Mi suegro, Larry Oubre, fácilmente es uno de
los estudiantes más devotos de la Palabra de Dios que he tenido el privilegio
de conocer, y he aprendido a escuchar cuidadosamente cuando él habla de manejar
correctamente las Escrituras. El día de Navidad, estuve hablando con él acerca
de este mensaje y del dilema en que me encontraba tratando de descifrar cómo
tomar el tópico de “La entrega de la Ley.” Él me dijo que comenzara del final –
con la declaración del Nuevo Testamento concerniente al propósito de la Ley en
el Antiguo Testamento – y luego regresar al Antiguo Testamento y mostrar que el
propósito de la Ley siempre ha sido el mismo. Siguiendo su sabio consejo, ese
es exactamente el acercamiento que seguiré.
En lo primeros tres capítulos del Libro de
Romanos, Pablo presenta un argumento cuidadosamente elaborado concerniente a la
pregunta, “¿Cómo podemos ser justos delante de los ojos de Dios?” La primera
parte de su argumento es para explicar cómo ha hecho el hombre para no ser
justo a los ojos de Dios.
Él explica que a pesar del conocimiento de
Dios dado a conocer por la naturaleza, por la conciencia, y por la Ley
revelada, todos los hombres, ambos Judíos y Gentiles, han fracasado en cumplir
los requerimientos de Dios.
En el capítulo 3, Pablo lleva su argumento a
su conclusión lógica. En el versículo 9, él declara rotundamente “que ambos,
Judíos y Griegos están bajo pecado.” Él después defiende esta fuerte
acusación contra todo hombre haciendo referencia a las Escrituras del Antiguo
Testamento. Las palabras que él usa aquí no podrían ser más simples, más
claras, ni más fuertes.
10 Como está escrito:
No hay justo, ni aun uno;
11 No hay quien entienda,
No hay quien busque a Dios.
12 Todos se desviaron,
a una se
hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno,
no hay ni siquiera uno.
13 Sepulcro abierto es su garganta;
Con su lengua engañan.
Veneno de áspides hay debajo de sus labios;
14 Su boca está llena de maldición y de
amargura.
15 Sus pies se apresuran para derramar
sangre;
16 Quebranto y desventura hay en sus
caminos;
17 Y no conocieron camino de paz.
18 No hay temor de Dios delante de sus
ojos.
(Romanos 3:10-18)120.
En Romanos 2, versículo 6, Pablo dijo que
Dios . . .
6 el cual pagará a cada uno conforme a sus
obras: 7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan
gloria y honra e inmortalidad, 8 pero ira y enojo a los que son
contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia.
Aquí se habla de dos categorías de personas:
(1) “aquellos que perseverando en bien hacer, buscan Gloria y honra e
inmortalidad” (esos obtienen vida eterna), y (2) “aquellos que son
contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia”
(esos obtienen la ira y enojo de Dios). De acuerdo al argumento de Pablo,
¿cuántas personas hay en la primera categoría?
!!!NO HAY JUSTO, NI AUN UNO!!!
Véase de nuevo Romanos 3:10-18. Excepto por
Jesucristo mismo, ¿cuántas personas han existido en la historia, que hallan
sido lo suficiente justas para llenar los requerimientos de la Ley de Dios? ¡No
hay uno! ¡Ninguno! !Ni uno solo!
¿Cuántas personas genuinamente han tomado la
iniciativa de buscar a Dios?
NO HAY quien entienda,
NO HAY quien busque a Dios.
TODOS se desviaron,
a una se hicieron inútiles;
NO HAY quien haga lo bueno,
no hay NI SIQUIERA UNO.
Las proposiciones aquí son claras, simples, y
fuertes, y no dejan lugar para interpretación.
Cuando el hombre trata de crear una
escapatoria (pretexto) en este argumento para poder decir que algunas personas
son lo suficientemente buenas delante de Dios, están desechando la clara y
precisa revelación del Dios Todopoderoso, y la están reemplazando con su propia
tontería (ignorancia). El mundo está
lleno de religiones hechas por el hombre, y han hecho precisamente esto –
muchas de las cuales se autodenominan Cristianas.
