particulares, tuvo el propósito de mostrar el verdadero carácter del hombre a la luz del carácter de Dios. Y el hombre falló ese estándar total y completamente. Pero no hay problema, porque eso es lo que se supone debía suceder. Para comenzar, ese el porqué fue dada la Ley – para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios, por sus pecados!

Las buenas obras y el guardar la Ley no te hará justo ante los ojos de Dios. Nunca lo hizo. Nunca lo hará.

El Verdadero Estándar de la Ley

Mateo 5:21-48

En el versículo 20 de Mateo 5, Jesús hace esta fuerte declaración:

20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

De manera que la pregunta se convierte en, “¿Qué tipo de justicia es la que Dios requiere?”

Jesús va directo a la Ley.

21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. (Mateo 5:21-22).

Él va entonces del nivel de palabras de hombre, al nivel de pensamientos más profundos del hombre,

27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. (Mateo 5:27-28).

Jesús cierra Sus enseñanzas acerca del estándar de justicia de Dios en el versículo 48 – una de las declaraciones más claras y simples en toda la Escritura: 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” El único tipo de justicia que es aceptable delante de un Dios Santo, es ¡Su justicia! Punto! He oído predicadores y profesores de seminarios tratando de hacer sonar este versículo menos de lo que dice. Pero la pregunta sobre la mesa en este pasaje es, “Qué tipo de justicia es aceptable para Dios,” y la respuesta es, “!SU JUSTICIA!”  El hombre que hace esta declaración de nuestro Señor algo menos simple, o algo menos fuerte de lo que es, lo hace a expensas del evangelio y al peligro de su alma!

Estoy convencido que la mayor parte de las enseñanzas de Jesús durante Su ministerio terrenal, fue con la intención de hacer ver la Ley como un estándar perfecto de Dios – para mostrar que el verdadero estándar de la Ley era un estándar infinitamente más alto que lo que los Judíos habían interpretado. En pocas palabras, preparar al hombre para aceptarlo como Salvador; Jesús trabajó para mostrarle al hombre que el estándar de la Ley era un estándar que el hombre no podía en ninguna forma alcanzar por si mismo, porque era, y aún lo es, el estándar Santo de Dios mismo.

Bajando el Estándar

Una religión que hace del guardar la Ley la base para su justicia, debe hacer del guardar la ley algo alcanzable. Para lograr esto, deben bajar el estándar requerido por la ley.

Esto es precisamente lo que hizo Israel con la Ley de Moisés. Manejaron la Ley como un asunto de comportamiento externo, de manera que pudieran convencerse que estaban llenando los requisitos de ese estándar. Y debido a que no había suficientes reglas para cubrir todo aspecto de sus vidas diarias, le añadieron aproximadamente 600 leyes adicionales para cubrir todos los aspectos. Todo esto no tenía sentido (ni lo tiene) ante los ojos de Dios porque la Ley siempre fue (y lo es) un asunto del corazón, y no del comportamiento externo, y el estándar de la Ley siempre fue (y lo es) el carácter Santo de Dios mismo.

Aquellos que bajan el estándar de la Ley para hacerla alcanzable, han hecho a un lado el fuerte y claro testimonio de la propia Palabra de Dios, y la han reemplazado con la más letal de todas las mentiras. El evangelio de Jesucristo nos llama a hacer un lado nuestra tonta auto-glorificación – a estar de acuerdo con Dios que estamos muertos en nuestros pecados y somos totalmente incapaces de hacernos aceptables ante los ojos del Santo Dios. Solo entonces somos hechos aptos para aceptar el regalo de Dios, el perdón y la vida eterna.

Y para los creyentes, debo decir esto. Si tú piensas que ya pasaste el punto en el que no necesitas preocuparte más por la tendencia de revertir al aspecto de guardar la Ley, necesitas analizarlo de nuevo. Aún el Apóstol Pedro tropezó en este asunto. Él había caminado con Jesús durante todo Su ministerio terrenal. Él había visto las señales milagrosas, la crucifixión, y al Cristo resucitado. Él había sido lleno del Espíritu Santo y había sido usado poderosamente por Cristo para ministrar el evangelio a otros, y sin embargo tropezó en la Ley y tuvo que ser duramente reprendido por el apóstol Pablo como podemos constatar en Gálatas 2:11-21. Si le pudo pasar a Pedro, puede pasarte a ti.