El hombre hace muchas cosas que son buenas en
su apariencia externa, pero Dios conoce los corazones del hombre. Él conoce
nuestros motivos, y Su Palabra declara que, dejado a nuestra decisión, siempre
caemos en pecado. Ni siquiera sabemos cómo comenzar a ser verdaderamente justos.
La culminación de todo lo que Pablo ha dicho
en los primeros tres capítulos lo encontramos en Romanos 3:19-20. Y la “verdad”
de estos dos versículos es absolutamente fundamental para un entendimiento
apropiado del verdadero propósito de la Ley de Moisés:
19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo
dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo
quede bajo el juicio de Dios;
20 ya que por las obras de la ley ningún ser
humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el
conocimiento del pecado.
La Ley no fue destinada para hacer justos a
los hombres. Fue destinada para probar la injusticia del hombre – para echar la
luz de la santidad de Dios sobre la no-santidad del hombre, para que no exista
duda acerca de lo que el hombre merece.
Si Israel hubiera podido lograr la justicia
delante de Dios a través de guardar la Ley, entonces no hubiera habido
necesidad de un Salvador.
En Gálatas 3:21-22, Pablo dice,
21 ¿Luego la ley es contraria a las promesas de
Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia
fuera verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo
bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a
los creyentes.
De modo que, el Nuevo Testamento es claro y
conciso acerca del hecho que la Ley no puede hacernos justos. Esto es
maravilloso. La retrospección siempre es muy clara. Hemos visto algunas citas
del Antiguo Testamento en los escritos de Pablo, ¿pero serían estos pasajes del
Antiguo Testamento suficientes para dejar en claro a los hombres que vivían en
los tiempos del Antiguo Testamento, que finalmente no podrían guardar la Ley –
y que la Ley fue dada para probar que no eran santos delante de Dios?
Veremos que el Antiguo Testamento fue tan
claro y consistente acerca de este tema como el Nuevo Testamento.
Lo cierto de este asunto es que: El
Judaísmo – el verdadero Judaísmo del Antiguo Testamento – no HACE, ni NUNCA
HIZO, al hombre, el autor de su propia justicia o de su propia salvación.
Después de la milagrosa liberación de Israel
de Egipto por parte de Dios, Él los guió a través del desierto hacia el monte
de Dios, el Monte Sinaí. Durante el camino,
Israel se quejaba porque temían morir de hambre y sed en el desierto. A
pesar de ese gruñir, Dios les dio una milagrosa provisión de maná – pan diario
directo del cielo. Él hizo el agua saltar de las rocas en medio del desierto
para que no tuvieran sed. En el tercer mes después que salieron de Egipto, Él
los trajo al pie de la montaña. Éxodo 19 presenta el prefacio para los Diez
Mandamientos y para todo el resto de la Ley de Moisés. Los pasajes que
inmediatamente preceden a los Diez mandamientos presentan una temible
descripción de la manifestación de Su presencia en la montaña, como el contexto
para dar la Ley.121
Los Israelitas estaban aterrorizados de Dios
en ese día. No podían soportar el oír la voz de Dios directamente, de modo que
pidieron que Él les hablara a través de Moisés, lo cual, para comenzar, era
exactamente lo que Dios había pensado hacer. Dios había dejado perfectamente en
claro, que Él podía aniquilar a todo Israel a voluntad. No debió haber quedado
duda alguna para Israel, que Dios no era para nada como ellos. Y que Él no era
parecido a nada en la Creación que ellos pudieran ver, u oír, o gustar, o
tocar.
Tocante a la idolatría, ¿cómo podía Dios ser
representado en la forma de un ser creado cuando era muy claro que Él
sobrepasaba Su creación? ¿Cómo podía Él ser representado en cualquier forma que
viniera de la mente del hombre, cuando el hombre no podía ni siquiera verlo, no
podía ni siquiera comenzar a comprenderlo, y no podía siquiera aguantar el oír
Su voz?
Todo lo que Dios había hecho para liberar a
Israel de Egipto, y todas las señales maravillosas que estaban presenciando en
la base del Monte Sinaí, servía para anclar firmemente el hecho que su Dios era
enteramente distinto a ellos. Este era el escenario, el contexto para el
nacimiento de la Ley, y para el testimonio de la Ley de que el hombre estaba
separado de Dios.
Después de dar la revelación de los mandamientos
y ordenanzas y las instrucciones para el tabernáculo y sacerdocio, Dios llamó a
Moisés a subir al monte a recibir las dos tablas de piedra con los Diez
Mandamientos gravados por el dedo de Dios.
12 Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al
monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que
he escrito para enseñarles. 13 Y se levantó Moisés con Josué su
servidor, y Moisés subió al monte de Dios. 14 Y dijo a los ancianos:
Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con
vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos. 15 Entonces Moisés
subió al monte, y una nube cubrió el monte. 16 Y la gloria de Jehová
reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo
día llamó a Moisés de en medio de la nube. 17 Y la apariencia de la
gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos
de los hijos de Israel. 18 Y entró Moisés en medio de la nube, y
subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.
(Éxodo 24:12-18).
¿Qué hicieron los Israelitas durante los 40
días que Moisés estuvo en la cima del monte? Estaban violando evidentemente los
primeros dos mandamientos.
2 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la
tierra de Egipto, de casa de servidumbre. 3 No tendrás dioses ajenos
delante de mí. 4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que
esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la
tierra. (Éxodo 20:2-4).
¿Podía esto ser más claro de lo que es?
Veamos, – ¿acaso un becerro tiene alguna
semejanza con algo que Israel se halla encontrado en la creación de Dios, y que
representara a Dios? Como, a la mejor, un becerro?
Dios acababa de dar a Israel Sus mandamientos
– e Israel no podía esperar para violarlos!
Dios dejó muy en claro que Israel merecía ser
destruido en ese día. Él amenazó con destruirlos y comenzar de nuevo con
Moisés. Moisés intercedió ante Dios y apeló la reputación de Dios ante las
naciones (32:12) y a las promesas incondicionales del pacto de Dios con
Abraham, Isaac y Jacob (32:13) como base para pedirle a Dios abstenerse de
destruir a Israel y continuar estando en medio de ellos. Dios cedió, y,
mientras Él ejecutó un doloroso juicio contra Israel ese día, Él no los
destruyó.
¿Acaso Israel se comportó mejor después de
esto? Veamos.
En el segundo mes del segundo año después del
Éxodo, Dios guió a Israel en el viaje del Monte Sinaí a través del desierto
hacia Cades Barnea. De Cades, Él ordenó a Israel subir a la tierra y tomar
posesión de ella. Dios juró que Él pelearía la batalla por ellos, y desecharía
las naciones que habitaban la tierra para que Israel pudiera morar en ese lugar
en paz – si solo confiaban en Él y entraban en la tierra. Todos conocemos la
historia. Los espías vieron los gigantes en la tierra. Diez de los doce espías
dijeron, “No podemos hacerlo.” E Israel se negó a subir.
Una vez más, Dios estaba enojado con Israel
por causa de su infidelidad y rebelión, y nuevamente amenazó con destruirlos y
comenzar de nuevo con Moisés. Y, una vez más, Moisés intercedió por Israel y le
suplicó a Dios, NO basado en nada de Israel que mereciera Su tolerancia,
sino basado en la reputación de Dios entre las naciones (14:13-16), las
promesas de pacto de Dios a Abraham, Isaac, y Jacob de darles la tierra
(14:16), y del propio carácter de Dios (14:17-19). Dios perdonó a Israel
(14:20). Él dijo que no los destruiría, pero sí los castigaría, y aquellos que
habían pecado no entrarían a la tierra prometida.