Amigos, sean vigilantes. El legalismo, por cualquier otro nombre sigue siendo legalismo, y NO es, ni nunca lo será, la base para obtener la justicia delante de Dios. Si tu estás haciendo reglas que se enfocan a la apariencia externa, y presumes de poder juzgar a otros hombres basándote en esas reglas, eres culpable de legalismo. Sucede a menudo en la Iglesia.

Y a los creyentes también les digo esto: Si estás añadiendo obras al evangelio, habrás tropezado sobre la gracia de Dios, y tu evangelio no será el que está revelado en la Escritura de Dios. El evangelio no es algo que puedes negociar. El evangelio no es una promesa de obediencia hecha por los hombres a Dios. El evangelio es el regalo de vida eterna dado a personas que están muertas en sus pecados hasta que Dios los saca del dominio de las tinieblas y los planta en el reino de Su amado Hijo, a través de la fe en Jesucristo.

Y esto nos trae a las Buenas Noticias.

¡Las Buenas Noticias!

Romanos 3:21-31

De Romanos 3:21 en adelante, hay un cambio dramático en el argumento de Pablo – un cambio de las malas noticias a las buenas noticias. Un cambio de la condenación universal para todos los hombres, al regalo gratis de Dios que salva al hombre de esa condenación a través de la fe en Jesucristo. 

21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 27¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 29¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. 30 Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la  in-circuncisión. 31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. (Romanos 3:21-31).

En pocas palabras – hasta que seas hijo de Dios a través de la fe en Su Hijo, Jesucristo – tus esfuerzos para estar en conformidad con el estándar de justicia de Dios, no pueden dar como resultado ninguna otra cosa, mas que el probar tu perdición y condenación.

21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2 Corintios 5:21).

Es Su justicia, y no la nuestra! Creyentes, cuando hallan estado en el cielo por 10,000 años, AUN seguirá siendo la justicia de Jesucristo, y no la suya la que les permitirá ser santo y sin mancha en Su Presencia.

Si nunca has creído a Dios por Su Palabra – si nunca has confiado en el Señor Jesucristo como la única provisión por tu pecado y la única forma de ser justo ante los ojos de Dios, te invito a que lo hagas hoy mismo – ahora mismo – allí donde estás.


119 Este es el manuscrito editado de un mensaje dado por Tom Wright, maestro en la Community Bible Chapel, en Enero 7, 2001.

120 Toda referencia de la Escritura citada en esta lección es de la Biblia Estándar Nueva Americana.

121 Este es una forma común en el Antiguo Testamento al cual típicamente se refiere como un inclusio. Es un tipo verbal de paréntesis por el cual un pasaje crítico es marcado por la repetición de una frase o idea inmediatamente antes y después del pasaje. El contenido mismo del paréntesis sirve para enfatizar algunos puntos importantes concernientes al texto que descansa en medio. En este caso, la manifestación temible de la presencia de Dios sirve de dos formas, como contexto, y como base progresiva para Su pueblo para desechar dioses falsos e ídolos hechos por mano de hombre, y para obedecer Su Ley.

122 Considera este fracaso a la luz de la exhortación poderosa en Deuteronomio 6:4-9 para Israel, para diligentemente enseñar la Ley a sus hijos. La responsabilidad sagrada del pueblo de Dios en pasar el conocimiento de Él a sus hijos, es uno de los aspectos más penetrantes de la Ley y especialmente de las observancias memoriales en la Ley (cf. Éxodo 12:24-27; 13:8-10, 14-16). La atracción vívida de estos memoriales a la vista, oído, gusto, olor y toque de un niño, era para moverlos a preguntar su significado, de modo que sus padres pudieran diligentemente explicar los hechos poderosos y fieles de Dios, en llamar un pueblo para Su propia posesión.

Previous PageTable Of ContentsNext Page