Dios guió a Israel en su vagar por el
desierto por 40 años, hasta que toda esa generación que se había negado entrar
en la tierra, pereció, excepto Josué y Caleb, Moisés, y algunos de los hijos de
Aarón.
En el Libro de Deuteronomio, encontramos la
nueva generación de Israelitas acampados a la orilla Este del río Jordán,
habiendo conquistado las naciones paganas en el lado Este del río, y listos
para cruzar al lado Oeste y tomar posesión de la tierra. En ese punto, Dios les
dice esto,
4 No pienses en tu corazón cuando Jehová tu
Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído
Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las
arroja de delante de ti.
5 No por tu justicia, ni por la rectitud de tu
corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas
naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la
palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
6 Por tanto, sabe que no es por tu justicia que
Jehová tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de
cerviz eres tú.
7 Acuérdate, no olvides que has provocado la
ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra
de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová.
(Deuteronomio 9:4-7).
(¡Adivina cuales Obtiene
Israel!)
Cerca del final del Libro de Deuteronomio,
Dios puso delante de Israel las bendiciones por la obediencia y las maldiciones
por la desobediencia de la Ley, y luego les dejó muy en claro en el capítulo 30
que experimentarían las maldiciones. Y solo hasta después de eso es que
voltearían a ver a Dios, y Él circuncidaría
sus corazones y los corazones de sus descendientes para Amarlo y
Servirlo. ¡Eso no había sucedido aún!
Para que no pienses que las maldiciones del
Pacto Moséico eran amenazas en vano, lee los Libros de Jeremías y
Lamentaciones, y podrás ver que las maldiciones fueron cumplidas hasta sus
últimos detalles dolorosos, durante la segunda entrada de Nabucodonozor en
Jerusalén.
En los últimos capítulos de Deuteronomio,
encontramos la narración del final de la vida de Moisés, y el cambio de
liderazgo dado a Josué. En el nombramiento de Josué, el Señor dice esto a
Moisés,
16 Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, tú vas a
dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses
ajenos de la tierra adonde va para estar en medio de ella; y me dejará, e
invalidará mi pacto que he concertado con él; 17 y se encenderá mi
furor contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro,
y serán consumidos; y vendrán sobre ellos muchos males y angustias, y dirán en
aquel día: ¿No me han venido estos males porque no está mi Dios en medio de mí?
18 Pero ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal
que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos. 19 Ahora
pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel; ponlo en boca
de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel.
20 Porque yo les introduciré en la tierra que juré a sus padres, la cual
fluye leche y miel; y comerán y se saciarán, y engordarán; y se volverán a
dioses ajenos y les servirán, y me enojarán, e invalidarán mi pacto. 21 Y
cuando les vinieren muchos males y angustias, entonces este cántico responderá
en su cara como testigo, pues será recordado por la boca de sus descendientes;
porque yo conozco lo que se proponen de antemano, antes que los introduzca en
la tierra que juré darles. (Deuteronomio 31:16-21).
De acuerdo al versículo 21, Dios sabía desde
antes que entraran a la tierra que los Israelitas ya estaban cultivando en sus
corazones una actitud deshonesta y de infidelidad hacia su Libertador. Él sabía
que una vez que los metiera a la tierra, abrazarían a los falsos dioses de los
Cananitas y dejarían a su Dios.
Moisés murió sin entrar en la tierra prometida,
y Josué tomó el manto de liderazgo.
A través de Su siervo Josué, Dios guió a
Israel al otro lado del Río Jordán hacia la tierra prometida.
Después de la conquista de la tierra, después
que Dios peleó todas las batallas de Israel y destruyó 60 ciudades
fortificadas, después que el territorio de la tierra prometida fue dividido
entre las tribus y clanes de Israel, Josué dio a Israel su discurso de
despedida en Josué 24. Él repasó las obras poderosas de Dios a través de la
historia de Israel, y llamó al pueblo de Dios en el versículo 14 a: “14
Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y
quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al
otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.”
El pueblo declaró que ciertamente dejarían
los otros dioses y servirían al Señor, y reconocieron las grandes obras que
Hizo a beneficio de ellos (24:16-18). Pero vean las palabras de Josué a ellos:
19 Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis
servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras
rebeliones y vuestros pecados. 20 Si dejareis a Jehová y
sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá,
después que os ha hecho bien. (Josué 24:19-20).
Dios es Santo e Israel no lo era, y NO
podrían ser capaces de obedecerlo. Dios no cerraría el ojo ante sus pecados –
serían responsables por sus actos.
El pueblo una vez más juró servir a Dios y
obedecer a Su voz. Josué levantó una gran piedra en ese lugar haciendo un
monumento conmemorativo para recordar su pacto de obedecer a Dios, y él dijo,
“. . . He aquí esta piedra nos servirá de
testigo, porque ella ha oído todas las palabras que Jehová nos ha hablado;
será, pues, testigo contra vosotros, para que no mintáis contra vuestro Dios.”
(Josué 24:27).
6 Porque ya Josué había despedido al pueblo, y
los hijos de Israel se habían ido cada uno a su heredad para poseerla. 7 Y
el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de
los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las
grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel. 8 Pero murió
Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. 9 Y
lo sepultaron en su heredad en Timnat-sera, en el monte de Efraín, al norte del
monte de Gaas.
Después de la muerte de Josué, lo siguiente
que está registrado acerca de Israel es esto:
10 Y toda aquella generación también fue reunida
a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a
Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel. (Jueces 2:10).122
Sin dejar escapar ningún latido, el escritor
del Libro de Jueces nos presenta con los versículos 11-23, en el cual vemos un
deterioro espiritual en espiral de Israel durante el período de los Jueces.
Dios repetidamente golpeó a Israel por la mano de sus enemigos por causa de sus
abominaciones. Cada vez, clamaban a Él, y Él levantó un juez para liberarlos.
Entonces, tan pronto eran liberados de un enemigo, regresaban a un episodio aún
más corrupto de infidelidad hacia Dios, y el círculo comenzaba de nuevo.
11 Después los hijos de Israel hicieron lo malo
ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales. 12 Dejaron a
Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se
fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus
alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová. 13 Y
dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a Astarot. 14 Y se encendió
contra Israel el furor de Jehová, el cual los entregó en manos de robadores que
los despojaron, y los vendió en mano de sus enemigos de alrededor; y no
pudieron ya hacer frente a sus enemigos. 15 Por dondequiera que
salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal, como Jehová había
dicho, y como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran aflicción. 16
Y Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los que les
despojaban; 17 pero tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron
tras dioses ajenos, a los cuales adoraron; se apartaron pronto del camino en
que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos de Jehová; ellos no
hicieron así. 18 Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba
con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel
juez; porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los
que los oprimían y afligían. 19 Mas acontecía que al morir el juez,
ellos volvían atrás, y se corrompían más que sus padres, siguiendo a dioses
ajenos para servirles, e inclinándose delante de ellos; y no se apartaban de
sus obras, ni de su obstinado camino. 20 Y la ira de Jehová se
encendió contra Israel, y dijo: Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que
ordené a sus padres, y no obedece a mi voz, 21 tampoco yo volveré
más a arrojar de delante de ellos a ninguna de las naciones que dejó Josué
cuando murió; 22 para probar con ellas a Israel, si procurarían o no
seguir el camino de Jehová, andando en él, como lo siguieron sus padres.
23 Por esto dejó Jehová a aquellas naciones, sin arrojarlas de una vez, y
no las entregó en mano de Josué (Jueces 2:11-23).
Al final del período de los Jueces, en 1
Samuel 8:5, el pueblo dijo a Samuel, “Constitúyenos ahora un rey que nos
juzgue, como tienen todas las naciones.” Dios permitió que tuvieran su rey
humano, pero Él les dejó muy en claro lo que había en el corazón de Israel
cuando hicieron esta demanda: “. . .
sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” (8:7).
Tenían al Dios que creó el universo como su Rey, pero no querían confiar en Él.
Querían poner su confianza en un hombre – como todas las demás naciones.
Israel obtuvo sus reyes, y comenzó así una
larga serie de episodios involucrando reyes que ocasionalmente eran hombres de
fe, pero en su mayor parte eran reyes sin fe y de deshonra idólatra a JEHOVA;
la nación continuó con una tendencia espiritual que generalmente iba de picada,
hasta que su pecar había persistido tanto que Dios desapareció ambas tribus,
las del Norte y las del Sur, en exilio a Asiria y Babilonia, respectivamente.
Durante y después del período de los reyes,
encontramos los escritos de los profetas. Y estos escritos son llenados
con acusaciones de Dios contra Israel – acusaciones de falta crónica de fe,
adulterio espiritual en forma de idolatría, corazones endurecidos, adherencia
hipócrita a ceremonias mientras sus corazones estaban llenos con violencia,
injusticia e insensibilidad hacia las viudas, huérfanos y extranjeros –
pisoteados entre ellos. Sin compasión, sin misericordia, sin justicia, sin
rectitud.
Israel había sido escogida por Dios para ser
instrumento de bendición a todas las naciones (Génesis 12:3-4). Pero en lo que
a la Ley concierne, esa maravillosa bendición no vino a través de la obediencia
de Israel – sino a través de la desobediencia de Israel!
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y
sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios
y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos
nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos
nosotros. (Isaías 53:4-6).
¿Okay, que pues significa todo esto?
Significa que nunca hubo una base en la
Escritura para que Israel se viera justa así misma! Por el contrario, hubo
muchas bases en la Escritura para que Israel se viera así misma injusta, no
santa, y desesperadamente en necesidad de provisión de Dios con respecto al
perdón y justicia!
El fracaso continuo y absoluto del hombre
para alcanzar al estándar de santidad requerido por Dios, no fue una idea que
fuera primeramente introducida en el Nuevo Testamento. Fue introducida en
Génesis 3. Fue claro después de la Caída, fue claro después del diluvio, fue
claro después de la dispersión en Babel. Fue claro en toda generación que Dios
llamó después de Abraham de entre todas las personas del mundo para ser padre
de un pueblo para Su propia posesión. En todo tiempo y en todo punto de la
historia en el que el hombre ha sido el recipiente de la gracia de Dios y
paciencia, el hombre finalmente a respondido
con un corazón rebelde.
El hecho es que para el tiempo cuando Cristo
vino en forma de hombre, debió haber sido evidentemente obvio para Israel, que
la Ley no podía justificarlos – no porque la Ley fuera mala, sino porque ELLOS
eran malvados – ni a ellos ni a ninguna otra nación! Este es el testimonio
universal de la Escritura desde la caída de Adán. Y era este testimonio al cual
Pablo se refiere en Romanos 3. Que fue donde comenzamos.
La Ley en todos sus particulares, tuvo el
propósito de mostrar el verdadero carácter del hombre a la luz del carácter de
Dios. Y el hombre falló ese estándar total y completamente. Pero no hay
problema, porque eso es lo que se supone debía suceder. Para comenzar, ese el
porqué fue dada la Ley – para que toda boca se cierre y todo el mundo quede
bajo el juicio de Dios, por sus pecados!
Las buenas obras y el guardar la Ley no te
hará justo ante los ojos de Dios. Nunca lo hizo. Nunca lo hará.
En el versículo 20 de Mateo 5, Jesús hace
esta fuerte declaración:
20 Porque os digo que si vuestra justicia no
fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los
cielos.
De manera que la pregunta se convierte en, “¿Qué
tipo de justicia es la que Dios requiere?”
Jesús va directo a la Ley.
21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No
matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo
os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio;
y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y
cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. (Mateo
5:21-22).
Él va entonces del nivel de palabras de
hombre, al nivel de pensamientos más profundos del hombre,
27 Oísteis que fue dicho: No cometerás
adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer
para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. (Mateo 5:27-28).
Jesús cierra Sus enseñanzas acerca del
estándar de justicia de Dios en el versículo 48 – una de las
declaraciones más claras y simples en toda la Escritura: “48 Sed,
pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es
perfecto.” El único tipo de justicia que es aceptable delante de un Dios
Santo, es ¡Su justicia! Punto! He oído predicadores y profesores de
seminarios tratando de hacer sonar este versículo menos de lo que dice. Pero
la pregunta sobre la mesa en este pasaje es, “Qué tipo de justicia es aceptable
para Dios,” y la respuesta es, “!SU JUSTICIA!” El hombre que hace esta declaración de
nuestro Señor algo menos simple, o algo menos fuerte de lo que es, lo hace a
expensas del evangelio y al peligro de su alma!
Estoy convencido que la mayor parte de las
enseñanzas de Jesús durante Su ministerio terrenal, fue con la intención de
hacer ver la Ley como un estándar perfecto de Dios – para mostrar que el
verdadero estándar de la Ley era un estándar infinitamente más alto que lo que
los Judíos habían interpretado. En pocas palabras, preparar al hombre para
aceptarlo como Salvador; Jesús trabajó para mostrarle al hombre que el estándar
de la Ley era un estándar que el hombre no podía en ninguna forma alcanzar por
si mismo, porque era, y aún lo es, el estándar Santo de Dios mismo.
Una religión que hace del guardar la Ley la
base para su justicia, debe hacer del guardar la ley algo alcanzable. Para
lograr esto, deben bajar el estándar requerido por la ley.
Esto es precisamente lo que hizo Israel con
la Ley de Moisés. Manejaron la Ley como un asunto de comportamiento externo, de
manera que pudieran convencerse que estaban llenando los requisitos de ese
estándar. Y debido a que no había suficientes reglas para cubrir todo aspecto
de sus vidas diarias, le añadieron aproximadamente 600 leyes adicionales para
cubrir todos los aspectos. Todo esto no tenía sentido (ni lo tiene) ante los
ojos de Dios porque la Ley siempre fue (y lo es) un asunto del corazón, y no
del comportamiento externo, y el estándar de la Ley siempre fue (y lo es) el
carácter Santo de Dios mismo.
Aquellos que bajan el estándar de la Ley para
hacerla alcanzable, han hecho a un lado el fuerte y claro testimonio de la
propia Palabra de Dios, y la han reemplazado con la más letal de todas las
mentiras. El evangelio de Jesucristo nos llama a hacer un lado nuestra tonta
auto-glorificación – a estar de acuerdo con Dios que estamos muertos en
nuestros pecados y somos totalmente incapaces de hacernos aceptables ante los
ojos del Santo Dios. Solo entonces somos hechos aptos para aceptar el regalo de
Dios, el perdón y la vida eterna.
Y para los creyentes, debo decir esto. Si tú
piensas que ya pasaste el punto en el que no necesitas preocuparte más por la
tendencia de revertir al aspecto de guardar la Ley, necesitas analizarlo de
nuevo. Aún el Apóstol Pedro tropezó en este asunto. Él había caminado con Jesús
durante todo Su ministerio terrenal. Él había visto las señales milagrosas, la
crucifixión, y al Cristo resucitado. Él había sido lleno del Espíritu Santo y
había sido usado poderosamente por Cristo para ministrar el evangelio a otros, y
sin embargo tropezó en la Ley y tuvo que ser duramente reprendido por el
apóstol Pablo como podemos constatar en Gálatas 2:11-21. Si le pudo pasar a
Pedro, puede pasarte a ti.
Amigos, sean vigilantes. El legalismo, por
cualquier otro nombre sigue siendo legalismo, y NO es, ni nunca lo será, la
base para obtener la justicia delante de Dios. Si tu estás haciendo reglas
que se enfocan a la apariencia externa, y presumes de poder juzgar a otros
hombres basándote en esas reglas, eres culpable de legalismo. Sucede a menudo
en la Iglesia.
Y a los creyentes también les digo esto: Si
estás añadiendo obras al evangelio, habrás tropezado sobre la gracia de Dios, y
tu evangelio no será el que está revelado en la Escritura de Dios. El evangelio
no es algo que puedes negociar. El evangelio no es una promesa de obediencia
hecha por los hombres a Dios. El evangelio es el regalo de vida eterna dado a
personas que están muertas en sus pecados hasta que Dios los saca del dominio
de las tinieblas y los planta en el reino de Su amado Hijo, a través de la fe
en Jesucristo.
Y esto nos trae a las Buenas Noticias.
De Romanos 3:21 en adelante, hay un cambio
dramático en el argumento de Pablo – un cambio de las malas noticias a las
buenas noticias. Un cambio de la condenación universal para todos los hombres,
al regalo gratis de Dios que salva al hombre de esa condenación a través de la
fe en Jesucristo.
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha
manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;
22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los
que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos
pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo
justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en
Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la
fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto,
en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar
en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al
que es de la fe de Jesús. 27¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda
excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.
28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de
la ley. 29¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios
de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. 30 Porque
Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio
de la fe a los de la in-circuncisión.
31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que
confirmamos la ley. (Romanos 3:21-31).
En pocas palabras – hasta que seas hijo de
Dios a través de la fe en Su Hijo, Jesucristo – tus esfuerzos para estar en
conformidad con el estándar de justicia de Dios, no pueden dar como resultado
ninguna otra cosa, mas que el probar tu perdición y condenación.
21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo
hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2
Corintios 5:21).
Es Su justicia, y no la
nuestra! Creyentes, cuando hallan estado en el cielo por 10,000 años, AUN
seguirá siendo la justicia de Jesucristo, y no la suya la que les permitirá ser
santo y sin mancha en Su Presencia.
Si nunca has creído a Dios por Su Palabra – si
nunca has confiado en el Señor Jesucristo como la única provisión por tu pecado
y la única forma de ser justo ante los ojos de Dios, te invito a que lo hagas
hoy mismo – ahora mismo – allí donde estás.
119 Este
es el manuscrito editado de un mensaje dado por Tom Wright, maestro en la
Community Bible Chapel, en Enero 7, 2001.
120 Toda
referencia de la Escritura citada en esta lección es de la Biblia Estándar
Nueva Americana.
121 Este
es una forma común en el Antiguo Testamento al cual típicamente se refiere como
un inclusio. Es un tipo verbal de paréntesis por el cual un pasaje crítico es
marcado por la repetición de una frase o idea inmediatamente antes y después
del pasaje. El contenido mismo del paréntesis sirve para enfatizar algunos
puntos importantes concernientes al texto que descansa en medio. En este caso,
la manifestación temible de la presencia de Dios sirve de dos formas, como
contexto, y como base progresiva para Su pueblo para desechar dioses falsos e ídolos
hechos por mano de hombre, y para obedecer Su Ley.
122 Considera
este fracaso a la luz de la exhortación poderosa en Deuteronomio 6:4-9 para
Israel, para diligentemente enseñar la Ley a sus hijos. La responsabilidad
sagrada del pueblo de Dios en pasar el conocimiento de Él a sus hijos, es uno
de los aspectos más penetrantes de la Ley y especialmente de las observancias
memoriales en la Ley (cf. Éxodo 12:24-27; 13:8-10, 14-16). La atracción vívida
de estos memoriales a la vista, oído, gusto, olor y toque de un niño, era para
moverlos a preguntar su significado, de modo que sus padres pudieran
diligentemente explicar los hechos poderosos y fieles de Dios, en llamar un
pueblo para Su propia posesión.